Plebiscito, incertidumbre y razones para votar que NO

Por Roberto Hernández Maturana

Quedan once semanas para que el país decida el próximo 26 de abril si aprueba o rechaza tener una nueva Constitución y el mecanismo para llevar adelante el proceso: Convención Constituyente o Convención Mixta, y si bien en un principio las cifras parecían inclinarse con claridad por la opción “apruebo”, el rechazo a los hechos de violencia – que continúan a diario en las calles del país, aún en un período de relativa tranquilidad como son los meses de verano – la ambigua actitud de muchos “líderes políticos”, y el debate del fondo de lo que nos jugamos los chilenos, ha  hecho que poco a poco, la opción por el rechazo crezca día a día no solo entre conservadores si no también entre liberales e izquierda moderada.

El 15 de Noviembre de 2019, los partidos de gobierno firmaron el Acuerdo por la paz y la nueva Constitución, pensando que así podría encauzarse la crisis, y restablecer el orden público. Por muchas razones, esto no se produjo, o al menos no completamente. Se debe reconocer que parte importante del oficialismo, aturdido y desesperado por no saber cómo enfrentar la inesperada escalada subversiva, suscribió el acuerdo de noviembre movido por el miedo. En otras palabras, se enfrentó a la disyuntiva de entregar la Constitución o dejar que el sistema entero se desplomara.

Sin embargo, la persistencia del desorden y sobre todo la complacencia de cierta izquierda con ese desorden, solo ha alimentado la desconfianza respecto de un eventual proceso constituyente. Además, la manera en que la oposición enfrentó el tema de la paridad —convirtiéndolo en un virtual chantaje moral e intimidatorio—, y el modo en que se votó la acusación constitucional contra un Presidente que ya había cedido mucho poder, fueron endureciendo las posiciones.

Tampoco podemos olvidar lo último ocurrido con la PSU donde varios dirigentes opositores hicieron todo tipo de piruetas retóricas para intentar justificar que un puñado de jóvenes impidiera que miles de estudiantes secundarios pudieran rendir la prueba.

En el fondo, parte de la izquierda sigue entrampada en su clásica confusión de fines y medios, embriagada con esa ilusión de “momento cero” que permita reescribir la historia.

Todo lo anterior ha llevado a un número creciente de ciudadanos a pensar en el “rechazo”, callando muchas veces su decisión ante la violencia verbal y física manifestada por quienes a diario se manifiestan en las calles y redes sociales por el “apruebo”

Así hay quienes manifiestan la necesidad de darse una chance de determinar el futuro institucional del país con calma, no estando las condiciones “en un entorno en donde la política está fallando, en donde las policías no tienen capacidad para enfrentar a los delincuentes”,como nos manifiesta Patricio Arrau. Liberal, Ingeniero comercial, funcionario en los gobiernos de Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet que se ha desempeñado como economista del Banco Mundial en el área de finanzas internacionales (1989-1991) y asesor del Ministerio de Hacienda, y que fue miembro activo de Ciudadanos, quien manifiesta que «no hay un clima que entregue las garantías para tener una discusión seria». Es por esta razón que, pese a que ha valorado el acuerdo político transversal del 15 de noviembre, Arrau manifestó a Diario El Líbero que se inclinará por votar que «No» en el plebiscito del 26 de abril, agregando que cualquier cambio constitucional debe hacerse en orden : “cuando eso esté y haya conciencia muy clave y amplia en los tres poderes del Estado de que es un requisito esencial para poder tener una discusión constitucional, ahí voy a cambiar de opinión”, y agrega “La mía es que una discusión democrática y constitucional que nos resguarde y que norme la convivencia de los próximos 50 años, pero no puede hacerse en este ambiente donde los delincuentes tienen tomada la calle en una insurrección delincuencial que el Estado no controla. Es una garantía de que vamos a terminar en chantaje con la asamblea constituyente”, remarcando que “el orden público es un pre requisito para poder tener un debate adecuado y correcto sobre qué queremos como casa de convivencia nacional”, para rematar con una crítica a los viejos políticos “los viejos (políticos), los que tienen cultura cívica, que saben lo que es una democracia, que saben lo que es una Constitución, hayan terminado totalmente entregados a los nuevos políticos que tenemos y que, lamentablemente, no tienen cultura cívica”.

Gerardo Jofré , Ingeniero Comercial UC, quien se desempeñó como asesor el ex ministro de Hacienda, Hernán Büchi, fue Jefe  de coordinación sectorial y jefe de planificación de Odeplan y en el año 2014 asumió la presidencia de Codelco, entre otros cargos, hoy se encuentra impulsando la «Casa Común por el Rechazo» junto a Gonzalo De la Carrera.

