El «Gran Hermano» que implementará China para monitorear y calificar a sus habitantes

por Amanda Marton Ramaciotti, publicado en El Mercurio del 26 NOV 2017

«Gran Hermano te está mirando».

Al estilo de la obra maestra de George Orwell, «1984», el gobierno chino planea lanzar un sistema de puntaje para calificar cada uno de sus 1.300 millones de ciudadanos, desde los «menos confiables», a los «modelo».

El proyecto Sistema de Crédito Social (SCS) fue presentado en 2014 y autoridades dijeron esta semana al diario China Daily que está «casi listo» para ser implementado en el país.

La iniciativa, muy similar a algunos capítulos de la serie televisiva Black Mirror, busca determinar la confiabilidad y credibilidad de los residentes otorgando un puntaje que varía desde los 350 hasta los 950 puntos. Este se basa en la información personal, el comportamiento, los hábitos, las preferencias, el historial de crédito y los cumplimientos de obligaciones de cada persona.

Un ciudadano con más puntos tendrá muchos privilegios. A partir de los 600 se le concederá, de forma automática, un préstamo de US$ 800 con intereses muy bajos para comprar por internet. Con 650 puntos, tendrá derecho a arrendar un vehículo sin necesidad de dejar un depósito de garantía porque, según el proyecto, «el sistema confía en el usuario». El SCS ayuda a un usuario con 700 puntos a obtener rápidamente una visa de viaje a Singapur y, con más de 750, el sistema apoya el permiso para viajar a Europa.

Pero, para los ciudadanos con menos puntos, las consecuencias serán graves. Sus velocidades de internet serán reducidas; tendrán acceso restringido a restaurantes y espacios de entretención; sus posibilidades de obtener un préstamo y arrendar un inmueble disminuirán.

Quienes sean considerados «menos confiables» tendrán prohibido obtener algunos trabajos, como en el campo de la medicina, el servicio civil, el periodismo y el campo legal, donde la confianza es considerada primordial. Hasta podrán tener obstáculos para poner a sus hijos en determinados colegios.

«Las transgresiones pueden seguirte de por vida, así que tu comportamiento podría tener impacto en tus hijos o nietos durante décadas», dijo a la BBC Rachel Botsman, autora del libro «¿En quién puedes confiar?».

El gobierno del Presidente Xi Jinping ha defendido el proyecto, asegurando que «alentará a mantener la confianza» y constituirá «una base gloriosa e importante para construir una sociedad comunista armoniosa». Para 2020, las autoridades estiman que el crédito social permitirá que «los más confiables» vivan «como si estuvieran en el cielo», mientras que «los desacreditados» tendrán dificultades para «dar un solo paso».

Para muchos chinos, además de frenar la proliferación de deudas incobrables del país, la iniciativa es un paso positivo para obligar a todos -incluyendo a los poderosos- de rendir cuentas.

«La sociedad civil china carece de confianza, por lo que el Sistema de Crédito Social podría alentar la confianza entre los ciudadanos y las instituciones», dijo a «El Mercurio» Jennifer Hsu, investigadora del Centro de Estudios de China de la Universidad de Sidney.

Un sondeo publicado por Ipsos en julio reveló que 47% de los chinos clasifica la falta de confianza y el declive moral como uno de los problemas más preocupantes de su sociedad. Asimismo, un análisis del Instituto Mercator para Estudios Chinos estimó que el SCS tiene el potencial «altamente innovador» de convertirse en «en el modelo más sofisticado y perfeccionado a nivel mundial para la regulación de empresas respaldadas vía internet». Esto, asegura, podría transmitir más seguridad a firmas del resto del mundo para establecer negocios con China.

El «ciudadano modelo»

El algoritmo de confianza, hasta ahora, no tiene en cuenta el contexto. Por ejemplo, no considera que una persona puede haber dejado de pagar una cuenta porque estaba en hospital, o que mató a un animal porque se le cruzó en la carretera y no alcanzó a frenar. Las calificaciones son públicas, lo que podría derivar en exclusión social.

En Shanghái, la compañía Alibaba está realizando desde el año pasado una prueba piloto del SCS a través de la aplicación Honest Shanghai, que da, entre otras cosas, descuentos en pasajes de avión y en piezas de hoteles a quienes tengan buenos puntajes.

Ser un «ciudadano modelo» se convirtió en un símbolo de estatus. En seis meses, según China Daily, más de 100.000 personas se jactaron sobre sus puntajes en Weibo (el equivalente chino de Twitter). Eso, aseguró el diario, influyó en sus probabilidades de tener una cita, porque cuanto mayor es la calificación de un usuario en Honest Shanghai, más prominente es su perfil de encuentros en Baihe (semejante a Tinder).

Uno de los directores de tecnología de la aplicación, Li Yingyun, dijo a la revista Wired que alguien que juega videojuegos varias horas seguidas «será considerada una persona inactiva», mientras que alguien que compra pañales con frecuencia «se considerará probablemente como un papá, por lo que tendrá mejor puntaje por tener más responsabilidades».

Los castigos y las recompensas por el comportamiento de un individuo se entrelazan con lo que quiere el gobierno.

«La mayoría de los gobiernos, autoritarios y democráticos, ya tienen acceso a cantidades masivas de información obtenida de una amplia gama de fuentes sobre sus ciudadanos y ciudadanos extranjeros, pero el sistema de crédito social de China puede ir más allá de las iniciativas de cualquier otro gobierno (…) Dada la amplitud de los datos, el sistema podría utilizarse para muchos otros fines, incluido garantizar un mayor control político de las personas», dijo a este diario Scott Kennedy, experto en innovación tecnológica del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.

Las acciones de los individuos serán juzgadas por estándares del Partido Comunista y ese juicio no puede ser borrado. Hsu argumenta que «las consecuencias no solo pueden ser preocupantes, sino permanentes».

 

 

Nuevamente en la encrucijada

Por Roberto Hernández Maturana

La inmadurez política de las naciones latinoamericanas se refleja habitualmente en sus elecciones presidenciales, donde usualmente se juega al todo o nada. Esto no ocurre en las naciones de larga historia democrática y con un desarrollo socio cultural como las naciones europeas occidentales, Estados Unidos o Canadá.

Chile no escapa a esta realidad… Cada cuatro años nos jugamos la forma de vida y visión de país con la que deberemos comulgar cada vez que enfrentamos una nueva elección presidencial.  El resultado electoral puede determinar el progreso o retroceso del país, pudiendo continuar mejorando todo lo logrado en largos años de sacrificio, perder todo en un corto lapso de tiempo, o continuar un proceso de demolición lento y persistente al que nos pueden conducir a gobiernos ideologizados que quieren imponer una visión particular de la forma en que los chilenos “debemos vivir”.

Chile aún, a 44 años de los trágicos eventos vividos el 11 de Septiembre de 1973 continúa dividido. La primera vuelta electoral del 19 de Noviembre pasado demostró que Chile quedó conformado por cuatro conglomerados políticos:  Chile Vamos, la Nueva Mayoría, la Nueva Izquierda con el nombre de Frente Amplio y la extrema izquierda, felizmente muy disminuida. Así La derecha y centro derecha obtuvo un 44,5% de la votación, la Nueva Mayoría agregando los votos DC, sumados a  los votos de Navarro y Artés logró el 28% aproximadamente y la “nueva izquierda” representada por el Frente Amplio, que sigue los pasos del partido “Podemos” de España, obtuvo un 20%.

Paradojalmente, el progreso alcanzado por nuestro país con su consiguiente desarrollo, ha significado un alto consumo y endeudamiento a sus habitantes entregados al arbitrio del mercado, donde la falta de supervisión y control del estado a los grandes conglomerados que manejan la banca, la salud, las pensiones, la educación mantiene un persistente malestar especialmente en su agobiada clase media que debe luchar día a día angustiosamente para satisfacer sus necesidades.

Así, jóvenes generaciones que han disfrutado de muchísimas más oportunidades que aquellas que tuvieron sus padres, hoy pueden expresar una sensibilidad social que su mejor condición de vida les permite, así como un sentido de justicia y trascendencia del “como debemos vivir los chilenos” peligrosamente parecida a aquella que se vivió en la década del 60 y 70, que condujo al país a funestas y trágicas consecuencias.  

