Carta a Sebastián Piñera

Sebastián, te tuteo ya que somos mas o menos coetáneos. Dejando de lado el detalle del saldo en el banco, somos mas o menos del mismo lote etario y de experiencia de vida.

Se que tu vida no es fácil, me invitaste a Tantauco y fui, nunca supe por que lo hiciste pero te lo agradezco, el lugar es maravilloso. Noté que no estabas muy a gusto con las visitas, pero que diablos, así son las candidaturas presidenciales. También vi cómo fuiste objeto de dos intentos de abuso sexual -en público- por parte de una periodista medio pariente tuya. Tu señora, toda una dama, decidida y con clase. Por favor, salúdala de mi parte.

También te vi, mientras subíamos el Cerro Inio, dando instrucciones a tu gente por teléfono satelital, para moverse con tus acciones en la bolsa. También hay que cuidar el negocio.

El motivo de mi carta es decirte que estoy consciente que no he sido simpático contigo, en realidad he sido mas bien pesadito, pero comprenderás que después de habernos metido el dedo al ojo dos veces -y que nosotros te hayamos creído como niños- no pude evitar perder mi simpatía por ti, es mas, creo que me caes mal.

El problema es que esos sentimientos son algo entre tú y yo, o mas bien entre ti y los militares retirados, pero resulta que últimamente los zurdos se han subido por el chorro y se acoplaron a los que te criticamos. Creo que eso es un abuso de confianza, un aprovechamiento y no quiero que la gente se confunda.

Las motivaciones mías y las de la zurdería son otras. Yo te molesto para te corrijas y ellos para que tu gobierno y la derecha fracasen. En realidad tú no eres de derecha, eres democratacristiano, eso lo sabemos tú y yo, pero muchos lo creyeron así y eso hace daño.

Mi oferta es simple y directa -quiero estar seguro que la entiendes- te ofrezco dejar de criticarte, a cambio de que gobiernes bien.

Si tú cumples tu programa, haces cumplir las leyes, no haces chistes fomes y te callas una de cada dos veces que sientas ganas de hablar; yo no te mandaré recados, no criticaré tu obsesión con las encuestas ni haré mofa de tu falta de liderazgo.

Justo, ¿te parece?

Un consejo gratis: creo que si te relajas un poco, podrías hacerlo mucho mejor. Tienes condiciones para ser muy bueno; no te mates tratando de ser extraordinario. No te resulta.

No es necesario que me contestes, los próximos días te estaré observando y me daré cuenta si acogiste mi oferta o no.

Atentamente

No a las medias tintas

Por Cristián Labbé Galilea
Las primarias en Argentina han dado paso a variadas interpretaciones: sobre el fracaso de Macri, amén de lo irremontable que aparece la diferencia entre éste y el peronismo representado por Fernandez – Fernandez, y; sobre la difícil gobernabilidad que vivirá el pais trasandino en el presente próximo y sobre las dudas que genera para el futuro la dupla F-F.
En por qué ocurrió lo que ocurrió hay algunas coincidencias: Macri se confió en que la gradualidad era el camino para sacar al país del caos; creyó que la corrupción del Kirchnerismo los dejaría para siempre fuera del poder; y, quizá lo más determinante fue que aplicó un liderazgo débil, que no convenció a un electorado acostumbrado a que le den todo, por nada.
Teniendo presente que “aguas pasadas no mueven molinos” y que lo importante es lo que viene, Macri debe revertir un escenario muy negativo y que se acerca mucho a lo que se conoce como la “Profecía Autocumplida”. Si la calle lo da por perdido…¡ está perdido!
Que la situación es compleja, nadie lo discute; que es difícil remontar tamaña diferencia, lo es; pero tampoco está todo dicho, ¡siempre se puede! ¡querer es poder! En el campo dicen que cuando se viene la tormenta los pájaros chicos se esconden y aparecen los que vuelan alto.
Basta un mínimo de conocimiento de historia para convencerse que hay muchos ejemplos de personajes que cambiaron el rumbo de los acontecimientos, sólo por nombrar algunos de la segunda mitad del siglo pasado: Churchill, Reagan, Thatcher y, sin ir más lejos, Pinochet. ¿Qué tienen en común estos personajes…? 
Su condición de “estadistas” que les permitió visionar el futuro y actuar en consecuencia; rodearse de los mejores; no haber caído en populismos fáciles, ni dejarse amilanar por impopularidades momentáneas; en suma, “volaron alto” y ejercieron un liderazgo firme y claro.
Si se mira la situación mundial desde esta perspectiva, se reconocerá que quienes están marcando la pauta son líderes que tienen las cosas claras, que asumen una posición definida, concreta, y que no dejan espacio a la ambigüedad ni a los dobleces… En suma, personajes que “no andan con medias tintas”.
Tal como observó un crítico y directo parroquiano: “al pan, pan y al vino, vino, no andemos con rodeos, los medias tintas no dan confianza, quieren estar “con Dios y con el diablo”; miren lo que pasa en nuestro país… mientras más borrosa es la actitud del gobierno más rechazo genera”. Como un bumerang, la conversación volvió peligrosamente a nuestra realidad.

