La nueva Revolución Cultural

Por Roberto Hernández Maturana

La participación de la adolescente Greta Thunberg en la última Asamblea General de las Naciones Unidas me causó profunda preocupación. En realidad me dejó más que preocupado… asustado.

Cuando vi su rostro alterado, desencajado en las noticias de la TV llamándoles la atención a los líderes mundiales que la escuchaban dócilmente, en silencio, y algunos hasta con aplausos, y cuando  leí con más calma su discurso sinceramente me alarmé.

¡Como hemos llegado a este estado de situación en que los principales líderes mundiales (con algunas excepciones) se hayan dejado basurear de esa forma por una niña manipulada por intereses internacionales orientadas por movimientos mal llamados “progresistas”!

¿Será verdad que los líderes del Mundo invitaron a la Asamblea a una adolescente fanatizada para que les llame la atención y llore?… ¿o lo que vimos se trata de una cuidada puesta en escena? ¿De verdad alguien, puede creer que quienes se saben gobernantes sobre millones de seres humanos, viven protegidos por una seguridad permanente, ellos y sus familias, se desplazan en aviones destinados a su uso por los estados que gobiernan para representar a sus países en múltiples conferencias y encuentros, y ser premiados por sus desvelos  y sus programas de gobierno, se hayan inquietado por los gritos y enojos de Greta?

Greta retó a medio mundo (literalmente), en realidad al mundo entero, como quien cobra una deuda, con la convicción de la enseñanza recibida y adoctrinada en el sentido de ser dueña absoluta de una verdad única e incontrastable.

Sobre el discurso de Greta, el diario “El País” de España dijo en artículo titulado “El día en el que los que mandan callaron y escucharon”: “Curioso, porque fueron los que mandan los que escogieron a la sueca con trenzas, la sentaron y le dieron el papel para leer. La espontaneidad aquí no existe, como en los niños que entregaban ramos de flores a Hitler y Stalin. Los patrocinadores del ridículo viaje de esta ‘guerrera del clima’ en velero ecológico a través del Atlántico fueron BMW, fabricante de coches contaminantes, un banco suizo y un club de millonarios de Mónaco. Todos ellos grandes benefactores de la humanidad.

Logran que los chavales aplaudan con los codos políticas milmillonarias destinadas al “clima”, en lugar de políticas de vivienda que les permitan independizarse, aumentar su renta disponible, desarrollarse personal y profesionalmente y crear familias. Son genios del marketing.”

Curioso que no haya habido ningún comentario discrepante… y no es que no haya científicos que duden del calentamiento global (que a estas alturas ya no es una teoría, sino un dogma)… porque quienes digan que el calentamiento global se puede explicar más lógicamente y en forma más fiable en los ciclos de frío y calor en la Tierra producto no de la actividad humana, si no de la actividad solar, que puede encontrarse en registros históricos, son fulminados y estigmatizados por los talibanes del ambientalismo progresista.

Con todo, compartiendo como la mayor parte de los ciudadanos de esta tierra la preocupación por la crisis climática que se hace evidente (me parece que el cambio climático es permanente), y muchas de las preocupaciones relacionadas con la salud de nuestro planeta, ojalá pudiéramos ver y ser parte de discusiones abiertas, tolerantes, informadas y transparentes.

Pareciera entonces hoy que el “Progresismo de izquierda” está armando un ejército de jóvenes que nos recuerdan los “Guardias Rojos” de la Revolución Cultural China, cuando Mao Zedong armó y adoctrinó miles de adolescentes, fanatizando a los estudiantes y jóvenes, poniéndoles uniforme y entregándoles su “Libro Rojo”, donde según sus creyentes estaban todas las respuestas, y quién no comulgaba con esas ideas era apaleados a veces hasta la muerte por los guardias rojos; y es que para estos niños… los de hoy día… (sea por edad o por mentalidad),los culpables somos los adultos con los que conviven.

El rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, cercano al progresismo de izquierda, señaló en su habitual comentario de los domingos en El Mercurio de Santiago en un artículo titulado “La semilla de Greta”. que “Si el cambio climático implica muchos peligros, el fanatismo, ese espíritu de cruzado que parece estar poco a poco acompañando a Greta, implica muchísimos más (…) Y es que no es muy razonable inclinarse, sin más, ante una adolescente que enarbola un discurso toscamente moral”.

Sí porque ¿con qué derecho pueden unos criticar a otros?… Jóvenes a adultos, pobres a ricos; ricos a pobres, en una epidemia de acusaciones cruzadas.

Es notable sí, que jóvenes europeos y norteamericanos, educados en la abundancia, de una cultura materialista, en que lo que han deseado lo han obtenido, criados en la cultura de la bonanza que les dieron sus padres, depredando países del tercer mundo, industrializando sus economías primero con energía del carbón y después con energía atómica, quieran hoy cargarle al mundo entero la crisis climática provocada según ellos, por la explotación de recursos que precisamente hicieron sus padres y antepasados, y que hoy quieran impedir a los países que quieren salir del subdesarrollo la explotación de sus propios recursos, con los cuales los países del hemisferio norte se enriquecieron en el pasado.