Manifiesta que “Creemos que la gente no quiere cambiar la Constitución y la están tratando de obligar a que vote que Sí. Eso sería una votación bajo amenaza, es lo más anti democrático que hay”, agregando que hay un “No encubierto”, explica que hay muchos “No naturales”, que no quieren cambiar la Constitución vigente. «Tenemos que demostrar que la mayoría de Chile no quiere cambiar la Constitución, no quiere partir de cero”, asegura. Y añade que “esto se le ocurrió a gente que está encaprichada con cambiarla y que dice que es la Constitución de la dictadura. Eso no es verdad, se ha cambiado muchas veces y lleva la firma de Ricardo Lagos». Y agrega que «ya se ha cambiado 43 veces, no hay ningún artículo de la Constitución que no se haya tocado». Plantea que si se quiere modificar, que se haga «pero dentro de los cánones normales y no nos tomemos dos años partiendo de una hoja en blanco en un griterío y una cuestión con presión, con violencia».

Considera que los ciudadanos están confundidos con las indicaciones «cambiantes» desde los partidos políticos. «A la gente la están tratando de asustar diciéndoles que si gana el No van a seguir los líos, en circunstancias que los líos van a seguir, sin duda, si gana el No, el Sí, o si empatan». Y apunta: «Creemos que la gente no quiere cambiar la Constitución y la están tratando de obligar a que vote que Sí. Eso sería una votación bajo amenaza, es lo más anti democrático que hay».

Paticio Navia cientista político y sociólogo chileno, columnista de diarios y revistas e invitado en varios programas de prensa escrita, radio y televisión. Actualmente es profesor de la Universidad Diego Portales y de la Universidad de Nueva York,  nos dice que resulta irónico que, precisamente después de que la Constitución fue profundamente reformada en 2005 –y el nombre del propio Pinochet fue removido de la carta fundamental– se intensificaron los llamados a abolirla y remplazarla por una redactada en democracia.

De hecho, la primera vez que un candidato presidencial prometió una nueva Constitución fue en la campaña de 2009. El entonces diputado Marco Enríquez-Ominami, que recién había renunciado al Partido Socialista, y desde entonces, casi todos los abanderados de izquierda han incluido la propuesta de una nueva carta constitucional como parte de sus promesas de campaña.

Navia manifiesta que la supuesta  “ilegitimidad” de la Constitución no es razón suficiente para cambiarla y agrega que: Es innegable que la Constitución de 1980 –modificada repetidas veces en democracia y sustancialmente alterada en 2005 bajo el gobierno de Ricardo Lagos– nació con ilegitimidad de origen y continúa siendo un legado de la dictadura por más que haya sido modificada y por más que la gran mayoría (sino todos) sus enclaves autoritarios han sido eliminados. Pero esto no es razón suficiente para querer una nueva. Varios países incuestionablemente democráticos tienen constituciones con orígenes ilegítimos o que, a la luz de cómo han evolucionado sus sociedades, serían considerados hoy de esa manera. Es más, ese argumento de la ilegitimidad de origen se puede usar para destacar la capacidad que hemos tenido los chilenos de poder desarrollar una democracia plena y vigorosa a partir de esa carta fundamental”, pero en concreto y principalmente le parece inconveniente emprender hoy un proceso constituyente  porque la forma en que se gestó dicho proceso  es contraria a los valores y prácticas democráticas que tenemos hoy como país. Finalmente Navia hace presente el costo que implicarán los dos años de incertidumbre económica y social que llevará completar el proceso, y la limitada cantidad de cambios, respecto a la Constitución actual, que incluye la “lista de supermercado de reformas que predominan entre los que abogan por una nueva carta fundamental”, además de el hecho de que, a la par del proceso constituyente, haya un gobierno de derecha que no cree en el proceso, con minoría en el Congreso e impopularidad récord en la historia democrática del país, conforma una combinación políticamente tóxica.

Los chilenos debemos preguntarnos entonces

¿Qué esperar de una deliberación constitucional en esas condiciones?

¿Podremos comprender que no hay justicia posible sin orden?

¿Somos adversarios políticos o enemigos?

¿Es posible tener una Constitución legítima en medio del desorden y de la impunidad con la que actúan los grupúsculos más violentos?

