La disciplina, valor social en retroceso

Extractado de la Semana Política El Mercurio de Santiago, 19 de Junio de 2016

Un problema grave, de cuyos alcances la opinión pública empieza a tomar conciencia es la pérdida de la disciplina como valor social. La muerte del guardia de un edificio municipal en Valparaíso quemado en medio de las manifestaciones a propósito de la cuenta presidencial del 21 de mayo; images (3)images (2)los incidentes que culminaron con la profanación del templo de la Gratitud Nacional, y la constatación de los millonarios daños sufridos por el Instituto Nacional Barros Arana luego de una toma estudiantil han colmado la tolerancia ciudadana. Pero si bien el rechazo generalizado que estos hechos suscitan constituye una señal saludable, abundan todavía las voces que intentan desligar estos casos extremos de las situaciones en que ellos encuentran su origen. Así, los mismos dirigentes que niegan responsabilidad en los desbordes que ocurren, a propósito de sus movilizaciones, toleran la presencia de encapuchados en ellas y denuncian como represión cualquier intento por controlarlos, tal como los estudiantes que se toman sus colegios se limitan luego a atribuir a supuestos «infiltrados» los previsibles daños en esos establecimientos. Esto, obviando que ya el hecho mismo de una toma constituye un acto de fuerza, por el cual un grupo, cualquiera sea su número, priva a otros de ejercer su derecho a la educación.

images (4)Hoy, muchos de quienes -por genuina convicción o por oportunismo- idealizaron los movimientos sociales de 2011 y pasaron por alto lo cuestionable de algunas de sus manifestaciones han modificado su visión y rechazan acciones que entonces se negaron a condenar. Pero cuando hay un centenar de colegios y 33 universidades total o parcialmente tomados, y cuando prácticas como el corte de caminos se vuelven comunes por parte de cada grupo que intenta levantar una reivindicación, tales reacciones resultan insuficientes. La necesidad de una respuesta eficaz ante la acumulación de problemas de orden público y la persistencia de situaciones dramáticas como la que se vive en La Araucanía no puede ser eludida por la autoridad.

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