Ellos, estas nuevas generaciones, no conocieron, o deliberadamente ignoran que fue la  incapacidad de alcanzar consensos básicos que encauzaran el sistema político y económico; la búsqueda de imponer una visión mesiánica y totalitaria del “deber ser de nuestra sociedad”  la agudización de los conflictos a niveles incompatibles con la convivencia nacional, lo que llevó en la década del 70 a la destrucción de nuestra democracia.

De esta forma, nuestro país vivirá el próximo 17 de Septiembre una de sus elecciones presidenciales más importantes desde el plebiscito de 1988 que puso fin al gobierno militar, donde se vivirá no sólo incertidumbre respecto de los resultados, sino también el rumbo que podría tomar una triunfante  Nueva Mayoría, cuyo candidato empujado por los miembros de su coalición, especialmente el partido Comunista, y ansioso de captar votos en el Frente Amplio, ha explicitado su intención de  continuar y profundizar radicales cambios en lo político, social y económico.

Lamentablemente una vez más la tentación refundacional –  atizada por la existencia de más de dos millones de chilenos aún viven en la pobreza  y la ausencia de oportunidades de un alto número de nuestra población –  es cada vez más intensa en las nuevas generaciones.

Sin embargo, son precisamente estas deficiencias del sistema y las experiencias vividas en el pasado, e ignoradas en el presente, las que nos deberían impulsar a no abandonar el derrotero que hasta ahora se ha mostrado como aquél más eficaz para avanzar hacia un país más justo.

Parece ser entonces la economía social de mercado, con claros y mejores controles del Estado que garanticen una buen servicio a todos los chilenos, y que permita la verdadera competencia de los mercados, evitando las formas de conductas monopólicas, el «amiguismo» y las malas prácticas, que destruyen los fundamentos mismos de una sana economía de mercado, la  mejor forma para con que Chile alcance el desarrollo y la superación de la pobreza, y no precisamente el clientelismo del Estado, el populismo, el asistencialismo lo que nos permitirá una mejor calidad de vida

Los chilenos no debemos escuchar  los cantos de sirena que nos prometen alcanzar el paraíso en la tierra solamente estableciendo derechos, olvidando deberes, y cambiando las leyes. Por el contrario, debemos persistir  en la búsqueda de acuerdos y de dialogo que nos permita alcanzar una sociedad mejor.

Neoliberalismo en el Frente Amplio

Por Sergio Urzúa Hernández

Cómo cambió Maipú. La cuna de la patria se ha transformado en fiel representante de la clase media chilena. Inmensos malls cubren sus principales accesos; los supermercados definen el tráfico; majestuosos restaurantes de comida china se elevan sobre Pajaritos; después de las 19:00 horas no cabe un alfiler en los cines de sus alrededores; sus angostas calles colapsan por el exceso de autos y su plaza está flanqueada de negocios. La clase media liberada por el consumo domina la comuna.

Y no me va a creer, pero Maipú fue la mayor fuente de votos para Beatriz Sánchez: 55 mil preferencias, el 4,1% de su total nacional. De hecho, de cada 10 maipucinos que se la jugaron por un candidato, 3 lo hicieron por ella (el mismo número de Sebastián Piñera). Impresionante.

Y lo de Maipú no fue un hecho aislado. El 40% de los votos de Beatriz se concentraron en 20 comunas (cerca del 30% del padrón), todas con fuerte presencia de clase media: desde Pudahuel hasta Providencia, pasando por Quilicura, La Florida, Puente Alto, Ñuñoa, Concepción, Valparaíso, Viña y, por cierto, Maipú. De las 20, solo 5 tienen tasas de pobreza cercanas al nivel nacional (el resto está muy por debajo) y 15 reportan más del 60% de su población con ingresos superiores al promedio país. ¿Cómo le fue a Beatriz en las 20 comunas más pobres de Chile? Obtuvo cerca del 4% del padrón. ¿En las 10 más ricas? En torno al 9%. Su nicho está en la clase media. ¿Será que parte de esta se izquierdizó? No, no se equivoque.

El domingo en el mall y el discurso de «izquierda» de Beatriz son totalmente compatibles. ¿Qué mejor receptor de ofertones en educación, pensiones y salud que aquel grupo ávido de ver relajadas sus restricciones presupuestarias para extender la libertad que le ha dado el consumo? Por eso no es socialismo o comunismo lo que mueve al cliente del Frente Amplio, sino consumismo. Jorge Sharp lo ilustró en otro medio: «No creo en el capitalismo, pero tomo Coca-Cola. Quiero que Estados Unidos se hunda, pero tengo dos iPhone y a veces voy al McDonald’s». Amorosa ingenuidad. Como si fuese fácil separar harina y levadura una vez horneado el pan.

La izquierda chilena ha sabido usufructuar de los instintos propios del neoliberalismo. Allí las dificultades de muchas familias de clase media para rechazar los ofertones de gratuidad. Allí también el éxito del Frente Amplio el domingo pasado. Que las ofertas son tramposas, pues nada es gratis. Da lo mismo, alguien pagará (mientras alcance). Total, como dijo Beatriz, «no digan que no hay plata en Chile, porque hay». Consumismo y populismo se unen. Ojalá que los dos candidatos en carrera se abstengan de encantar con la venenosa serpiente, que apuesten por aquella clase media más paciente que aún no se manifiesta y que, por cierto, Maipú siga siendo la cuna de la patria y no el origen de la epidemia que la fulminó.

 

No es lo mismo “disposición” que “convicción”

Por Cristián Labbé Galilea

Unos más sorprendidos que otros… todos coinciden en que los candidatos que pasaron al balotaje tienen un complicado camino para llegar a la Moneda. Por lo mismo, sin pérdida de tiempo, la renovación de los comandos, el reclutamiento de los que hasta ayer estaban en las antípodas, y la incorporación de rostros públicos a las campañas… no se hicieron esperar. El objetivo es uno solo: ¡hay que ganar…!, y para lograrlo no están demás los “ofertones”, el ajuste de los discursos o lo que sea necesario.

El ambiente me recordó la comedia musical “La pérgola de las flores”… (Isidora Aguirre y Francisco Flores del Campo, 1960) que inmortalizó, con cierto sarcasmo, la forma en que la comunidad ve a los políticos… En la obra, el alcalde Alcibíades (pretendiente además de doña Laura Larraín Vda. de Valenzuela) con toda desfachatez canta… /en política y amores decir NO es barbaridad… ¡siempre digo SÍ…!  pero cuando quedo solo, hago lo que me conviene a mí…/.

¡Lamentablemente hoy la situación no es tan simple como la que enfrentó el alcalde de la pérgola…!

Guillier debe remontar de un precario 22% al 50,1%. Sus estrategas saben que no todo el Frente Amplio lo apoyará; de partida, Revolución Democrática ha dicho que se mantendrá al margen, para transformarse en una alternativa de gobierno en cuatro años más. A lo anterior se suma el que la Democracia Cristiana esté vadeando serios aprietos, lo que lleva a un número no menor de “viudos de Goic” a restarse del proyecto Guillier.

Para Piñera la cosa tampoco es simple. Debe “seducir” a quienes no votaron por él, especialmente a “la familia militar” y sus círculos cercanos, que claramente estuvieron con Kast. Asumir que ese sector “no tiene otra opción” (como se ha dicho) y que, por lo tanto, lo apoyará a todo evento, es un grave y peligroso error. El equipo de Piñera debe entender que, si bien movidos por su seriedad y responsabilidad, ese segmento puede tener “la disposición” para apoyarlo, pero claramente no tiene -por ahora- “la convicción” de hacerlo.

La disposición y la convicción son dos cosas muy diferentes.

La disposición es una actitud mental, es una tendencia a actuar de una determinada manera o a asumir posibles conductas, pero también representa “un estado de alerta” que requiere información para convertirse en acción. La convicción por el contrario, es una creencia fuerte y firme en algo o en alguien, donde se asume como verdadera y confiable la información acerca de un suceso, persona o proyecto. Se trata de estar seguro y de tener la certeza de algo (que se cumplirá con la palabra empeñada).

