Venceréis, pero no convenceréis

Por Christian Slater Escanilla.

Mi tío Federico. nació el 12 de octubre de 1936. Misma fecha que nos recuerda al escritor y filósofo Miguel Unamuno quien, en la Universidad de Salamanca, en un exaltado discurso, se enfrentó a la tiranía franquistas pronunciando su célebre y conocida cita “venceréis, pero no convenceréis”.

Por esas cosas del destino, mi tío Kiko, así conocido familiarmente, en la hora de su muerte, el 23 de mayo pasado, recibió el sacramento de un cercano y terrenal diácono. No había un sacerdote disponible. Lo dejamos todo en mano de este anónimo ministro eclesiástico. Un sencillo hombre casado y con hijos. Tuvo que pedir permiso en su trabajo para acompañarnos y apoyarnos con sus sabias palabras. Un hombre como cualquier otro ciudadano, pero que puede bautizar, distribuir la Eucaristía, bendecir el matrimonio, leer la Sagrada Escritura, administrar los sacramentos y presidir el rito de la sepultura y los funerales. Según él, en Chile hay 325 diáconos.

Mientras escuchaba a este diácono no pude dejar de meditar: La Iglesia, especialmente en Chile, cada día pierde más fieles y más sacerdotes. Aun así, sigue más preocupados de perdonar asesinos, pedófilos o violadores, sin embargo, por otro lado, les niega a los divorciados la posibilidad de volver a casarse y, de por vida, los castiga a no recibir la comunión. Por supuesto, tampoco pueden ser diáconos.

Adiós tío Kiko, descansa en paz. Tus sobrinos te deseamos un lugar de privilegio en el cielo. Un lugar desde el cual puedas observar a aquellos que engañaron y abusaron de inocentes niños, poniendo en duda la convicción de haber recibido adecuadamente los sacramentos por ellos entregados. Dios quiera que los que queden, los buenos sacerdotes y obispos -algún día- atinen. De lo contrario, “vencerán, pero no convencerán”.

Rendición Incondicional Ante las Mujeres

Por Hermógenes Pérez de Arce Ibieta

Sebastián Piñera ha hecho bien al rendirse incondicionalmente ante las mujeres, pues ya se están “tomando” todo y en una de éstas Cecilia Morel podía hacerse cargo de La Moneda, lo que, dicho sea de paso, sería bueno para el país. Pues las mujeres son mejores que los hombres en Chile. Tienen mejor criterio, debido a lo cual son menos socialistas. En 1958 Allende ganó a Alessandri entre los hombres, pero éste le sacó a aquél una tremenda ventaja entre las mujeres y se quedó con la Presidencia, postergando así el marxismo-leninismo en doce años, benéfica prórroga que les debimos exclusivamente a ellas.

“Si no puedes con tu adversaria, únete a ella”. En mi caso, lo hice hace muchos años. Me había casado con una niñita dócil que me obedecía en todo, pero sin darme cuenta los papeles cambiaron y tuve que adoptar un predicamento “para rendirme a la evidencia: “en mi matrimonio las decisiones importantes las tomo yo y las de menor importancia las toma mi mujer; por suerte hasta ahora no ha habido nada importante que resolver”.

Piñera es sensible al pánico político. Por eso destituyó al director del Museo Histórico por el solo hecho de reproducir una frase de Pinochet, lo que iba a despertar las iras comunistas, que lo aterran. Yo he absuelto de esa culpa a la ministra a la cual su jefe mandó a imponer esa insólita censura a la libertad de expresión. He googleado a Alejandra Pérez y sé que una persona con su currículum no podría haber resuelto una arbitrariedad como esa.

Así es que ante la ofensiva de las mujeres de nuevo a Piñera lo ha asaltado el pánico y se ha rendido incondicionalmente. Pero en este caso, por experiencia propia, le encuentro razón y creo que debemos hacer como él: pidamos perdón y entreguemos el poder. Él además pidió perdón por haber dicho que “cuando las mujeres se hacen las muertas, los hombres nos hacemos los vivos y nos lanzamos sobre ellas”. Fue una “piñericosa” (o “piñeracosa”, como les dice él) que le costó muy cara.

