by by Michelle

Por Roberto Hernández Maturana

Michelle Bachelet ha dejado el gobierno del país y lo ha hecho en el escenario opaco que caracterizó su presidencia:

  • El caso CAVAL que marcó a su familia, y el extraño (por decir lo menos) nombramiento como notario de San Fernando de un ex fiscal que llevó el caso en un principio sin mayores avances, nombramiento en el que el propio ex ministro de justicia de la presidenta manifestó a la prensa que su candidato era otro.
  • La presentación ante el congreso para su discusión en los últimos días de su gobierno, el 6 de marzo pasado, a cinco días de terminar su mandato,  firmó el proyecto de ley de reforma constitucional que establece los contenidos de una nueva carta fundamental para Chile, algo que la mayoría de los chilenos no le demandó y que nunca estuvo en el programa del nuevo presidente electo Sebastián Piñera, que obtuvo casi un 55% de los votos el pasado 17 de diciembre de 2017.
  • El déficit fiscal que le hereda al nuevo gobierno de – 2,1%, , siendo que el proyectado anunciado por su propio gobierno era de -1,7%, lo que deja al nuevo gobierno con un menor espacio de gasto disponible para toda la agenda económica para el desarrollo del país.

  • Su patética falta de resolución sobre el cierre del presidio de Punta de Peuco que cruelmente estiró hasta el último minuto (literalmente), cárcel donde permanecen más de un centenar de presos políticos militares, la gran mayoría ancianos, varios de ellos con enfermedades terminales, sin contar además a los ya fallecidos cumpliendo condenas y a otros muchos condenados ex uniformados en otras prisiones del país, aumentando inútil y cruelmente el sufrimiento no solo de los presos y sus familiares, sino incluso jugando hasta con las expectativas de los partidarios de su gobierno y de quienes lucran con el asunto de los derechos humanos.

Se va con un discurso de haber dejado un país “más justo”, más “inclusivo”, mas “igualitario”, temas con los que la izquierda suele comprar la conciencia de los votantes, que parecen no percatarse que no es la adopción de esas ideas, sino la evolución natural de las sociedades democráticas  las que llevan inevitablemente a la obtención de esas conquistas sociales, conquistas que por lo demás no se respetan en ningún país gobernado por gobiernos comunistas o socialistas, en los que se regula y controla hasta las redes sociales y el internet.

Se va Michelle con el logro de haber hecho crecer el estado – no el país – a través  de la innumerable creación de cargos y puestos parasitarios del aparato estatal, a través de representaciones, de subsecretarías, de organizaciones nacionales, regionales provinciales etc  que proclamando los derechos humanos (para un solo lado), de la mujer, de la equidad, del niño (curioso, basta ver el estado del SENAME), de los indígenas, de las minoría sexuales, etc., ha engrosado el aparato estatal en forma ineficiente, todo ello con cargo a los impuestos de todos los chilenos.

El gobierno saliente logró enquistar miles de funcionarios militantes, vociferantes partidarios que seguramente buscaran “hacérsela difícil” al nuevo gobierno, proclamando los muchos derechos que alguien tiene que pagar porque nada… nada es gratis,  y olvidando como siempre esos molestos “deberes”.

Sin duda el gobierno entrante deberá iniciar un cambio cultural en que finalmente los chilenos podamos comprender que las verdaderas conquistas sociales se logran no parasitando al Estado, ni a través del conflicto social, si no con el esfuerzo de todos, mediante una permanente evolución inherente a las democracias, donde el fin del estado es el bien común general, estando al servicio de la persona y no al revés; donde la posibilidad de tener un ámbito de vida y actividad propia independiente del Estado,  sólo sometido al superior control de éste desde el ángulo del bien común, sea donde resida la fuente de una vida social en que la libertad ofrezca al mérito y al esfuerzo personal alternativas para su desarrollo; un Estado donde se  respete la propiedad privada y  la libre iniciativa; donde la justicia e igualdad ante la ley, obligue a todos a cumplirla sin privilegios ni excepciones;  un Estado en fin, donde no se fomente la mediocridad que ha caracterizado a la política nacional en el último tiempo, donde se llegó a decir que había que quitarle los patines a los colegios particulares, a fin de nivelar hacia abajo la educación privada al  compararla con la educación pública, algo muy característico de los estados socialistas.

 Adiós Michelle y que tu descanso sea largo, seguramente nuevos planes y proyectos ya ocupan tus cavilaciones…, ojala todos ellos los desarrolles lejos de este Chile que por el momento necesitará trabajar duro para recuperar el tiempo perdido

 

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