Así fue el duro «cara a cara» entre José Antonio Kast y Beatriz Sánchez en “Estado Nacional”

Los ex candidatos presidenciales se enfrentaron en el programa de TVN.

Por Nathaly Lepe, Agencia UNO/ Aton  Domingo 25 de marzo de 2018

Ya se había anunciado que el enfrentamiento podría estar duro, cuando se dio a conocer que el ex candidato presidencial José Antonio Kast sería uno de los invitados del programa Estado Nacional, de TVN, para hablar de su movida semana.

El ex parlamentario se refirió a la golpiza recibida en Iquique, durante una actividad en el campus de la Universidad Arturo Prat y responder a quienes califican su discurso como violinista.

En su intervención, Kast emplazó directamente a la también ex candidata presidencial y ahora penalista del programa, Beatriz Sánchez, a que condenara de manera pública las agresiones que sufrió en el norte del país.

Sin embargo, no obtuvo la respuesta esperada y comenzó un enfrentamiento verbal entre ambos luego que la periodista afirmara que “bajo ningún aspecto se tolera la violencia. Nunca he estado en hechos de violencia y cada cosa que pasa así violenta, me agrede. La violencia no parte ni termina con lo que te pasó. Lo que me queda dando vueltas es que en Chile hay violencia de forma permanente, hay violencia en redes sociales, hay violencia contra nosotras las mujeres, hay violencia en La Araucanía”, le dijo.

Sánchez recordó que ella también fue víctima de los adherentes de Kast con violentos ataques en las redes sociales. “En ese minuto no vi que sacaras la voz para defenderme, tampoco he visto que saques la voz en otros temas de violencia, sobre todo en nuestra historia de violencia reciente con cientos de víctimas de torturas y desapariciones forzosas. Ahí también hay una violencia… Y yo no veo que estés presente apuntando que esa violencia es inaceptable“.

Kast devolvió el golpe argumentando que  la ex candidata presidencial del Frente Amplio “relativiza” lo ocurrido.

“Una cosa es que yo tenga una postura clara y definida del Gobierno Militar, respecto de lo que es la inmigración (…) Esto es lo mismo que hace Carlos Montes cuando dice que soy provocador. Tú eres panelista estable de este programa, tienes hoy un rol de comunicadora que es importante, tú aquí deberías haber dicho que lo que dijo el PC ‘mátenlo’, no has dicho nada. Tienes todas las posibilidades de hablar”.

 

Dando cara

Por Pablo Ortúzar M, Antropólogo social

La izquierda hace bien en temer a José Antonio Kast. Pero no parecen comprender la profundidad del problema en que están metidos, porque hace mucho que ya no piensan ni aprenden. Por eso salen a combatirlo con dibujitos de Pictoline, escupos y patadas. Por eso la turba que lo agredió en Iquique se sentía exultante en el momento en que lo cubrían de legitimidad sacrificial. Por eso el Frente Amplio sacó una declaración justificando tibiamente la agresión y luego la borró.

Piensan que Kast nació ayer. Que no carga con lecciones históricas. Que no tiene una estirpe política. Piensan que basta reírse de que sea rubio, gritarle “nazi”, adjudicarle todo el rosario de “algofobias” y tirarle unas patadas para exorcizarlo. Piensan que no está jugando en serio. Que lo van a asustar o avergonzar. Que, al final, ellos ya ganaron porque están “en el lado correcto de la historia”. ¿Por qué se expone así? ¿Por qué va a meterse a la boca del lobo? No tienen idea. Por eso se ríen.

Lo que no saben es que Kast no inventó la estrategia que ejecuta. Lo que Kast está haciendo es aplicar la fórmula ganadora que Jaime Guzmán utilizó en las poblaciones de Santiago durante los ochenta, con la ayuda de su hermano, Miguel Kast. Poblaciones que siempre fueron de izquierda, cuyos nombres, borrados por la dictadura, remitían a Cuba y a Vietnam. Poblaciones donde al principio los recibieron con escupos, piedrazos y tiros. Y en las que, al final, la UDI se hizo fuerte y su radical anticomunismo, popular.

Esta visión de un partido de derecha popular anticomunista Guzmán tampoco la inventó. La tomó de otro José Antonio, español, apellidado Primo de Rivera. Un discípulo de Guzmán me dijo una vez que el asesinado senador era “un primorriversita consecuente”. Y Kast es, a su vez, un guzmanista consecuente, a diferencia del mediocre y dudoso raspado de olla que predomina hoy en la UDI.

Las universidades de hoy son las poblaciones de ayer. Ahí está el caldo de cultivo político. Y Kast está decidido a meterse en los cotos de caza de la izquierda. La reacción violenta de sus enemigos le es totalmente funcional: confirma exactamente la descripción que Kast hace de ellos, lo legitima como víctima, le da un tremendo eco mediático y demuestra que esas instituciones están hoy tomadas por patotas militantes. Basta, por ejemplo, ver la cómica carta de los “funcionarios académicos” de la Arturo Prat, justificando la agresión. Por último, la izquierda política se fragmenta ante estos hechos de barbarie: algunos condenan, otros justifican un poquito, otros aplauden, y así.

A la estrategia guzmaniana Kast le suma elementos comunicacionales de última generación, tomados de la derecha popular estadounidense o “Alt-right”. Y el resultado que va urdiendo es una voluntad rebelde de derecha. Una mística militante. Un antisocialismo del siglo XXI. Una plataforma sobre la que dentro de poco el líder repetirá “nos odian porque nos temen, y nos temen porque nos saben irreductibles”. Y será cierto.

 

Es que le temen

Por Axel Buchheister Rozas, Abogado

La dura agresión que sufrió José Antonio Kast en la Universidad Arturo Prat de Iquique mereció condena general pero no fue unánime. Porque algunos, luego de despachar la reprobación de rigor, agregaron comentarios que tendían a culpar al propio agredido.

Comentario aparte merece la declaración de académicos y administrativos del plantel de propiedad estatal, la que ni siquiera cumplió la formalidad de condenar la agresión sino que la aprovechó para hacer público su rechazo a la presencia de Kast en el lugar. Y cómo no recordar que días antes la Universidad de Concepción, entidad privada que se precia de tolerante, pero que además recibe ingentes recursos públicos, le impidió exponer ante sus alumnos con un pretexto burdo.

El doble estándar del Frente Amplio fue evidente. Luego de la formalidad de expresar condena, desde el púlpito de los poseedores de la verdad sentenciaron que el “odio debe terminar” y que Kast es su “incitador permanente” (Vlado Mirosevic) o que “promueve un discurso de odio” (Giorgio Jackson). Coincidió con ellos el comunista Daniel Jadue, pues dijo condenar la agresión “a pesar del odio que profesa día a día”. ¿Cuándo Kast ha incitado o profesado el Odio? Cualquiera que haya seguido su trayectoria sabe la respuesta: ¡jamás! Interpelados los autores de esos comentarios u otros opinantes afines, dan explicaciones que al final solo se pueden leer de una manera: porque opina distinto de la verdad objetiva que nosotros proclamamos. La intolerancia misma. Pero sin duda lo más grave fue la opinión del presidente del Senado:

“Hay ciertas señales de que José Antonio Kast anda en una actitud un poquito provocadora también (…) Yo lo llamaría a él a tener más moderación”. Por su alta investidura se habría esperado otra cosa. Cree el senador Montes que adicionando un diminutivo se sostiene una falacia, pues, ¿a qué se refiere con pedir “moderación”? ¿Acaso que Kast se guarde ciertas opiniones legítimas para no molestar a la izquierda o que no concurra a una universidad estatal para no provocar a las hordas violentas que moran en ella? ¡Vaya convicciones democráticas!

