Nuevamente en la encrucijada

Por Roberto Hernández Maturana

La inmadurez política de las naciones latinoamericanas se refleja habitualmente en sus elecciones presidenciales, donde usualmente se juega al todo o nada. Esto no ocurre en las naciones de larga historia democrática y con un desarrollo socio cultural como las naciones europeas occidentales, Estados Unidos o Canadá.

Chile no escapa a esta realidad… Cada cuatro años nos jugamos la forma de vida y visión de país con la que deberemos comulgar cada vez que enfrentamos una nueva elección presidencial.  El resultado electoral puede determinar el progreso o retroceso del país, pudiendo continuar mejorando todo lo logrado en largos años de sacrificio, perder todo en un corto lapso de tiempo, o continuar un proceso de demolición lento y persistente al que nos pueden conducir a gobiernos ideologizados que quieren imponer una visión particular de la forma en que los chilenos “debemos vivir”.

Chile aún, a 44 años de los trágicos eventos vividos el 11 de Septiembre de 1973 continúa dividido. La primera vuelta electoral del 19 de Noviembre pasado demostró que Chile quedó conformado por cuatro conglomerados políticos:  Chile Vamos, la Nueva Mayoría, la Nueva Izquierda con el nombre de Frente Amplio y la extrema izquierda, felizmente muy disminuida. Así La derecha y centro derecha obtuvo un 44,5% de la votación, la Nueva Mayoría agregando los votos DC, sumados a  los votos de Navarro y Artés logró el 28% aproximadamente y la “nueva izquierda” representada por el Frente Amplio, que sigue los pasos del partido “Podemos” de España, obtuvo un 20%.

Paradojalmente, el progreso alcanzado por nuestro país con su consiguiente desarrollo, ha significado un alto consumo y endeudamiento a sus habitantes entregados al arbitrio del mercado, donde la falta de supervisión y control del estado a los grandes conglomerados que manejan la banca, la salud, las pensiones, la educación mantiene un persistente malestar especialmente en su agobiada clase media que debe luchar día a día angustiosamente para satisfacer sus necesidades.

Así, jóvenes generaciones que han disfrutado de muchísimas más oportunidades que aquellas que tuvieron sus padres, hoy pueden expresar una sensibilidad social que su mejor condición de vida les permite, así como un sentido de justicia y trascendencia del “como debemos vivir los chilenos” peligrosamente parecida a aquella que se vivió en la década del 60 y 70, que condujo al país a funestas y trágicas consecuencias.  

Ellos, estas nuevas generaciones, no conocieron, o deliberadamente ignoran que fue la  incapacidad de alcanzar consensos básicos que encauzaran el sistema político y económico; la búsqueda de imponer una visión mesiánica y totalitaria del “deber ser de nuestra sociedad”  la agudización de los conflictos a niveles incompatibles con la convivencia nacional, lo que llevó en la década del 70 a la destrucción de nuestra democracia.

De esta forma, nuestro país vivirá el próximo 17 de Septiembre una de sus elecciones presidenciales más importantes desde el plebiscito de 1988 que puso fin al gobierno militar, donde se vivirá no sólo incertidumbre respecto de los resultados, sino también el rumbo que podría tomar una triunfante  Nueva Mayoría, cuyo candidato empujado por los miembros de su coalición, especialmente el partido Comunista, y ansioso de captar votos en el Frente Amplio, ha explicitado su intención de  continuar y profundizar radicales cambios en lo político, social y económico.

Lamentablemente una vez más la tentación refundacional –  atizada por la existencia de más de dos millones de chilenos aún viven en la pobreza  y la ausencia de oportunidades de un alto número de nuestra población –  es cada vez más intensa en las nuevas generaciones.

Sin embargo, son precisamente estas deficiencias del sistema y las experiencias vividas en el pasado, e ignoradas en el presente, las que nos deberían impulsar a no abandonar el derrotero que hasta ahora se ha mostrado como aquél más eficaz para avanzar hacia un país más justo.

Parece ser entonces la economía social de mercado, con claros y mejores controles del Estado que garanticen una buen servicio a todos los chilenos, y que permita la verdadera competencia de los mercados, evitando las formas de conductas monopólicas, el «amiguismo» y las malas prácticas, que destruyen los fundamentos mismos de una sana economía de mercado, la  mejor forma para con que Chile alcance el desarrollo y la superación de la pobreza, y no precisamente el clientelismo del Estado, el populismo, el asistencialismo lo que nos permitirá una mejor calidad de vida

Los chilenos no debemos escuchar  los cantos de sirena que nos prometen alcanzar el paraíso en la tierra solamente estableciendo derechos, olvidando deberes, y cambiando las leyes. Por el contrario, debemos persistir  en la búsqueda de acuerdos y de dialogo que nos permita alcanzar una sociedad mejor.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.