Dicho lo anterior, es importante establecer que, en este caso, no se requieren pactos, convenios, acuerdos, ni nada que se le parezca; se requiere sólo una (discreta) interlocución que dé garantías de que se pondrá fin a la “persecución política” y a la “asimetría jurídica” con que se juzga a los militares, sin perjuicio de que se trabajen otras materias de orden gremial, las que por supuesto tomarán su tiempo y estarán condicionadas al derrotero del progreso que siga el país en general.

Por último, si somos capaces -todos-, con humildad y respeto, de transformar la disposición en convicción, se multiplicaran por miles los actores que asumirán en “cuerpo y alma” la patriótica misión de impedir que nuestro país caiga nuevamente al despeñadero.

 

 

El misterio del Frente Amplio

Por Carlos Peña González

El hecho más sorpresivo de la primera vuelta fue el resultado que obtuvo el Frente Amplio.
No hizo retroceder a la derecha. Pero sí empequeñeció a la izquierda socialdemócrata en favor de lo que podría llamarse una izquierda a secas, una izquierda con tinte generacional y sentido de misión.
Lo sorpresivo deriva del hecho de que ese resultado es inconsistente con el que habían previsto las encuestas; pero sobre todo con las indudables transformaciones que ha experimentado la sociedad chilena. Si, como todos los datos lo indican, los nuevos grupos medios deben su bienestar material al rápido proceso de modernización y si, como diversos estudios (v.gr. la encuesta Bicentenario de la PUC) lo muestran, poseen un alto nivel de satisfacción con sus vidas, ¿por qué entonces prestaron su apoyo al Frente Amplio, el más crítico de todos a la hora de evaluar las tres últimas décadas del Chile contemporáneo?

De esas dos inconsistencias, la que se produce con las encuestas es relativamente fácil de explicar (la espiral de silencio, la alta abstención, la dificultad para predecir la preferencia del votante probable, la subrepresentación de los jóvenes, etcétera, son algunas de las explicaciones disponibles). La que en cambio se produce entre las transformaciones de la sociedad chilena y la adhesión a esa fuerza política crítica de esas mismas transformaciones, es una incógnita que es necesario develar siquiera mediante una conjetura. Para plantear el problema en términos sencillos: ¿Por qué los votantes de La Florida, Maipú y Puente Alto (los nuevos grupos medios que más cambios han experimentado en su trayectoria vital) apoyaron a Beatriz Sánchez?
¿Es posible formular una explicación?
Desde luego, el camino más fácil es abandonar la descripción de las transformaciones de la sociedad chilena (la modernización capitalista) sosteniendo que el resultado de las elecciones la refuta o la falsea. Las elecciones, podría decirse, mostraron que la sociedad chilena ha cambiado poco o nada desde el punto de vista cultural o, incluso, que se ha modificado pero en un sentido opuesto a aquel que la modernización habría hecho predecir. La cultura habría experimentado una formación reactiva frente a esas transformaciones: en vez de adherir a ellas las rechazaría. Pero esta explicación tan sencilla no se sostiene en otros múltiples antecedentes como la expansión del consumo, la prosecución de bienes estatutarios, la alta individuación o el ideal meritocrático que ha permeado especialmente a los jóvenes, todos indicativos de un cambio cultural consistente con los cambios en las condiciones materiales de la existencia. Tampoco es consistente con el apoyo que obtuvo en esos sectores Manuel José Ossandón en las primarias o Chile Vamos en las parlamentarias.
Quizá la pista para resolver este misterio se encuentre en la respuesta a la siguiente pregunta puramente ejemplar: ¿Qué tienen en común Beatriz Sánchez con Manuel José Ossandón o con los candidatos de Chile Vamos, para que los grupos medios confiaran a parejas en ellos?
La respuesta a esa pregunta -que será clave para lo que ocurrirá en la segunda vuelta- se encuentra en la índole ambivalente de los procesos de modernización que la literatura casi unánimemente subraya.
Y vale la pena adelantarla: lo que tienen en común es una cierta actitud de acogida del malestar que la modernización lleva consigo. Un actitud hacendal en el caso de Ossandón; más horizontal y empática en el caso de Sánchez.
Los procesos de modernización (enseña una larga literatura que principia con Tönnies, sigue con Durkheim y culmina en autores como Luhmann o Baumann bajo otros respectos tan distintos) son un proceso de emancipación y de individualidad; pero a la vez de desarraigo. De incremento del bienestar material (algo indudable en el caso del proceso chileno), pero también de temor cuando se las contrasta con las carencias que la memoria oculta. De contento con la propia vida; pero también de desasosiego. El cambio en las condiciones materiales de la existencia se vive como bienestar, pero siempre la acompaña el miedo de quedar de un día para otro a la intemperie.
En una frase, la modernización siempre está acompañada de una estela de malestar que en Chile, y en especial en los grupos medios, toma la forma de agobio: ese incesante braceo cotidiano para mantenerse a flote. Este es el hecho fundamental.
Y en la capacidad de acoger ese malestar se encuentra una de las claves de la política inmediata.
No se trata de una cuestión intelectual o conceptual, sino de la capacidad de la política para recoger o reconocer esa estela de malestar, ese residuo de desasosiego que la mejora material inevitablemente deja a su paso (por el temor que la memoria alimenta, por el miedo a los infortunios del futuro, por la necesidad de sostener el esfuerzo sin descanso). Por supuesto, la comprensión del problema es intelectual (equivale a lo que lo que Wittgenstein llamaría un punto de vista externo a la práctica social); pero la tarea de brindar reconocimiento a ese agobio no es intelectual, es política, exige las artes misteriosas de la empatía, de la comprensión que exige el saber colocarse en el lugar del otro hasta captar, siquiera intuitivamente, las coordenadas de significado que lo configuran (en otras palabras, adoptar siquiera simbólicamente un punto de vista interno).
Y quizá ahí esté la clave del resultado que obtuvo el Frente Amplio y el retroceso no de la derecha, atención, sino de la izquierda de tinte socialdemócrata: la capacidad de Beatriz Sánchez para acoger, con las artes mudas de la empatía y el discurso más o menos genérico, ese desasosiego. Quizá lo que para una política ilustrada era una deficiencia de Beatriz Sánchez (su discurso genérico, su parquedad ideológica, a veces su vaguedad) resultó una virtud en la competencia. La mudez acogedora en la política, como en el psicoanálisis, a veces favorece la transferencia.
¿Por qué la derecha si no retrocedió tampoco creció, pudiendo hacerlo a la luz de la transformación que Chile experimentó? El factor humano lo explica. Piñera es un candidato demasiado centrado en sí mismo, que al repetir su oferta de eficiencia olvida esa dimensión subjetiva del malestar que se cura no con números, sino acogiendo esa subjetividad.
Por supuesto, siempre es posible (es la tentación del Frente Amplio, ensoberbecido por los recientes resultados) argüir que la votación que obtuvieron es una adhesión ideológica al diagnóstico que ellos formulan y al proyecto estratégico que impulsan. Pero a poco andar esa afirmación no se sostiene. Dejando de lado el hecho de que las adhesiones de esa índole no se acreditan con un solo resultado y suelen ser de los cuadros más que de los votantes, es cosa de mirar a sus líderes más talentosos. ¿En qué sentido hay un proyecto, o siquiera un diagnóstico común al que se pudiera adherir, entre un liberal como Mirosevic, un partidario de la democracia radical como G. Boric y una izquierda con acento tecnocrático como G. Jackson? Lo que hay de común entre ellos es una misma sensibilidad generacional, un cierto sentido de justicia y de misión, una marca de izquierda, pero no exactamente ideas coincidentes respecto de cómo configurar la vida en común.

Tal vez, la gran virtud del Frente Amplio (no la única, pero sí la principal) haya sido su capacidad para detectar la energía electoral que portaba esa estela de desasosiego, identificar una personalidad capaz de comprenderla intuitivamente y, situado detrás de ella, hacer aparecer como estratégicamente homogénea una coalición que, no vale la pena engañarse, es muy diversa.

Por supuesto, la política se hace con esos recursos que no siempre calzan del todo entre sí (y porque los tiene el Frente Amplio le fue bien); pero el éxito de largo plazo exige una racionalización mayor de esos materiales que están todavía en bruto.

Por ahora -hay que reconocerlo-, quizá el mayor error se cometió no con el Frente Amplio, sino al subestimar las virtudes de Beatriz Sánchez para ser candidata y entrar a la arena de la gran política en estos tiempos ligeros donde todo, salvo el misterio de la subjetividad, entregada al torrente de los cambios, parece tan móvil.