Dejando bien en claro que las realidades eran muy distintas, que los argentinos son los argentinos, y que no había que echar en saco roto la lección trasandina, cerramos nuestra tertulia advirtiendo, muy positivamente, que tal como están las cosas: “hay que caminar con los zapatos abrochados, los pies en la tierra, pisando firme, llamando al pan pan y al vino vino y no creyendo en medias tintas…

Los errores son de Macri

Por Joaquín García Huidobro Correa

Los sustos nos hacen más precavidos y son un antídoto contra la arrogancia. El pesimismo, en cambio, paraliza y quita la imaginación, que es un elemento fundamental para que un proyecto político sea viable.

Los resultados de las recientes primarias argentinas han traído una ola adicional de pesimismo a nuestras tierras. Si uno quiere ser pesimista está en su derecho y no le faltarán motivos. Sin embargo, no resulta sensato adoptar un semblante sombrío por las razones equivocadas.

Los errores de Macri son abundantes, pero de ellos no se deriva de modo automático que a nosotros nos espere un destino semejante. Son unos errores muy suyos, que no podemos extrapolar a nuestra realidad de modo precipitado.

El primero de ellos consiste en no haberle dicho la verdad al país con toda claridad. Pensó que Argentina era como esos enfermos a quienes no se les puede contar la firme, porque les daría un infarto. En el fondo, desconfió de la madurez y sentido cívico de sus compatriotas; no se atrevió a llamarlos al sacrificio después del desastre kirchnerista. Sin una épica de “sangre, sudor y lágrimas”, resulta imposible que la gente entienda que tendrá que ajustarse el cinturón, y cuando esto suceda culparán al gobierno.

En segundo lugar, no tomó las medidas dolorosas en el momento oportuno. Era un juego peligroso, pero la gradualidad elegida tampoco estaba exenta de riesgos; de hecho, siempre ha fracasado en Argentina, como le advirtieron López y Murphy y otros economistas. Al final, quedó en el peor de los escenarios. Aumentó la deuda pública, creció la inflación y experimentó los males habituales en la política y economía transandinas sin tener los beneficios de la demagogia.

Como ha dicho uno de sus críticos, llevó a cabo un “kirchnerismo de buenos modales”, sin cambiar radicalmente el modelo. Macri no calzó con la época: habría sido el hombre perfecto para suceder a quien hiciera el trabajo doloroso, pero carecía de la firmeza y claridad para llevar él mismo a cabo la transformación requerida.

Para colmo, al no poner en el equipo económico a la gente adecuada, se echó sobre sus hombros la tarea de manejar la economía de acuerdo con sus personales intuiciones desarrollistas. Y no le resultó.

Otro error de Macri fue despreciar a Cristina. Pensó que no convenía impulsar en exceso los procesos judiciales en su contra, porque eso la transformaría en una víctima. Parece haber creído que le convenía que ella fuese su rival. No contaba con la astucia de la Sra. K, que en una jugada maestra se conformó con una modesta vicepresidencia. Así mantuvo su tercio de votantes seguros y agregó a los descontentos de Macri con el simple expediente de poner a su lado a una cara menos odiosa que la suya.

También menospreció a su electorado más conservador. Nadie ignora que él se ha comprado buena parte de la agenda progresista; pero desde un punto de vista político, su problema no está ahí. Su error (que podría repetirse en Chile) reside en creer que socialcristianos y conservadores son un electorado cautivo y que no importa su descontento. Se equivoca doblemente, porque no son unos votantes seguros y además en casi todos los países tienen la virtud de mojar la camiseta y conseguir a otros votantes si uno les garantiza algunos mínimos que no implican grandes costos electorales.