A todo esto, con rendición incondicional y todo, él ha hecho una muy buena “pasada” en estos días, porque se había quedado sin el discurso por cadena nacional del 21 de mayo, pero aprovechó las festividades de la Armada para encaramarse a la tribuna y pronunciar un discurso al país de todas maneras; y menos de 48 horas después tuvo otra cadena nacional para anunciar la rendición incondicional ante las mujeres. Por añadidura, pronto va a tener otra más para rendir la próxima “Cuenta del Estado de la Nación” dentro de algunas semanas. Otro buen negocio suyo: perdió un discurso protagónico y ganó tres. Y no hay nada que lo haga sentirse más realizado que una ganancia extra, salvo estar al centro del escenario.

Bueno, los tiempos han cambiado y los hombres, por consiguiente, debemos controlar mejor nuestro lenguaje, nuestras manos y nuestras miradas. En cuanto a la carga de trabajo que las nuevas mandamases (¿o habrá que decir “mandamasas”?) nos quieren traspasar, deberemos confiar en la tecnología, pensando que van a aparecer “aplicaciones” para conseguir la comida sin tener que cocinar, el cambio de pañales sin tener que hacerlo nosotros mismos y el aseo del hogar sin tener que pasar nosotros la aspiradora, el paño o el plumero. Por algo casi todos los inventos han sido hechos por los hombres.

Opinión injusta

Por Axel Buchheister Rosas

El Presidente Piñera ahora las emprendió en contra de las pensiones de los presos de Punta Peuco. En una entrevista expresó que “me parece muy mal que una persona que cometió delitos atroces esté recibiendo ese tipo de pensiones del Estado, pero eso es porque así lo establecen las leyes”. Y añadió que “estamos haciendo un esfuerzo muy grande por corregir ese tipo de situaciones que hiere y atenta la conciencia de todos los hombres y mujeres”, de lo que todos entendieron que vería la forma de quitárselas.
¿Hay una nueva embestida presidencial contra los militares para congraciarse con la izquierda, por lo que sucedió hace más de 40 años? Al menos, se advierte poca voluntad de asumir costos políticos y oponer resistencia frente a cualquier cosa “popular” que se le plantea. Así, ante las protestas feministas modificaremos la Constitución para que diga con más palabras lo que ya dice: que “hombres y mujeres son iguales ante la ley”.

Como eso de quitar las pensiones no estaba en ningún plan, fuentes de gobierno tuvieron que salir a precisar que las modificaciones que se estudian no tendrán efecto retroactivo; o sea, que no se va a hacer lo que insinuó el Presidente. Más aún, que el primer mandatario se refería a revisar el régimen de previsión de las FF.AA. y Carabineros, en cuanto ha permitido que algunos (¡hasta un obispo!) hayan obtenido más de una pensión y por montos inusualmente elevados. Por su parte, varios diputados oficialistas se opusieron a que se afecten las pensiones de dichos presos, incluso uno que trabajó en el “segundo piso” en la primera administración Piñera.

Pero nadie dejó en claro que lo que deslizó el Presidente es inconstitucional, injusto e inhumano. Si bien el diputado Gonzalo Fuenzalida (RN) argumentó acertadamente que la pensión es un derecho constitucional, se quedó corto, ya que la Carta Fundamental señala taxativamente que “no podrá aplicarse como sanción la pérdida de derechos previsionales”, sin hacer excepción. O sea que a nadie, no importa el delito que haya cometido, se le puede privar de las prestaciones de seguridad social que le corresponden. Ya que sería injusto, no sólo porque se ha aportado monetariamente para percibirlas, sino por constituir un ensañamiento que el Estado, aparte de aplicar la cárcel como castigo, deje al condenado en indefensión en la vejez.

Indefensión que en este caso tiene un alcance adicional: los acusados de violaciones a los derechos humanos son los únicos perseguidos penalmente a los que actualmente el Estado no provee asistencia jurídica y tienen que financiarla como puedan. Y descontada alguna generosidad de terceros, sólo tienen para eso su pensión. Pero no sólo ellos quedarían desamparados al final de sus vidas, sino que también sus cónyuges, pues no hay que olvidar que en esa época las mujeres no solían trabajar, de modo que sin esas pensiones muchas enfrentarían la miseria. ¿Qué opina al respecto la hoy empoderada ministra de la Mujer, no sería eso inhumano?

