Dudosa gratuidad, nula calidad

imagesPor Cristian Labbe Galilea

En uno de esos modernos café donde uno va incluso a trabajar, me distraje al oír a un grupo de jóvenes discutir sobre la realidad de la educación en nuestro país. Uno de ellos, apoyado en los titulares que anunciaban la reducción del presupuesto del sector en casi un 30% para el financiamiento de la gratuidad, alegaba: “Cómo (las autoridades) se atreven a decir que no se afectará el número de beneficiados, argumentando que habían sobreestimado el gasto,o sea a la chilena, se  habían tirado con el tejo pasado…, quién les cree”.

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Con argumentos más financieros, otro añadía “Es imposible que la educación no se vea afectada, hay señales claras de que la economía no está nada de bien y va a requerir ajustes si o si; el cobre en caída y con pérdidas de más de dos mil millones de dólares; la reforma laboral ha impactado la actividad empresarial, que muestra una fuerte contracción, y como si fuera poco… las estimaciones de crecimiento siguen siendo negativas; les aseguro que no solo la educación tendrá problemas, también los tendrán sectores tan sensibles como salud y trabajo”.

Trasladado (mentalmente) a la charla de la mesa vecina, pensaba yo qué bien que exista inquietud por la gratuidad de la educación, pero… ¿dónde quedo el desvelo por la calidad? Claramente nos han “emborrachado la perdiz”. Para el gobierno y para varios sectores de la política la gratuidad es más importante que la calidad. ¡Cómo no!, si la calidad no genera dividendos que puedan ser usados en próximas elecciones; además, ¿se ha visto algo políticamente más rentable que lo gratis?

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¿Como hacerles ver a estos jóvenes que una buena educación es el medio para eliminar las diferencias y que la ignorancia solo genera dependencia?. Si en nuestro país hay desigualdad es porque la educación pública es pésima y no se ha logrado mejorarla, entre otras razones, porque se ha perdido el foco del problema, se discute apasionadamente sobre el lucro, pero por ese camino no se va a cambiar la calidad… Sospecharan estos cafeteros mozalbetes que no estamos preparandoa las futuras generaciones para que construyan el mundo de sus sueños si nos perdemos en discusiones que no abordan el meollo del asunto, como la calidad, el compromiso y la dignidad de los profesores; la responsabilidad de los directores de los colegios en el proceso educativo; el papel protagónico que tienen en la educación los padres, quienes deben hacerse cargo del tema y no esperar que alguienles resuelva el problema.

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Sorbo tras sorbo de café, me inquietaba más, ninguno apuntaba a la ausencia de disciplina en nuestros colegios públicos. Ello, porque mi experiencia me había enseñado que la mayoría, docentes, alumnos y apoderados, creen que la disciplina es sinónimo de pérdida de libertad. Cómo decirles que sólo las personas disciplinadas son realmente libres, las que no, son esclavas de los apetitos  y los intereses de otros.

No pude resistir… “perdón que los interrumpa… los he escuchado con mucha atención y quiero decirles algo… Cuando era joven como ustedes creí saberlo todo, ahora, pasados los ‘ticinco’ diría que no sé nada; excepto que la educación ha sido para mí el incesante descubrimiento de mi  ignorancia…”Seguro de que no entendían nada, agregué ‘Preocúpense de la calidad de la educación y no solo de su gratuidad”. Se miraron sorprendidos, como preguntándose…  ¿Tendrá sentido lo que está diciendo…?

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