¿La izquierda tiene claro que la Constitución vigente solo podrá conservarse si la opción “Rechazo” gana en abril; y, en ese caso, ya no podrá más alegar “pecado de origen”, porque habrá sido validada en democracia plena?

El Gobierno, por su parte, también debe recuperar algo de iniciativa y salir de la enfermante  inercia de sus autoridades, aunque fuera para garantizar que la elección pueda realizarse en paz. De lo contrario, entraremos en un camino incierto violento y peligroso de muy difícil retorno, pues habremos perdido todo espacio institucional que nos permita resolver pacíficamente nuestras diferencias.

Para sostener la paz la izquierda debe estar dispuesta a aceptar que el “Rechazo” es tan legítimo como el “Apruebo”, condenar de modo incondicional —sin “peros”— toda forma de violencia como método de acción política, y estar consciente (además lo sabe) como la gran mayoría de la derecha lo está, que para solucionar las demandas sociales que hoy tienen al país en conflicto, no se necesita cambiar la Constitución, sino las leyes.

Cualquier otro camino solo nos acercará un poco más al despeñadero.

Winter is coming

Por Roberto Hernández Maturana

Estimado lector; largos días han pasado desde el inicio de las convulsiones sociales y la avalancha de noticias, artículos, comentarios, etc., me hicieron abstenerme de opinar (excepto un par de breves opúsculos),  ante el riesgo de que ella naufragara en ese océano tormentoso de las redes sociales.

Hoy vuelvo con este comentario que pretende mirar desde la distancia del tiempo transcurrido; un análisis lo más completo posible a la fecha.

Sólo pido me disculpen dos hechos que se revelan del texto que leerán a continuación: mi pesimismo y lo largo del mismo.

El 18 de Octubre de 2019 Chile sufrió un “golpe blando” y lo que podríamos llamar un ataque terrorista a gran escala, cuyos resultados en términos de destrucción de las redes de transporte, del abastecimiento de la población más necesitada, de inseguridad social, recuerdan a una ciudad atacada y en guerra.

La violencia vivida y concertada en una inédita explosión de vandalismo y terror colectivo, mostró el profundo resquebrajamiento de la convivencia nacional que hoy campea en nuestro país, donde numerosos ciudadanos sufrieron por parte de manifestantes violentos la violación de sus derechos humanos, desde tratos degradantes hasta la violación de su libertad de circular libremente.

En esos aciagos días, la actitud del Presidente Piñera nos recordó a Bachelet en las primeras horas del terremoto 27 de Febrero de 2010, desorientado, confuso, lejano.

La inconfundible huella de un golpe de estado vino con la declaración del presidente del Partido Comunista Guillermo Teiller, quien conminó al Presidente a renunciar a la mañana siguiente de ese 18, y a que llamara a elecciones, lo que continúa hoy evidenciándose en las acciones y demandas desmedidas de la “Mesa de Unidad Nacional”.

El clímax de las manifestaciones se vivió con el 1.200.000 personas congregadas en la Plaza Italia, marcando el fin evidente del “estallido social”. Lo que vino después claramente es subversión, reducida a la participación de unos miles de imberbes estudiantes, algunos idealistas, muchos anarquistas, unos pocos trabajadores, y muchos, muchísimos delincuentes, prohijados y protegidos por los partidos de izquierda y los organismos de Derechos Humanos.

A la derrota en seguridad pública, se sumó un movimiento social con todo tipo de demandas que van desde no más tag, hasta cambios en pensiones, salud, educación, etc.

Quedamos sí frente a muchas incertidumbres que hasta el día de hoy no podemos responder con claridad:

¿Estamos realmente frente a un estallido social espontaneo?

¿O se trató sólo de lumpen, delincuentes, vándalos barras bravas y narcos como afirman muchos?

¿O bien habría que creerles a los dirigentes de la ultra izquierda, que los actos terroristas al metro, la devastación de ciudades, los ataques incendiarios, los saqueos, las manifestaciones serían espontaneas y no producto de una insurrección organizada dirigida por la Mesa de Unidad Nacional, para derrocar al gobierno legítimamente elegido e instaurar un régimen al estilo venezolano o cubano?

¿Que hicimos mal?

Hoy nadie duda que nuestra democracia está en la UCI

¿Que hicimos mal? En estos largos años transcurridos desde que se produjo la intervención militar de 1973?

No fuimos capaces de ver una marcada desconexión generacional, en que los sub 25 parecen no entenderse en nada con los mayores de 40

No pudimos evidenciar cuando se perdió aquello que dio paso a una generación individualista, que hoy vive de un idealismo basado en consignas, sin sustancia, carente de análisis profundo y víctima de ideologías utópicas.