No parece inocente que Greta y sus vociferantes corifeos nos acusen a los adultos de haberles robado su infancia, como si fueran niños de Siria o Venezuela. Los verdaderos poderosos del mundo ya han inculcado a las nuevas generaciones de imberbes heridos y ofendidos que es inminente un cataclismo natural y ahora están señalando a los culpables, que no son ellos, los super-ricos occidentales, ni los países verdaderamente contaminantes, como China, Vietnam o Egipto.

Sería bueno que cuando venga Greta Thurnberg a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP N° 25) que se llevará a cabo entre el 2 y 13 de diciembre de 2019, en el parque Bicentenario de Cerrillos en Santiago, pida perdón a los países del hemisferio sur por toda la contaminación que hemos recibido del hemisferio norte.

Chile es responsable de apenas el 0,25% de las emisiones globales, pero, nuestro país es muy vulnerable al cambio climático.

Paros ecológicos

Por Joaquín García-Huidobro Correa

En estos días, los alumnos de diversas facultades universitarias del país han decidido, por enésima vez, realizar paros en contra del cambio climático. El argumento es perfecto: “si estás en contra del cambio climático (o cualquier otro mal que afecte a la humanidad), debes interrumpir tus estudios. Si pretendes emplear los viernes en resolver ecuaciones o estudiar la ley ambiental, entonces eres un clon de Donald Trump”.

Además, nuestros estudiantes saben que Greta Thunberg no va a clases y, por esa vía, ha llegado a transformarse en la nueva voz profética de la humanidad. Fue invitada a la ONU, y todos hablan de ella como la “mujer del año”. Si quieren ser como Greta, deben sumarse a los paros (y no leer jamás el reportaje del periodista Justin Rowlatt enThe Times acerca del lado B de toda esta maravillosa aventura).

Presumo que la culpa es mía, pero no consigo comprender la lógica de los paros. Siempre me ha costado seguir los razonamientos muy rápidos y nunca entiendo el argumento de esas películas donde la acción transcurre a toda velocidad. Aquí ocurre lo mismo. Ciertamente, me interesa el cuidado del medio ambiente tanto como a Greta. Incluso, puedo acreditarlo con textos escritos muchos años antes de que ella naciera, pero no vislumbro qué tiene que ver eso con un paro universitario.

¿No han pensado nuestros huelguistas que existen otras formas de protestar? La gente podría renunciar a esas duchas de 15 minutos con agua caliente que a mí me parecen completamente antiecológicas. Incluso, en el caso de los más radicales, podrían reemplazarlas por duchas breves con agua fría, lo que implicaría un notable ahorro energético.

Si uno quiere algo más notorio, podría ir a clases los viernes con la cara pintada de verde. O realizar actos tan masivos y espectaculares como dedicar los feriados de Fiestas Patrias a limpiar playas y otros lugares afectados por la insensibilidad ecológica de los chilenos, una acción que mostraría un enorme compromiso personal. Es más, podría elegir estudiar horas extras los viernes ecológicos, para hacer ver que esa cuestión merece nuestros mejores esfuerzos intelectuales. Pero no, los paros son más interesantes y no suponen tanto esfuerzo. Además, para muchos estudiantes es imposible resistir la extorsión emocional a que los someten sus impulsores.

Todos sabemos lo fácil que resulta protestar sin asumir costos especiales; ser ecologista sin verse obligado a llevar una existencia más conforme a la naturaleza; asumir discursos que simplemente suenan bien, y dejar que la propia vida vaya por otro lado. Así, cualquiera arregla el mundo.

Del mismo modo, resultan preocupantes las consecuencias que el debate ecológico que presenciamos ejerce sobre la forma en que se lleva a cabo la discusión pública. Existe, en efecto, una suerte de ecología social, que también conviene respetar. Ella hace posible que las diversas especies de la fauna política se desarrollen con normalidad. Por eso, sería alarmante que, por la acción de los vociferantes o la falta de disposición a reflexionar, algunas posturas queden, en la práctica, impedidas de manifestar sus razones. La uniformidad ideológica no es deseable para una sociedad que se precie de democrática.

Así, resulta difícil saber si el profesor Werner Kirstein y los otros académicos que han presentado objeciones a las opiniones dominantes sobre el cambio climático tienen razón o no, pero el hecho de que por todos los medios sean objeto de censura es inquietante. No hay que olvidar que, lamentablemente, por ambos lados se entremezclan poderosos intereses económicos. Ellos no son patrimonio solo de quienes son escépticos acerca del alcance y causas del cambio climático. Hay financiamiento de empresas y otros fondos disponibles para quien trabaje en una u otra dirección. Por eso, convendría que todos, también los científicos que se ocupan del tema, informaran acerca de sus intereses y de las consecuencias económicas que podrían afectar a su actividad científica cuando adoptan una u otra postura.