Ahora bien, las equivocaciones anteriores, aunque graves, no fueron las mayores, porque el hecho de que un presidente se sorprenda cuando su rival le saca una diferencia del 15% es una señal de que está en las nubes, que no sabe interpretar lo que sucede en su propia sociedad.

¿Significa lo anterior que los chilenos podemos estar tranquilos o que el gobierno de Sebastián Piñera tiene garantizada la continuidad? En ningún caso. Hay buenos motivos para mirar con temor la situación argentina. Resulta casi imposible que en octubre Macri remonte la diferencia sideral de estas primarias, y menos cuando su reacción natural ha sido adoptar medidas demagógicas que mañana dañarán al país y que hoy lo desprestigian y fortalecen la posición de Cristina. Congeló el precio de los combustibles, “para aliviar el bolsillo de muchos argentinos”. ¿Por qué no lo hizo antes, si era tan buena idea? Con suerte llegará a diciembre como el primer presidente no peronista desde 1928 que logra terminar su mandato.

Un gobierno kirchnerista en Argentina traerá consecuencias negativas para nuestro país: fomentará las ambiciones de la izquierda menos razonable, creará un clima surrealista que no nos conviene y hará que se culpe a la economía libre de unos males que en realidad causó el estatismo.

Si algún error puede imputarse a Piñera en esta materia no es haber incurrido en los mismos fallos de su colega. Al revés, su falta estuvo en no marcar oportunamente las infinitas diferencias que existen entre Chile Vamos y el macrismo, entre sus políticas de gobierno y las del presidente argentino. Así habría quedado claro desde un comienzo que él no tiene por qué cargar con los errores de Macri y los chilenos estaríamos buscando otras causas para nuestro habitual pesimismo.

Instituto Nacional, radiografía de la incapacidad

Por Roberto Hernández Maturana

Todos sabemos que hasta hace poco el Instituto Nacional  representaba la idea de que dentro de la educación pública,  la excelencia académica era su mejor característica, con un proyecto educativo dentro del marco estatal que promovía el mérito y la movilidad social, sin importar la condición social ni económica de sus estudiantes.

Actualmente el Instituto Nacional tiene más de 4.200 alumnos, siendo el liceo más grande del país. De ellos, 14 escolares fueron expulsados por la Ley Aula Segura, y otra docena se retiró del colegio, frenando así, la investigación que se realizaba en su contra, por los incontables desordenes y actos violentos que se vienen haciendo este año en dicho establecimiento,  y que han terminado por poner en jaque todo el proyecto educacional.

Así, un colegio que se destacaba por entregar al país egresados preparados con una gran calidad educacional muchos de los que alcanzaban cargos relevantes en la administración pública o privada, varios de ellos presidente de la nación, hoy presenta una reducción sostenida de su matrícula, las reiteradas movilizaciones por parte de estudiantes y profesores, y la consecuente pérdida de clases han causado estragos en la calidad del Instituto, causando además que numerosos alumnos, especialmente de enseñanza media pierdan  prácticamente su año completo de clases.

Lo que en un principio fueron hechos esporádicos,  protagonizados por violentista encapuchados y organizados, con el apoyo exterior de grupos politizados y anarquistas, paso a ser cotidiano en la comunidad escolar, con tomas y hechos violentos al interior del establecimiento contra profesores, destrucción de la ya deteriorada infraestructura, e incluso la quema del emblemático estandarte del colegio en medio del patio de honor, y el uso cada vez más frecuente de bombas molotov contra carabineros que concurren a evitar los desordenes, lo que ha obligado en numerosas oportunidades a suspender las actividades escolares.

Las demandas de los encapuchados  abarcan un amplio espectro, que en lo  inmediato comprende un cambio curricular, con una comisión interestamental para la elaboración de la implementación de la educación sexual, cívica y mental dentro del plan común.

Asimismo, exigen protocolos sobre violencia de género, persecución política, de movilizaciones (con horarios protegidos) y plagas que afecten a la salubridad. Eso se suma a solucionar los problemas internos respecto al NEM y al ránking; así como una rendición mensual de cuentas respecto al fondo SEP y subvención escolar.