Ultimas disquisiciones sobre el» voto útil”

Por Roberto Hernández Maturana

Hasta último momento, y ad portas de las elecciones presidenciales, parlamentarias y de Consejeros Regionales, el comando del candidato Sebastián Piñera, y destacadas personalidades (algunas venidas a menos), que  le siguen fielmente, han llamado a aquellos electores partidarios del candidato José Antonio Kast, entre los que hay un alto porcentaje proveniente del mundo militar en retiro, a que practique el próximo 19 de Noviembre lo que ellos han denominado como el “voto útil”, a fin de que el ex presidente obtenga una mayoría tal que le permita ganar la elección en primera vuelta, evitando “el innecesario y desgastante trámite de una segunda vuelta el próximo 17 de Diciembre”.

Bueno, creo que a estas alturas del partido ya parece claro que la mayor parte del mundo militar en retiro  va a ejercer el “voto útil”.

Para lo anterior esos militares en retiro han tenido en cuenta  que José Antonio Kast ha tomado las banderas que les representan, incorporando a su programa de gobierno gran parte de sus demandas. Esa parte mayoritaria del mundo militar en retiro van a practicar el “voto útil” porque considera que mas allá de los resultados de la próxima elección, la candidatura de Kast les ha permitido salir del estado de invisibilización  social política y judicial en que se encontraban hasta hace poco. Hoy se habla de la situación de los militares presos y de la asimetría judicial que viven los militares procesados, acusados y también aquellos que están presos, y en esto la candidatura honesta y valiente de José Antonio Kast ha sido de gran relevancia para posesionar sus demandas ante el mundo político y la opinión publica.

El «voto útil» de la mayoría de los uniformados en retiro y sus familias por lo tanto, está definido por sus intereses. Al ser JAK el único que asumió sus banderas, lo que ha ratificado tanto en su campaña, como en el acto de adhesión que cientos de militares en retiro le ofrecieron el 7 de noviembre pasado en la Círculo de Suboficiales Mayores en Retiro de Carabineros,  estiman que es fundamental que él alcance 2 dígitos en su votación porcentual, para ser tomados en cuenta para una negociación con los candidatos que pasen a segunda vuelta. Demás está decir que la mayor esperanza de aquellos es que Kast sea uno de los que pase a esa segunda vuelta.

Sera relevante entonces que si Piñera se interese en contar con el apoyo en segunda vuelta (si JAK no pasara a ella), de la mayor parte del electorado que votó por Kast en primera vuelta, y muy en especial del mundo militar en retiro, su comando y él mismo Piñera, deben asumir un compromiso efectivo, más allá de no cerrar el penal de Punta Peuco y de que los viejos y los enfermos terminales puedan morir en sus casas ¡tremendo ofrecimiento!….

Las demandas de los militares en retiro son por una justicia «justa»  para quienes son llevados a tribunales, Ellos quieren ser juzgados bajo el mismo sistema procesal  que se aplica a todos los chilenos, excepto a los uniformados en retiro; quieren que el peso de la prueba sea lo determinante y no la sola y vaga mención de alguien que recuerda una voz, o “le pareció que…”; quieren que se termine de usar “ficciones jurídicas” para arrastrar a cientos de viejos militares a procesos y condenas; que se apliquen los tratados internacionales suscritos por nuestro país como el Pacto de San José de Costa Rica, referido a los Adultos Mayores, de Junio de 20015, promulgado por el actual gobierno pero no ejercido; que se aplique la cosa juzgada, la amnistía que sí se aplicó para quienes estaban condenados por delitos terroristas pero no a los militares; que se aplique el cumplimiento del Reglamento Penitenciario, que se aplica a todos los presos en Chile, excepto a los uniformados presos. En suma quieren  JUSTICIA. La misma que se da a todos los ciudadanos de esta larga y angosta faja de tierra, excepto a los ex uniformados.

Al parecer el apoyo a José Antonio Kast que ha manifestado una gran parte del mundo militar en retiro, ha preocupado aunque un poco tardíamente al comando del Candidato Piñera.

Aún cuando parece altamente probable que el candidato Piñera gane el 19 de noviembre, no obtendrá la mayoría requerida para ser elegido en esa  jornada, por lo que necesariamente deberá concurrir a una segunda vuelta electoral el 17 de diciembre, siendo también  altamente probable que su rival será Alejandro Guillier.

Esta ocasión servirá para ver si el peso electoral del mundo militar en retiro es relevante. Si el candidato que la mayor parte de las organizaciones de militares en retiro apoyarán el 19 de Noviembre obtiene menos de un 5%, los ex uniformados  continuaran siendo llevados a tribunal​es bajo un sistema legal derogado en Chile, con acusaciones sin fundamento y siendo procesados mediante «ficciones jurídicas».

Por lo mismo para los ex militares será muy importante concurrir a votar, y obtener no solo un buen resultado en la presidencial, sino que también la elección de un parlamento que restablezca el Estado de Derecho.

Por todo lo anterior,  los ex uniformados ejercerán su “voto útil” votando por José Antonio Kast, y si el Candidato Piñera espera apoyos de este sector en una segunda vuelta electoral, deberá hacer gestos y acciones muy concretas hacia ellos entre los que cosechó gran desconfianza después de los compromisos no cumplidos contraídos  por él en su anterior candidatura presidencial… Pronto veremos si realmente el ex presidente está interesado en adquirir esos compromisos, o en continuar haciéndole guiños a la Democracia Cristiana donde al parecer tiene una parte importante de su alma y corazón.

Los dados no están echados….

Por Cristián Labbé Galilea
Había resuelto no escribir hasta pasadas las elecciones, pero mis planes cambiaron mientras esperaba a un amigo en la barra de un viejo restorán -del cual soy número puesto- y uno de los antiguos garzones, confesándome su indecisión por quien votar, me quiso sonsacar mi preferencia electoral. Iba a contestarle cuando llegó agitado mi impuntual contertulio y, sin decir “agua va…”, a modo de justificación, me espetó…: “sorry, estaba revisando, en la página del Servel, mi mesa de votación…”, y remató diciendo: “llegó la hora de la verdad, ya no hay nada más que hacer,  -los dados están echados-”.
Como sabía de sus convicciones y temores que lo empujaban a votar por “el mal menor”, lo corregí diciéndole que aún no se había dicho la última palabra, que la verdad se sabría una vez que “hablara el pueblo”. Le recordé que la expresión “los dados están tirados”, (atribuida por Suetonio al emperador Julio César) quería decir “que la suerte estaba echada” (Alea jacta est), que no había nada por hacer excepto esperar.
Después de un largo almuerzo y de analizar los últimos acontecimientos, la virulencia que habían alcanzado las campañas, la agresividad que se percibía en los discursos, la inexplicable destrucción de la publicidad, las vergonzosas maniobras descalificadoras -encabezadas por personajes que hasta ahora nos merecían “algo” de respeto- llegamos a un lugar común: “se están sacando los ojos entre ellos y están mostrando hasta dónde puede llegar la degradación humana…”.
Al terminar nuestro “frugal tentempié” mi amigo había mutado… del temor a la convicción. (Y yo había logrado un voto más)
Al despedirse y sin mucho rodeo me reconoció que, si en algún momento había pensado en el “voto útil”, después de lo visto se había dado a la razón: lo correcto era votar por convicción; por lo tanto, en esta vuelta no se dejaría amedrentar.
Mientras el mozo me traía la cuenta, me quede unos minutos pensando en que todavía había tiempo para soñar y para seguir luchando por la causa en la que estábamos comprometidos; recordé un viejo refrán que decía algo muy cierto: “con el dinero se puede comprar la comida… pero no el apetito, la cama… pero no los sueños”.
Cuando el garzón me pasó la cuenta, murmuré… “don Juan, nuestros sueños no tienen precio…” sin entender lo que yo había dicho, me quedo mirando y, sin temor a ser amonestado, me reveló que a ratos había estado siguiendo nuestra conversación, y que él también se había convencido… “votaré sin temor, para volver a creer”.
Deje el restorán pensando que esa tarde, en poco tiempo, había logrado recuperar un par de “ovejas descarriadas”, y había comprobado que: “solo una cosa convierte en imposible un sueño… el miedo”, y ese no era nuestro caso… “los dados no estaban echados”.