¿Impiden esas influencias que se puedan decir cosas verdaderas? Por supuesto que no, pero aún a alguien como yo, que está en contra de las centrales nucleares y comparte muchas de las preocupaciones de los ecologistas, le gustaría ser testigo de discusiones libres y transparentes. Y falta mucho para que estemos cerca de conseguirlas.

Realidades como esta muestran la importancia de la política y la necesidad de contar con un ambiente donde pueda deliberarse de una manera adecuada. De lo contrario, corremos el riesgo de tomar decisiones al ritmo de los humores del profeta de turno, sea de izquierda o de derecha.

En todo caso, cuando nos dicen que la única manera de combatir el cambio climático consiste en sumarse a unos paros estudiantiles, transformarse en vegano y empezar a viajar en yate, no puedo dejar de pensar que alguien nos cree más ingenuos de lo que somos en realidad. (El Mercurio)

La doble cara de Greta “La niña verde”

Por Benjamín Rosado  (www.elmundo.es)

Greta Thunberg ha cruzado el Atlántico a bordo del velero Malizia II para participar en una cumbre de la ONU sobre el cambio climático. La travesía desde el puerto británico de Plymouth hasta el muelle North Cove Marina de Nueva York ha duró 14 días y no dejó rastro de carbono. Pero tampoco ha podido borrar la «pista del dinero» que, de acuerdo con el viejo aforismo policial, podría conectar su campaña medioambiental con un complejo entramado de multinacionales ecológicas liderado por el magnate sueco Ingmar Rentzhog. Muchos se preguntan ahora si la joven activista ha sido utilizada como marioneta por los lobbies y empresas que financian su rebelión contra el cambio climático.

Todo comenzó el 20 de agosto del año pasado. Ese día, con 15 años, Greta decidió no ir al colegio y se plantó frente al Parlamento de Estocolmo con una pancarta que decía «Skolsrtrejk for Klimatet» (huelga escolar por el clima). Tras las elecciones generales de su país, la joven siguió

manifestándose una vez a la semana para que los políticos redujeran las emisiones de carbono según lo establecido en el Acuerdo de París. Pero ya no estaba sola: miles de niños en todo el mundo se sumaron a las protestas del movimiento Fridays For Future. Las imágenes de las huelgas estudiantiles conmocionaron a la opinión pública y la cara de enfado de Greta se convirtió en un fenómeno viral.

Su hazaña copó las portadas de los periódicos. Se publicaron reportajes, entrevistas y también panegíricos que pedían su candidatura al Nobel de la Paz. Nadie imaginaba que la «protesta espontánea» de Thunberg había sido coordinada con suficiente antelación por el magnate Rentzhog y por Bo Thoren, otro activista climático y líder de un movimiento contra los combustibles fósiles. Así lo confirma el periodista Justin Rowlatt en un extenso reportaje que publica The Times. Según el también corresponsal en asuntos climáticos de laBBC, Thoren llevaba tiempo buscando caras frescas para sus campañas ecológicas y se le ocurrió la idea de una huelga escolar inspirada en las manifestaciones juveniles tras el tiroteo de Parkland, en Florida.

Mentira del magnate

Rentzhog se encargaría de poner en marcha el plan a través de la plataformaWe Don’t Have Time. Conocía bien el terreno (había dedicado años de servicio al Climate Reality Project de Al Gore) y se desenvolvía con soltura en el ruedo mediático. Pero cometió un error al confesar al periódico Dagens ‘Nyheter que su primer encuentro con Greta fue casual. Como él mismo terminaría reconociendo a The Times, una semana antes de la primera huelga había recibido un correo de Thoren poniéndole al corriente de la situación. De hecho, Rentzhog había conocido a Malena Ernman, la madre de Greta, «unos tres o cuatro meses antes» en una conferencia contra el cambio climático celebrada en Estocolmo.

Malena Ernman se ganaba la vida como cantante de ópera (en 2013 fue agasajada con aplausos tras su debut en el Liceo de Barcelona) y llegó a representar a Suecia en el Festival de Eurovisión. Pero renunció a su carrera para seguir los pasos de su hija, que fue diagnosticada con Asperger, «lo que lejos de suponer una limitación le permite ver las cosas desde otra perspectiva», según la progenitora. De la noche a la mañana, Ernman se hizo vegana y dejó de viajar en avión. «Desde que Greta comenzó las huelgas escolares muchas cosas han cambiado en mi vida», escribe la madre en el prólogo del libro Scenes From the Heart, que se publicará pronto en España. «Proteger el planeta nos ha ayudado a salvar nuestra familia».

