Un virtual regalo navideño

Labbé 4

Cristián Labbé G.

No tengo nada contra el “Viejito Pascuero”, tanto es así que desde hace mucho en esta época del año lo encarno a un alto costo. Pero tengo que confesar que me ocurre algo muy paradójico con este nórdico personaje. Siento que “don Santa” se ha contagiado con los tiempos y ha ido adquiriendo un protagonismo mediático muy similar al de nuestros actuales políticos, dejando de lado la transcendental labor que se le encomendó al momento de su creación, para transformarse en un ser… “populista y consumista”. Sostener tan concluyente comentario no exige recurrir a ninguna encuesta del CEP y evidentemente nuestro magnánimo personaje supera en popularidad a cualquier otro por estas fechas.

Téngase presente en mi “pascual reflexión” que para casi todas las religiones y culturas del globo,  estas fiestas, que la cristiandad conoce como Navidad, poseen un sentido valórico, asociado a la paz, la concordia, la amistad, la tolerancia, la armonía y los buenos deseos.

Viejo Pascuero

Así, con un sentido especial de buenos deseos, los judíos celebran en esta época el Hanukkáh, que, como cuenta el Talmud, evoca la reconstrucción del Segundo Templo en Judea tras haber sido profanado por Epífanes. El milagro fue que el menorá (candelabro o lámpara de aceite de siete brazos de la cultura israelita), que debía estar encendido todas las noches, solo tenía aceite para una, pero sin embargo éste permaneció iluminando las ocho noches completas. Por eso las velas y los buenos deseos del Hanukkáh.

Por su parte, los musulmanes viven el Ramadán (mes de acercamiento a Dios frente a las adversidades de la vida) y aunque el islamismo no celebra la Navidad, considera el nacimiento de Jesús una fiesta nacional en honor al que consideran Mensajero del Dios Único. En la India no se celebra la Navidad de forma religiosa, pero se incorporan a la celebración de esta fecha… “dispensadora de luz, paz y espiritualidad en medio del crudo invierno boreal”.

Lo cierto es que estas fiestas originadas en el mundo cristiano se han extendido más allá de lo religioso para ser asociadas a la paz, la tolerancia, la esperanza, el equilibrio y la armonía entre lo espiritual y lo material. Por eso, no es raro ver en estos días a un ateo colgando símbolos navideños en la puerta de su casa.

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Como pienso que el exceso de protagonismo de “don Santa” y su invitación al consumismo atentan contra la esencia de estas fiestas y como tampoco quiero ser descortés con mi leal lector, mi regalo para esta navidad es… “dos cajitas virtuales” llenas de… ¡Gracias! y de… ¡Que te vaya bien!  La recomendación es que todos los días hay que sacar un “puñado virtual” de cada cajita y echárselos a los bolsillos y e ir repartiéndolos, uno a  uno,  a quienes se encuentre en el camino… ¡Gracias… que te vaya bien…! ¡Gracias… que te vaya bien…! y así sucesivamente.  El milagro es que estos puñados mágicos de buenos deseos… no se acaban nunca y, sorprendentemente, van generando a su alrededor… una enorme alegría… ¡Muchas Gracias y… que les vaya bien!

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