Lo que hay detrás de todo esto,es que a Kast le temen; y por eso intentan descalificarlo, presentándolo incluso como agente del odio. Le temen porque pone en jaque el modelo de debate que por muchos años ha prevalecido en Chile, hábilmente impuesto por la izquierda para su beneficio, en que ella es la que fija el marco de discusión y la única que posee autoridad moral.

En suma, le temen porque es un político que se atreve a desafiarlos en su base dialéctica de poder. Chile necesita a más como Kast, porque ya basta del discurso monocorde. Somos los chilenos, que oyendo opiniones y versiones de lo que es la verdad, los llamados a decidir con nuestro voto quién está en lo correcto; no la izquierda.

 

Blancanieves según la Madrastra

Columna deJoe Black

Había una vez un libro de cuentos que compré en un lugar de Santiago de cuyo nombre no puedo acordarme. Era «Blancanieves y los siete enanitos», pero tenía una curiosidad: si uno lo abría de frente aparecía la historia tradicional, contada desde el punto de vista de Blancanieves (madrastra perversa que la envidiaba y quería su muerte lo que la obligaba a buscar refugio con los enanos); pero si uno lo daba vuelta se encontraba con… ¡la versión de la madrastra!

El libro me produjo gran impacto. Según recuerdo, la madrastra contaba que Blancanieves era una joven rebelde y engreída, que se fue de la casa por su entero gusto a gozar de la vida disipada que le permitían los enanos y que cuando ella la fue a buscar para traerla de regreso al orden la muchacha simuló un envenenamiento y al final se terminó emparejando con el primer tipo regio y adinerado que pilló.

No pude evitar comprar el libro de regalo para mis hijos. Me pareció útil que supieran desde chicos que para todo siempre puede haber dos versiones. Aunque algunas sean inverosímiles y hasta absurdas.

Me acordé de este episodio esta semana con los alegatos del juicio entre Chile y Bolivia en La Haya. Vi a la madrastra de Blancanieves proyectada en el rostro anguloso de Evo Morales cuando los abogados que contrató dijeron que la Guerra del Pacífico «pilló por sorpresa» a Bolivia, ya que la había provocado Chile. O cuando dijeron que Bolivia no es un país más desarrollado por culpa de Chile. O cuando el mismo gobernante paceño tuiteó que «Antofagasta fue, es y será boliviana».

Insólito.

Pero seamos justos. Esta capacidad de «dar vuelta las cosas» no es ni por lejos un talento exclusivo de Evo Morales y sus abogados. También lo vimos esta semana en Chile.

Un ejemplo es lo que ocurrió esta semana en la Universidad Arturo Prat (que lleva el nombre de nuestro máximo héroe de la Guerra del Pacífico, ¡coincidentemente con lo de La Haya!). Sabemos que allí estuvieron cerca de linchar al ex diputado José Antonio Kast, quien iba a dar una charla al establecimiento. Y si bien la mayoría de las personas que opinaron sobre el tema estimaron que se trataba de un acto de violencia inaceptable, hubo algunos que jugaron a ser la madrastra de Blancanieves y contaron una versión opuesta de los hechos: dijeron que el provocador de Kast era el culpable de que le pegaran -usando el mismo tipo de argumento del tipo que justifica golpear a su mujer porque actuó de manera provocativa con el sexo opuesto en una fiesta-.

Otro ejemplo ocurrió con el anuncio del gobierno de que declaraba desierta la licitación del Transantiago. Tras conocer la noticia, varios ex funcionarios de la administración de Michelle Bachelet salieron a acusar que la decisión del ministerio de Transportes era improvisada, sin sustento técnico y que les causaría un daño a los usuarios. Yo vi eso y me pregunté: ¿No fue acaso el mismísimo Transantiago -nacido y criado bajo las polleras de Bachelet- una política pública improvisada, sin sustento técnico y que les causó un daño a los usuarios? ¿No es acaso una buena noticia que el Transantiago comience de una vez a ser reemplazado por otra cosa?

Es verdad que las historias pueden tener dos versiones. Pero nunca tanto.

Por la Razón o la Fuerza

Por Cristián Labbé Galilea

Los alegatos en la Corte Internacional en la Haya, a raíz de la insólita y extemporánea  reclamación de Bolivia -mejor dicho de Evo Morales- sobre una salida soberana al mar, coincidió con un viaje que había programado a Iquique, situación que me dio la maravillosa oportunidad de vivir y sentir –in situ- las motivaciones que despierta el tema en el hombre del norte.

Para el nortino, claramente el tema no tiene raíces geográficas, económicas o de otra índole… Para ellos esta es una cuestión histórica en la que sus antepasados -junto a soldados venidos de otras regiones del país- dieron su vida por mantener la soberanía de algo que nos ha pertenecido desde siempre.

Después de conversar con personas de las más variadas posiciones políticas, religiosas o económicas, pude comprobar que el asunto con Bolivia: “les hace subir la presión” y no se ahorran epítetos para referirse a Evo.

Existe en la zona la curiosa coincidencia de que gran parte de la abulia que padecen algunos se debe a lo poco que se estudia nuestra historia en los colegios; “por eso ahora han tenido que explicar con peras y manzanas que Bolivia no ha tenido nunca mar y si alguna vez lo pretendió, fue derrotada no sólo en el campo de batalla sino que también en el campo del derecho”.

Muchos de “los locales” se preguntan… ¿qué hacemos en la Haya?, y critican lo incauto que han sido nuestras autoridades al pensar que, porque nos asiste “el derecho y la razón”, el asunto no revestía mayor complejidad…  sería cuestión de “tejer y cantar”.

No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de que Evo Morales está “tocando una partitura compuesta en los países socialistas”… ¡Perpetuarse en el poder!, al mejor estilo de Putin en Rusia, de XI en China, de Maduro en Venezuela, de los Castro en Cuba, y para eso los mejores instrumentos son: el engaño, el chovinismo, el patrioterismo y todos los vientos que soplen a su favor.

Los más ilustrados coinciden en que este caso demuestra claramente los alcances de la manida posverdad, donde la razón cede paso a la emoción. Por lo mismo Evo Morales, sabiendo que no existen argumentos jurídicos ni históricos que respalden su alucinógena aspiración a mar soberano, ha esgrimido –apartándose del derecho- ruidosas manifestaciones emocionales para conseguir respaldos internos e internacionales.

Sean más o menos profundos los argumentos, igual al tratar el tema de Bolivia la presión se dispara. ¡En el norte siempre tenemos la bandera al tope…! Al llamar la atención de que el abanderamiento en Iquique no era muy notorio, siguió subiendo la presión, ¡no necesitamos poner banderas, la llevamos en el corazón… aquí, en Arica, en Antofagasta, en Calama, en todo el desierto, la historia se vive todos los días! (y no sólo se estudia).