Más que explicar las razones que llevaron a Greta a tomar partido en el movimiento ecologista, hay quien piensa que el libro delata los intereses corporativos que se esconden tras el fenómeno Greta. «Sea o no consciente de ello, esta niña es la punta de lanza de una estrategia de presión que busca generar unos réditos empresariales concretos», afirma el diario británico. Sólo una semana después de que la joven activista empuñara su primera pancarta, el libro de su madre ya estaba a la venta. «El editor de la obra, Jonas Axelsson, reconoce que los periodistas le preguntaron de inmediato si la huelga era un acto publicitario del libro». Y añade el autor de la investigación que Rentzhog no es precisamente un activista de baja estofa.

Tras su paso por la organización de Al Gore, el magnate sueco trabajó para empresas energéticas del lobby ecologista con intereses en renovables y gestionó importantes fondos de inversión (a su paso por Laika Consulting y el gigante inmobiliario sueco Svenska Bostadsfonden) dentro de un movimiento global de retirada masiva de capitales de empresas de combustibles fósiles. En su cartera de clientes, encontramos también al multimillonario Gustav Stenbeck. Ahora Rentzhog está al frente del think tank Global Challenge (también conocido como Global Utmaning), que fundó la ex ministra socialdemócrata Kristina Persson tras heredar una fortuna y al que pertenecen importantes empresarios del país.

Tampoco el padre de Greta, Svante Thunberg, ha logrado escapar del foco de la sospecha. Este ex actor y productor se desempeñaba como mánager de su mujer hasta que su hija empezó a dar discursos por el mundo: desde la Conferencia de la ONU sobre el cambio climático hasta el Foro Económico Mundial. Ahora la acompaña a todas partes (incluida la travesía trasatlántica) y se encarga de gestionar su agenda. Aunque aparentemente ha tratado de mantener a su hija al margen de los grupos de poder, no siempre ha podido garantizar su independencia. «Parte del trabajo de Greta se está canalizando a través de Daniel Donner, que ejerce como jefe de prensa de la niña», revela The Times. «Donner trabaja en la oficina de un lobby con sede en Bruselas conocido como European Climate Foundation».

Las buenas intenciones que se le presumen a Greta no han logrado frenar la avalancha de críticas. Y mientras una multitud la recibía entre vítores en un pequeño puerto deportivo al sur de Manhattan, en las redes sociales se sucedían las protestas por haber utilizado un velero propiedad de Pierre Casiraghi, hijo de la princesa de Mónaco, cuya Casa Real no se caracteriza precisamente por su lucha contra el cambio climático. Han trascendido también otros nombres vinculados a las actividades de Greta a través de Global Challenge: David Olson (socio inseparable de Rentzhog),Anders Wijkman (ex presidente del Club de Roma), Petter Skogar (director de una de las principales organizaciones empresariales de Suecia) y Catharina Nystedt Ringborg (una alta ejecutiva del sector de la energía). Son los nombres que planean detrás de la otra cara de Greta, la niña verde.

 

La semilla de Greta

Por Carlos Peña González

El discurso que Greta pronunció en las Naciones Unidas —donde se negó a sentarse en primera fila, mientras el Presidente Piñera abrigaba la secreta esperanza de que lo hiciera a su lado— dio miedo; aunque no por lo que, según ella dijo, estaba ocurriendo en el planeta, sino por el tono con que lo pronunció. Era el tono de quien está en este mundo en carácter de acreedor de todos quienes le antecedieron y despojado de cualquier deuda, el tono de quien se aferra a una sola verdad creyendo que ella resume y encierra a todas las demás.

El tono de un erizo.

Isaiah Berlin, en un texto famoso, se sirvió de un fragmento de Arquíloco para distinguir dos tipos de actitudes intelectuales: la del zorro y la del erizo. El zorro, dijo, sabe muchas cosas no siempre consistentes entre sí; el erizo, en cambio, sabe solo una cosa y grande. El espíritu de Greta parece ser el del erizo: se aferra a una sola cosa a la que se subordinarían todas las otras.

