El populismo de cada día, dánoslo hoy

descarga (1)Por Fernando Villegas Darrouy

Siguiendo la consigna de que en un incendio de bosques “el fuego se combate con fuego”, los políticos de la nación han decidido que el populismo se combate con populismo. Quién sabe, considerando el poco aprecio e inclinación del pueblo soberano por el uso del simple buen sentido, tal vez tengan razón. Sin embargo no por tenerla dejan de correr peligro de caer ellos mismos en las llamas. En las abundantes tiradas retóricas de las películas de guerra norteamericanas nunca falta el oficial bueno advirtiéndole a otro oficial, bueno también, aunque no tanto, que “no debemos convertirnos en nazis al combatirlos usando sus métodos”, pero de estas producciones edificantes nuestros prohombres parecen haber visto muy pocas.

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El último lote de políticos que han adoptado la técnica de combatir al enemigo con sus propios métodos, aunque sin reflexionar en el peligro de transformarse en quienes combaten, pertenece a la Democracia Cristiana. Para esos efectos han avisado al gobierno -en el tono de velada amenaza con que habitualmente pretenden compensar su impotencia- que en esta ocasión van a impulsar iniciativas tendientes a reemplazar definitivamente el actual sistema de pensiones, el cual está basado, como debiera saberse, en el concepto de que cada quien ha de batirse con sus propias uñas y debe entonces preparar su retiro mediante un ahorro personal aunque obligatorio porque los ciudadanos son siempre reacios a pensar a largo plazo. Este ahorro es captado en la forma de cotizaciones por las Asociaciones de Fondos Previsionales, AFP, las que manejan los fondos con mecanismos de inversión sujetos a reglas.

El problema que hizo posible la actual masiva embestida contra el sistema son las bajas pensiones de la gran mayoría de quienes jubilan, o al menos de quienes jubilan SIN el mérito de haber trabajado en Gendarmería con el carné del partido; esa ventaja sólo está disponible para la casta privilegiada e iluminada que nos gobierna.

images (2)En cuanto al ciudadano medio, quien hasta ahora sufría sus tribulaciones con relativa discreción y sólo intermitentes espasmos mediáticos, fue reclutado para un activismo rechinante por los ya mencionados políticos en busca de una “causa célebre” que les reporte votos. La Democracia Cristiana en particular está desesperada por encontrar una base de apoyo que legitime, justifique y prolongue su existencia. Y la izquierda en general no puede vivir sin celebrar permanentemente los rituales de la exhumación y el reentierro, de la victimización y los tours por museos de la memoria y la devoción por los mártires y los apóstoles, pero muy en especial su enfermizo maniqueísmo requiere imperativamente un villano invitado para execrarlo y colgarlo del primer poste a la mano. Ahora les tocó el turno a las AFP.

Milagros
La iniciativa gatillada en quién sabe qué secreta reunión partidista ha sido exitosa. El malestar ya existente sólo a baño María hierve hoy furiosamente. Jubilados o próximos a serlo han marchado en número extraordinario. Cerca del 90% de los pensionados están en una parada quejosa y furiosa, seguros de haber sido estafados y de que sus actuales o futuras pensiones podrían mejorar sustancialmente si emergiera un sistema nuevo, milagroso, dotado de esa virtud de amplio espectro y para todo servicio llamada “solidaridad”.

Desafortunadamente ese sistema milagroso no existe. Allí donde se ha querido que exista, a poco andar se arrastra en medio de los retortijones de una quiebra financiera mantenida a raya a duras penas con el endeudamiento del Estado, lo cual sólo asegura un colapso aún más desastroso.En otras ocasiones, como ocurrió en el pasado en nuestro país, el Estado mete mano a dichos fondos con el pretexto de tomar sólo un “préstamo” y luego si te he visto no me acuerdo. De esto los actuales cotizantes no saben nada. Es de temerse que sobre materias previsionales la ignorancia del respetable público sobrepasa toda medida.