Por último, hay algo que me queda claro después de conversar con el hombre del norte: el del Morro, el de la Esmeralda, el del Séptimo de Línea, con los herederos de los jinetes Cazadores del desierto, de las nobles cantineras y de las leales bombachas coloradas, que acompañaron a los viejos estandartes;  que no se cederá ni un centímetros cuadrado de terreno y, si alguien dudara, sería conveniente que por un segundo mirara nuestro escudo nacional y tomara cuenta de que el problema con Bolivia se arregla… ¡por la razón o la fuerza!

 

 

Chile en La Haya

Por  José Antonio Kast Rist

Una vez más, Chile vuelve a sentarse al banquillo. Una vez más, nuestros vecinos se dan el lujo de torcer los tratados y los límites fronterizos, para llevarnos frente a un tribunal internacional y poner en riesgo nuestra integridad territorial. Una vez más, y como siempre, el Ministerio de Relaciones Exteriores -de la coalición política que sea- lleva una delegación transversal para defender a Chile, en nombre de la unidad nacional. Como si eso bastara para resolver el problema.

Pero a diferencia de otras veces, la delegación actual fue infiltrada por el enemigo. Alejandro Guillier, con la candidez de siempre, propuso compensaciones territoriales para Bolivia y se abrió a la posibilidad de entregar una salida soberana al mar; Evo Morales no podía más de felicidad.

Aunque parezca anecdótico, lo de Guillier no es un hecho aislado: desde hace años que la causa boliviana ha ido ganando adeptos en la izquierda ideológica de nuestro país y no por nada, 4 de los 7 candidatos presidenciales, abiertamente apoyaron la salida soberana al mar de Bolivia y se pasaron al equipo de Evo Morales. Además, ahora esa posición tendrá expresión parlamentaria, dado que los diputados del Frente Amplio y algunos más de la ex Nueva Mayoría, apoyan con fuerza a la causa del país altiplánico, los mismos que defienden las dictaduras cubanas y venezolanas.

Chile tiene que cambiar de estrategia de manera radical. Si seguimos haciendo lo mismo de siempre, los resultados seguirán siendo LOS MISMOS: pésimos. Chile ya perdió territorio con Argentina, con Perú e inminentemente podemos tener un mal resultado con Bolivia. Ante la falta de carácter de la diplomacia chilena y la debilidad política que empezamos a ver en el frente interno, nuestros vecinos serán más hábiles y seguirán llevándonos a tribunales internacionales para arrebatarnos el territorio por el cual compatriotas nuestros ofrendaron su vida.

Por lo pronto, nunca más debemos dejar que un Senador que apoye a Bolivia se suba al avión de la delegación que nos representa en el extranjero. Segundo, alzar la voz con fuerza para denunciar el populismo de Evo Morales y sacar al pizarrón a aquellos políticos chilenos que traicionan a su patria y limitan la coherencia e integridad de nuestros postulados. Tercero, volver a repensar nuestra malla curricular, particularmente en historia, para ver de qué manera reforzamos la formación de nuestros jóvenes sobre valores básicos como el amor por la patria y el respeto por la historia de nuestro pueblo. Cuarto, debemos reforzar la seguridad en nuestras fronteras y replantear nuestra política migratoria – evidentemente en crisis- para determinar los principios y requisitos sobre las que se va a fundar la futura integración del país. ¿Cuál es la relación de una persona con un territorio? ¿Se exigirá algo más que un interés económico para permanecer en el país?

Por último, tenemos que revisar nuestra política de defensa y volver a situar a nuestras Fuerzas Armadas como un actor relevante de nuestro país. No puede ser que en los últimos años, la agenda militar haya sido la Ley Reservada del Cobre, las pensiones y los escándalos, y no hayamos puesto el foco en la reestructuración de la dotación, el fortalecimiento de la carrera militar o la actualización de nuestra tecnología de defensa. Pero con mayor énfasis, debemos revisar nuestra aproximación a definiciones críticas de la política exterior. Primero, ¿Por qué debemos mantenernos en el Pacto de Bogotá? Claramente la politización de ese tribunal y decisiones que poco y nada tienen que ver con el respeto del derecho internacional hacen dudar de nuestra afiliación al mismo. ¿Para que seguir validando algo que funciona mal y que va a seguir legitimando la exacción de nuestro territorio?

Segundo, y más importante aún, Chile tiene que asumir el liderazgo político regional. No podemos seguir siendo observadores pasivos de la depreciación democrática de Latinoamérica y que líderes dictatoriales, como Evo Morales y la dupla Maduro-Castro, puedan perpetuarse en sus naciones y pretendan imponernos estándares al resto. Los que deberían estar en el banquillo son ellos y es nuestro deber exigirles la responsabilidad que corresponda.

Chile no puede seguir de rodillas, ni humillado por tribunales internacionales que no respetan los tratados legítimamente firmados entre las naciones. Hay que ponerse firmes y de pie, exigiendo el cumplimiento, de los Tratados y el respeto por nuestra historia, tanto en el extranjero como al interior de Chile. Abandonar el Pacto de Bogotá es el primer paso

Inmigración…, ¿cual es el camino?

Por Roberto Hernández Maturana

Es un tema que crecientemente se toma la opinión pública, las redes sociales y los medios de comunicación, amén de  algunos sectores políticos que buscan sacar rédito del tema.

Los inmigrantes que llegan a nuestro país provienen mayormente desde Perú, Argentina, Bolivia, Colombia y Haití. Si en 1990 los inmigrantes residentes en Chile eran 184.464, según datos del Departamento de Extranjería, hoy son el 2.08% del total de la población chilena, calculada en 17 millones de habitantes.

En Chile, según datos oficiales, hay alrededor de medio millón de inmigrantes y siendo  los peruanos el30%, colombianos 13,6%, argentinos 11,9%, bolivianos 10,2%  y ecuatorianos 6,5%, mientras que el resto de latinoamericanos y del Caribe alcanzan al 16,5% (principalmente haitianos y dominicanos).

Hoy atraídos por la esperanza de oportunidades económicas y mejores condiciones de seguridad que en sus países de origen, gran cantidad de inmigrantes llegan a Chile imaginando un buen lugar para buscar una mejor vida.

Sin embargo La opacidad y desactualización de las políticas migratorias, hace que hoy se hable de operaciones irregulares por parte de empresas inescrupulosas que ingresan gran cantidad de personas en vuelos charter que traen su pasaje completo y retornan vacios a su lugar de origen. La PDI, por ejemplo registra que el ingreso de haitianos en 2016 fue de 47.027 a territorio nacional, mientras que en 2017 subió a 111.746, flujo que aumentó en un 138%. Para ingresar al país no se les exige visa de turista, sólo necesitan mostrar un pasaje de retorno, demostrar solvencia económica y acreditar el hospedaje, ya sea en un hotel o con algún contacto.

De esta forma, quienes llegan con menos calificación, viven en precarias condiciones,. Hoy se ve a gran cantidad de Haitianos en las calles de Santiago y otras ciudades de nuestro país  vendiendo limones de Pica, super 8, agua mineral etc ; sin dinero y siendo víctimas de abusos, tanto de otros migrantes como de chilenos. Muchos de ellos viven hacinados en conventillos del casco histórico de Santiago, donde son frecuentes los incendios por las defectuosas instalaciones eléctricas. Las deficientes problemas de salud, aumentan la presión de los ya colapsados servicios de salud del país.

