Jueces interpretando la ley

AIbEiAIAAABDCO_T7cycofrNcyILdmNhcmRfcGhvdG8qKGU3NjNlYmJmNTE1ZWEyMTlkYjVhMWY2OTA3ODA5NjhkNjA2ZmUzYmMwASpZHnIXtMaGz8ipn1hzEckuLYS3CREN (Cruzada por la Reconciliación Nacional)

La Justicia en Chile, como en cualquier país del mundo, debe representar la garantía de un trato igualitario para todos los ciudadanos, conseguido esto mediante la aplicación de las leyes basadas en su espíritu y jamás en la interpretación intencionada o en la ideología de un Juez. Ello, hoy en día no ocurre en nuestro país, al existir graves y preocupantes distorsiones que afectan la impartición de justicia sobre un sector de la sociedad, representado por los militares en retiro.

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En primer lugar, nos encontramos con la porfiada aplicación sobre ellos del modelo de justicia antiguo, aquel que por su carácter considerado abusivo y arbitrario fuera reemplazado de plano por el sistema garantista actualmente vigente. El primero de ellos, caracterizado por un Juez que investiga, acusa y condena, se fundamenta en la culpabilidad del imputado, obligando a éste a demostrar su inocencia. Por el contrario, el sistema nuevo, se basa en su inocencia hasta que el Fiscal consiga demostrar su culpabilidad.

La demostración de inocencia en el sistema aplicado a los militares pudiera no parecer tan difícil de lograr, pero la realidad muestra que ello es prácticamente imposible, por cuanto la investigación es llevada durante años en secreto por el Juez, mientras es alimentada profusa e intencionadamente por los querellantes, quienes en la práctica dirigen la gestión investigativa del magistrado. Entretanto los futuros inculpados, normalmente ni siquiera saben que están siendo investigados, viviendo su vida sin sospechar lo que se les puede venir encima.

Al terminar la laboriosa y unilateral construcción del caso, el Juez somete a proceso a personas a quienes muchas veces ni siquiera ha previamente interrogado, manteniendo en la mayoría de los procesos el secreto del sumario para las febles defensas que −ignorantes de los elementos que manejan entre el Juez y los querellantes− solo se limitan a dar palos de ciego, sin descubrir los alcances de la investigación hasta enfrentar la acusación, donde se enterarán tardíamente de la montaña de argumentos y supuestas pruebas que deben desacreditar.

Una vez en estado de plenario, el mismo Juez que investigó y ya con una convicción clara formada con la unilateral ayuda de los querellantes, escuchará sin mucho interés los débiles argumentos y recibirá las casi siempre ineficaces pruebas de parte de la defensa, fallando normalmente en contra del imputado, al no tomar en consideración lo que pueda favorecerlo, puesto que el edificio de supuestos conformado en su interior ya ha fallado en su contra.

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¿Quiénes son estos súper-jueces, dotados de tan inigualable poder como para pasar por encima de los derechos supuestamente irrenunciables de todos los chilenos? Ni más ni menos que los llamados “Jueces Especiales” o “Ministros en Visita” del sistema procesal penal antiguo, hoy absolutamente fuera de los parámetros legales vigentes y constituidos para llevar a cabo una verdadera venganza jurídico-comunicacional que aplican sectores afines a la izquierda  en contra de los militares del 73, a través de los tribunales de justicia. ¿Quién ampara esta ilegalidad? Todos los gobiernos y los diputados que han ocupado esos cargos desde Aylwin a la fecha, siendo los primeros los responsables del desmadre del Poder Judicial y los segundos de su apatía contralora, al dejar que se cometan los abusos que debieran controlar  a través de acusaciones constitucionales.

Con la anuencia y la permisividad señaladas, el Poder Judicial ha llegado a constituirse en la mano vengadora de los que ayer fueron impedidos de completar la destrucción del estado de derecho y que hoy – a más de cuarenta años de su derrota− vuelven a poner en jaque la paz y el progreso de Chile. En los años transcurridos desde la recuperación del poder por los políticos tradicionales, la degradación de las instituciones parece haber llegado nuevamente a un punto sin retorno, amenazando la vida de los ciudadanos, destacándose en particular la abusiva concentración de “vengadores” en la Corte Suprema de Justicia, donde un pequeño grupo de supremos parece haberse apoderado de la balanza y la espada, para desnudar los ojos de la diosa Themis, reemplazándola por una suerte de caricaturas justicieras, auto-encargadas de administrar el castigo divino a los mortales pecadores, encarnados en viejos soldados del ayer.

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Astuta y laboriosamente agrupados en la Corte Suprema y liderados por su más fiel representante, tenemos hoy a esta casta de extremo y superior dominio que ejerce a su antojo su particular visión e interpretación de la Ley, sin oposición alguna, aprovechando su condición de última instancia procesal. Como si ello fuera poco, su último presidente se  auto-asignó atribuciones que exceden las normas de organización y funcionamiento de los tribunales de justicia y violentan gravemente la autonomía con la que deben actuar y fallar los jueces subordinados. Asumiendo la “coordinación” de los procesos de derechos humanos, el líder de esta corriente de activistas judiciales, ha conseguido influir no solo en las líneas de investigación de jueces que serán finalmente calificados por él y su entorno,  sino que también en sus fallos, todo ello en perjuicio evidente de la imparcialidad y equidad que debe reinar en la aplicación de justicia a los chilenos.

Los efectos de ésta –por una parte− inconstitucional discriminación y –por la otra− inorgánica usurpación de roles por parte de los supremos, solo está consiguiendo generar una gravísima brecha en el alma nacional, sembrando el odio y la sed de venganza en un sector que solo busca la paz y la tranquilidad, amparado en su vejez y en la visión de una historia en que los errores han sido asumidos con humildad y honor, pero sin dejar de sentir el orgullo de la Misión Cumplida, en beneficio de la patria amenazada.

A menos que alguien ponga coto a tiempo a esta grave desviación del estado de derecho, la unidad entre los chilenos no encontrará jamás su camino, manteniendo la odiosidad y el rencor que tanto daño han hecho y que caracteriza a los regímenes totalitarios marxistas. Los chilenos tienen que reaccionar ante este abuso criminal, evitando que se siga utilizando a los soldados, marinos, aviadores, carabineros y policías como sujeto pasivo de una catarsis colectiva injusta y extemporánea. Si ello no ocurre en un plazo breve, estaremos aceptando exponer a nuestra patria a los mismos avatares de 1973, profundizando las heridas y provocando reacciones tan indeseadas como inconvenientes.

CREN

 

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