No advertimos la necesidad de corregir ciertas conductas del pasado, y el haber bajado la pobreza de más de 40% al 8%, generó una soberbia en la clase dirigente y el empresariado que no permitió ver a esa clase media precaria y vulnerable, con cerca de dos millones de chilenos jóvenes, jubilados y desempleados, viviendo bajo la línea de la pobreza; y a los más de 500.000 jóvenes sin educación completa, nacidos y criados en familias disfuncionales, muchas veces secuestrados por el alcohol y la droga.

No nos percatamos de la fragilidad de nuestra democracia, como sí lo hicieron y hace mucho tiempo; aquellas organizaciones que buscan subvertir el orden y la paz social.

Como sociedad permitimos y no adoptamos medidas para evitar el desprestigio, y la persistente erosión de las instituciones, que en otro tiempo, fueron fundamentales para enfrentar la crisis. El Congreso, los partidos políticos, las FF.AA., Carabineros, la Iglesia Católica, cayeron en corrupción explotada una vez más por aquellas organizaciones que buscan subvertir el orden y la paz social.

La pérdida de consensos y la legitimación de la violencia, el menoscabo de valores como la tolerancia, el pluralismo, la ausencia de amistad cívica y la falta de legitimidad de acuerdos para resolver controversias, pasaron a ser algo cotidiano, con la complicidad de quienes se suponen actores democráticos.

La desidia y precariedad del Estado de derecho demostrado en el conflicto de La Araucanía, o en la crisis del Instituto Nacional, fueron síntomas de una crisis que explotó ese 18 de octubre.

El “estallido social” dejó en evidencia la rabia que provocan los privilegios, la corrupción, las malas prácticas empresariales o políticas, que superaron la promesa de la meritocracia como eje rector de una economía de mercado.

El imperativo avallasador de imponer la igualdad hoy ha superado a la urgencia de superar la pobreza.

¿Cómo estamos hoy?

La palabra que parece dominar a toda la sociedad chilena es incertidumbre; incertidumbre social, económica, política

La encuesta CADEM muestra hoy el apoyo más bajo que haya tenido alguna vez un Presidente de La República desde que haya registro; Es posible que nunca hayamos tenido un presidente con menos apoyo en nuestra historia.

Sebastián Piñera no ha logrado transformarse en el conductor político, y hoy trata de mantenerse en segundo plano dominando a duras penas su compulsión de estar presente en todo.

Sin embargo, como el plan de la izquierda de botar al gobierno no resultó, hoy plantea una acusación constitucional que se evidencia sin destino; después de todo, la legitimidad de Piñera es incuestionable. Su decisión de no  sacar a los militares a la calle y optar por un llamado a la paz y el cambio de gabinete ayudó a descomprimir el ambiente.

No obstante lo anterior, además de buscar la corrección del modelo, y especialmente los abusos, privilegios, desigualdad etc., el Presidente entregó el país a las demandas de la izquierda ideológica que busca cambiar la Constitución Política del Estado, ante el aplauso de una parte de la población y muchos de quienes salieron a protestar, ignorantes de que la solución a las demandas está en el mejoramiento y perfeccionamiento de las leyes que contemplan las demandas ciudadanas, pero que por el cmontrario, el cambio constitucional bajo las presentes circunstancias nos pondrá en un proceso que sin duda exacerbará la división, la animosidad, las tensiones y el enfrentamiento entre los chilenos. No debería sorprendernos de que las protestas y el clima de incertidumbre se mantenga, aunque eso signifique destrozar a la PYMES, asustar a los inversionistas e hipotecar nuestro futuro institucional.

¿Existe el derecho a manifestarse en forma reiterada y por un tiempo tan prolongado cuando ello signifique la pérdida de miles de empleos la paralización de la inversión y poner en jaque a la economía?

¿Cómo pretender que haya inversión, que haya emprendimiento en Chile, si se pretende desconocer abiertamente la importancia del empresariado, tanto como del Estado para el bien común, y hay muchos otros países dispuestos a recibir a esos empresarios con los brazos abiertos?

Winter is comming

El significado de la frase que se hiciera famosa en la espectacular adaptación para la TV de la novela “Canción de Hielo y Fuego”, de George R. Martin, que conociéramos como “Juego de Tronos “Se acerca el invierno”, tiene varios significados.

