El día después

Por Axel Buchheister Rozas, Abogado

Las encuestas presidenciales hasta ahora planteaban un escenario más bien hipotético: “¿Quién le gustaría que fuera presidente?”. A partir de las primarias, tendrán que preguntar la preferencia entre candidatos que efectivamente estarán en la papeleta. Aunque todavía puede haber algún movimiento, ya se conoce la mayoría de los que son y hay una mejor idea de cuánto pesan, y también quienes han sido descartados. Es la realidad que se decanta y que marca una diferencia al momento de pronunciarse.

¿Qué dejaron las primarias a cada sector? Partiendo por el Frente Amplio, se ratificó lo que los recientes sondeos habían anticipado: no son una alternativa real, y que la candidatura de Beatriz Sánchez está en su techo y sobrevalorada: no se advierte cómo pudiera pasar a la segunda vuelta, lo que en algún momento se creyó posible. Algunos ven al Frente como una alternativa de futuro, pero ni eso quedó claro, con una convocatoria que no alcanzó las expectativas.
La centroderecha generó una convocatoria de más de un millón cuatrocientos mil votantes, que siquiera se soñó. Sin duda es un resultado políticamente potente, pero el problema es qué proyección tiene, cuando es un dato que la movilización se produjo por el temor a que vuelva a salir un gobierno de izquierda de corte “retroexcavadora”, no por la motivación de promover principios o defender un modelo de sociedad. Algo así como una potencia sin quilla. Si las bases de la centroderecha fueran capaces de hacer un switch y convertir esa capacidad de movilizarse en voluntad positiva de actuar para que prevalezca su visión de sociedad, otro gallo le cantaría al sector. Y vaya que falta un líder que active ese switch.
El resultado para Sebastián Piñera fue bueno, pero no le garantiza mucho. Objetivamente, lograr un 58,4% en una elección competitiva es excelente, pero esta primaria no lo fue. Se trató de la explotación del temor a la izquierda y ello es reconocido off the record. Entonces, la pregunta es qué movilizará a los votantes que faltan para ganar en noviembre y que no los determina esa ansiedad. Además, cuando no se cumplieron las expectativas del candidato, que esperaba un millón de votos para sí, con un 70% del total.
Hay que agregar que durante demasiado tiempo descalificaron a Manuel José Ossandón y dijeron que su postulación se basaba únicamente en atacar a Piñera. Si fue así, hay que convenir entonces que el grueso de la votación del primero -un no despreciable 26,3%- tiene un sesgo contra Piñera y no será fácil que se le pliegue.

Por otra parte, no es el candidato único llamado a representar al sector, pues queda todavía otro en competencia: José Antonio Kast, al que no podrán seguir negando visibilidad. Los encuestadores tendrán que preguntar por él como opción real, y habrá que invitarlo a los debates y otorgarle espacio en la franja.
Lo único que no se decanta es la situación de la Nueva Mayoría. Después de las primarias presidenciales, la conclusión más importante es que todo dependerá de lo que suceda en el conglomerado oficialista, que guste o no, sigue siendo uno de los dos actores principales y sin el cual la película no está completa.

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