Estas malas condiciones laborales para los migrantes, como la ausencia de empleos formales con las protecciones de derechos del trabajo respectivos,  daña los intereses no solo de los migrantes, sino que de todos los trabajadores chilenos.

Sin embargo a pesar de que muchos viven mal o ganan poco, se establecen en Chile porque igualmente les alcanza para enviar dinero «para la manutención de sus familias y los estudios de sus hijos» en su país de origen, o derechamente con la esperanza de radicarse definitivamente en nuestro país.

Quienes ven el lado positivo, argumentan que el aumento de la población migrante es una contribución a la riqueza y diversidad cultural de nuestro país y que hoy están llegando a ser un factor clave en algunos sectores económicos, como la salud pública y la minería. Del mismo modo recientes encuestas destacan algunos aspectos positivos en la visión que tienen los chilenos de los inmigrantes, a quienes reconocen, en términos laborales, como más educados, deferentes, puntuales y trabajadores que el chileno medio.

Por otra parte, cabe hacer notar que Chile aún no es uno de los países del continente americano con las mayores tasas de migración; hasta el año 2015 el porcentaje de migrantes respecto del total de personas en edad laboral según la ONU, alcanzaba a un 2.9% lo que representaba bastante menos que el promedio de la región (6.3%).

A lo anterior se debe agregar que en los países cuya población promedio envejece y que poseen mayores niveles de escolarización, las personas en edad laboral normalmente no alcanzan a llenar la oferta laboral que la economía puede ofrecer, lo que ha debido ser implementado en  políticas públicas relacionadas a migración en aquellos países que llevan años en esta cuestión como las naciones europeas. Chile requiere cada vez más mano de obra. Carolina Stefoni, directora del Magister de la Facultad de Sociología de la Universidad Alberto Hurtado indica recientemente que hoy gran cantidad de extranjeros ha encontrado trabajo en sectores como minería, agricultura, salud y construcción, donde existe un déficit de personal.

La inmigración es un tema que ha llegado para quedarse. Ella constituye  un proceso permanente en la historia de la humanidad siendo relevante en el desarrollo histórico de la civilización. Este proceso sin duda seguirá creciendo debido  a múltiples factores, siendo quizás el más inmediato el cambio climático sobre muchas regiones del mundo.

El creciente  debate sobre la migración en Chile debe ser una oportunidad que debe ser aprovechada con visión de futuro y para el bienestar de todos los chilenos, tanto para quienes nacimos acá, como para los que quieran venir a este país.

Hoy, de no encontrar soluciones oportunas, la falta de claridad respecto a la inmigración, así como la evidente falta de regulación y conocimiento de expectativas para esos inmigrantes serán causas de graves conflictos sociales.

El deterioro económico dejado por el saliente gobierno, el millón ochocientos mil chilenos en listas de espera en las redes de salud pública, el ejercicio informal de empleos en personas que al pasar de los años necesitará jubilarse recurriendo al “pilar solidario” afectando las pensiones de nuestros compatriotas, hace imprescindible implementar en este tema regulaciones y políticas públicas, en los distintos niveles del Estado, lejos de  actitudes  paternalistas y de  aprovechamientos electorales relacionados con la “inclusión”, sino que con la visión de estado de sus gobernantes que requieren todos los chilenos, los nacidos y los recién llegados a esta tierra.

La encrucijada de Carabineros

Editorial El Mercurio de Santiago, Sábado 17 de marzo de 2018

La designación de un nuevo general director de Carabineros (General Hermes Soto Isla) en los comienzos mismos del nuevo gobierno y la reestructuración completa del alto mando de la institución -de la que habrán pasado a retiro un alto número de generales en los próximos meses- pueden transformar la crisis de la policía uniformada en una oportunidad única para acometer su reforma y proyectar su labor.

No actuar a tiempo arriesga un proceso de debilitamiento que puede llevar a modificar su definición constitucional, o incluso a su división en diversas policías con funciones y bajo dependencias institucionales distintas.
Tres ámbitos destacan entre los más necesitados de un cambio cualitativo de envergadura. En primer lugar, la preparación técnica y profesional de los efectivos policiales. El gran incremento en la cantidad de personal y la adquisición de toda clase de implementos tecnológicos exigen una creciente preparación profesional de los carabineros. En las tareas de gestión, en los procedimientos propiamente policiales, y desde luego en la investigación de hechos delictivos, las competencias que manejan y los procedimientos que utilizan deben ajustarse a las necesidades actuales. Con algunas excepciones, el carabinero se encuentra a mucha distancia técnica del trabajo que sus pares de países desarrollados están en condiciones de hacer, independientemente de las diferencias de tipo organizacional y de especialización.
Un segundo aspecto es la supresión de los focos de corrupción e irregularidades en la administración de los recursos. En la institución y alrededor de ella existe un gran número de organizaciones, clubes, centros comerciales, prestadores de salud y otras entidades que se administran de un modo opaco, donde se reparten ascensos y cargos para mejorar jubilaciones, se favorece a parientes y conocidos en procesos de licitación o se financia la operación mediante descuentos por planilla, entre otras malas prácticas que van erosionando la moral tanto de los funcionarios que las implementan como de los que las padecen. Poner fin a todo esto es ineludible para recuperar a la institución en su función policial.

En tercer lugar, resulta indispensable reorganizar la administración del personal en función de los objetivos prioritarios, entre los que se encuentra el combate efectivo de la actividad delictual. En esta línea, es clave descentralizar aspectos de su gestión, convirtiendo a las comisarías en el verdadero núcleo de la actividad policial y dejando en segundo plano -con menos personal y recursos- a las estructuras centrales y servicios administrativos, tal como planteó en su momento el general Bernales. Con el mismo objetivo, urge revisar la primacía casi absoluta que hoy tienen los años de servicio entre los criterios de ascenso, incorporando con una mayor ponderación las consideraciones de mérito vinculado a los resultados alcanzados en la labor operativa.
Se trata de aspectos complejos de abordar, pero que están a la altura de la crisis que enfrenta la institución. No se pide más de la gestión del general Soto; pero tampoco menos.

 

 

Se viene La Haya

Por Hernán Felipe Errázuriz Correa

Los ex presidentes de la República y la delegación parlamentaria de todas las tendencias han dado un ejemplo de unidad nacional, se movilizan para defender la soberanía de Chile. Lo hacen sin las estridencias ni las payasadas del Presidente de Bolivia, Evo Morales.

Morales estará en las audiencias de La Haya para presionar a sus pomposos jueces. Sin precedentes, como parte de su coreografía circense, se autodesignó agente de una demanda instrumental para su perpetuación en el poder. La necesita para ser electo por cuarta vez y sine die. L’État, c’est moi. Presume de Luis XIV.

Nunca, hasta su ascensión al poder, había planteado Bolivia solicitar a la Corte «que declare que Chile tiene la obligación de negociar con Bolivia para otorgarle un acceso totalmente soberano al Océano Pacífico». Es decir, para forzar a Chile a ceder territorio a Bolivia.

A pesar de los cambios de posición y de las limitaciones que le impuso la Corte, Bolivia mantiene sus pretensiones territoriales.