Ovejas sin Guardianes ni Pastores

Por Cristián Labbé Galilea

En nuestras conversaciones de esta semana, mis “fieles parroquianos” han coincidido en que lo que está pasando en la iglesia católica es de la mayor gravedad, y que es muy difícil proyectar tanto sus efectos como sus alcances.

Las múltiples aristas del caso indican que estamos en presencia sólo de “la punta del iceberg”.

Son variadas las reacciones que se aprecian entre “la feligresía”. Unos lo ven sólo desde la casuística; son quienes, atraídos por el morbo, ahondan en los detalles para construir sus escenarios… “se irán once obispos”, “todavía no se sabe….”, “espérate que hablen los curitas de pueblo…”.

También están los apocalípticos para quienes es: ¡el fin de los tiempos…! Para este grupo, el peligro radica en que uno de los pilares básicos de nuestra sociedad (la Iglesia) sufre, desde hace tiempo, una fatiga de material que da cuenta de un daño estructural; “de no venirse el andamiaje abajo”, sólo se podría reparar con ingeniería mayor.

En el medio de estos dos puntos de vista, están quienes creen que no nos podemos quedar enfrascados, en los pormenores de cada acusación, o pensando en que llegó el momento de “lapidar a la iglesia” como un todo. Entre esos extremos hay un camino, el camino que considera: “hay que castigar sin contemplación a los infractores y hay que fortalecer a la iglesia, protegiendo a las piadosas ovejas y preservando a los buenos pastores”.

La razón es simple: la iglesia ha sido históricamente un pilar fundamental de nuestra sociedad -a la que se han sumado, con el tiempo, diferentes iglesias y credos-, constituyendo un pilar estructural que ha dado solidez valórica a nuestra convivencia nacional.

“…Son instituciones como la iglesia las que han mantenido “al tope” banderas, no siempre confesionales, como el derecho a la vida, el rechazo al aborto y a la eutanasia, la defensa de la familia, el orden, la seguridad y tantas otras…”

En los tiempos actuales, por falta de visión política o por intereses subordinados a populismos episódicos, se han afectado las instituciones básicas (permanentes) de nuestra sociedad, lo que ha significado un debilitamiento del estado de derecho, donde la libertad, la seguridad, el orden y el bienestar social, deberían ser una auténtica realidad y no algo meramente discursivo.

En el último tiempo la  sociedad política, motivada por mezquinos intereses, se ha dado maña para que -previamente las fuerzas armadas y ahora la iglesia- queden circunscritas a roles secundarios y pierdan el importante papel que cumplían en la estabilidad republicana y en la mantención de una sana convivencia, fundada en los valores permanentes de la sociedad libre.

En ambos casos, se ha dado pábulo para que -sin pausa- evolucionemos hacia una sociedad donde predominen los extremos, la inseguridad, los individualismos y la ausencia de valores.

Uno de mis parroquianos concluyó, advirtiendo en forma simple y directa: “…las ovejas, que en el último tiempo hemos visto perseguidas a nuestras instituciones guardianas, hoy sentimos que (porque algunos pastores erraron el camino) otro de los pilares básicos -el valórico- está severamente amenazado…”.

 

La Iglesia Católica Chilena en la encrucijada

Por Roberto Hernández Maturana

Los últimos días hemos seguido con atención el llamado que el Papa hizo a los Obispos chilenos en que 34 de ellos concurrieron a Roma, reunión que finalizó con la presentación de la renuncia de los 34 obispos, y la difusión de una durísima carta publicada por El Vaticano respecto a los gravísimos abusos sexuales cometidos por sacerdotes chilenos, cuyas victimas no habrían sido escuchadas por las autoridades eclesiales chilenas, llegando incluso al ocultamiento y destrucción de denuncias.

La actitud de los obispos tras la reunión ha generado mas desconcierto aún, al declarar que la reunión fue cordial y agradable, lo que parece querer minimizar las consecuencias de esta.

Al final Hamilton, Cruz y Murillo no eran unos hijos de papá buscando vengarse de un cura que mostrándose como santo, sí habría cometido abusos apoyados en una ciega confianza de los abusados frente al abusador.