Uno de ellos, es el lema de la Casa Stark, y se refiere a su misión de vigilancia frente a los pueblos más allá del muro. Es una expresión que significa que siempre debían estar preparados, y como gobernantes del Norte, debían estar prevenidos para cualquier cosa que puedira suceder, sabiendo que eventualmente, algo sucederá. Por lo tanto, se acerca el invierno.

Sin embargo, George R. Martin, explica que también hay un significado metafórico más profundo, que generalmente expresa el sentimiento de que ocurren períodos oscuros en la vida. Incluso si las cosas están yendo bien en su mundo (“verano”), esto no durará para siempre. Eventualmente llegará un período oscuro, una frialdad, cuando los eventos se vuelvan contra nosotros (“invierno”). Esta interpretación metafórica refleja el mensaje subyacente de que nadie puede sentirse seguro o cómodo durante demasiado tiempo.

Para los personajes de Game of Thrones, “se acerca el invierno”, sin lugar a dudas, sugiere que la fatalidad, la destrucción y la muerte soplarán en sus vidas. No está garantizado si algún personaje sobrevivirá al ataque.

Chile afrontará días difíciles… no se trata sólo de nuestro destino; se trata del destino del país.

¿Podrán las políticas sociales traer la paz social…, o la insaciabilidad de las demandas será inmanejable porque busca objetivos mucho más radicales que sólo la satisfacción de demandas sociales?

Si el desorden incontrolado y la subversión continúan, ¿estamos dispuestos a pagar el precio impredecible de una mayor represión? ¿O bien el dilatar el restablecimiento del orden público tendrá consecuencias aún muchos más graves que mantener el desorden?

¿Qué consecuencias tendrá para nuestro futuro cívico el darnos cuenta de que la violencia se ha mostrado muy eficaz para el logro de objetivos políticos?

2020 se avizora complejo; los matinales y las redes sociales culparán al gobierno, al neoliberalismo, a los empresarios, o a quien sea. Si se sigue la lógica individualista, ya no habrá que corregir el modelo… porque no habrá modelo.

Nos espera un futuro incierto, por de pronto un año lleno de incertidumbre y controversia en un ambiente cargado de animosidad y disputas muy posiblemente violentas, con un plebiscito en Abril  que nos ofrece elegir la mantención de la actual constitución, o elegir una nueva, y sobre la marcha, pregunta si Ud quiere que ese cambio se haga mediante una asamblea constituyente o una convención constituyente, sin decirnos hasta el momento como estarán compuestos dichos mecanismos; es decir aún sin saber  si habrán cuotas de género, de pueblos originarios, si tendrán preponderancia las organizaciones civiles, o los partidos políticos para esa elección. Es decir nos ofrece construir una nueva casa sin saber aún quienes la construirán, ni quiénes serán sus arquitectos, pidiéndonos que elijamos entonces esta opción con los ojos cerrados…, todo sobre la marcha, en un ambiente político sometido a presiones difíciles de manejar.

Ojalá las empresas vuelvan a confiar en el país y que en un gesto heroico no despidan gente, a menos que sea imprescindible para evitar una quiebra.

Es difícil no caer en el pesimismo, pero es evidente la amenaza de cesantía, y de una perspectiva ominosa de tener un futuro con más pobreza y menos libertad.

A quienes esperan, piden, o creen ver una próxima primavera, más bien lo que parece venir es un largo y duro invierno.

Nesaria Cautela

Por Eduardo Aldunate Herman, General Ejército (R)

La propuesta del Ejecutivo respecto a la función de las FF.AA. en la protección de la infraestructura crítica -que es una práctica que existe en muchos países- estoy seguro que el Congreso la evaluara con mirada de Estado. El ministro de Defensa Nacional manifestó que las FF.AA. contarán con equipamiento adecuado y con las normas que rijan sus procedimientos.

Hasta ahí, parece que todo bien pero, hay un par de detalles que llaman a la cautela. Mi experiencia -reforzada por haber participado como comandante en operaciones de paz- me indica que cuando se asignan nuevas misiones a los militares, equiparlos y regular su participación no basta, se los debe preparar oportunamente, lo que ciertamente toma su tiempo y así se hizo para Haití.

Se abusa de la polivalencia. Si se quiere emplear a los militares fuera de los cuarteles ellos deben instruirse y entrenar en lo específico que es muy distinto a lo que normalmente hacen y tengo mis dudas si hoy cuentan con estas capacidades.

Las FF.AA. pueden aportar en esta crisis pero el tema de fondo se elude, sobrepasadas las policías -lo que dudo- nuestra sociedad debe asumir claramente que cuando llama a los militares, ellos tienen una forma de actuar distinta.