Como ocurre a todas las personas que creen haber abrazado la verdad final —una verdad que los otros por miopía, mezquindad, ambición, tontería, maldad o traición se niegan a ver—, en Greta se anida, voluntaria o involuntariamente, la semilla del fanatismo, la convicción de haber descubierto una verdad apocalíptica para cuya evitación ningún precio resultará demasiado alto. El fenómeno ha sido recurrente en la cultura humana. El caso más citado es el del milenarismo, la creencia de inspiración religiosa que alguna vez movió a multitudes y según la cual el juicio final que distinguiría entre puros y pecadores llegaría pasado mañana (la gente entonces se reunió en los bosques esperando ocurriera) o la convicción de que la historia tenía un sentido inmanente y que los seres humanos eran de dos clases, los que empujaban la corriente del tiempo y los que, por codicia o ignorancia, estaban en la vereda de enfrente (a estos últimos se les finiquitaba porque ¿cómo aceptar que una vida individual pusiera obstáculos a la gran caravana de la historia?). Greta en su discurso ante las Naciones Unidas está catalizando, con ayuda de los medios y la flojera intelectual de las audiencias, otra distinción: la que media entre los malvados, negligentes y traidores sobre quienes pesa una deuda (las generaciones más viejas) y sus acreedores puros, portadores de limpios ideales (las nuevas generaciones). Los primeros, envilecidos por la codicia material o la estupidez, y los segundos, liderados por Greta y ofendidos por la maldad del mundo. Los primeros mintiendo una y otra vez con el fin de acumular riquezas, los segundos recordando una y otra vez la necesidad de un mundo más sencillo (aunque en este caso la sencillez incluyó a Pierre Casiraghi, quien transportó a Greta, lo que prueba que se puede abrazar la verdad sin abandonar la acumulación o la frivolidad de una vida fácil).

Por supuesto, todo ese simplismo —pronunciado con una convicción granítica por la que no se infiltra o cuela la más mínima duda o el más leve afán de comprender al otro— no es raro en una adolescente que tiende a poseer pensamientos inflexibles, y que después de haber crecido en una sociedad hastiada de bienestar, anhela la realización de valores posmaterialistas. Lo raro y de veras preocupante es que el mundo más viejo —ese grupo de personas a quienes Greta, sin arrugarse, interpeló llamándolos traidores— escucha a esta nueva Jeremías con él ánimo crítico anestesiado, como si en ella refulgiera la verdad y nada pudiera relativizarla. Desde Obama a Francisco se han inclinado ante ella, contribuyendo a fortalecer el aura que la rodea. En vez de contribuir al escrutinio más racional del problema, se ha obrado frente a Greta con un paternalismo frívolo que le concede, sin más, la razón.

Nada de eso debe ser aceptado.

Y es que no es muy razonable inclinarse, sin más, ante una adolescente que enarbola un discurso toscamente moral.

Es verdad que el planeta se ha estropeado y también es cierto que hay que hacer esfuerzos para detener ese proceso, y que en eso no solo Greta, sino los científicos que lo han venido diagnosticando tienen toda la razón; pero todo eso no ha de hacer olvidar que en lo que va de historia humana es el fanatismo (la semilla que lleva Greta y que siempre confunde la obviedad del problema con la sencillez a la hora de resolverlo) el que ha causado más sufrimientos a los seres humanos. Si el cambio climático implica muchos peligros, el fanatismo, ese espíritu de cruzado que parece estar poco a poco acompañando a Greta, implica muchísimos más. La historia humana está erizada de ejemplos de lo que ocurre cuando se deja crecer a este último. El cambio climático amenaza la vida biológica, es cierto (y por eso hay que intentar detenerlo); pero el fanatismo que se puede encender en su derredor puede amenazar la vida reflexiva (y sin esta ni el cambio climático será realmente comprensible).

Sobre todo cuando, como es el caso, se trata de un fanatismo que reúne cada vez más a favor suyo a dos aliados —la ciencia y la adolescencia— que acostumbran a enrostrar a los demás la verdad que presumen haber descubierto. (El Mercurio)

Exorcismo o Apocalipsis

Por Cristián Labbé Galilea

Mi coloquio semanal con unos cuantos buenos amigos fue monopolizado esta vez por el Cambio Climático y sus ramificaciones. Cambio que, como es obvio, nos tiene hace rato al filo de la paranoia, además de protagonizar en estos momentos la asamblea general de la ONU y disponer de una niña de dieciséis años como guaripola universal o portaestandarte cósmico, a la que medio mundo pareciera admirar.

En ambos temas, el Cambio y la Niña, nos enfrascamos con mis contertulios. Las opiniones partieron siendo muy “políticamente correctas”… Como alguien dijo, “¡Quién podría estar contra lo dicho sobre el Calentamiento Global y quién se atrevería criticar a la ‘niña símbolo’ de esta cruzada para salvar a la humanidad!”.

Que los comentarios tendieran a la emoción y no a la razón fue la evidencia de que la posverdad ha calado hondo. Se asume sin discusión la tesis de que estamos frente a un “nuevo apocalipsis”. Poco se dice, y menos se sabe, sobre cuánto de verdad hay en esos aterradores vaticinios ambientalistas.

Advertí a mis contertulios que las actuales profecías apocalípticas no difieren en lo sustantivo de otras tantas que ha habido siempre, y que posiblemente las habrá hasta el remoto día en que llegue el verdadero apocalipsis… Ellas han sido la obsesión de todas las culturas y religiones; videntes, científicos locos, algún anticristo, falsos profetas, iluminados… hacen malos augurios que por suerte nunca se cumplen, y todo indica que los de hoy correrán la misma suerte.