La desatención reprochada por el Papa a los obispos al haber tolerado conductas sexuales de miembros de la iglesia, o aceptar que algunos integrantes de su jerarquía los hubiesen tolerado, apartándose  de lo que la propia Iglesia predica, ha remecido a la iglesia católica chilena, desnudandose hechos y estadísticas que nos hablan de que según los casos denunciados en Chile en los últimos 10 años, condenados por la justicia civil y canónica, al menos el 3,48% de los sacerdotes chilenos han sido responsables de violación y abusos a menores de edad, o han sido encubridores de estos mismos delitos, hechos que por lo demás  también han sido denunciados en otros países del mundo con alarmante frecuencia, donde los responsables no son solo párrocos o simples curas de pueblo o de barrio, sino también sacerdotes universitarios, obispos y cardenales con un patrón similar de comportamiento, basado en la asimetría producida  en la relación entre  el pastor, dueño de La Verdad Divina  y fieles debilitados y confundidos por una fé mal guiada por verdaderos dominadores y opresores de conciencias, permitiendo ser abusados, o simplemente, en el caso de la pederastia no han podido oponerse a la acción del falso pastor. Así, la relación entre el sacerdote corrupto, pero presentándose provisto del poder de Dios para mostrar “el camino”, y para perdonar y absolver, frente al joven o al niño inmaduro, en búsqueda de  valores, débil, emocionalmente inestable, que busca la guía de su pastor, se transforma en una relación perversa en que la fragilidad psicológica de esos feligreses los convierte finalmente en esclavos emocionales incapaces de cuestionar la autoridad del sacerdote.

Las denuncias acalladas porfiadamente, la complicidad de los testigos y el ocultamiento de la autoridad eclesial, contrastan dramáticamente con lo que la iglesia chilena y el mismo Francisco promueven, al  haber aceptado conductas que llegan al delito. La sensación de impunidad de las víctimas y la evidencia de estas, de que la jerarquía no terminaba de sopesar la gravedad de los delitos cometidos, llevaron a lo que finalmente era inevitable…, que la bomba estallara con consecuencias todavía incalculables para la iglesia católica chilena.

Por ello no se entiende aún la actitud de los obispos chilenos…, que seguramente deberán reponerse del schock para mostrar a sus fieles que están dispuestos de corazón a empatizar e identificarse con el sentimiento de sus fieles y la comunidad. Deberían preocuparse pues, por lo que se ve en las recientes noticias que nos trae la prensa, se viene una avalancha de “denuncias periodísticas” que seguramente traerán mas repudio de la ciudadanía hacia el clero.

Después de todo habría que agradecer la perseverancia de Hamilton, Cruz y Murillo, cabiendo preguntarse si la iglesia habría escuchado finalmente a otros feligreses abusados sumidos en la pobreza y el abandono, lejos de las élites a las que los denunciantes pertenecen y con los que la jerarquía de Iglesia Católica Chilena parece gustar relacionarse, empapada   de “esa sicología de elite” que les reprocha Francisco, que “termina generando dinámicas de división, separación, “círculos cerrados” que desembocan en espiritualidades narcisistas y autoritarias en las que, en lugar de evangelizar, lo importante es sentirse especial, dejando así en evidencia que ni Jesucristo ni los otros interesan verdaderamente”

La Marcha de los Pechos Desnudos

Por Cristián Labbé Galilea 

Hoy por hoy, es natural pensar que ya nada nos puede sorprender. Son tantas las cosas que a diario suceden en la sociedad política, que nuestra capacidad de asombro pareciera estar  agotada. Sin embargo la cuestión no es tan simple, siempre sucede algo nuevo que nos pilla de sorpresa -positiva o negativamente-; esta semana “el Oscar” se lo llevaron las estudiantes.

Un grupo de no pocas mujeres –porque no digamos que eran niñitas- marcharon a talle descubierto para demandar una educación no sexista, y para denunciar los reiterados acosos de la que son objeto las féminas en nuestro país.

Hasta ese momento pensaba que la oposición, con su “estrategia del miguelito” (peligroso artilugio de cuatro puntas fabricados para detener el avance adversario) y con querer oponerse a todo, o el frio encuentro del Papa con los obispos chilenos, estaban punteando la agenda pública. ¡Craso error!, nada pudo contra los disturbios ocasionados por las autodenominadas estudiantes.