Y, a largo plazo, los “estudiantes” exigen la derogación de la ley “Aula Segura”, rechazo a la ley de Admisión Justa, rechazo al Control Preventivo de Identidad a Menores, implementar una opción vegana en la Junaeb, y un no al “Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP11).

En realidad lo que parece evidente, es la intención de clausurar para siempre  las actividades del IN y porque no, poner fin a la educación municipalizada. Así bengalas, piedras y todo tipo de elementos contundentes han sido parte de la artillería que los encapuchados, vestidos con overoles, lanzan  constantemente desde el interior del colegio hacia la vía pública.

La crisis del emblemático liceo ocurre en medio del proceso de cambio de su rector. Actualmente, el colegio es dirigido por Fernando Soto, quien estará a la cabeza del recinto hasta el 30 de agosto. Luego, asumirá una autoridad interina, mientras la Alta Dirección Pública busca a un reemplazante para que llegue al puesto en marzo de 2019.

Las medidas adoptadas por el sostenedor, es decir la municipalidad de Santiago, como fue la identificación de  cada alumno, mostrando su carné de identidad para  entrar al establecimiento, para mantener un control de ingreso  fue  un fracaso, cuando un grupo de encapuchados desencadenó una serie de hechos de violencia al interior del establecimiento, agrediendo al personal del establecimiento, a otros alumnos y apoderados que querían poner fin a los desmanes, lanzando artefactos incendiarios desde el segundo piso del recinto, por la entrada de calle San Diego.

Ante la evidencia de que las medidas tomadas han resultado ser insuficientes para la complejidad de la situación actual del histórico colegio,  un nuevo actor entrará en escena, el Ministerio de Educación, cuando el alcalde Felipe Alessandri se reúna hoy  lunes con la ministra de Educación, Marcela Cubillos, para buscar una salida a la espiral de violencia que desde abril no ha parado.

Una de las posibilidades que se estudiarán será  cerrar anticipadamente el año escolar, con las notas que hay hasta ahora. Al respecto el alcalde Alessandri  señaló “eso es lo que vamos a ver este lunes con la ministra Cubillos y su equipo, esos límites los establece el Ministerio de Educación”, añadiendo que eso sería una alternativa extrema: “O nos paramos todos frente a los encapuchados, o frente a los hechos tendremos que cerrar el año”.

Finalmente,  resulta inexplicable que se haya llegado a este estado de cosas. Un grupúsculo de imberbes extremistas adoctrinados y alentados por un grupo de adultos interesados en generar caos,  han puesto de rodillas a una sociedad completa.

Ha fallado la autoridad y el aparato del Estado,  incapaz de imponerse; ha fallado la inteligencia policial incapaz de identificar a los violentistas; ha fallado la comunidad escolar incapaz de aislar a los extremistas y defender su colegio; ha fallado la sociedad en su conjunto,  que observa indolentemente como se destruye uno de los emblemas de la educación pública en Chile.

Frente a estos hechos, la indolencia y la pasividad no son una opción. Todos quienes creen en la libertad, tanto  los que estudiaron en sus aulas, como los apoderados, profesores y autoridades, deben unirse para  condenar tajantemente y erradicar de manera definitiva la violencia escolar, y volver a encender el primer foco de luz de la nación, para que siga siendo un espacio de oportunidades para tantos jóvenes de familias de clase media y más vulnerables del país.

Demandamos al gobierno, que de una vez asuma su responsabilidad de gobernar y cumpla  las expectativas para las cuales fue elegido. La tibieza no le atraerá electores de la izquierda y sí le hará perder  la adhesión de un electorado  que  comprometerá su continuidad en los próximos procesos electorales. El ejemplo argentino está a la vuelta de la esquina.

Ignorancia, estupidez, cobardía y aprovechamiento político

Por Roberto Hernández  Maturana

El intento de marchar contra la “ley de migraciones” (no contra los migrantes), hecho por algunas organizaciones, para este domingo 11 de agosto en 15 ciudades del país, y que fuera denegada por las autoridades, ha mostrado una vez más el grado de intolerancia, ignorancia, estupidez, cobardía y aprovechamiento político que hoy cruza transversalmente a la sociedad chilena, nuestra prensa, nuestros y políticos y nuestras autoridades.