Kast…la importancia de ser honesto

Por Cristián Labbé Galilea

¡No hay plazo que no se cumpla…! Estamos a días de que las dudas políticas, que han dominado toda conversación en el último tiempo, encuentren respuesta… A muy poco andar, se habrán “desnudado “las especulaciones, las encuestas, las conjeturas electorales. Con los resultados a la vista, todo será palmario… y aparecerán, como siempre, los que nunca pierden… “era obvio, estaba claro, lo veía venir”. Así es la política y así son los tiempos pre-electorales…donde “pastan a todo campo”, pronósticos, aprensiones, victorias y derrotas.

En una semana tendremos un escenario político distinto al que hoy vivimos…Escucharemos “la voz del pueblo” y surgirán nuevas autoridades, nuevo parlamento y nuevas mayorías.

Próximos a terminar con la incertidumbre, y después de registrar sus pronósticos en una “polla”, mis contertulios me conminaron a que entregara mis predicciones… Sin diplomacia -ni piedad- con este habitualmente equivocado augur, exigieron…. “profe, muestre sus cartas”.

Sin dudar manifesté que, según las encuestas, el número de personas que votan, la experiencia electoral de último tiempo y los candidatos, la presidencia no se resolvería en primera vuelta… “habrá segunda vuelta de todas manera”.

“Tirada la primera carta” ya había caras de sorpresa… las que aumentaron cuando sostuve que en la izquierda, (entiéndase Nueva Mayoría, Democracia Cristiana, Frente Amplio, y los “colgajos”), se impondría con facilidad Guillier, y que la sorpresa sería Carolina Goic quien captaría más votos que todos los pronósticos… “habrá muchos falangistas históricos y democratacristianos de corazón que no votarán, ni en primera ni en segunda vuelta, por el candidato de la Nueva Mayoría”.

Advertí que en la oposición también habría sorpresas…“Kast aumentará notoriamente su votación, con lo cual -si no pasa a segunda vuelta- sus votos en el balotaje serán claves”.

Quienes creían que se podía ganar en primera vuelta “saltaron” sin hacerse esperar… Más que por convicción, su nerviosismo estaba avivado por el temor: “el país no soporta otro gobierno de la izquierda, hay que ser pragmáticos… necesitamos un voto útil, no están las cosas para correr riesgos ni mucho menos para darse gustitos personales”.

Cuando mis “utilitaristas y pragmáticos” interlocutores terminaron sus advertencias, les recordé con algo de humor, a Oscar Wilde y su comedia TheImportance of BeingEarnest, título erróneamente traducido como “La importancia de llamarse Ernesto”,ya que en ingles este nombre propio tiene un doble sentido, porque si bien “Ernest” y “earnest” son homófonos (es decir suenan igual) representan dos cosas muy distintas, uno “Ernesto”, el otro “serio y honesto”. Apoyándome en este ejemplo agregue: “Lo mismo debemos pensar en esta oportunidad…debemos asumir sin vacilaciones ´La importancia de ser honesto’, conforme a una más precisa traducción del título de la obra de Wilde”.

Finalmente, ante una audiencia pensativa, aclaré que no todas las incertidumbres eran eternas, que la nuestra “tenía plazo fijo”, y que quedaba muy poco tiempo para “convencerse y convencer” de que había que votar por quien hablaba con la verdad -sin ambigüedades, ni cálculos políticos-Concluí diciendo… “hace mucho tiempo que nuestras ideas no tenían un candidato como KAST que representara tan honestamente los valores y los principios de quienes creemos en una sociedad libre”.

Fidel, Honecker y ahora Ho Chi Minh

Por Roberto Ampuero Espinoza 

La Presidenta acaba de sorprender a muchos al destacar, en Vietnam, que Ho Chi Minh es uno de sus «líderes favoritos» y que siente «una gran admiración» por él. ¿De verdad sorprende? Bien miradas las cosas, no. Por el contrario: volvió a manifestar su fascinación por dictadores o dictaduras de izquierda. En este caso, el nombre de Ho Chi Minh se une al de Fidel Castro y del matrimonio Honecker o, al menos, del amurallado modelo de la extinta RDA, sepultado hace 28 años por una revolución popular.
En rigor, Ho jugó un papel clave e inspirador en la emancipación de Vietnam del colonialismo, en la guerra contra el dominio japonés, francés y estadounidense, y en la consecución de la independencia. Nobleza obliga, eso debe reconocerse. Pero no cabe duda de que, al mando del Partido Comunista y su brazo armado,  Ho impuso en Vietnam del Norte un régimen de partido único y economía estatal que, en materia de represión de opositores, imitó a la China maoísta y la Unión Soviética estalinista.

Es cierto que a un mandatario chileno no le corresponde pontificar sobre el modelo que deben seguir los países con los cuales aspira a profundizar relaciones (aunque la defensa de derechos humanos, como postuló, con razón, la oposición a Augusto Pinochet, trasciende fronteras), pero nada lo obliga a celebrar a líderes que, en materia de democracia y libertad, se ubican en las antípodas del Chile que hemos construido.
Bachelet tiende a confundir sus pasiones políticas con el rol que está llamada a asumir como Jefa de Estado. Alguien que representa a un país que sufrió una dictadura y que además experimentó en carne propia represión y exilio, debería practicar al menos la mesura en la celebración de regímenes que castigan a los opositores con la misma moneda. 
Aún late en la retina de los chilenos el presuroso y poco presidencial andar de la Mandataria en La Habana, en 2009, cuando le anunciaron que Fidel Castro estaba dispuesto a recibirla. Como llamada por la historia, ella dejó el espectáculo cultural que chilenos habían preparado en su honor, abordó un carro de la seguridad cubana y desapareció, perdiendo el nexo con sus escoltas, para dialogar con el dictador, ya jubilado. Todo desembocó en un bochorno: Castro reveló después el contenido de la conversación privada, que incluyó la exigencia de mar soberano para Bolivia, y respaldó a La Paz.
Pero hay más: durante una visita reciente a El Salvador, Bachelet celebró a la RDA porque le permitió estudiar y dar a luz a su primer hijo. «Yo me traje ese modelo en mi cabeza», aseveró, restringiendo su visión de la dictadura que encerró a su pueblo, a las prestaciones sociales que a ella le brindó. Así puede justificarse cualquier dictadura. Y en su gira a la Alemania unificada, volvió a resaltar su gratitud hacia el modelo  de Honecker, olvidando que sus anfitriones, tanto el Presidente Gauck como la Canciller Federal Merkel, vivieron en la RDA y sufrieron los rigores del régimen.
La gratitud de Bachelet se dirige al partido y al Estado totalitarios, no a la población -en una época, sus conciudadanos- que mediante su trabajo, y despojados de libertades, financiaron esas prestaciones. De acuerdo a esta lógica, la Mandataria debe haber lamentado la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la RDA, y visto acongojada la marcha de los millones de germano-orientales hacia la libertad, en noviembre de 1989.
¿Se trata de la mera pasión política de Bachelet, es decir, de algo aislado, o su postura la comparte la mayoría de la izquierda? Si es lo primero, ¿por qué callan Guillier, Sánchez y ME-O como callan Navarro y Artés? ¿Y qué implica para Chile la megaalianza en ciernes de toda una izquierda con esa visión? El peligro para la democracia no lo representa hoy la instauración del socialismo sino el populismo, la imitación de experiencias fracasadas y la oferta de soluciones rápidas y fáciles a todos los problemas.
La celebración de Ho por Bachelet eclipsó un dato esencial: aunque Vietnam sigue siendo un régimen de partido único, tras constatar el fracaso de la economía comunista, impulsa desde 1986 un proceso de reformas. El «Doi Moi» (renovación) fomenta la economía de mercado, la propiedad y el emprendimiento privados, la inversión nacional y extranjera, y la apertura al mundo. Gracias a la actividad privada, exhibe Vietnam desde entonces altas tasas de crecimiento.

 

 

 

El Campos de Marte

Columna de Joe Black, El Mercurio 11 de Noviembre de 2017

Sé que lo que estoy a punto de decir es controvertido, pero creo haber llegado a la edad en que uno ya puede decir lo que piensa. Así que lo voy a decir y qué: Me cae bien el ministro de Justicia, Jaime Campos.