Imposible no hacer una relación entre las grotescas “intervenciones” que caracterizaron la marcha, con el famoso cuadro pintado por Eugène Delacroix (1830) que, en una hermosa alegoría, representa “La Libertad guiando al pueblo”.

En el lienzo de Delacroix -icono universal de la lucha por la libertad- se representa, de una manera sensual y bella, a una figura femenina con el torso desnudo y el rostro descubierto, sosteniendo en su mano la bandera tricolor, imagen que el tiempo ha transformado, dado su doble carácter de silueta viviente y de símbolo de la libertad, en la famosa “Marianne”, personificación y símbolo de la República Francesa.

¡Que distintos los dos mensajes… uno que da la cara y el otro que esconde su rostro y la mirada detrás de un capuchón!

¿Estas jóvenes que desenfrenadamente descubrieron impúdicamente sus pechos y ocultaron temerosamente sus rostros no sabrán que las dificultades debemos afrontarlas dando la cara, como símbolo de responsabilidad y de valor?

Aclaro que mi objeción está en la forma y no en el fondo… El tema del acoso y de la educación sexista es de suyo importante, pero eso no amerita que, por llamar la atención y generar un hecho comunicacional, se sobrepasen los límites de lo estético, lo púdico, lo decoroso, en última instancia de lo bello, valores a los que siempre ha estado asociada la femineidad.

Si se quiere llamar la atención con un tema tan importante, ¿por qué empañarlo mostrando los pechos y ocultando el rostro? ¿No es eso una contradicción? ¡Claro que sí!

Me resisto a pensar que la marcha de los pechos desnudos y los rostros tapados represente a la mujer chilena… a quien todos y cada uno de nosotros la hemos visto actuar a rostro descubierto hasta en los más difíciles momentos.

Termino estas líneas tarareando libremente una vieja zarzuela: /no puede ser/ porque la vi rezar/porque la vi querer/ porque la vi llorar/ porque la vi reír/ las buenas mujeres no actúan así/.

«Carga ideológica» y Derechos Humanos

 Por Roberto Hernández Maturana
Ana Piquer,  Directora Ejecutiva de Amnistía Internacional Chile, en una carta dirigida al diario “El Mercurio“ de Santiago el pasado 14 Mayo, defiende a su organización, ante la calificación de compartir una «carga ideológica» con otras organizaciones internacionales, expresada en  el editorial del 11 de mayo de aquél, manifestando que su organización se escandaliza porque comuneros mapuches fueron condenados con pruebas insuficientes, llamando «a no criminalizar sin pruebas, a exigir estándares probatorios mínimos de acuerdo a un debido proceso y el respeto a la presunción de inocencia», agregando más adelante que «las tres personas fueron condenadas sobre la base del testimonio de una persona que declaró dos veces sin presencia de un abogado».

Esa es precisamente la realidad que hoy viven cientos de ex uniformados que se encuentran presos o procesados bajo un sistema procesal derogado en Chile el año 2005; dónde no se les aplica la presunción de inocencia; donde son acusados con pruebas que en el nuevo sistema procesal (que rige para todos los chilenos, excepto los ex militares) serían insuficientes; donde no se les permite contar con abogado en las diligencias del juez; donde se les juzga bajo una figura legal inexistente hace 45 años cuando ocurrieron los hechos por los que se les acusa, pero instaurada en Chile en 2009 (cuando nuestro país adhirió al Estatuto de Roma, para perseguir los crímenes de “lesa humanidad”), pero aplicada en nuestro pais con efecto retroactivo, una barbaridad jurídica; donde el mero testimonio de alguien que recuerda a esa persona o reconoce su voz 45 años más tarde, ha bastado para procesar y encarcelar ex uniformados, muchos de ellos muriendo hoy encarcelados viejos y enfermos.

Suena bien la expresión final de la carta de la Directora Ejecutiva de Amnistía Internacional Chile, casi poética cuando nos dice que «Los derechos humanos son un proyecto global del cual Chile es parte y busca que la humanidad establezca límites para si misma, para resguardar su propia humanidad; amparando el respeto de la dignidad de todas las personas».

Ciertamente hoy existen cientos de  ex uniformados a quienes no se le ha respetado sus derechos humanos. Ojalá Amnistía Internacional se preocupara también de ellos, no para defenderlos, si no sólo para pedir una justicia “justa»… la misma que se aplica a todos los chilenos. De otra forma no se puede evitar pensar que A I sí tiene una «carga ideológica» hacia una determinada dirección.