Debemos decir al respecto que Ley de Migraciones que recientemente pasó el trámite en el Senado define requisitos de ingreso que pretenden ser claros y  un procedimiento administrativo que busca ser eficaz, con el fin de evitar el ingreso irregular de migrantes. También establece un Consejo de Política Migratoria, para formular y actualizar periódicamente una política clara y transparente para nuestro país, y crear un Servicio Nacional de Migraciones para ejecutar dicha política migratoria, y actuar como el canal estatal para relacionarse con los migrantes. Además, de establecer un sistema flexible de categorías migratorias.

Por otro lado, el proyecto busca descriminalizar la residencia irregular y eliminar las sanciones penales para las infracciones migratorias, y simplificar y agilizar el proceso de expulsión para aquellos extranjeros que infrinjan la Ley Migratoria.

El permiso para marchar este domingo había sido solicitado por el movimiento “Aún tenemos patria ciudadanos”, movimiento nacionalista con un fuerte discurso contra la migración, que se suma a diversas agrupaciones aunadas principalmente en redes sociales, e impulsada por el “Movimiento Social Patriota” bajo el lema “Más salud, trabajo y educación para los chilenos”, quienes dicen estar a favor del ecologismo, la pena de muerte y rotundamente en contra del aborto. Rechazan la Ley de Identidad de Género y no se identifican ni con la izquierda, la derecha, el nazismo (“porque ellos son alemanes”) o el fascismo (por su naturaleza italiana). “Nosotros somos nacionalistas y nuestro principal grito de lucha es de nacionalistas contra globalistas”, manifestó Pedro Kunstmann, vocero del Movimiento Social Patriota, organización que busca defender “la chilenidad, la cultura chilena y la forma de vida que tenemos”.

Sin embargo algunos interesados en participar en la marcha, llamaron a través de las redes sociales a concurrir armados, aunque algunos después intentaron decir que no se referían a armas de fuego sino a elementos contundentes, para defenderse de eventuales ataques de organizaciones de izquierda que efectivamente llamaban a efectuar contramanifestaciones ese día, para impedir la marcha que la izquierda calificó como “contra los inmigrantes”.

Tuvimos aquí la primera muestra de estupidez, de quienes interesados en marchar por una causa que creían justa, hicieron un vago llamado a concurrir con elementos de defensa, en lo que en un principio, claramente se entendió como armas de fuego, dándole razón a quienes calificaban a la marcha como organizada por violentistas y extremistas de derecha.

La muestra de intolerancia provino como no, de las organizaciones y algunos movimientos y partidos de izquierda, que llamaron a boicotear, e incluso a agredir a quienes participaban en la marcha contra la ley migratoria, además de las protestas de cierta prensa ideologizada que puso el grito en el cielo.

Estas muestras de una intolerancia enfermiza que ha sido característica de la izquierda chilena más extrema, evidencia que quienes fueran acérrimos críticos de la Constitución de 1980 del Gobierno Militar, que tanto han atacado, cacareando la conculcación de sus derechos, hoy se compran sin ambages lo que aquella decía en su artículo 8° (hoy suprimido), que decía que no permitía la existencia de personas o grupos que tuvieran concepciones “de la sociedad del Estado o del orden jurídico, de carácter totalitario o fundada en la lucha de clases”, eran consideradas ilícitas y “contrarias al ordenamiento institucional de la República”, demostrando la izquierda que la represión les encanta y la esgrimen sin pudor cuando se trata de sus ideas evidenciando que la política es buena o mala según le convengan las ideas en juego al sector que plantea dichas ideas.

La muestra de cobardía vino nuevamente de las autoridades de gobierno, quienes amedrentadas una vez más por el coro de vociferantes,  cedieron a las amenazas denegando el permiso a los solicitantes para marchar.

De esta forma, la intendencia de Santiago  dijo que, a partir del llamado antimigración hecho para marchar, otras agrupaciones habían convocado otra marcha contra la primera previendo “un ánimo de violencia, no de reinvindicación de alguna causa, agregando que era su deber “cuidar a los santiaguinos en un día extremadamente familiar” (día del niño), pidiendo la intendenta en santiago a los ciudadanos no asistir a la marcha, pues señaló que se tomarán “todos los resguardos para que no marchen”. “No vamos a permitir eso y hemos tomado todas las medidas para que, si insisten en marchar, no ocurra”.