Quedó claro, con múltiples ejemplos, que el tema del Calentamiento Global, del Cambio Climático o como lo quieran llamar, se escapó del campo científico para ir a dar al político y allí empezaron a tallar “las fuerzas del mal”.

Así fue como llegamos hasta Greta Thunberg, “la niña símbolo”, y a su protagonismo, su discurso, su actitud, su ejemplo para los niños y los jóvenes del mundo. Después de algunas intervenciones más bien “tímidas”, surgieron aprensiones. “¿Está bien que un niño, por muy precoz que sea, le hable en ese tono al mundo, que se dirija en esos términos a los líderes mundiales, que su semblante infantil trasunte tanto odio e intolerancia…? No puede ser que el bien que dice buscar haga tanto mal”.

Terminamos coincidiendo en que había sido tentada, convencida o seducida para asumir, con manifiesta soberbia, el papel de “nuevo mesías” portador de “la luz para la humanidad”. De ahí que no dejara indiferente a nadie con esos gestos de su cara y con esa mirada llameante que sugería una suerte de paranoia más próxima a la “poseída” que a la iluminada.

Nuestras tertulias suelen concluir con una ingeniosidad: esta semana un beato parroquiano fue quien se despidió diciéndonos: “Debería exigirse que a este angelito caído, tan cordialmente invitado por el presidente a la COP25, se le haga primero un exorcismo, a ver si así nos evitamos después apocalípticos dolores de cabeza”.

Convergencia Progresista

Por Fernando Villegas Darrouy

Una y otra vez su oferta cambia de nombre para desprenderse del fracaso asociado a sus anteriores pieles semánticas y simultáneamente ocultar lo que siempre ha sido y siempre ha pretendido, la construcción del socialismo. En suma, tras tantos trasvestismos verbales la izquierda ya no se atreve a llamarse por su nombre, al socialismo se lo disfraza como progresismo, al comunismo ni siquiera se lo menciona y la dictadura popular no es ya más dictadura sino como dijo memorablemente Saint Just, uno de los líderes de la revolución francesa, el “forzar al ciudadano a ser libre”.

Para este ejercicio de travestismo e hipocresía se escogió una palabra muy adecuada, “progreso” y su avatar activista, “progresismo”. “Progreso” tiene excelente prensa desde el siglo de las Luces hasta el día de hoy. ¿Quién podría estar en contra? El progreso o más bien la palabra que lo menta es exitoso en sí mismo. No necesita explicación, justificación, porque entraña necesariamente el pasar de un estado de cosas a otro mejor. El socialismo, en cambio, carece de esa virtud inmanente porque la experiencia histórica ha asociado dicho término, al contrario, a toda la variedad posible de fracasos y por eso todo el tiempo necesita explicaciones: se fracasó por culpa del “culto a la personalidad”, se fracasó por la acción siniestra del imperialismo, se ha fracasado porque se instauró en el país indebido, ha fracasado porque necesita más tiempo, fracasa porque no se dieron las condiciones, fracasa por el sabotaje de los fachos, etc. Podría decirse que el mayor y único éxito del socialismo ha sido su fertilidad para dar explicaciones acerca de su fracaso.

Amén de sus virtudes intrínsecas y automáticas, el vocablo es el más adecuado para ponerse en sintonía con el talante mental de la izquierda, la cual, como toda Fe, instila en sus feligreses la convicción de ser portadores de la Verdad Revelada, Absoluta e Innegable. La verdad revelada es, en este caso, sinónimo del progreso; en efecto, puesto que cada una de las aseveraciones del sector sobre cada materia o tema posible es INDUDABLE, de ello se sigue que aceptarlas y ponerlas en práctica equivale necesariamente a progresar. Al mismo tiempo, sin embargo, esta Fe, como toda Fe, es susceptible a las herejías. Siendo tan vagos, difusos y contradictorios los dogmas, tan incomprobables por medio de la lógica o el sentido común, es también de entera necesidad que surjan las más diversas interpretaciones acerca de su verdadera” naturaleza. Recuérdense las serias diferencias sectarias nacidas en la Cristiandad desde el siglo III y siguientes relativas a la naturaleza de Cristo. Todos estaban de acuerdo en que era hijo de Dios, pero, ¿cómo se traducía esa filiación en lo relativo a su sustancia? ¿Era simultáneamente humana y divina? ¿Era solamente divina y su presencia como hombre torturado y crucificado una farsa? ¿Era sólo humano? ¿Era de sustancia parecida pero idéntica a la del Señor? La Iglesia trató repetidas veces de subsanar esas diferencias mediante concilios ecuménicos tal como hoy la izquierda -el “progresismo”– lo intenta con reiterados llamados “ a la unidad”. También el nuevo nombre de la coalición intenta lo mismo pues no puede hablarse de convergencia si no hay previamente disidencia, distancia. “Convergencia Progresista” es entonces no sólo una nueva marca registrada sino una invocación para que la mercancía que menta la marca llegue a adquirir realidad. ¡Converged hermanos, a ver si recuperamos el poder! También podría considerarse el nuevo término como un breve obituario pues si acaso hay divergencias que se desean hacer converger es porque no hay ya una doctrina sólida y central que sea ella misma la razón de ser de la izquierda y mantenga a sus fieles natural y tácitamente unidos. Quizás el sólo hecho de no estarse usando la palabra debida, “izquierda”, indica que no se sabe ya qué se estaría mentando con aquella.

