The Panzer is coming

Muchos que se ven como ganadores están calculando que el nuevo puesto de Insulza lo aleja de la política contingente y deja de ser una carta para otras aspiraciones. Todo lo contrario, su nombramiento de agente lo catapulta a figura de Estado, tan anhelada en estos tiempos de desorden político donde, como fantasma, acecha la foto del 11 de marzo del 2018 y la Presidenta devolviéndole la banda a Piñera.

«Nuestra soberanía y la intangibilidad del Tratado de 1904 no están en discusión. Pero después de esto, viene la pregunta, casi esperanzada: ¿no se podría hacer un esfuerzo, aun pequeño, un esfuerzo simbólico que resuelva la situación? Nadie quiere obligar a Chile; pero muchos quisieran ver desaparecer este asunto de la agenda».

Lo antes citado, escrito en julio de 2015 en El Líbero, antes del fallo que rechazó la impugnación de Chile, fue sin duda premonitorio del estado de ánimo respecto a la demanda boliviana, y podía haber parecido herético en la estrategia de ese tiempo, respecto a centrarse en lo jurídico. Lo más interesante es a quién pertenece la expresión antes citada. Pertenece nada menos que al flamante agente chileno ante La Haya, el ex canciller y ex secretario general de la OEA, José Miguel Insulza.

Refleja claramente cuál es su filosofía del asunto. Si bien Chile parece blindado por el tratado, no hay gobernante alguno que no reconozca algo tan sencillo como la disposición a dialogar. Y, además, reconoce que Chile corre el riesgo de quedar como un país arrogante que no quiere negociar nada. En especial en América Latina, donde siempre se mira el éxito de Chile con admiración, pero también con envidia y sospecha.

El Panzer, como es conocido José Miguel Insulza en el medio político, lee, habla y respira un lenguaje que les resulta ignoto a los tradicionales empolvados y jurídicos de la Cancillería, el lenguaje de la política, de las percepciones y de las comunicaciones, que son la última palabra en los asuntos internacionales.

CONFERENCIA DE LA OEA SOBRE CORRUPCION  JAVIER VELASQUEZ QUESQUEN  JOSE MIGUEL INSULZA  JAVIER VILLA STEIN

Muchos que se ven como ganadores están calculando que el nuevo puesto de Insulza lo aleja de la política contingente y deja de ser una carta para otras aspiraciones. Todo lo contrario, su nombramiento de agente lo catapulta a figura de Estado, tan anhelada en estos tiempos de desorden político donde, como fantasma, acecha la foto del 11 de marzo del 2018 y la Presidenta devolviéndole la banda a Piñera.

Esta es la peor de las pesadillas, pero empieza a tener sentido. Por un lado, un Gobierno que no logra sobrepasar el 30% en las encuestas, una coalición que a veces parece perder el sentido de amistad cívica y con cada vez más grados de desafección de la agenda de La Moneda, y una situación económica de restricción para el año que viene. Cuando está en riesgo el crecimiento, la derecha siempre tiene ventajas competitivas en las elecciones.

En ese escenario, por el puesto donde se encuentra Insulza, queda fuera del ambiente de desconfianza que tiñe a toda la élite chilena. Nadie querrá debilitarlo, y cualquier triunfo parcial que logre lo elevará al Olimpo. El pesimismo que se ha instalado respecto a La Haya es también un punto a favor del Panzer.

Se ha instalado también que esto implica una derrota para el canciller Heraldo Muñoz, que ha encabezado las encuestas de aprobación del gabinete, en buena parte debido a su posición respecto a Bolivia y el amplio respaldo que tiene.

También es una lectura simple. La llegada de Insulza le permite desbolivianizar la agenda de Relaciones Exteriores y, si bien en un principio bajará su exposición mediática, abre una nueva oportunidad para abordar otro sentido de las relaciones internacionales y retomar un punto que los gobiernos de centroizquierda siempre han tenido a favor: una amplia red de relaciones internacionales, tanto políticas como comerciales.

Por otro lado, Insulza es sin duda un aliado de Heraldo Muñoz. Comparten una larga historia de trayectos juntos. Un dato que muchos debieran recordar antes de construir antagonismos entre ellos es que compartieron en el comité político de Lagos entre el 2002 y el 2003, justo en los años en que empezó a repuntar aquel Gobierno.

La Nueva Mayoría se parece cada vez más a la familia Stark deGames of Thrones, pues vive bajo el temor de quedar nuevamente al descampado si viene el invierno de la derecha en el poder. Pero el tradicional lema de los Stark, “The winter is coming”, ocupado como advertencia de tiempos duros, podrá ser reemplazado por el más optimista “The Panzer is coming”.

Carlos Correa B. 27 noviembre 2015

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