No me cae bien por ser del Partido Radical, ni por ser abogado, ni por tener apellido Campos, como algunos de mis parientes políticos.

Me cae bien porque creo que dice lo que piensa. Y varias veces en que ha hablado de política le he encontrado razón.

Tomemos, por ejemplo, lo que señaló cuando, poco después de asumir en su cargo, visitó la cárcel de Valparaíso y se reunió con los dirigentes sindicales de Gendarmería: «En una rama jerarquizada como la de ustedes, las bolas del director nacional están las 24 horas sobre el escritorio del ministro, y yo veo cuando se las corto».

Ya sé que no suena elegante ni políticamente correcto. Pero entre nosotros, así, entre adultos, ¿es verdad o no es verdad?

Tomemos otra frase. Esa en que dijo que no hemos tenido como país el coraje de enfrentar la situación de los presos ancianos o con enfermedades terminales, sin hacer distinciones entre los reclusos de Punta Peuco o del sistema penal en general: «Hay que tener un mínimo de humanidad en la vida y de compasión» (…) «por muy delincuentes que sean, también son seres humanos».
De nuevo, hay poco tacto en su hablar -si quieren ponerlo de ese modo-, pero ¿está mintiendo, acaso?
Y revisemos su última salida, la de esta semana:
«¿Alguien ha escuchado decir a la Presidenta que va a cerrar Punta Peuco? Yo no (…) Yo lo único que sé es que una señora dijo que había hablado con la Presidenta de la República y la Presidenta le había dicho… y el resto han sido puras interpretaciones».

No intento ser majadero, pero ¿me pueden indicar qué parte de esta frase es falsa? Es más, por los datos que se han conocido esta semana queda claro que la Presidenta Bachelet nunca prometió, ni en público ni en privado que cerraría Punta Peuco. Solo habría expresado un deseo.
Como ven, tengo un punto con el ministro Campos.
Aunque reconozco que hay una de sus frases que no comparto. Esa en que dijo lo siguiente: «No vengo de la quinta órbita de Júpiter ni soy monje budista que viene a ejercer de ministro de Estado». Se la lanzó a los periodistas que cuestionaban que hubiese trabajado en la misma oficina donde otros abogados asesoraban a una empresa con contratos impugnados con el Estado.
Y digo que esta frase no se la compro porque creo que él, aunque no viene de Júpiter, sí parece venir llegando de otro planeta. De Marte, por ejemplo. Porque si bien tiene todo el derecho (y el deber, a mi juicio, por su edad) de decir lo que piensa, tiene que ser capaz también de ubicarse en el tiempo y en el espacio. Tiene que saber cuándo y dónde decir lo que piensa.
Porque decir lo que dijo de Punta Peuco y ningunear como ninguneó a Carmen Gloria Quintana a diez días de la elección presidencial es un error infantil.
Jaime Campos es del Partido Radical y a Alejandro Guillier se le asocia con el Partido Radical. Guillier necesita que toda la izquierda, hasta la más extrema, vote por él para tratar de pasar a segunda vuelta. Y para la izquierda fue un puñetazo en el estómago lo que dijo Campos.
Para la izquierda ya está siendo difícil levantarse a votar el próximo domingo por Guillier.
Y el ministro Campos puso las cosas más cuesta arriba aún.

Centenario de la Revolución de Octubre

Tomado de “Vanguardia”  boletín informativo del Movimiento Nacional Sindicalista – MNS Nº 100 – 8 de noviembre 2017

El 7 de noviembre de 1917 (25 de octubre, de acuerdo con el calendario juliano) comenzó, con el asalto al Palacio de Invierno, la Revolución de Octubre en Rusia. 100 años de la Revolución de Octubre no son motivo para celebrar y así lo comprendió Putin. La era de los totalitarismos comenzó con el comunismo. En la Unión Soviética, se construyó un sistema totalitario que no tenía paralelo. Se cometió genocidio en grupos sociales enteros: la intelligentsia, el campesinado, los sacerdotes y la nobleza. En todo el mundo, más de 100 millones de personas fueron asesinadas en nombre de la ideología comunista. Desafortunadamente, el comunismo y las dictaduras socialistas –pasadas y actuales todavía están siendo relativizados en Chile y en gran parte del resto del mundo. El Partido Comunista de Chile volvió a la legalidad por tercera vez en menos de un siglo (reforma constitucional 1988), logró representación parlamentaria gracias a la DC y desde 2014 forma parte oficial del gobierno, con cuotas de poder que exceden a su real presencia en el país. Los crímenes cometidos por sus militantes fueron amnistiados, indultados o declarados prescritos. En recompensa por su apoyo electoral en segundas vueltas, la Concertación le otorgó cuantiosas indemnizaciones, que convirtieron al PC en un importante actor en el mercado inmobiliario.

La presidenta de la República considera el régimen de la desaparecida Alemania Oriental –que encerró a un país completo detrás de un muro y alambres de púas- como el sistema ideal de Estado y es admiradora de la dictadura comunista cubana. Mientras no se logre una conciencia respecto a la amenaza que representan las diversas formas del extremismo de izquierda para nuestra cultura occidental cristiana y no se desarrolle un sentido nacional de la política, patriótico, con espíritu social participativo y visión de futuro, estaremos condenados a seguir corriendo cada cuatro años el riesgo de que los electores voten por una alternativa que destruya la libertad y soberanía que tanto costó conquistar en el pasado. Nacionalismo

Lo Llaman «Darse un Gustito»

Por Hermógenes Pérez de Arce

Cuando yo era niño le preguntaba mucho a mi padre, y mi madre me retaba por ser tan “preguntón”. Una vez, supongo que hace como setenta años, él iba saliendo y le pregunté dónde iba. Me contestó, “a votar”. Le pregunté por quién iba a votar y me dijo “Por Pablo Aldunate Phillips”; le pregunté por qué, y me dijo: “Porque es un hombre muy honorable”. No olvidé más esa lección. Pasaron más de veinte años y en 1973 yo era candidato a diputado. Me llamó don Pablo Aldunate para pedirme que fuera a su oficina. Me dio un cheque de aporte a mi campaña y yo le conté que mi padre votaba por él y por qué. Después han pasado más de cuarenta años y me dispongo a votar por José Antonio Kast por la razón que me enseñaron, es decir, porque es “un hombre muy honorable”, aparte de interpretar mis ideas. Pero desde una candidatura que no cumple ninguno de ambos requisitos insisten en decirme que eso es  “darse un gustito”, como si fuera algo pecaminoso. Pues impera una nueva modalidad o moralidad, fundada en que “hay que ganar” como sea y en que “el fin justifica los medios”. No importa que el candidato no sea de nuestras ideas ni muy honorable, sino porque “va a ganar”. Lo que importa es sacar a la izquierda del poder, dicen. Pero el contrasentido de eso reside en que, además, la forma más segura de sacar a la izquierda del poder es votando por José Antonio Kast para que aventaje a los candidatos de la izquierda, cosa que debiera ser fácil, porque ellos son seis que se dividen una mitad de la votación, mientras los del centro a la derecha son dos para dividirse la otra mitad. De tal manera que si mucha gente “se diera un gustito” votando por el único candidato de derecha, pasarían a segunda vuelta él y el de centroderecha (de quien nadie duda que tiene asegurado su paso a segunda vuelta), dejando fuera del poder a la izquierda en nueve días más. Pero parece que los que extorsionan con eso de “darse un gustito” piensan que la gente de derecha y que respeta la ética es tonta y no es capaz de darse cuenta de lo explicado en el párrafo anterior. En el hecho, “la honradez premiada” puede tener lugar una vez más, pues votar por Kast no sólo es más moral sino que también resulta más electoralmente conveniente.