Sin respaldo jurídico para esa fraudulenta obligación y sin fundamento en el derecho internacional, oiremos de Bolivia, plañideramente, una y otra vez, que hay un » historical bargain «, una obligación histórica que, como la presidencia de Evo, no se extingue, se renueva indefinidamente.

En los alegatos bolivianos habrá emociones y carencia de derecho internacional que las respalden. Serán impactantes las citas truncas y torcidas de declaraciones y notas diplomáticas. Habrá falsas versiones de la historia. Pretenderán dar folclóricos alcances a las negociaciones diplomáticas según los códigos de la pachamama y no del derecho internacional. Se omitirán los condicionamientos, limitaciones y verdaderas causas de negociaciones que no comenzaron o concluyeron sin éxito.
Tenemos sólidos argumentos y un calificado equipo de juristas para defender la posición chilena: Bolivia no tiene derecho ni Chile obligación para negociar territorio nacional. Van a desenmascarar las falsedades históricas y jurídicas bolivianas. Lo hizo antes el equipo de Felipe Bulnes, que eliminó la pretensión soberana de Bolivia, y lo hará el que dirige Claudio Grossman.

Morales preparó su aberrante demanda. En la Constitución de Bolivia pretendió anular el Tratado de Paz de 1904, que fijó definitivamente los límites entre Bolivia y Chile. En los meses previos a recurrir a la Corte, se hizo parte del Pacto de Bogotá, que nos obliga a recurrir a La Haya.

Conocedores de la paranoia, de la pleitomanía y de los trastornos megalómanos de Morales, debimos habernos retirado antes y entonces de ese pacto. Colombia lo hizo luego de la querulancia de Nicaragua. Argentina, Brasil, México y la mayoría de Latinoamérica no cayeron en la pesadilla de ese Pacto, bajo el politizado y costoso Club de La Haya.

Lo que está en juego en la Corte de La Haya no afecta únicamente a los habitantes de Arica y Parinacota: nos afecta a todos, está comprometida la soberanía de Chile. Convencido de tener la razón, Chile no puede estar dispuesto a entregar territorio aunque lo quisieran Morales y La Haya.

Los comunistas no son ninguna payasada

Por Cristián Labbé Galilea

Todo indica que los tiempos de tranquilidad están cambiando, bajó la temperatura ambiental y subió la política…: ¡Cayó el general Villalobos! ¡El ex-ministro Campos sigue dando explicaciones! ¡El senador Guillier “se fue de boca”! ¡El ex-fiscal Luis Toledo duró lo que dura un suspiro…! Para qué seguir.

Pero nada supera al espectáculo que dieron algunos personajes -si se les puede llamar así- durante la instalación de las nuevas autoridades. Fuimos testigos, en vivo y en directo, de lo que muchos llamaron “una sarta de payasadas”: el señor Alarcón, más conocido como Florcita Motuda (un verdadero alienígena), la diputada Jiles, que se hace llamar “la abuela” (seguramente temiendo que se la va a comer el lobo) y el vocalista del conjunto musical Sol y Lluvia, (de tropical guayabera y casaca de mezclilla) bufonescamente juraban como parlamentarios…. ¡Qué vergüenza!

Dirán que quien así piensa es: retrogrado, conservador, poco condescendiente, momio y mil epítetos más, pero en esos mismos días vimos cómo, en el parlamento inglés, en el congreso americano, en el partido comunista chino, en la Duma rusa, liberales y conservadores, vestían de rigurosa formalidad. ¿A caso son ellos menos demócratas, menos tolerantes, menos desarrollados? No, ellos son respetuosos de las formalidades mínimas que significan la alta responsabilidad de gobernar una sociedad, cualquiera sea su orientación política, social o económica.

Lo cierto es que en nuestro país hemos caído en una chabacanería vergonzosa y no es una actitud producto del azar, ni de los tiempos que se viven; es -ni más ni menos- que el interés de transgredir y anular cualquier rito republicano, y lo grave es que estas actitudes de intolerancia manifiesta y explícita no son percibidas en su real dimensión por los sectores políticos, sino que son vistas sólo como simples “payasadas”.

Payasadas que son mucho más que eso: son golpes persistentes y perseverantes al orden institucional, como por ejemplo las acusaciones del diputado comunista Hugo Gutiérrez quien, en su estilo rupturista, violento e intolerante, las emprendió contra el nuevo director de carabineros, entregando a la prensa antecedentes privados y secretos, además de irrelevantes, con el ánimo de socavar la autoridad institucional y nacional.

El diputado Gutiérrez olvida que el país está al tanto de que en su infancia le decían “el diablo” (por su virulencia); que fue abandonado; que fue recogido y después adoptado -en la comuna de San Bernardo- por un suboficial de ejército;   que le dio su apellido y que lo educó en los mejores colegios de Iquique y que, cuando el militar murió, desamparado después de una penosa enfermedad, el diputado no tuvo la humildad para asistirlo y menos acompañarlo a su última morada…

La historia (que habría preferido no relatar) da cuenta de que los comunistas, esos que muchos creen que ya no existen, están “vivitos y coleando”: se han quedado, por ahora, con la presidencia de dos comisiones claves de la cámara de diputados, -la de Constitución a cargo del mismísimo Gutiérrez la de derechos humanos a cargo de Carmen Hertz-; por ahora, porque durante el periodo presidirán nueve comisiones…

Nada de esto sucedería si los sectores políticos realmente republicanos y demócratas, se dieran el trabajo de leer la Declaración de Principios del Partido Comunista chileno, así podrían comprobar que la vaguedad allí maliciosa y mentirosamente declarada, ¡no es ninguna payasada!

“Que Llueva… que Llueva, la Vieja está en la Cueva…”