Militares en las calles sin estar preparados ni respaldados huele a peligro.…para los soldados y para nuestros compatriotas.

Obviar esto normalmente termina en que las reglas de empleo de la fuerza solo sirven para los sumarios contra los militares.

Complices Activos

Por Eduardo Aldunate Herman

Como sociedad todos fallamos en detectar las alertas del malestar social, lo que sinceremos -a no mediar una cuota de violencia- no lo habríamos percibido.

Nos acostumbramos a que golpear a un policía, faltarle el respeto a rectores, profesores y autoridades, y marchas que terminaban en violencia sin responsables derivó en que antisistemas, con sus destrucciones, le robaron la legitimidad a millones que marcharon. Actos de corrupción de civiles y uniformados, y la errática conducción inicial del gobierno, fueron, entre otros, más leños al fuego.

Basta de lugares comunes sobre modernizar a nuestras policías.

Para que el estado de derecho sea plenamente aplicable, se le debe proveer a las policías de todos los instrumentos y procedimientos y eso incluye hacer uso legítimo de la fuerza cuando sea necesario, regulado, controlable, pero violento al fin. En los países civilizados, las policías siempre cuentan con un instrumento superior para disuadir o repeler al agresor.

En estos escenarios emplear a los militares es aceptar el fracaso de la política y personalmente creo que no es razonable profundizar las heridas que aún tenemos los chilenos del siglo XX.

Un mínimo sentido republicano -ante momentos estelares como éste – convoca a la gran política y confió que emergerán los líderes que requerimos alejados de los populismos.

Debemos apoyar al Presidente y a las instituciones, ya que es la democracia la que está en juego y quienes insistan en llevar agua para su molino, les sugiero que recuerden que la orquesta del Titanic también naufragó. ¿Será mucho pedir que todos cuidemos el buque del país?

Soy optimista, es tiempo de asumir los cambios pero también de reflexionar.

La gran rendición

Por Gonzalo Rojas Sánchez

Cuando el Gobierno se mostró sistemáticamente incapaz de controlar el orden público y garantizar la paz, comenzaron las rendiciones que han continuado con el acuerdo suscrito por los partidos de Chile Vamos, para cambiar el régimen constitucional.

De la claudicación en el uso de la fuerza legítima para detener la insurrección, el Gobierno pasó a la rendición de su programa ante los cientos de demandas que lo acosaron: no pudo distinguir el trigo de la paja y terminó con todo el granero en llamas.

Después, levantó bandera blanca ante una presión tan demagógica como ilegítima: el enemigo fantasmal transmitió desde la trinchera contraria un mensaje que devastó las confianzas gubernamentales: todos los chilenos están en la calle, la calle exige una asamblea constituyente, esa asamblea dictará una nueva Constitución y la carta fundamental así aprobada solucionará los problemas de todos los chilenos. Y en vez de contestar fuerte y claro: ¡patrañas, de la primera a la última!, el Gobierno y los partidos de Chile Vamos han salido a dejarse apresar, dejando caer sus argumentos al suelo, y con los brazos en alto.

Y, de paso, todo esto está significando otras cuatro rendiciones de consecuencias incalculables: el Gobierno y sus partidos han enajenado la adhesión de sus electores; han hipotecado la salud económica; han desplazado las energías desde lo social a la chimuchina de los procedimientos y las fórmulas; y, por cierto, han claudicado en los principios que han permitido estabilidad, movilidad, libertad y crecimiento. Nada menos.

¿Alguien puede asegurarles a los chilenos que la nueva Constitución no será una amenaza en ninguno de los campos en los que los ciudadanos hemos desplegado nuestros proyectos vitales, personalmente y reunidos con otros? Nadie, porque justamente el propósito de las izquierdas es cambiar radicalmente el sistema de libertades y méritos que nos rige bajo la Constitución del Presidente Pinochet de 1980 y que fue ratificado con las enmiendas del Presidente Lagos.

Se asoman graves amenazas para el modo de entender a la persona humana, de resguardar su vida, de proteger a su familia y su libertad de asociación, porque se buscará cambiar todo el artículo 1º, eliminando la concepción subsidiaria ahí presente. Se buscará un control completo de la educación chilena, que estará conformado por un Estado docente poderosísimo y pequeños enclaves de educación autónoma, manipulados a su vez por el financiamiento en manos del Estado.