Carlos Peña, reconocido intelectual del progresismo afirmó en su columna habitual del diario El Mercurio: “Uno de los principios básicos de una sociedad abierta y democrática lo constituye la defensa de la libertad de expresión. Esta incluye no solo el discurso en sentido estricto, sino también la ejecución de gestos, actuaciones, performances o payasadas (recientemente ha habido varias). En suma, una sociedad abierta, en principio, no pone restricciones a la manera en que los individuos comunican sus ideas acerca del mundo ni controla el contenido de las mismas.” Se pregunta si incluye eso a quienes se oponen a la inmigración y se responde “Por supuesto que sí”, para finalizar manifestando que “La libertad de expresión, al igual que todos los derechos fundamentales, no depende de lo que su titular piense, crea o comunique”.

Llama la atención que el gobierno permita las más diversas expresiones políticas sociales o culturales manifestadas en marchas de todo tipo sustentadas por el mundo progresista y niegue “de una” la posibilidad de manifestarse al mundo más conservador, atemorizado por las amenazas de ejercer violencia por parte de la izquierda, cuando en otras oportunidades ha destinado ingentes medios policiales para proteger funerales de narcotraficantes para “impedir desmanes” y renuncie al ejercicio de su autoridad para impedir desmanes destinados a ejercer la libertad de expresión, equivocada o no.

Así, el domingo 11 de agosto en diversas ciudades del país, aunque en forma reducida, se realizaron diversas marchas no autorizadas ocurriendo especialmente en santiago numerosos incidentes, resultando varios participantes en la marcha detenidos. Adicionalmente numerosos migrantes respaldados por organizaciones de izquierda, se reunieron en el “Museo de la Memoria”, lo que evidencia una vez más la  extraordinaria capacidad de manipulación de algunas organizaciones para apropiarse de ciertas causas y transformar conceptos.

Por su parte, la derecha más radicalizada le da argumentos de todo tipo para victimizarse. El llamado a portar armas en la marcha, parecían provenir más que de adherentes, de gente interesada en que estas manifestaciones fracasaran. Para que decir de otras sugerencias por el estilo que a diario se ven en redes sociales. Aunque, hay que reconocer que la inacción y el “laissez faire” del gobierno con los extremistas y delincuentes ayuda bastante.

De esta forma, nuevamente la política muestra lo peor de si, apropiándose de uno u otro drama humano, polarizando la sociedad tratando de imponer su visión de la sociedad en lugar de  lograr el tan necesario entendimiento armónico para lograr consensos… Pero para ello se necesita firmeza y liderazgo… algo de lo que al menos en este momento estamos muy lejos.

 

Cuando la izquierda sale a la calle, la derecha tiembla

Por Fernando Thauby González

Esta interesante expresión fue proferida por la ex Presidente Bachelet, en un momento en que la euforia le desplazó la máscara y su fea cara totalitaria quedó expuesta. Es interesante porque estamos en un momento en que “la calle” parece estar dando paso a las Redes Sociales (RRSS) que están siendo acusadas de haber caído en manos de totalitarios.

El New York Times (NYT) en un artículo del 9 de agosto, se pregunta “¿cuáles son las consecuencias del creciente rol de internet como una fuerza radicalizadora?” y a continuación establece un enlace con el reciente tiroteo en El Paso (EEUU) en que un nacionalista blanco mató a 32 personas, sin mostrar la relación entre uno y otro evento. NYT señala que tratan de despejar la incógnita del rol de las RRSS en la radicalización de la sociedad mas allá de unos pocos extremistas solitarios, llegando a afectar al total de la sociedad.

Explican que su estudio toma a Brasil como ejemplo clásico por dos razones: el giro rápido y radical de la política eligiendo al extremista de derecha Jair Bolsonaro y también porque Brasil es el segundo mayor usuario mundial de Facebook detrás de EEUU y concluye que aquí hay importantes lecciones para el mundo. Llama la atención la ausencia de un estudio similar que investigue lo que hay detrás de la radicalización y totalitarismo de izquierda que ha florecido en Venezuela, en Argentina, en Nicaragua o en Cuba, donde facebook no es tan popular.

Cabe preguntarse, ¿por qué la derecha debería temblar cuando la izquierda sale a la calle? La respuesta es simple, porque la izquierda, en sus manifestaciones, siempre lleva violencia, incendio y asalto a locales comerciales, bombas incendiarias, insultos, vandalismo en los bienes públicos y edificios en la trayectoria del avance de las turbas organizadas y dirigidas por profesionales del terrorismo callejero.