El candidato al cual se quiere favorecer con el chantaje está tan seguro de que es verdad lo que dice la encuesta CEP, en el sentido de que el 81 % de la gente de derecha vota por él, que ha iniciado una maniobra hacia la centroizquierda, de “toma de control hostil” de la DC. Para este fin ha lanzado una crítica ética a su candidata, acusándola de nepotismo y olvidando completamente el refrán que aconseja: “no lances piedras a tu vecino cuando tengas tejado de vidrio”. Pues la agredida ha contraatacado detallando públicamente el prontuario de su agresor, quien a su vez ha duplicado diciendo que no caerá en “revolcarse en el barro”, como supuestamente lo estaría haciendo ella. Traducción: “revolcarse en el barro”= lectura del prontuario del candidato que la acusó. Soy de derecha y votaré por un candidato de derecha. Y lo haré, además, porque es “un hombre muy honorable”. Me lo enseñaron desde niño y –“la honradez premiada”— confiando en sacar a la izquierda del poder en la primera vuelta.

Presidencialismo y Estado de Derecho

Por Orlando Sáenz, empresario metalúrgico

Chile es una excepción en América Latina gracias a dos instituciones que han sido los pilares fundamentales de su prosperidad durante la mayor parte de los algo más de dos siglos de historia republicana, y esas instituciones son su acentuado presidencialismo y su inalterable estado de derecho. Una poderosísima presidencia ha sido el motor de un desarrollo inédito en la región porque estuvo casi siempre en manos de estadistas preparados, experimentados, eficientes y con el bien común como objetivo supremo. Un estado de derecho que fue verdadera garantía de absoluta independencia, irrestricto imperio y perfecta igualdad ante la ley, fue casi siempre el marco que acostumbró a todos los chilenos a emprender con seguridad, a planear con perspectivas, a respetar la legalidad y a confiar en la justicia. Sin embargo, en los últimos tiempos se ha demostrado que el torcido ejercicio de esos pilares de prosperidad puede convertirlos en tan eficientes elementos de destrucción como lo fueron usualmente de progreso. Y ello con el agravante de que el prestigio secular acomodado ciega hasta a los hombres públicos más esclarecidos al punto de impedirles enfrentar la realista critica de ellas y la necesidad de reformarlas incisivamente para que vuelvan a ser instrumentos de avance y no de retroceso. ¿Qué es lo que ha pasado con el presidencialismo y el estado de derecho? Ha pasado que la enorme pérdida de cultura política que ha sufrido la ciudadanía en los últimos decenios ha puesto la presidencia al alcance de personas carentes de todos o casi todos los atributos necesarios para el buen ejercicio del cargo. Ha pasado que el poder judicial se ha saturado, corrompido y politizado de tal manera que ha perdido todos los atributos de eficacia, imperio e igualitaria imparcialidad que ante lo constituyeron en garante de la estabilidad, la seguridad y la igualdad ante la ley. La democracia representativa es un lujo que solo se pueden permitir pueblos con un alto grado de cultura cívica y ya hace largo tiempo que se impone enfrentar con entereza la pregunta de que si el Chile actual da la medida para ello. Su postulado básico es que la soberanía reside en el conjunto de los ciudadanos que, para su ejercicio, la delegan en magistrados elegidos libre, informada y responsablemente por periodos limitados y con atribuciones perfectamente definidas. Cuando un pueblo pierde esa capacidad responsable de delegación de la soberanía, el sistema democrático no funciona y está condenado a desaparecer como nos demuestran numerosísimos ejemplos. Con activa complicidad de parlamentarios y magistrados, sucede que Chile ya carga con un muy importante porcentaje de su población constituido por alienígenas políticos, entendiendo por tales a quienes no tienen ni cultura ni compromiso para cohabitar en democracia con los ciudadanos respetuosos del sistema y de sus reglas. Esa ya enorme masa de alienígenas democráticos está compuesto de indiferentes, delincuentes, inmigrantes, ácratas de todo tipo, terroristas y anti sistémicos, y crece cada día como demuestran las crecientes cifras de la abstención electoral.

Obviamente, esa altísima abstención priva de legitimidad a las autoridades electas y debilita la totalidad del sistema. Si es que la democracia chilena, tan preciosa y penosamente recuperada, ha de subsistir y a recobrarse como motor del progreso, habrá que enfrentar con decisión tres tareas indispensables: la recuperación cultural de la ciudadanía, la limitación del presidencialismo y la reestructuración integral del poder judicial. No se necesita mucha imaginación para comprender la enorme dificultad que esas tres tareas implican. La recuperación de la calidad ciudadana pasa por un gran y prolongado proceso educacional y por la recuperación del prestigio y la confiabilidad de las instituciones republicanas. Todavía más, puesto que se necesita el convencimiento de que el alienígena es un adversario al que hay que reconquistar o neutralizar eficientemente, pero nunca pagarle para que se porte bien con mayores dádivas o impunidades. La limitación del presidencialismo es una necesidad impuesta por la simple observación de lo ocurrido en un mal gobierno. Y esa limitación debe ser tal que no menoscabe la capacidad de la acción positiva pero que impida las iniciativas desastrosas. No es posible, en los tiempos que corren, funcionar con un sistema político que carece de la capacidad de controlar las acciones del ejecutivo evidentemente contrarias al bien común, como es, por ejemplo, destinar un tercio de la recaudación adicional producto de una reforma tributaria aprobada para educación y salud, a acomodar en la administración pública a partidarios inútiles y claramente supernumerarios. En nuestra historia reciente han ocurrido varias tragedias que se podría haber evitado con una capacidad de control del poder ejecutivo que hoy no existe, como fue la crisis del gobierno de Allende y el desprestigio del sistema político en el Bachelet II. La propia Nueva Mayoría va a llegar, algún día, a la conclusión de que habría podido evitar su desastre si hubiera dispuesto de herramientas para orientar mejor las acciones del ejecutivo al que sustentó políticamente. Con todo, la más difícil de las tareas tal vez sea el reemplazo del actual poder judicial por otro que sea ágil, confiable, independiente, apolítico y claramente imparcial. En verdad cuesta entender que la única institución chilena que no acusó el trauma de Pinochet sea la que más colaboró con él en la negación de justicia a muchísimos chilenos. Ese mismo poder del estado, al que nadie jamás ha escuchado una expresión de contrición, es el que con desparpajo hoy es cómplice de la extrema izquierda en la tarea de vengarse de las Fuerzas Armadas a través de varias absurdas interpretaciones del derecho. Pero, por difícil que sea, hay que rendirse a la evidencia de que un sistema democrático no puede subsistir con un poder judicial como el que hoy día demuestra todas sus limitaciones, incongruencias e incapacidades como las que diariamente nos asombran.

 

No al populismo

Por Sergio Urzúa Hernández

Buenos aires se respiran en Buenos Aires. Nada que ver con mi visita anterior. En aquella oportunidad (julio de 2015), le pregunté a un colega economista sobre sus perspectivas respecto del futuro del país. Su visión era sombría. «No tengo esperanza de que podamos terminar con el populismo», me decía. Y bastaba mirar los números para entender su desazón: si en 2008 el otrora país más rico de América Latina había alcanzado un ingreso per cápita de US$ 18.430 (PPP a dólares constantes), en 2014 la cifra era US$ 18.790. Seis años perdidos y el país aún porfiaba con equivocadas políticas económicas.

En esta última visita la sensación ambiente es distinta. Y no hablo del termómetro especializado, sino del de la calle. Basta subirse a un taxi para escuchar del conductor: «Es que la gente se aburrió del populismo, no daba para más», «ha sido difícil, pero se avanza». Argentina creció un 2,75% en el primer semestre de 2017 y se espera un crecimiento de 3,5% para 2018. Bien por los vecinos.


Al aterrizar en Santiago, el Uber es manejado por un venezolano. Tiene 27 años y lleva uno en el país. «No ha sido fácil el ajuste, pero Caracas era invivible». La evidencia lo avala: hoy su país tiene un nivel de ingreso per cápita inferior al que tenía en 1992. Más de dos décadas de despilfarro y nada hace presagiar un cambio. Casi al llegar al destino me cuenta que su novia llegó a Chile hace dos meses y que todavía no se acostumbra. «Ha vivido casi toda su vida en un país en donde lo normal es que exista con suerte una marca de jabón, de yogur, de queso, de leche, de detergente. Ir a los supermercados acá la estresa. No está educada para elegir entre tanta oferta. Está enferma. Sufre de populitosis», y suelta una carcajada. Sorprende la resiliencia del ser humano, ¿no?


