Correa y los militares, la relación tirante que heredará al próximo Presidente de Ecuador

Por Gaspar Ramírez El Mercurio 27 de marzo de 2017

El 6 de marzo pasado, el Presidente Rafael Correa designó como comandante del Ejército al general Édison Narváez, en reemplazo del general Carlos Egüez, nombrado en el cargo el día anterior. Egüez, a su vez, había sustituido al general Luis Castro Ayala, destituido ese mismo 5 de marzo por pedir públicamente que las elecciones del 19 de febrero fueran transparentes y sin presiones, y más tarde dijo que el Ejército falló como parte de la cadena de custodia del material electoral: en dos días, el Ejército de Ecuador tuvo tres comandantes en jefe.

El episodio es parte de la historia de desencuentros que ha tenido el Presidente ecuatoriano con las Fuerzas Armadas desde que llegó al poder en 2007, una relación que el ganador de las elecciones del 2 de abril, el oficialista Lenín Moreno o el opositor Guillermo Lasso, deberá recomponer.

Al comienzo la relación fue positiva. Cuando llegó al poder, Correa hizo participar a la Marina en la petrolera estatal Petroecuador, y al Ejército y a la Fuerza Aérea en otros sectores. Luego, poco a poco, los desplazó.

«Es una relación muy difícil. En el momento en que los militares lo han frenado y le han hecho saber el disgusto o la separación de alguna idea, el Presidente los ha eliminado. Hay oficiales que se han resistido y les ha costado la carrera. Así ha pasado por lo menos con 20 oficiales generales, a quienes manda a retiro y cada vez ubica a gente más cercana a él», dice el analista Francisco Rocha.

El general Narváez es uno de estos oficiales cercanos al poder.

Los resultados de la primera vuelta del 19 de febrero tardaron tanto que todo el país, nervioso, exigió rapidez al Consejo Nacional Electoral (CNE). Los militares incluidos: Un consejo de generales emitió un comunicado en el que instaban al órgano electoral a que, «en forma ágil y transparente», procesara los votos.

Correa les pasó la cuenta y pasó a retiro a los cuatro generales que firmaron ese comunicado. El Mandatario ascendió al único miembro del consejo de generales que no asistió ni firmó, el general Edison Narváez, que se desempeñaba como subsecretario de Defensa, segundo del ministro Ricardo Patiño. El ex canciller Patiño es uno de los hombres más cercanos a Correa, quien lo puso en Defensa en marzo del año pasado «para ejercer un mayor control de los militares, pero no le ha resultado», dice Rocha.

Un caso contrario al de Narváez, de los oficiales que sepultan su carrera por cuestionar al líder de la «revolución ciudadana», es el del capitán de corbeta Edwin Ortega.

Antipatria

Correa envío el 13 de mayo de 2016 un correo a 40 mil militares para explicar el problema que generó «el descuento de US$ 41 millones de las cuentas del Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas por el supuesto sobreprecio» en unos terrenos en Guayaquil, justo tres meses después de destituir a la cúpula militar que se negaba a devolver ese dinero.

El capitán de corbeta Edwin Ortega le respondió el e-mail . El uniformado enumeró los conflictos entre el Ejecutivo y los militares: el traspaso al Estado de escuelas y centros de salud castrenses, la eliminación de puestos de edecanes y de agregados militares en el exterior, el debilitamiento de la dirección de inteligencia de las FF.AA. en favor de la Secretaría Nacional de Inteligencia y que el Mandatario desacreditara públicamente a los militares.

Ortega remató su carta con este comentario: «Le ruego, pare de desinstitucionalizarnos, pare de agredir a nuestros comandantes, respete nuestras tradiciones. Y, por favor, pare de mentirnos, que el país necesita la verdad y que se sancione tanta impunidad y corrupción».

«La carrera del capitán Ortega está terminada, él es capitán de navío, eso equivale a un coronel en la fuerza terrestre o aérea. Los tribunales militares lo absolvieron, el Presidente impugnó y quitó oficiales de esos tribunales hasta conseguir que lo sancionaran», comenta Rocha.

En una edición de la sabatina -como Correa llama a su programa de radio de los sábados-, el Presidente calificó al capitán Ortega de «antipatria» y admitió una creciente «tensión» entre su gobierno y las Fuerzas Armadas.

En febrero de 2016, luego de que Correa destituyera vía Twitter a la cúpula militar que se negó a devolver los US$ 41 millones, decenas de miembros en retiro de las Fuerzas Armadas pidieron frente al Ministerio de Defensa la renuncia de Correa. Los militares lo acusaban de «echar mano» de sus pensiones y llevaban carteles que decían «Fuera Correa», «Basta ya» y «Fuerzas Armadas y policía no sirvan al tirano».

El episodio se dio cuando Ecuador comenzaba a vivir la caída de los precios del petróleo en los mercados internacionales, que estuvieron al alza desde que Correa llegó al poder en 2007, pero se desplomaron a partir de 2014.

«En un momento en que 2 o 3 oficiales no le aceptaron el cargo de comandante general, el Presidente dijo que si tiene que eliminarlos a todos y gobernar con tenientes, lo hará. Eso demuestra una falta de visión de lo que son las Fuerzas Armadas, de lo que es el país para el Presidente: su absoluta y omnímoda voluntad», dice Rocha, y remata: «Es como si el Presidente dijera: ‘La democracia es solo lo que yo pienso y las Fuerzas Armadas tienen que estar en este esquema, si no están, hay que eliminar a las cabezas'».

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