El entendimiento político nacional

imagesCristián Labbe Galilea

Cuando converso de la coyuntura nacional con mis contertulios de los días viernes, advierto que ellos presumen tener la información más actualizada, lo que hace de estos encuentros algo muy interesante. Desde hace un tiempo, sin embargo, las diferentes apreciaciones tienen un denominador común inquietante, y es su marcado acento negativo. Para mis diligentes amistades nada parece indicar que las cosas tienden a mejorar. Sabrosas se ponen sus intervenciones cuando las anuncia un… ¿Supieron? Pregunta que antecede a alguna copucha que se sabe «de buena tinta y de primera fuente…» A partir de ese momento nadie se salva. 

Negro panorama… Las reformas cuestionadas sin excepción; en Soquimich siguen apareciendo implicados de todas las tendencias; el BCI y Ripley reconocen financiamientos políticos a moros y cristianos; en la Araucanía el terrorismo está que arde (literalmente); las coaliciones políticas divididas; los partidos políticos desprestigiados y carentes de liderazgos sólidos; La Moneda “Cavalizada”; la Presidenta que no logra remontar su popularidad es “pifiada” en Chiloé; la economía desacelerada a más no poder; la delincuencia campeando, hasta que de repente, como dicen en el campo, ¡y por si fuera poco, parió la abuela! (Sampaoli se fue sin pagar).
Cuesta creer todo lo que se dice, todo lo que se escucha y todo lo que se comenta. Atónito ante tan sombría realidad me pregunto… ¿adónde iremos a llegar?
Pienso que hemos llegado a un punto de inflexión. Estoy convencido de que cuanto más grande es el caos, más cerca está la solución. Propongo que busquemos una solución país. Razono que llegó el tiempo de mirar las cosas desde otra perspectiva… «Es hora de que un pequeño grupo de hombres buenos busquen la forma de desamarrar este nudo gordiano, mediante un entendimiento político por razones de estado».
Ante la mirada inquisidora de la audiencia aclaro que cuando digo entendimiento no quiero decir capitulación, no quiero decir poner la otra mejilla al rival, quiero decir, tratar de encontrarse con el otro en algún punto a mitad de camino. Agrego que para lograrlo hay una regla de oro que no se puede contravenir: no se debe pedir, ni se puede ofrecer, lo que no se puede entregar, porque en eso se juegan la existencia los interlocutores. Mi propuesta se basa en la conducta histórica de los estadistas, donde la expresión «llegar a un acuerdo, a un compromiso» es sinónimo de madures y de grandeza política. Lo contrario es fanatismo y muerte.
Uno de los gurús más sagaces del grupo, después de dar su “bendición” a mí idea, agregó: La tolerancia promovida desde los más altos niveles y practicada por los actores políticos asegurará la libertad, el orden, la democracia y el progreso, porque «la tolerancia, el disenso y la diversidad producen respeto, paciencia, entereza, mientras el fanatismo solo provoca odio».
Desde un extremo un impío comensal espetó sin ningún pudor… “¿Dónde están esos hombres buenos para iniciar la cruzada por un ‘entendimiento político nacional’…?” ¡Silencio en la sala! Rompiendo ese silencio concluí… «Hay cuatro cosas que nunca vuelven: la bala disparada, la palabra dicha, el tiempo pasado y la ocasión desaprovechada». 

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