La crisis del agua en el mundo y la Antártica… ¿Chilena?

Por Roberto Hernández Maturana

Chile posee un territorio continental que abarca desde Arica a tierra del fuego 756.950 km²

Sin embargo Chile reclama un territorio muchísimo mayor en la antártica o Territorio Chileno Antártico o Antártica Chilena, entre los meridianos 53° O y 90° O. interponiéndose  parcialmente con las áreas reclamadas por Argentina (Antártida Argentina, entre los meridianos 53° O y 74° O al sur del paralelo 60° S) y por el Reino Unido (Territorio Antártico Británico, entre los meridianos 53° O y 80° O al sur del mismo paralelo.

Nuestro país reclama para sí un territorio de  1.250. 257 Kms cuadrados, definido por el decreto 1747, promulgado el 6 de noviembre de 1940  y publicado el 21 de Junio de 1955, del Ministerio de Relaciones Exteriores de  Chile que abarca las islas Shetland del Sur, la península Antártica  (llamada Tierra de O’Higgins en Chile) e islas adyacentes, la isla Alejandro I, la isla Charcot y parte de la Tierra de Ellsworth , entre otras.

Hoy que sabemos que el mundo está sufriendo escasez de agua entendida como la falta de suficientes  recursos hídricos  para satisfacer las demandas de consumo de agua  en una región, nuestra reclamación territorial sobre la Antártica reviste especial importancia.

El 97% del agua del mundo es salada. El 3% restante es agua dulce y se puede encontrar en forma de agua subterránea, lagos, ríos, humedad de suelo, siendo los glaciares y casquetes polares la mayor reserva de agua dulce.

A pesar de que la precipitación de la Antártica es comparable con las zonas más secas del mundo, el continente es un generador de hielo natural, contando con aproximadamente el 80% del agua dulce de todo el planeta almacenada en forma de nieve, enormes glaciares y extensos casquetes polares.

La crisis climática amenaza este reservorio natural de agua dulce, ya que aumentan el nivel de deshielo y desprendimiento de grandes bloques de hielo. El 31 de octubre de 2016 se descubrió una grieta, bautizada como “Halloween”, que en cinco meses ha crecido 22 kilómetros. La brecha ya mide 130 kilómetros de longitud y podría causar el mayor desprendimiento en la Antártida registrado en la historia. ¡Sería un témpano casi del porte de la Isla de Chiloé!

La escasez de agua afecta hoy a mas de 2.800 millones de personas en todos los continentes del mundo durante al menos un mes cada año y más de 1.300 millones de personas no tienen acceso a agua potable salubre.​

Gran parte del mundo sufre hoy estrés hídrico, entendido como la dificultad de obtener fuentes de agua dulce durante un cierto período, una situación que puede culminar en un mayor deterioro y agotamiento de los recursos hídricos disponibles. ​ Por otra parte el déficit hídrico  causado por cambios climáticos, tales como sequías o inundaciones, así como el aumento de la contaminación  y el aumento de la demanda humana de agua, incluso su uso excesivo es una realidad que puede llegar a convertirse en una crisis hídrica en que la disponibilidad de agua no contaminada dentro de una región es inferior a la demanda de agua en esta región. ​ Hoy la escasez de agua está siendo impulsada por dos fenómenos convergentes: el creciente uso de agua dulce y el agotamiento de los recursos de agua dulce disponibles. ​

Lo anterior ha provocado que lejos de considerar al petróleo como el recurso que podría desencadenar futuros conflictos, los estragos de la crisis climática (el cambio climático es permanente), la falta de prioridad política, las incapacidades gubernamentales, las desigualdades y los conflictos armados han hecho que ahora el punto de mira esté en el agua. Esto, junto con el eterno debate sobre si el agua debe ser un bien de lujo o un bien social accesible para todos, podría convertir al agua en el foco del mayor conflicto geopolítico del siglo XXI.