Es difícil imaginar que los infortunios de Argentina y Venezuela se puedan dar en Chile. Pero no hay que distraerse. Es fácil confundirse y creer que un desastroso manejo económico define a un gobierno como populista. Ahí un grave error conceptual (lo comete, por ejemplo, Mario Vargas Llosa en la introducción de «El estallido del populismo»). La actual miseria venezolana es un resultado de la lacra, no su origen. ¿Qué es entonces el populismo? Jan-Werner Müller ofrece, creo, la mejor respuesta. Según el académico de Princeton, es la mezcla explosiva de dos ingredientes: un antipluralismo anclado en una lógica moral («solo nosotros gobernamos para la gente») y un desprecio total hacia las élites («el adversario son los últimos 30 años del modelo»).

Queda una semana para la elección presidencial y los discursos de varios candidatos calzan peligrosamente con la definición de Müller. Chile no ha pisado el palito que pisaron Argentina y Venezuela. Que la cosa siga igual. Por eso, no premie con su voto a candidatos populistas. Es el momento de vacunar a Chile contra la populitosis.

Discurso del Crl (R) Cristián Labbé en adhesión a José Antonio Kast

El siguiente es el discurso del Crl (R) Cristián Labbé en adhesión a José Antonio Kast, en el encuentro de adhesión a JAK que el personal en retiro de las FF.AA., Carabineros, Investigaciones, jubilados y montepiadas realizó el pasado 7 de Noviembre de 2017 en el Circulo de Suboficiales Mayores en Retiro de Carabineros.

 

Estimados camaradas de armas…

Los aquí presentes, estamos unidos, fundidos, hermanados, por una característica común e indeleble… todos y cada uno de nosotros, a muy temprana edad tomamos la decisión de ser soldados, marinos, aviadores, carabineros… y cuando lo hicimos, adoptamos más que una tarea o un trabajo, estábamos adoptando una opción de vida…

Ser soldado es una vocación, es una entrega, es una causa sublime…

Me dirán que es chovinismo… se equivocan los que así piensan, porque nunca han escuchado el latido del corazón de un soldado cuando ve flamear su bandera, cuando marcha marcial al compás de una banda de guerra o cuando recuerda la paginas gloriosas de nuestra historia…

Jurar por el Dios de nuestras creencias… servir a la patria… frente al pabellón nacional, poniendo por testigo una legendaria tradición de gloria y honor… no es un acto administrativo, ni un espectáculo formal… es el rito que a través del tiempo ha simbolizado el compromiso irrenunciable de los jóvenes soldados con sus compatriotas, son su país, su  pasado, su presente y su futuro…

Han corridos los años desde aquellos juveniles tiempos… y si nuestro andar cansino y nuestros canos cabellos, dan cuenta del paso del tiempo…. nuestro espíritu, mantiene invariable el sublime compromiso de ayer…

… Hoy con la prudencia de los años y al mirar el camino recorrido, podemos decirle a quienes nos antecedieron en la gran marcha de la historia, que hemos cumplido aquel noble compromiso y  que hemos entregado a las nuevas generaciones una patria libres y soberana, donde en el tope del mástil del tiempo, flamea orgulloso el pabellón nacional…

Misión Cumplida… así es… una misión cumplida que nos llena de orgullo…  pero que también nos muestra las dolorosas cicatrices del precio que hemos tenido que pagar por ello.

 

-Imposible no dar cuenta en este acto de la enorme preocupación que los soldados del ayer tenemos sobre la forma en que se está escribiendo la historia de los últimos años… de los cuales fuimos actores y testigos.

-Imposible no denunciar la tergiversación y (digámoslo claro…) la mentira con que hoy se recogen los fatídicos días en que, llamados por la ciudadanía y las principales instituciones de la república,  tuvimos que acudir al llamado del clarín para evitar una guerra civil y recuperar la libertad amenazada.

-Imposible no llamar la atención sobre las veces en que los soldados espantamos el fantasma de la guerra en nuestras fronteras.

-Imposible no revelarnos por la injusticia y la asimetría jurídica conque estamos siendo juzgados los militares del ayer.

-Imposible no mostrar el dolor que nos produce ese batallón de soldados olvidados en cárceles publicas producto de una política de odio y de venganza impulsada por aquellos mismos que ayer quisieron subyugar a nuestro país.

-Imposible no advertir a las nuevas generaciones -civiles y militares- sobre el efecto que tendrán la indiferencia, la ingenuidad y la indolencia de los actores del presente, sobre la verdad de lo ocurrido hace ya algunas décadas en nuestra vida nacional.

Estimados Camaradas,

En el pasado cumplimos nuestro deber y honramos nuestro compromiso de servir a la patria desde el servicio activo, hoy en situación de retiro enfrentamos el presente con el coraje, el valor y la fuerza que nos da nuestro espíritu militar. Pero claramente no se agota ahí nuestro deber… hoy nos preocupa el futuro… ese futuro donde pasaremos el resto de nuestros días, ese futuro en el que vivirán nuestros hijos, nietos y tataranietos… y del cual depende que nuestras instituciones mantengan su excelsa misión.

Hago esta referencia porque me preocupa que al proyectar el presente, vemos con desolación que nuestras instituciones están siendo llevadas lentamente, pero en forma inexorable, a una peligrosa homologación con otros oficios o profesiones, dentro del quehacer de la sociedad contemporánea.

Que gran error, que falta de visión… ser soldado es algo muy distinto…

-Si nuestro lema era “la guardia no se rinde…” hoy por mil razones están pensando en una portería o en un control de acceso.

-Si nuestra obligación era… cumplir las órdenes de los superiores con prontitud y puntualidad, hoy se hace necesario que toda instrucción u orden esté debidamente justificada, explicada y autenticada…

-Si nuestro deber era ser un soldado valiente, honrado y amante de la patria… hoy pareciera que la vocación va cediendo paso a la oportunidad del tener y del parecer.

-Si la unidad y la lealtad eran nuestra religión, hoy da la impresión que prima el mero trabajo individual y el interés personal.

-Si nuestras creencias y nuestros dogmas estaban inspirados en la tradición y en la historia… hoy tengo el sentimiento de que todo lo guía un frio y calculador pragmatismo.

Es cierto, los tiempos han cambiado, hoy son otros los que tienen la responsabilidad de conducir nuestras instituciones, pero no podemos abstraernos de las amenazas que se ciernen sobre nuestro futuro y sobre el de las nuevas generaciones de soldados.

Estimados camaradas

Es en este contexto, donde la tan manida posverdad ha tomado un excesivo protagonismo y donde los sesgos y las pasiones se imponen a la razón y la verdad… es cuando más atento debemos estar y cuando no nos puede ser indiferentes quienes han de gobernar nuestro país en el futuro… en este sentido y frente a la próxima elección presidencial debemos hacer sentir nuestra voz… y para ello no puede sernos indiferente a quien debemos apoyar…

Jose Antonio Kast que está con nosotros en esta jornada ha dado muestras cabales de comprender nuestras preocupaciones… con la visión de un joven estadista ha estado dispuesto a defender nuestra causa… en materias de justicia, igualdad ante la ley, derechos y deberes humanos, salud, previsión, carrera militar, financiamiento de las fuerzas armadas y otras materias a las que harán referencia seguramente otros oradores.

Pero para este viejo soldado que hoy les dirige estas reflexiones JAK es la persona indicada para marcar una histórica inflexión en la curva que ha seguido la persecución política a los militares y la perversa manipulación política de nuestra historia reciente…

Queridos amigos…

Militares, marinos, aviadores, carabineros e inspectores… nuestro compromiso es con la historia, con el presente y el futuro de nuestro país, con el valor y los principios por los cuales juramos entregar nuestras vidas…

Hoy al comprobar que parte de nuestra alma de soldados se encuentra prisionera del pasado… tenemos la obligación histórica de cambiar esta oscura realidad, construida a través de mentiras, estatuas, memoriales y museos…

José Antonio Kast ha asumido la tarea de representarnos en estos cruciales momentos… debemos apoyarlo con convicción y fuerza… nos quedan pocos días para derrotar la mentira, el engaño y la ambición.

Con nuestro sólido apoyo, con la ayuda del Dios todo poderoso y con la generosa intersección de la Virgen del Carmen patrona de Chile… haremos que vuelva la paz y la esperanza a la familia militar y lograremos que la estrella solitaria vuelva a guiar los destinos de esta patria querida…

¡Viva Chile…!