Por Cristián Labbé Galilea
Los días que vivimos son de la mayor relevancia para el futuro del país. Me refiero a la instalación de un nuevo gobierno. Subrayo el concepto de instalación… por encontrar que el tan usado término: “cambio de mando”, no representa bien el hecho republicano de que nuevas autoridades, elegidas democráticamente, asuman en el poder legislativo y ejecutivo.
Dicha relevancia está dada además por la situación en que nos encontramos en estos momentos: descansados después de un ajetreado verano, donde siempre sobran las historias y escasean los recursos; respiramos auspiciosas expectativas, podemos esperar que habrá desarrollo y, si las cosas se priorizan bien, habrá solución para los problemas sociales más urgentes.
En general, se piensa que el nuevo gobierno abordará con realismo los problemas de seguridad, de la infancia vulnerable, de la Araucanía, de las migraciones descontroladas… y además, “nos ganamos el Oscar”. ¿Qué más se puede pedir?
Pero, por más quietas que estén las aguas y buenos los ánimos, no se nos puede olvidar el sabio refrán que advierte que: “un mar tranquilo nunca ha hecho buenos marineros”. Una buena y competente tripulación debe saber “leer en el horizonte”, por más calma que esté la mar, los síntomas de posibles tormentas.
Dicho sea de paso, negros nubarrones han ocurrido, con escasa visualización, en estos días.  Un viejo general de la Fuerza Aérea murió en Punta Peuco después de una penosa enfermedad terminal y de que se le haya negado morir dignamente en su casa; nueve oficiales del Ejército -entre ellos un general- que el 73 eran meros subalternos fueron detenidos por situaciones ocurridas hace 45 años; entre “gallos y medianoche” el fiscal del caso Caval -donde está involucrado el hijo de la presidente-  es nombrado notario; ni hablar del “legado” de la presidente Bachelet y de todos los personajes de su gobierno que quedaron apernados en la administración pública.
Son muchos los indicios de que las cosas no están todo lo bien que parecen y, lo que es más grave, a muy pocas personas pareciera interesarles o importarles… “qué se le va a hacer, así están las cosas, ese es el mundo actual”.
Lo peligrosa de esta actitud es que, sin darnos cuenta, nos estamos cocinando a fuego lento, no nos damos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor. Niños de jardín infantil cantan y bailan la canción de Maluma “Felices los cuatro…” y a sus padres no les llama la atención la letra: “tranquila que no creo en contratos/ (y tu menos) te acepto el trato/ y seremos felices los cuatro/ y si con otro pasas el rato/ Vamos a ser Felices los cuatro/ y te agrandamos el cuarto”
Ya nadie se sorprende que el símbolo del día de la mujer haya sido un “no mujer”… ¿dónde quedaron Fresia, Carmela Carvajal de Prat, Violeta Parra y tantas otras?
Es cierto, el mundo ha cambiado, hay que ser tolerante y aceptar la diversidad, pero otra cosa es que ese sea el modelo que se quiere; y nadie es tan puritano para pedir que los niños vuelvan a cantar “La mar estaba serena”, “Yo tenía diez perritos” o, “Que llueva que llueva, la vieja está en la cueva”…
Asumamos, las cosas están yendo demasiado lejos… ¡Las dificultades están destinadas a despertarnos, no a desalentarnos!

La “Gran Batalla”, por Chile

Por Christian Slater Escanilla.

Creo que se nos viene por delante una gran oportunidad. El 05 de abril del 2018, con un Presidente y un Comandante en Jefe del Ejército, recién asumidos, celebraremos los 200 años de la Batalla de Maipú. Esta “Gran Batalla” -para ser breve- marcó la independencia definitiva de Chile y el inicio de la derrota de los realistas y sus colonias en América del Sur. Sus repercusiones estratégicas y geopolíticas son muy claras. Con el financiamiento y el apoyo del Gobierno de O´Higgins, se organizó la Primera Escuadra Nacional que permitió, bajo la bandera de Chile -esta vez, con tres estrellas- trasladar por mar a la Expedición Libertadora al Perú. Logrando, junto con el General venezolano Simón Bolívar, que avanzaba por el norte, la derrota y expulsión de los realistas de América del Sur. Con ello se puso fin a más de 300 años de dominación española. 

Hay una potente imagen que recuerda dicha batalla. Me refiero al “Abrazo de Maipú”. Ese abrazo entre el General Bernardo O´Higgins y el General argentino José de San Martín. Un abrazo que deberíamos repetir y exportar. Una oportunidad para acercarnos. Entre chilenos y países amigos.

Este acontecimiento, de importancia estratégica para nuestra independencia y la de América del Sur, no puede quedar solo bajo la responsabilidad y los esfuerzos de un Ejército y una Municipalidad. Debería ser un compromiso republicano, de todo el país y su Presidente. Una oportunidad para lucir con orgullo y liderazgo nuestra nacionalidad chilena, al alero del Templo Votivo de Maipú, bajo el manto protector de la Virgen del Carmen y junto a los custodios de esta histórica tradición de fervor patriótico y religioso: La Escuela de Suboficiales del Ejército de Chile, la Ilustre Municipalidad de Maipú y la Iglesia Católica.

by by Michelle

Por Roberto Hernández Maturana

Michelle Bachelet ha dejado el gobierno del país y lo ha hecho en el escenario opaco que caracterizó su presidencia:

  • El caso CAVAL que marcó a su familia, y el extraño (por decir lo menos) nombramiento como notario de San Fernando de un ex fiscal que llevó el caso en un principio sin mayores avances, nombramiento en el que el propio ex ministro de justicia de la presidenta manifestó a la prensa que su candidato era otro.
  • La presentación ante el congreso para su discusión en los últimos días de su gobierno, el 6 de marzo pasado, a cinco días de terminar su mandato,  firmó el proyecto de ley de reforma constitucional que establece los contenidos de una nueva carta fundamental para Chile, algo que la mayoría de los chilenos no le demandó y que nunca estuvo en el programa del nuevo presidente electo Sebastián Piñera, que obtuvo casi un 55% de los votos el pasado 17 de diciembre de 2017.
  • El déficit fiscal que le hereda al nuevo gobierno de – 2,1%, , siendo que el proyectado anunciado por su propio gobierno era de -1,7%, lo que deja al nuevo gobierno con un menor espacio de gasto disponible para toda la agenda económica para el desarrollo del país.

  • Su patética falta de resolución sobre el cierre del presidio de Punta de Peuco que cruelmente estiró hasta el último minuto (literalmente), cárcel donde permanecen más de un centenar de presos políticos militares, la gran mayoría ancianos, varios de ellos con enfermedades terminales, sin contar además a los ya fallecidos cumpliendo condenas y a otros muchos condenados ex uniformados en otras prisiones del país, aumentando inútil y cruelmente el sufrimiento no solo de los presos y sus familiares, sino incluso jugando hasta con las expectativas de los partidarios de su gobierno y de quienes lucran con el asunto de los derechos humanos.

Se va con un discurso de haber dejado un país “más justo”, más “inclusivo”, mas “igualitario”, temas con los que la izquierda suele comprar la conciencia de los votantes, que parecen no percatarse que no es la adopción de esas ideas, sino la evolución natural de las sociedades democráticas  las que llevan inevitablemente a la obtención de esas conquistas sociales, conquistas que por lo demás no se respetan en ningún país gobernado por gobiernos comunistas o socialistas, en los que se regula y controla hasta las redes sociales y el internet.

Se va Michelle con el logro de haber hecho crecer el estado – no el país – a través  de la innumerable creación de cargos y puestos parasitarios del aparato estatal, a través de representaciones, de subsecretarías, de organizaciones nacionales, regionales provinciales etc  que proclamando los derechos humanos (para un solo lado), de la mujer, de la equidad, del niño (curioso, basta ver el estado del SENAME), de los indígenas, de las minoría sexuales, etc., ha engrosado el aparato estatal en forma ineficiente, todo ello con cargo a los impuestos de todos los chilenos.

El gobierno saliente logró enquistar miles de funcionarios militantes, vociferantes partidarios que seguramente buscaran “hacérsela difícil” al nuevo gobierno, proclamando los muchos derechos que alguien tiene que pagar porque nada… nada es gratis,  y olvidando como siempre esos molestos “deberes”.