Según Naciones Unidas, el consumo de agua se ha duplicado en los últimos 50 años, 2.600 millones de personas carecen de acceso a un saneamiento básico, lo que supone el 40% de la población mundial, y 497 millones de personas en las ciudades dependen de un saneamiento compartido, cifra que se ha multiplicado por dos desde 1990. Partiendo de esto, casi un décimo de la carga global de enfermedades podría ser contenida a través del mejoramiento del abastecimiento de agua, saneamiento, higiene y la gestión de los recursos hídricos en general

Pero la cosa no se queda ahí. La OMS afirma que la fuente de agua debe situarse a no más de 1.000 metros del hogar y, sin embargo, millones de personas en el mundo deben caminar diariamente hasta seis horas para obtener agua para uso doméstico.  Además, según el El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo  (PNUD), el coste del agua no debería superar el 3% de los ingresos de la unidad familiar, pero la realidad es que los países pobres pagan hasta 50 veces más por un litro de agua que sus vecinos más ricos (ONU) , debido a que tienen que comprar el agua a vendedores privados.

Dentro de la situación actual del agua y su posible proyección futura, la ONU confirmó que existen aproximadamente 300 zonas en el mundo en las que se presagia un conflicto a causa del agua en 2025. Bien sea porque su control centre la lucha, o bien porque sea utilizada como arma para ganar, el agua está teniendo cada vez más un papel protagonista.

Los conflictos se agrupan en varias regiones del mundo, de los que cabe destacar: el conflicto entre Israel y Palestina; la guerra civil en Siria; la disputa entre Bolivia y Chile por las aguas del Silala; el conflicto del Tigris y Eúfrates entre Turquía, Siria e Irak; la cuenca del río Zambeze entre Mozambique y Zimbabwe; el conflicto del Nilo; y la Guerra del Agua Cochabamba.

El 1 de diciembre de 1959,  12 países entre los que se encontraba Chile, firmaron  el Tratado Antártico , que definió  a la Antártida como todas las tierras y barreras de hielo ubicadas al sur de la latitud 60°S sin afectar derechos sobre el alta mar allí existente. El tratado fue firmado en Washington DC, Estados Unidos   y entró en vigor el 23 de junio de 1961 .

Los firmantes originales fueron: Argentina, Australia, Bélgica, Chile, EE.UU., Francia Japón, Noruega; Nueva Zelanda, Reino Unido, Sud Africa y La entonces Unión Soviética,  pero el tratado dejó la puerta abierta a cualquier miembro de la Organzación de las Naciones Unidas, u otro estado invitado por la totalidad de los signatarios consultivos. Desde su firma el número de signatarios creció hasta un total de 54 en abril de 2019

El tratado tiene vigencia indefinida y no ha sufrido enmiendas. Puede ser modificado por la unanimidad de los miembros consultivos o -luego de los 30 años de vigencia- por la mayoría de miembros presentes en una conferencia convocada al efecto en la que pueden participar los miembros no consultivos.

El tratado concluyo entre sus puntos mas importantes, que el uso exclusivo de la Antártida sería para fines pacíficos, prohibe toda medida de carácter militar, excepto para colaborar con las investigaciones científicas, prohibiéndose los ensayos de cualquier clase de armas.

Decretó también la libertad de investigación científica en la Antártida y continuidad de la cooperación como en el Año Geofísico Internacional de 1957 y el Compromiso de intercambio de información sobre los proyectos de programas científicos en la Antártida, personal científico y libre disponibilidad de las observaciones y resultados científicos.

Respecto a la soberanía territorial sobre la Antártida, el tratado salvaguarda las opiniones de los 3 grupos de los 12 estados signatarios originales: 1) aquellos que previamente declararon su soberanía sobre parte del Antártida (Argentina, Australia, Chile, Francia, Noruega, Nueva Zelanda y el Reino Unido); 2) aquellos que se consideraron como teniendo una base para reclamar soberanía territorial en la Antártida (Estados Unidos y la Unión Soviética); 3) aquellos que no reconocieron a ningún estado el derecho a reclamar o a tener una base de reclamo de soberanía en la Antártida (Bélgica, Japón y Sudáfrica).

En cuanto a las reclamaciones territoriales proclamadas previamente a la firma del tratado por 7 de los signatarios originales, éste estipula que ninguna disposición del mismo se interpretará como una renuncia o menoscabo de los derechos o fundamentos de soberanía territorial en la Antártida esgrimidos por ellos.

Ante la situación descrita y una necesidad evidente que a corto plazo vivirá la humanidad cabe preguntarse…

¿Está Chile en condiciones de hacer valer sus reclamaciones territoriales sobre la Antártica?, especialmente considerando a la soberanía chilena como el poder político supremo chileno sobre la antártica, considerando que la soberanía es un derecho fundamental de cualquier Estado de la comunidad internacional

No sé si el gobierno actual y aquellos por venir han adoptado medidas para la crisis que viene, pero sin duda en algún momento la crisis vendrá, y nuestro gobierno, el que sea, deberá ejercer una diplomacia hábil y firme y sin duda debería desde ya ejercer una presencia más activa en lo que se reclama como “nuestro territorio antártico, y sin duda nuestras Fuerzas Armadas deberían ejercer un rol fundamental en ejercer dicha presencia y en respaldar a nuestra diplomacia en la hora del conflicto… que sin duda vendrá.