Por la Razón o la Fuerza

Por Cristián Labbé Galilea

Los alegatos en la Corte Internacional en la Haya, a raíz de la insólita y extemporánea  reclamación de Bolivia -mejor dicho de Evo Morales- sobre una salida soberana al mar, coincidió con un viaje que había programado a Iquique, situación que me dio la maravillosa oportunidad de vivir y sentir –in situ- las motivaciones que despierta el tema en el hombre del norte.

Para el nortino, claramente el tema no tiene raíces geográficas, económicas o de otra índole… Para ellos esta es una cuestión histórica en la que sus antepasados -junto a soldados venidos de otras regiones del país- dieron su vida por mantener la soberanía de algo que nos ha pertenecido desde siempre.

Después de conversar con personas de las más variadas posiciones políticas, religiosas o económicas, pude comprobar que el asunto con Bolivia: “les hace subir la presión” y no se ahorran epítetos para referirse a Evo.

Existe en la zona la curiosa coincidencia de que gran parte de la abulia que padecen algunos se debe a lo poco que se estudia nuestra historia en los colegios; “por eso ahora han tenido que explicar con peras y manzanas que Bolivia no ha tenido nunca mar y si alguna vez lo pretendió, fue derrotada no sólo en el campo de batalla sino que también en el campo del derecho”.

Muchos de “los locales” se preguntan… ¿qué hacemos en la Haya?, y critican lo incauto que han sido nuestras autoridades al pensar que, porque nos asiste “el derecho y la razón”, el asunto no revestía mayor complejidad…  sería cuestión de “tejer y cantar”.

No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de que Evo Morales está “tocando una partitura compuesta en los países socialistas”… ¡Perpetuarse en el poder!, al mejor estilo de Putin en Rusia, de XI en China, de Maduro en Venezuela, de los Castro en Cuba, y para eso los mejores instrumentos son: el engaño, el chovinismo, el patrioterismo y todos los vientos que soplen a su favor.

Los más ilustrados coinciden en que este caso demuestra claramente los alcances de la manida posverdad, donde la razón cede paso a la emoción. Por lo mismo Evo Morales, sabiendo que no existen argumentos jurídicos ni históricos que respalden su alucinógena aspiración a mar soberano, ha esgrimido –apartándose del derecho- ruidosas manifestaciones emocionales para conseguir respaldos internos e internacionales.

Sean más o menos profundos los argumentos, igual al tratar el tema de Bolivia la presión se dispara. ¡En el norte siempre tenemos la bandera al tope…! Al llamar la atención de que el abanderamiento en Iquique no era muy notorio, siguió subiendo la presión, ¡no necesitamos poner banderas, la llevamos en el corazón… aquí, en Arica, en Antofagasta, en Calama, en todo el desierto, la historia se vive todos los días! (y no sólo se estudia).

Por último, hay algo que me queda claro después de conversar con el hombre del norte: el del Morro, el de la Esmeralda, el del Séptimo de Línea, con los herederos de los jinetes Cazadores del desierto, de las nobles cantineras y de las leales bombachas coloradas, que acompañaron a los viejos estandartes;  que no se cederá ni un centímetros cuadrado de terreno y, si alguien dudara, sería conveniente que por un segundo mirara nuestro escudo nacional y tomara cuenta de que el problema con Bolivia se arregla… ¡por la razón o la fuerza!

 

 

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