Sin duda el gobierno entrante deberá iniciar un cambio cultural en que finalmente los chilenos podamos comprender que las verdaderas conquistas sociales se logran no parasitando al Estado, ni a través del conflicto social, si no con el esfuerzo de todos, mediante una permanente evolución inherente a las democracias, donde el fin del estado es el bien común general, estando al servicio de la persona y no al revés; donde la posibilidad de tener un ámbito de vida y actividad propia independiente del Estado,  sólo sometido al superior control de éste desde el ángulo del bien común, sea donde resida la fuente de una vida social en que la libertad ofrezca al mérito y al esfuerzo personal alternativas para su desarrollo; un Estado donde se  respete la propiedad privada y  la libre iniciativa; donde la justicia e igualdad ante la ley, obligue a todos a cumplirla sin privilegios ni excepciones;  un Estado en fin, donde no se fomente la mediocridad que ha caracterizado a la política nacional en el último tiempo, donde se llegó a decir que había que quitarle los patines a los colegios particulares, a fin de nivelar hacia abajo la educación privada al  compararla con la educación pública, algo muy característico de los estados socialistas.

 Adiós Michelle y que tu descanso sea largo, seguramente nuevos planes y proyectos ya ocupan tus cavilaciones…, ojala todos ellos los desarrolles lejos de este Chile que por el momento necesitará trabajar duro para recuperar el tiempo perdido

 

Una Constitución fantástica

Por Carlos Correa Bau, Consultor en opinión pública. Ex Secom (s)

Como en una lista de útiles escolares pendientes antes de marzo, el gobierno anunció que enviaría al Congreso el proyecto de cambio constitucional. Para esa tarea, consideró que no era necesario preguntarles a los partidos que conforman la alicaída coalición oficialista. Nadie calculó que la Nueva Constitución podría constituir un clivaje para diferenciarse de la derecha y, por tanto, colocar a los partidos en la foto les iba a permitir, cuando estuvieran en la oposición, marcar a Piñera con este tema. El enojo evidente del oficialismo fue mucho más allá de las declaraciones de estupor; incluso en el PS, el único partido que aceptó el ninguneo presidencial.

Esta torpeza para tratar uno de los proyectos emblemáticos de la centroizquierda busca justificar cómo el gobierno dejó pasar el calor del momento constitucional que se produjo en el 2016. En ese año, más de 100 mil personas participaron en los llamados Encuentros Locales Autoconvocados (ELA), donde se sentaron a hablar sobre el modo de organizar el país que querían.

Una posterior campaña comunicacional difícil de entender y que se centró más en decir que se estaba haciendo una nueva Constitución en vez de contar la riqueza de dichos ELA bajó la temperatura ambiente. También los propios problemas de gestión interna agregaron elementos para aligerar los ímpetus ciudadanos. Si se busca la prensa de ese entonces puede leerse la larga lista de descoordinaciones entre Segpres y la Segegob sobre el tema constitucional.

Desde el punto de vista político, tampoco se ve un asunto de mucha viabilidad. Le queda poca vida a esta legislatura, por lo que será un nuevo Congreso al que le toque discutirla. Ahí el gobierno actual no tiene tantos aliados como cree. La derecha, aunque no hizo mayoría, creció proporcionalmente en ambas cámaras e irrumpió el Frente Amplio, coalición para la que cualquier proyecto que no incluya la frase mágica “Asamblea Constituyente”, va a tener el rechazo completo.

Este acto de irresponsabilidad política dañará aún más a la Nueva Mayoría, que se lleva una humillación adicional para el camino por el desierto. Aunque en La Moneda suelen hablar de fuego amigo, la verdad es que ninguna de las grandes iniciativas legislativas del gobierno ha tenido oposición dentro de las filas oficialistas. Dichos partidos también pagaron electoralmente los descalabros de Palacio y se enfrentan a una noche larga, donde lo que menos necesitan es un acto de maltrato final. Pareciera que para algunos el futuro de la centroizquierda es secundario ante la monserga del legado.Un símbolo de dicha filosofía que impera en Palacio es que en los propios actos de despedida se ha dejado fuera a los partidos y se ha armado una especie de Cámpora militante para organizar dichos actos.

El nuevo proyecto llega en un momento inoportuno en las conversaciones con el Frente Amplio para constituir mayoría en el nuevo Congreso. Una Constitución que tenga puntos de discordia entre el progresismo, la DC y el Frente Amplio, podría volver a enervar los ánimos con el riesgo de volver a punto cero y con ello dejarle el congreso a la derecha.

En todo caso, en los pasillos de los partidos oficialistas no se ve mucha seriedad a este asunto constitucional de última hora. Lo miran más como una puesta en escena cinematográfica hecha para despedir a la Presidenta con la sensación de deber cumplido. Parafraseando a la más exitosa película chilena de los últimos tiempos, podría llamarse entonces Una Constitución fantástica.

Movimiento de Kast ficha a ex alcalde Labbé y mayoría de sus adherentes tienen menos de 45 años

Ad portas de concretar una de las promesas de su campaña se encuentra el ex candidato presidencial José Antonio Kast: la constitución de un movimiento político.

El ex UDI hizo el anuncio a través de su cuenta de Twitter el pasado 26 de enero, con un video en que hace un llamado a sus adherentes a inscribirse en la página web http://www.kast.cl, en la que deben ingresar una serie de datos como, por ejemplo, el sector laboral en el que se desempeñan, su nivel educacional y cuáles son sus intereses programáticos y temáticos.

Una vez que la persona se inscribe, recibe información del movimiento en formación, entre ellos, un documento llamado “Nuestra Identidad”, en el que se detallan características del movimiento, como “desde y para las personas y que defiende la vida desde la concepción hasta la muerte natural”, “ que busca el bien común y que defiende la patria”, “que rechaza la violencia y, particularmente, la delincuencia, el terrorismo y el narcotráfico, que amenazan gravemente el futuro de la sociedad chilena”, y “que cree en la propiedad privada y defiende el mérito y el emprendimiento como los motores de la sociedad”, entre otros.

5.000 personas aproximadamente, según sus administradores. La Fundación Influyamos – formada después del éxodo de un grupo de militantes de la UDI, entre ellos el propio Kast- recopiló los datos de los adherentes y los analizó para elaborar un perfil en el que muestra una marcada presencia de inscritos menores de 45 años, quienes suman el 66,6% de los registrados.

El segmento de 18 a 29 años alcanza el 31%, mientras que el de 30 a 44 años llega al 35,6% del total. Asimismo, el rango entre quienes tienen 45 y 59 años corresponde al 19,6% y, finalmente, sobre 60 años se encuentra el 13,7%. “Antes ser rebelde era ser de izquierda. Creo que muchos jóvenes se aburrieron de ese estereotipo y quieren ser ellos mismos. Hay muchos que eran absorbidos por el asambleísmo, por las marchas masivas y hay una cantidad de jóvenes que quizás no marchaban y no tenían voz y que hoy día están empezando a sacar la voz”, asegura Kast.

En cuanto a la distribución territorial, el estudio de Influyamos arrojó una masiva presencia de adherentes en regiones. Es así como aparece liderando en participación -en relación a la población total de la región- Los Ríos, seguido de Magallanes y en tercer lugar Valparaíso. En cuanto a educación, uno de cada cinco adherentes cursó estudios superiores en un CFT, alrededor de la mitad son universitarios, de los cuales uno de cada tres viene de universidades regionales, mientras que el 10% de quienes se han inscrito en la página web no tiene ningún tipo de educación formal.

El sábado 3 se realizaron en todas las regiones del país unos 60 cabildos, en que los adherentes al movimiento de Kast se reunieron para conversar acerca de los lineamientos y principios que tendrá la colectividad, además del nombre que llevará, lo que aún está pendiente. Fines de marzo, en tanto, es el plazo final para determinar cómo se llamará el movimiento.

