La unidad de los descontentos

Fcp4wLozPor Cristián Labbé Galilea

En muchos aspectos de la vida cotidiana las cosas están yendo demasiado lejos. En materia de orden público y convivencia ciudadana, lo que ayer era una situación excepcional hoy es el pan diario. Ya no basta con protestar; interrumpir sin autorización la vida de la ciudad; agredir a Carabineros; destruir los bienes y el patrimonio nacional, frente a la imperturbable vista, en vivo y directo, de todo el mundo. Estos desmanes son justificados por la autoridad como un derecho a la manifestación, lo que inadvertidamente por acción de terceros se  descontrola…. (sic)

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Los últimos acontecimientos a nivel nacional nos han dejado perplejos, nadie ha quedado indiferente, la violencia ha sido extrema, la quema de una unidad municipal y la muerte de un guardia en Valparaíso, la profanación del templo de la Gratitud Nacional, la quemazón de iglesias en el sur, todo esto coronado con la monstruosa destrucción del Cristo de la Gratitud… ¡nos llenan de inquietud y pesadumbre!

Débil la Iglesia, que justifica las movilizaciones, débil la autoridad policial, que ve a su personal impunemente agredido, débil la autoridad política, que lo único que sabe decir es… “nos querellaremos contra quienes resulten responsables”, ausentes los señores políticos… ¿Que se puede esperar, si esa es nuestra horrorosa realidad…? Agréguese que,  para no crear un ambiente catastrofista, se omite aquí (irresponsablemente de mi parte) todo lo referido a la desaceleración de la economía con sus múltiples efectos sociales y a la inestabilidad institucional generada por un paquete de reformas que nadie sabe en qué pueden terminar.

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Frente a este horizonte, que encara un 80% de la ciudadanía en contra, existe un camino de solución: La unidad de los descontentos, único expediente para enfrentar la actual crisis de una manera creativa, positiva y optimista… Sabemos que la mayoría de los chilenos espera que al caos, al desorden y a la desazón se  le enfrente con orden, autoridad y justicia, pues no se sabe de otros medios para preservar la libertad, el crecimiento y la convivencia necesaria para lograr el bienestar, la justicia y la paz social.

Reconociendo que preexisten varias iniciativas políticamente independientes (individuales y colectivas)  que buscan objetivos parecidos, ha llegado la hora de que estos esfuerzos se sumen y se unan en una gran cruzada de convergencia nacional que, respetando las características y singularidades de cada grupo o agrupación, pueda representar a esa mayoría dispersa y constituir una fuerza capaz de influir en la construcción de un futuro mejor.

Cuenta la leyenda que amenazada la selva por unos pocos cazadores, los animales se encontraban divididos y desunidos, descalificándose unos a otros. Pasaron muchas jornadas discutiendo qué hacer hasta que llegó la conveniente unidad. El burro, burro como él solo, en vanguardia, rebuznó fuerte y avisó la cercanía del enemigo; la liebre, vilipendiada por su tamaño, corrió llevando mensajes de un lado a otro; el mono torpe y bullanguero distrajo a los cazadores saltando de árbol en árbol…; mientras tanto el elefante, imperturbable y macuco, trompeteaba agitando su larga trompa hacia todos lados, y luego por un costado el león apareció zarandeando su magnífica melena y…colorín colorado, el orden a la selva había llegado.

¡Lo que aparece imposible… no lo es.  Si consiguiéramos la unidad y nos  concentráramos  con humildad en potenciar aquello que nos une y no lo que nos separa ni los defectos del prójimo, la cruzada por nuestros sueños sería cada vez más posible!.

¡Hay que unirse, no para estar juntos sino para… hacer algo juntos!

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