No al populismo

Por Sergio Urzúa Hernández

Buenos aires se respiran en Buenos Aires. Nada que ver con mi visita anterior. En aquella oportunidad (julio de 2015), le pregunté a un colega economista sobre sus perspectivas respecto del futuro del país. Su visión era sombría. «No tengo esperanza de que podamos terminar con el populismo», me decía. Y bastaba mirar los números para entender su desazón: si en 2008 el otrora país más rico de América Latina había alcanzado un ingreso per cápita de US$ 18.430 (PPP a dólares constantes), en 2014 la cifra era US$ 18.790. Seis años perdidos y el país aún porfiaba con equivocadas políticas económicas.

En esta última visita la sensación ambiente es distinta. Y no hablo del termómetro especializado, sino del de la calle. Basta subirse a un taxi para escuchar del conductor: «Es que la gente se aburrió del populismo, no daba para más», «ha sido difícil, pero se avanza». Argentina creció un 2,75% en el primer semestre de 2017 y se espera un crecimiento de 3,5% para 2018. Bien por los vecinos.


Al aterrizar en Santiago, el Uber es manejado por un venezolano. Tiene 27 años y lleva uno en el país. «No ha sido fácil el ajuste, pero Caracas era invivible». La evidencia lo avala: hoy su país tiene un nivel de ingreso per cápita inferior al que tenía en 1992. Más de dos décadas de despilfarro y nada hace presagiar un cambio. Casi al llegar al destino me cuenta que su novia llegó a Chile hace dos meses y que todavía no se acostumbra. «Ha vivido casi toda su vida en un país en donde lo normal es que exista con suerte una marca de jabón, de yogur, de queso, de leche, de detergente. Ir a los supermercados acá la estresa. No está educada para elegir entre tanta oferta. Está enferma. Sufre de populitosis», y suelta una carcajada. Sorprende la resiliencia del ser humano, ¿no?


Es difícil imaginar que los infortunios de Argentina y Venezuela se puedan dar en Chile. Pero no hay que distraerse. Es fácil confundirse y creer que un desastroso manejo económico define a un gobierno como populista. Ahí un grave error conceptual (lo comete, por ejemplo, Mario Vargas Llosa en la introducción de «El estallido del populismo»). La actual miseria venezolana es un resultado de la lacra, no su origen. ¿Qué es entonces el populismo? Jan-Werner Müller ofrece, creo, la mejor respuesta. Según el académico de Princeton, es la mezcla explosiva de dos ingredientes: un antipluralismo anclado en una lógica moral («solo nosotros gobernamos para la gente») y un desprecio total hacia las élites («el adversario son los últimos 30 años del modelo»).

Queda una semana para la elección presidencial y los discursos de varios candidatos calzan peligrosamente con la definición de Müller. Chile no ha pisado el palito que pisaron Argentina y Venezuela. Que la cosa siga igual. Por eso, no premie con su voto a candidatos populistas. Es el momento de vacunar a Chile contra la populitosis.

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