«Pregunta de zorro viejo”

Por José Pedro Lira

Para un setentón de raigambres campesinas que vuelve a tomar la pluma no es fácil seguir la actualidad. Full conectados y con increíble destreza, los jóvenes con un diminuto aparato portátil en su mano siguen la contingencia en vivo y en directo. La “verdad” para ellos está en los 140 caracteres de un “twitt” donde expresan “sin filtro” lo que piensan y sienten en forma instantánea.

¿Dónde aprenden estos jóvenes cibernéticos el “cateo de la laucha”, o como evitan que en ese trafago “no les pasen gatos por liebres”…? ¡En ninguna parte! porque esas cosas solo se aprenden… con los años y los porrazos.

La popular “posverdad” de la que hoy tanto se habla no es más que un espejismo de múltiples impresiones que destellan y desaparecen –son los famosos trending topics- que nos distraen de lo verdaderamente importante, esa  compleja realidad que de una u otra forma nos va anticipando el devenir de los tiempos… bien lo sabe el diablo -más por viejo, que por diablo-.

La ballena azul, los comunistas el partido con más refichados, Dávalos sobreseído, la DC a primera vuelta, la CUT y el 1ro de Mayo, la presidente y la fecha de la cuenta… temas sobran… Pero ¿Cuál es la verdadera realidad que está viviendo nuestro país? ¿Es posible desentrañarla de una manera objetiva.

Difícil tarea, especialmente durante un año de elecciones. Es  cierto, hay muchas cosas buenas, el país no vive una crisis al estilo Venezuela, pero también tendríamos que reconocer que: nuestro crecimiento está estancado; la inseguridad campea; las reformas a la educación y a las leyes laborales siguen sin avanzar; hay una crisis de gobernabilidad manifiesta; se podría seguir con una larga lista… pero en todo esto hay algo que me interesa destacar por la gravedad que importa… la intolerancia, el odio, los fanatismos, la intransigencia, la polarización…

Si la situación que se vive en la Araucanía es una muestra de lo anterior, más evidente es lo que ocurre con los militares. Después de 43 años están siendo encarcelados por causas prescritas o inexistentes, burdos montajes, falsos testimonios cuyo único objetivo es la venganza y las millonarias indemnizaciones a los supuestos agraviados.

Un caso emblemático es el del general Cheyre que fue comandante de ejército (2002 – 2006). Después de haber sido escaneado por “arriba y por abajo” por el propio presidente Lagos y el juez Guzmán; el general del “nunca más”; “el militar favorito de Lagos”; ahora es acusado por los mismos que ayer lo ensalzaron  y que después de haber estado privado libertad lo procesan por violación a los DDHH. Eso es traición, odio, venganza, inquina…

Algo me dice que se ha llegado a límites insostenibles en esta materia. ¿Se desentenderá el Ejercito de la situación que afecta a su ex Comandante en jefe y a más de 10 de sus “bravos generales”, a cientos de oficiales, suboficiales y soldado, todos ellos injustamente privados de libertad.

Por último, una pregunta…. ¿No existe el peligro de un cisma entre el personal en servicio activo y en retiro que pueda afectar la solidez y la unidad de nuestras Fuerzas Armadas…? Hago esta “impertinente pregunta” porque sé que algo similar pasa en las otras instituciones de la defensa y porque los años me han enseñado que…

El  zorro viejo pierde el pelo pero no el olfato.

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