Se procurará la perniciosa consagración ilimitada de supuestos derechos sociales, imposibles de practicar, inviables conceptual y económicamente, mientras al mismo tiempo se limitará y ahogará la libre iniciativa y el meritorio emprendimiento. En paralelo, se buscará imponer formas de participación ciudadana fácilmente manipulables, para presentar como correcta cualquier opinión transitoria, en materias de trascendencia moral o cultural; y, de paso, se eliminará el papel de equilibrio del Tribunal Constitucional en relación con el Congreso.

Habrá amenazas para la organización del Poder Judicial, de manera de hacer irreversible el actual control que ya ejerce la política sobre su conformación y su actuación. Y, por supuesto, se procurará manipular el papel de las Fuerzas Armadas, transformándolas en instrumentos de control político, bajo un férreo… control político, destrozando su carácter jerárquico y disciplinado, e insertándolas en un nuevo Estado plurinacional.

Por todo eso y mucho más, cualquier ciudadano tiene un mundo de razones para sentirse amenazado. No en sus privilegios, como dicen algunos desde la lucha de clases, sino en sus legítimas aspiraciones a una vida libre, buena y en paz.

Gonzalo Rojas

Gobierno y Plebiscito

Por Eliseo Pantoja Andreu

No se enfría aún la tinta del acuerdo que sellaron representantes de los diversos partidos del espectro político -con excepción del PC- para la realización de un plebiscito cuyo objetivo será recabar el pronunciamiento de la ciudadanía en orden a si quiere o no una nueva Constitución, y el Gobierno ya está interviniendo electoralmente.
En efecto, corrobora la anterior afirmación, las palabras de dos de sus principales Secretarios de Estado: El Ministro del Interior y la Ministro Secretaria General de Gobierno. Señala el primero, en un punto de prensa: “(…) Estamos seguros que este acuerdo por la paz y por una nueva Constitución nos permitirá reencontrarnos y construir un país mejor” (La Segunda, pág. 7, edición de 15 de noviembre de 2019). Ante tal afirmación, cabe preguntarse: ¿Qué parte del acuerdo no entendió señor Ministro o no desea entender? Ya que lo que se acordó consultar en el plebiscito a la ciudadanía es si las personas quieren o no una nueva Constitución y serán ellas de manera soberana las que decidirán en el secreto de la urna tal interrogante, y bien pudiere suceder que éstas rechacen una nueva Constitución.
Otro tanto cabe decir de la Ministro Secretaria General de Gobierno. Señala ésta en una vocería, lo siguiente: “Pero también creemos que es importante avanzar, alzar la mirada, entender de hoy tal vez es mejor salir de la calle y empezar a dialogar en nuestros barrios, en nuestras poblaciones, cuál es el Chile que queremos construir en esta nueva Constitución”, (EMOL, 15 de noviembre de 2019) dando por sentado que esa es la decisión de la gran mayoría silenciosa de nuestro país, que no ha estado en las marchas, y cuya decisión solo la conoceremos cuando se cuenten los votos al término de la jornada plebiscitaria.

La nueva Revolución Cultural

Por Roberto Hernández Maturana

La participación de la adolescente Greta Thunberg en la última Asamblea General de las Naciones Unidas me causó profunda preocupación. En realidad me dejó más que preocupado… asustado.

Cuando vi su rostro alterado, desencajado en las noticias de la TV llamándoles la atención a los líderes mundiales que la escuchaban dócilmente, en silencio, y algunos hasta con aplausos, y cuando  leí con más calma su discurso sinceramente me alarmé.

¡Como hemos llegado a este estado de situación en que los principales líderes mundiales (con algunas excepciones) se hayan dejado basurear de esa forma por una niña manipulada por intereses internacionales orientadas por movimientos mal llamados “progresistas”!

¿Será verdad que los líderes del Mundo invitaron a la Asamblea a una adolescente fanatizada para que les llame la atención y llore?… ¿o lo que vimos se trata de una cuidada puesta en escena? ¿De verdad alguien, puede creer que quienes se saben gobernantes sobre millones de seres humanos, viven protegidos por una seguridad permanente, ellos y sus familias, se desplazan en aviones destinados a su uso por los estados que gobiernan para representar a sus países en múltiples conferencias y encuentros, y ser premiados por sus desvelos  y sus programas de gobierno, se hayan inquietado por los gritos y enojos de Greta?

Greta retó a medio mundo (literalmente), en realidad al mundo entero, como quien cobra una deuda, con la convicción de la enseñanza recibida y adoctrinada en el sentido de ser dueña absoluta de una verdad única e incontrastable.