Entre quienes ya se han integrado y tendrán un rol durante la realización de los cabildos está el ex alcalde de Providencia Cristián Labbé -quien organizará uno en esa comuna- y Javier Leturia, uno de los fundadores de la UDI, quien realizará un encuentro en Las Condes. También la vocera de la Confederación de Padres y Apoderado de Colegios Particulares Subvencionados de Chile (Confepa), Érika Muñoz (UDI), a pesar de que no se ha inscrito formalmente, participará de un cabildo en Viña del Mar. “Es importante que los movimientos puedan generar estos espacios con sus adherentes, con sus simpatizantes, donde nosotros podamos compartir opiniones, donde seamos tomados en cuenta, pero también donde seamos parte activa de la formación de todos los ideales que van a mover este tipo de cosas”, plantea.

!Exijo una Explicación…!

Por Cristián Labbé Galilea

A punto de iniciar estas líneas, las que pensaba dedicar al guirigay que hay entre el gobierno, la fiscalía, carabineros y la PDI, donde cuesta creer quién miente y quién dice la verdad, donde la machi Linconao aparece ahora como una “blanca paloma” y donde todos saben -pero nadie deja entrever- que las filtraciones en la fiscalía se deben a líos de faldas del fiscal, revisé la prensa y quedé… “épaté”.

Uno de los diarios de mayor circulación del país, a raíz del cambio de gobierno, anunciaba como gran cosa y con titulares de portada: “Autoridades salientes y entrantes protagonizan inédita jornada de reuniones bilaterales…” ¡Quedé turulato!

Busqué reacciones. Llamé a uno de mis viejos amigos con quien vivimos -en condiciones muy diferentes- una experiencia similar, hace la módica suma de 28 años. La respuesta fue lacónica: “que te sorprende, nunca se reconocerá lo ejemplar que fue la transmisión del poder cuando Pinochet le entrego el gobierno a Aylwin el año 90”.

Pensé, ¿cómo era posible que la infame y pertinaz campaña destinada a destruir la imagen de quien -en los 70- derrotara a la izquierda y que encabezara un gobierno tan exitoso, hubiese logrado amilanar incluso a sus partidarios?

¿Cómo se puede olvidar que, en una fecha similar, el año 90 el gobierno militar entregó el poder a un gobierno civil, su encarnizado opositor, con toda formalidad y transparencia, en un acto pleno de respeto cívico el que fue admirado por el mundo entero, y al que asistieron varios mandatarios y autoridades internacionales, partiendo  por el vicepresidente de los Estados Unidos?

Habiendo formado parte, por disposición del Presidente Pinochet, de la comisión de traspaso del mando, y siendo el encargado de las comunicaciones de su gobierno como ministro de estado, puedo dar fe de que se trató de momentos muy especiales.

Carlos Cáceres, Jorge Ballerino y Hernán F. Errazuriz, por un lado, y por el otro Edgardo Boeninger, Enrique Krauss y Enrique Correa, fueron reuniendo a quienes entregaban y a quienes asumían, ministerio por ministerio, servicio por servicio, en un clima republicano, nunca antes visto.

Eran los finales de los 90; la guerra fría estaba en sus últimas horas, había caído el muro de Berlín, se daba cuenta del término del apartheid en Sudáfrica, la unificación alemana marcaba el triunfo del mundo libre sobre el socialismo soviético y Francis Fujuyama proclamaba “El fin de la Historia”. Chile se había anticipado a los tiempos: dieciséis años antes había tomado el camino correcto.

El país mostraba un claro regocijo; Aylwin y quienes llegaban al poder, así como Pinochet y las Fuerzas Armadas que entregaban el gobierno, no ocultaban su satisfacción en una republicana ceremonia de transmisión de mando. Los militares honrábamos la palabra empeñada e instalábamos el concepto de “misión cumplida”…

Fueron momentos de paz, de respeto y de reconocimiento que duraría poco. El mundo político iniciaría muy luego su lenta y sistemática metamorfosis hasta llegar al clima de represalia e inquina que prevalece hasta hoy frente al gobierno militar.

A días del cambio de mando y al comprobar, una vez más, cómo se va cambiando la historia, no me queda más que decir (como Condorito), ¡Plop, Exijo una explicación!

 

Reclusos con enfermedades terminales

Editorial El Mercurio de Santiago, 4 de Marzo de 2018

El ministro de Justicia ha defendido públicamente el proyecto de ley presentado a fines de enero que modifica diversos cuerpos normativos para regular la situación de los reclusos que padecen una enfermedad terminal o cuyas facultades mentales se encuentran severamente disminuidas. Esta defensa destaca por los esfuerzos que realiza el ministro para justificar las disposiciones del proyecto que establecen diferencias entre los condenados por crímenes considerados de lesa humanidad y el resto de los reclusos. Cabe recordar que la propuesta plantea que si durante la ejecución de una sentencia se diagnostica al condenado una enfermedad terminal, el juez puede reemplazar la pena original por la de reclusión domiciliaria total. No obstante, si el enfermo terminal está condenado por hechos constitutivos de delitos de lesa humanidad, solo podrá acceder a esta sustitución si previamente suscribe una manifestación pública de arrepentimiento por los hechos que le atribuye la sentencia.

Esta exigencia de suscribir una manifestación pública de arrepentimiento parece particularmente violenta, en especial si se tiene en cuenta que justamente en esta clase de delitos los condenados suelen mantener, con mejores o peores razones, pero en todo caso válidas desde el punto de vista de la libertad de conciencia, la convicción de su inocencia. Algo similar ocurre con la obtención de permisos de salida, libertad vigilada y reducción de la pena para los condenados por esta clase de delitos. Aparte de cumplir con los requisitos establecidos para cualquier interno, deben aportar antecedentes serios y efectivos de los que tengan conocimiento en causas criminales por delitos de la misma naturaleza, y además deben demostrar su arrepentimiento de diversos modos regulados en el proyecto de ley.

Lo anterior explica que se haya objetado que el proyecto, tal como está, no solo resultaría contrario al derecho a la libertad de conciencia -pues una cosa es aceptar y cumplir una condena pronunciada por un tribunal y otra muy distinta es considerarse subjetivamente culpable-, sino además contradictorio con sus propios fundamentos humanitarios. En este mismo sentido, puede resultar incluso cruel e inhumano que a una persona se le niegue una reducción de condena porque no está en condiciones de aportar antecedentes adicionales a los que ya arrojó la investigación, sea porque no los conoce o porque tales antecedentes simplemente no existen.

El establecimiento de un régimen de sustitución o mitigación de la pena para presos con enfermedad terminal o cuyas facultades mentales se encuentran muy deterioradas es una exigencia de humanidad, con independencia de que ella esté recogida entre los estándares de algún acuerdo internacional.

Si el proyecto obedece a razones humanitarias, no puede establecer diferencias en función de consideraciones ajenas a la condición humana de sus beneficiarios. Esta es precisamente la diferencia entre lo que se adquiere por mérito y lo que a una persona le corresponde en cuanto partícipe de la condición humana. Lo que el ministro de Justicia defiende es, pues, la cuadratura del círculo.