Que el diablo… nos pille ocupado

Cristián LabbéPor Cristian Labbé Galilea

Qué duda cabe que a los chilenos nos encanta esta cuestión de elegir…  no se han repuesto los que perdieron sus alcaldías, ni se han aliviado de las celebraciones los que ganaron, cuando ya entramos  al “estado de régimen”. Aunque parezca mentira… ¡todo sigue igual! Atrás quedaron las elecciones, a la zaga van quedando los sueños de unos y las promesas de otros, la sonrisa fácil… el “no se preocupe lo solucionaremos”, “Fernández te cumple…” Poco a poco se oye en el ambiente un tenue y alegre… “hasta la vista baby” (en cuatro años más nos vemos).

Lamentable, pero es la pura y santa verdad.  El cambio de autoridades que debiera ser una inyección de energía y una esperanza para que las cosas cambien, no siempre produce el efecto esperado… algo ocurre que en un plazo no muy largo todo pareciera volver a ese letargo que caracteriza principalmente al sector público… y esto no es solo a nivel comunal, es aún más grave a nivel también regional y nacional.

Todos coinciden que “otro gallo nos cantaría”, si el estado, la administración pública, saliera de sus zonas de confort y asumiera seriamente que tiene que desarrollar un sistema de gestión de calidad y excelencia que lo ponga a nivel de los tiempos que se viven y que le permita ser un factor de desarrollo y un ingrediente colaborativo del sector privado… pero algo pasa que eso nunca sucede.

Además de las repetidas muletillas eximentes de… las leyes están obsoletas, son contradictorias, se duplican, están mal hechas, la burocracia es excesiva, hay controles innecesarios… y miles de otras causas, lo más reiterado es el bajo nivel del empleado público, su mediocridad, su desmotivación, la apatía…

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En estos días en que están próximo a sumir las nuevas autoridades municipales, muchos están armando sus equipos preocupados porque… “otra cosa es con guitarra”. En una de estas reuniones uno de esos asesores que creen saberlo todo, espetó… “el problema radica en el nivel de los funcionarios municipales y la imposibilidad de cambiarlos…

Hablaba con una propiedad abismante,  como asegurando… que un humano al entrar al servicio público era poseído por el demonio Belfegor, uno de los “Siete Príncipes del Infierno”, quien (dentro de la demonología renacentista) encarnaba el vicio de la pereza y su tarea era inducirlos al conformismo, a la parálisis de todo animo de superación personal y tentarlos a lograrriquezas y bienes, mediante conductas éticamente reprochables. Larga fue la letanía de este agorero asesor que responsabilizaba anticipadamente a otros de lo que el ya veía como algo difícil de lograr…

El recién elegido alcalde estaba turulato…  miro a los que allí estábamos como queriendo preguntarnos ¿y ustedes que opinan? Ante un breve silencio que parecía consentir con lo dicho… salté al ruedo…  descarga“Sin ser demoniólogo ni exorcista  puedo asegurarles que un buen jefe es capaz de lograr éxitos donde otros han fracasado, una buena cabeza es capaz de lograr que las personas que trabajan con ella, en una organización sea esta pública o privada, den lo mejor de sí, solo se requiere un guía comprometido, involucrado en el logro de objetivos propuestos, que crea en su equipo, en la profesionalización del servicio, en su despolitización, en la capacitación permanente, en el respeto a las personas, en un clima laboral amable y exigente…”

Como el infausto asesor me miraba en forma inquisidora queriendo enviarme a la hoguera… lo mire y le dije… “la única forma que nos salvemos de tus malos augurios es trabajando intensamente para que cuando el diablo Belfegor… venga, nos pille a todos ocupados”  (risas).

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