Sobre el discurso de Greta, el diario “El País” de España dijo en artículo titulado “El día en el que los que mandan callaron y escucharon”: “Curioso, porque fueron los que mandan los que escogieron a la sueca con trenzas, la sentaron y le dieron el papel para leer. La espontaneidad aquí no existe, como en los niños que entregaban ramos de flores a Hitler y Stalin. Los patrocinadores del ridículo viaje de esta ‘guerrera del clima’ en velero ecológico a través del Atlántico fueron BMW, fabricante de coches contaminantes, un banco suizo y un club de millonarios de Mónaco. Todos ellos grandes benefactores de la humanidad.

Logran que los chavales aplaudan con los codos políticas milmillonarias destinadas al “clima”, en lugar de políticas de vivienda que les permitan independizarse, aumentar su renta disponible, desarrollarse personal y profesionalmente y crear familias. Son genios del marketing.”

Curioso que no haya habido ningún comentario discrepante… y no es que no haya científicos que duden del calentamiento global (que a estas alturas ya no es una teoría, sino un dogma)… porque quienes digan que el calentamiento global se puede explicar más lógicamente y en forma más fiable en los ciclos de frío y calor en la Tierra producto no de la actividad humana, si no de la actividad solar, que puede encontrarse en registros históricos, son fulminados y estigmatizados por los talibanes del ambientalismo progresista.

Con todo, compartiendo como la mayor parte de los ciudadanos de esta tierra la preocupación por la crisis climática que se hace evidente (me parece que el cambio climático es permanente), y muchas de las preocupaciones relacionadas con la salud de nuestro planeta, ojalá pudiéramos ver y ser parte de discusiones abiertas, tolerantes, informadas y transparentes.

Pareciera entonces hoy que el “Progresismo de izquierda” está armando un ejército de jóvenes que nos recuerdan los “Guardias Rojos” de la Revolución Cultural China, cuando Mao Zedong armó y adoctrinó miles de adolescentes, fanatizando a los estudiantes y jóvenes, poniéndoles uniforme y entregándoles su “Libro Rojo”, donde según sus creyentes estaban todas las respuestas, y quién no comulgaba con esas ideas era apaleados a veces hasta la muerte por los guardias rojos; y es que para estos niños… los de hoy día… (sea por edad o por mentalidad),los culpables somos los adultos con los que conviven.

El rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, cercano al progresismo de izquierda, señaló en su habitual comentario de los domingos en El Mercurio de Santiago en un artículo titulado “La semilla de Greta”. que “Si el cambio climático implica muchos peligros, el fanatismo, ese espíritu de cruzado que parece estar poco a poco acompañando a Greta, implica muchísimos más (…) Y es que no es muy razonable inclinarse, sin más, ante una adolescente que enarbola un discurso toscamente moral”.

Sí porque ¿con qué derecho pueden unos criticar a otros?… Jóvenes a adultos, pobres a ricos; ricos a pobres, en una epidemia de acusaciones cruzadas.

Es notable sí, que jóvenes europeos y norteamericanos, educados en la abundancia, de una cultura materialista, en que lo que han deseado lo han obtenido, criados en la cultura de la bonanza que les dieron sus padres, depredando países del tercer mundo, industrializando sus economías primero con energía del carbón y después con energía atómica, quieran hoy cargarle al mundo entero la crisis climática provocada según ellos, por la explotación de recursos que precisamente hicieron sus padres y antepasados, y que hoy quieran impedir a los países que quieren salir del subdesarrollo la explotación de sus propios recursos, con los cuales los países del hemisferio norte se enriquecieron en el pasado.

No parece inocente que Greta y sus vociferantes corifeos nos acusen a los adultos de haberles robado su infancia, como si fueran niños de Siria o Venezuela. Los verdaderos poderosos del mundo ya han inculcado a las nuevas generaciones de imberbes heridos y ofendidos que es inminente un cataclismo natural y ahora están señalando a los culpables, que no son ellos, los super-ricos occidentales, ni los países verdaderamente contaminantes, como China, Vietnam o Egipto.

Sería bueno que cuando venga Greta Thurnberg a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP N° 25) que se llevará a cabo entre el 2 y 13 de diciembre de 2019, en el parque Bicentenario de Cerrillos en Santiago, pida perdón a los países del hemisferio sur por toda la contaminación que hemos recibido del hemisferio norte.

Chile es responsable de apenas el 0,25% de las emisiones globales, pero, nuestro país es muy vulnerable al cambio climático.