Se dice que es obra de “infiltrados” y otras excusas por el estilo. Todos sabemos que son mentiras.

La derecha no marcha, no incendia, no asalta, no destruye, no golpea, no tiene capucha, ¿es que es cobarde?, tal vez, ¿es que teme a los golpes?, probable, ¿es que el enfrentamiento físico las atemoriza? probable también, pero el origen de todas esas reacciones es el mismo, es una clase de personas para las cuales la razón fue el reemplazo definitivo del piedrazo y en muchos casos es una actitud heredada de muchas generaciones.

Cuando la izquierda sale a la calle y se toma las avenidas, incendia los buses y amenaza a los que no son de su grupo ¿qué hace “la derecha”?, se queda en su casa o circula con rapidez y disimulo, semi escondida. ¿Cómo hace sentir su reprobación y protesta? No tiene cómo.

La policía está acorralada por los medios de comunicaciones controlados en su mayoría por la izquierda, si trataran de hacer cumplir las leyes caerían bajo la guillotina propagandística apoyada por los organismos creados y mantenidos por el estado para defender a los infractores (delincuentes) y si intentaran protestar serían y son excluidos de los foros, matinales, programas periodísticos y demás, salvo que hayan sido domesticados y “cooptados”, como algún alcalde por ahí.

Así, han comido mierda por años.

Las RRSS vinieron a dar vueltas las tornas, “la derecha” ya no necesita salir a la calle a pelear con matones más duchos en el diálogo a palos y patadas; el ingenio, el humor, la ironía, el sarcasmo y la perseverancia son lo suyo y les dan ventaja sobre los simios brutales. Una señora de 70 años vale lo mismo o mas que un matón.

Muchos han encontrado este espacio para burlar el boicoteo periodístico, a los periodistas abusadores o arrendados por el dinero rojo. Me parece que el rebalse de la frustración contenida por años y años, estalló y comienza a salir.

Viene nuevos tiempos, la lucha está tomando otro cariz. Que la izquierda no tiemble, la derecha no saldrá a la calle, los vencerá con buenas maneras en la lucha del intelecto y la capacidad para conseguir los votos para fundar una nueva república, de verdad democrática, justa y respetuosa de las leyes.

Abusaron en exceso y les llegó su hora. Se acabó.

 

¡Dejen en paz al Ejército!

Por Patricio Quilhot Palma

La desgraciada situación por la que cruza nuestro Ejército de Chile ya no da para más. A una bullada campaña de prensa, desatada por una camada de fieras de todos los colores políticos, se suma el irresponsable descabezamiento de su alto mando, provocado por una porfiada persecución judicial, lo que ha generado una grave vulnerabilidad para la seguridad de nuestra nación.

Una cosa son las causas por desfalco, en las que debe haber claros responsables que paguen por ello. Otra cosa es la persecución sin fin, desatada por una forma de justicia arcaica, en contra de todo aquel que ꟷingenuamenteꟷ siguió una norma informal, impuesta por la tradición y comunicada, normalmente, por los mismos que entregaban el beneficio. No puede ser delito aquello que se comete sin saber que lo es. Así ocurría con el tema de los pasajes y fletes, donde se recibía un decreto con la designación, incluyendo derechos económicos que se señalaban como de carácter personal. Devolver el dinero no era aceptable ni posible, puesto que ya había salido del registro contable y su destino no era otro que beneficiar al funcionario designado en comisión al extranjero.

Lo anterior, fue sistemáticamente utilizado por todo funcionario público del estado, sin excepciones. Sin embargo, los únicos que hoy son perseguidos judicialmente son los miembros del ejército. Si ello no es injusto, al menos constituye una discriminación flagrante, amparada en el conveniente silencio de un mundillo político que cada día se parece más a aquel que nos llevó al caos y al conflicto.

Lo que jamás debió haber sucedido es que el gobierno, responsable último por la Defensa Nacional, se haya hecho a un lado, permaneciendo como simple espectador, mientras le descabezaban a su arma más valiosa para la protección de la integridad territorial de Chile. La pusilánime justificación de “que hay que dejar que las instituciones funcionen”, propia de un tiempo de inmorales, hace cuna en un gobierno de derecha, supuestamente patriótico y práctico, por considerarse menos ideologizado que sus adversarios históricos.