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No exageramos. En una encuesta -la número 133- realizada por Plaza Pública Cadem, dicha carencia adquirió la cruda y brutal revelación que ofrecen las matemáticas. Aunque parezca increíble luego de tantos años de estar operando el sistema, salió a la luz que “sólo un 57% de los usuarios de las AFP sabe cuánto dinero tiene ahorrado en su fondo y que “sólo un 36% afirma que el dinero ahorrado es propio”. Más aún, un 13% afirma que ese dinero “es del Estado” y un 48% cree que es de las AFP. Todo parece indicar que una parte sustantiva de los cotizantes no se molestan ni siquiera en abrir el sobre donde vienen las cartolas con sus ahorros previsionales y quienes sí le echan un vistazo a la cartola no se percatan que lo depositado por ellos es mucho menos del total disponible, quedando convencidos, como los demás, que las AFP literalmente los están esquilmando.

Hay más: ante el argumento de que nadie puede esperar razonablemente buenas pensiones si ha cotizado muy poco y que, para remediarlo, la cuota debiera subir del 10% al 15% del sueldo, la enorme mayoría lo rechaza con indignación, como también la idea complementaria de postergar la edad de jubilación. Cuando mucho aceptan sacrificarse con un aumento del 10% al 15%, pero siempre que lo paguen sus empleadores.

Las causas
Las causas de las bajas pensiones no debieran ser misteriosas para nadie. En promedio, los salarios son bajos, numerosos cotizantes suspenden sus cotizaciones por largos períodos, a menudo se cotiza -en complicidad con el empleador- a base de un ingreso muy inferior al que realmente se recibe y finalmente la expectativa de vida ha sumado más de 10 años a cubrirse con el fondo acumulado en el mismo período de tiempo, a saber, el que toma llegar a la edad de jubilación; eso significa que con la misma plata hay que arreglárselas con 120 pensiones adicionales.

Esos son hechos de certeza matemática, no una opinión subjetiva o una defensa de las satánicas AFP. También es un hecho que la comisión cobrada ACTUALMENTE por las AFP afecta sólo muy marginalmente el monto de las pensiones, pero ni esos hechos ni esas evidencias hacen mella cuando el interés no es llegar a la verdad para poner remedio a los problemas, sino conseguir votos, los cuales se consiguen menos con ideas que con sentimientos. ¿Y qué mejor sentimiento para una excelente explotación que la rabia y la frustración? Mejor aun si se ofrece además un blanco claro y a la mano para culparlo de injusticias o inequidades que tiene más oscuros y difusos orígenes. Es del interés de nuestra nomenclatura política sacar provecho político convenciendo a la ciudadanía de que se está produciendo una exacción en escala masiva, épica, colosal, para enseguida ofrecerles, en magistral golpe de mano, un sabroso extra emocional: hay gente mala, les dicen, que los están robando.

Conceptos
Hay quienes -¡incluso entre los políticos!- tienen la honestidad suficiente para no negar la validez de los hechos mencionados, pero replican que precisamente la tarea es modificar ese concepto individualista del ahorro privado y sustituirlo por un sistema basado en la solidaridad financiera de la población activa con la pasiva, de modo de asegurarle a esta última un ingreso decente haciendo abstracción del ahorro que hubieran podido conseguir. En un mundo ideal dicho sistema sería viable, no en el que viven, por ejemplo, los profesionales europeos jóvenes que trabajan sólo la mitad del año y la otra mitad viajan porque esa modalidad les resulta más conveniente; si trabajan el año entero, dicen, sufren tales cargas tributarias, entre otras cosas para pagar pensiones “solidarias”, descarga (3)que sencillamente es preferible ganar menos y viajar más. Pero ¿qué es el populismo, a fin de cuentas, sino precisamente el satisfacer cualquier anhelo, necesidad, demanda y capricho con tal que reditúe en votos? ¿Qué es sino el estado de cosas hacia el cual una coalición se abalanza para “evitar” la llegada del populismo?

 

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