Por desgracia, nos encontramos frente a una situación de desmantelamiento de una institución donde la experiencia es un elemento esencial para la calidad de sus mandos. Un oficial general no surge de la simple promoción de un oficial más joven, por muchos títulos que éste posea. Lo que marca la diferencia es precisamente su permanencia previa en diversos cargos subalternos, por el tiempo necesario para dominar la mayor parte de los temas profesionales que le permitirán asumir la conducción de grandes unidades.

Increíblemente, esto que parece tan simple, es muchísimo mejor comprendido por la izquierda política, tal vez por profesar una ideología en la que el uso de la fuerza les ha sido clave, ya sea para imponerla o para mantenerse en el poder. La derecha, por desgracia, muestra una ignorancia supina respecto de la orgánica militar y su funcionamiento. Es cosa de observar actitudes y medidas provenientes de sus próceres más representativos, para comprender que las FF.AA. nunca han estado mejor que con los gobiernos de izquierda.

Incluso Allende lo comprendió y trató, hasta el último momento, de congraciarse con ellas, atrayendo a sus comandantes en jefe a su ministerio y enviando a sus cuarteles a los camiones de las JAP, cargados de productos inaccesibles para quienes no eran sus partidarios. Aunque su ideología sea profundamente antagónica con los principios militares de nacionalidad, patriotismo y fidelidad a la bandera, los marxistas chilenos parecen haber comprendido que la frase de Eduardo Frei Montalva era correcta, cuando señaló que “el poder verdadero está en los fusiles”. Si no lo cree, por favor mire lo que sucede en Venezuela…

Por el contrario, cada vez que la derecha ha gobernado, la piedra de tope para sus desahogos populistas ha sido el ejército y sus instituciones hermanas. En lo particular de este caso, da la impresión que para ellos un general es lo mismo que un gerente, el cual puede ser cambiado cada vez que se desea dar un nuevo ritmo o un giro a su negocio. El problema es que éste no es “su” negocio, sino el de “todos”, para lo cual el gobierno debe razonar estrategias y preservar los medios requeridos para su logro.

Tal debilidad de la derecha, es inteligentemente aprovechada por la izquierda, estimulando la brecha con las instituciones armadas a través de un ataque hacia los generales y las tradiciones del ejército, lo cual ꟷcombinado con el frente judicialꟷ terminará pasando la cuenta al gobierno de derecha y no a ellos. En una brutal paradoja, no debería sorprendernos que en la próxima campaña electoral, los candidatos de izquierda busquen capitalizar el rechazo de los militares hacia una derecha que permitió o avaló su desastre.

Un ejército sin generales o con generales sin experiencia, será siempre un incentivo para el enemigo, estimulando amenazas donde la disuasión ya no funciona. Sean ellas de origen externo o interno, el tema supera al concepto de “Defensa Nacional” y cae dentro del ámbito de lo que el complejo antimilitar de los políticos ni siquiera se atreve a nombrar: la “Seguridad Nacional”. Si no es así, ¿cómo explicar la irresponsabilidad de no contar con un servicio de inteligencia que alerte oportunamente de las intenciones hostiles? ¿O es acaso posible no prever el eventual empleo del ejército en un conflicto interno, como puede ocurrir en La Araucanía?

Sin un Inteligencia de verdad y sin generales o con generales inexpertos, nuestro país se encuentra gravemente limitado para la preservación de sus intereses nacionales permanentes. La responsabilidad por ello recae exclusivamente en un gobierno incapaz de comprender los verdaderos alcances de su rol, empañada su visión por la neblina del poder y de la popularidad, a costa de la historia. Una muestra fatal de su irresponsabilidad y falta de coraje para enfrentar los verdaderos desafíos de la conducción de un país, muy distinto de lo que significa dirigir una empresa o un grupo de ellas, por grande que sea. Dejen en paz al Ejército de Chile, porque sin él “no hay fusiles para ejercer el poder”, tanto hacia afuera como hacia adentro. Si no lo entienden, por favor lean la historia del mundo y de Chile, donde lo comprobarán. Un verdadero “estadista” es quien es capaz de pensar y actuar en procura de los grandes objetivos nacionales, haciendo lo que sea necesario para impedir que ellos sean amenazados o conculcados. Por más Razón que haya, sin la Fuerza ésta de nada vale.