 

¡Ya Nadie Cree en el diablo!

Por Cristián Labbé Galilea

“La política está muy odiosa”. Esa fue la frase para el bronce, y la conclusión a que llegó el hermano del presidente después de su fallida nominación como embajador en Argentina; lo decía con un grado de asombro, como si recién se enterara de lo que pasa en nuestra sociedad política. Estupor explicable en su caso, ya que durante los gobiernos de la Concertación y de la Nueva Mayoría gozó de una muy buena “salud laboral”, como tantos otros que hoy rasgan vestiduras contra el nepotismo, la transparencia, la probidad… ¡cual diablo vendiendo cruces!

No es ninguna primicia señalar que, desde hace tiempo, el ambiente político se ha puesto antipático e intolerante, o que todo lo informado por los medios de comunicación es desagradable, baladí y, cuando no, es sexista e impúdico.

Claramente los políticos de ahora han perdido el ingenio, la agudeza, la chispa, el humor… lo ladino. Se han puesto fastidiosos y exaltados. Las acusaciones y las recusaciones van y vienen, no se salva nadie. ¡Ay de aquel a quien se le ocurra poner alguna referencia asociada al gobierno de Pinochet en una muestra museológica, hasta ahí le llega la pega…!

Ni hablar de la convivencia cívica… claramente el ambiente político está endemoniado.

Tal como me dijo un parroquiano, “nadie tolera a nadie, en política todo está permitido y todo es posible, en definitiva: todos se miran el ombligo y nadie repara en las cosas positivas de nuestra realidad, basta mirar lo que pasa en el resto del mundo para darse cuenta…”.

Es indiscutible, son muchos los aspectos positivos de nuestras circunstancias que benefician al ciudadano común y corriente, como: la estabilidad política; el desarrollo económico; el progreso social; las oportunidades laborales. En general, el país real muestra objetivamente señales favorables para poder disfrutar de una normal calidad de vida… ¡No estamos en el paraíso, pero tampoco estamos en los infiernos de belcebú!

Nos preguntábamos al respecto, esta semana, si nuestros hombres públicos estarán conscientes de que la gran mayoría está cansada de ver tanta degradación de la política y de que, lo que verdaderamente espera de ellos, es que generen las condiciones para poder aspirar a un mayor bienestar y a una realización objetiva, donde no tengan cabida “los pitutos ni los cuoteos”.

Hacíamos estas reflexiones cuando uno de ellos apuntó: “lo que pasa es que cada vez que las cosas pintan más o menos bien, llega el diablo y mete la cola…”

Nada más cierto… en política (contingente y con minúscula) siempre habrá a quien echarle las culpas y “cargarle los dados” -si es a satanás mejor todavía-; así los “señores políticos” quedan como santos de altar… Lo que ellos no saben es que en estos temas: ¡ya nadie cree en el diablo!

La santificación del dogma

Por Sergio Muñoz Riveros

Una nueva manifestación del furor correctivo que hace escuela en las universidades es el intento de silenciar e incluso excluir de la Universidad Diego Portales al escritor Rafael Gumucio, por sus críticas al movimiento feminista. Aunque él dio explicaciones por sus palabras, dichas en tono más bien sarcástico, ello no fue suficiente para calmar a los nuevos inquisidores. El presidente de la federación de estudiantes de la UDP, Rodrigo Rivera, afirmó: «Nos espantaron bastante los dichos de Gumucio. Lo que estamos haciendo es que la UDP se haga cargo de estas situaciones y no podemos permitir que haya profesores que hagan ese tipo de comentarios y, si eso implica que salgan, no queda otro camino».

A ese punto hemos llegado. En los hechos, el dirigente estudiantil advierte a las autoridades de la universidad que su organización no permitirá que haya profesores que se aparten de la recta manera de pensar expresada en sus asambleas. Se trata de la santificación del dogma, en este caso sobre el feminismo, pero mañana sobre cualquier cosa, y todo ello, en nombre de un extraño progresismo al que le incomoda la libertad de palabra.

No necesitamos estar completamente de acuerdo con  Gumucio u otro profesor amenazado por los nuevos talibanes. Tenemos que oponernos con energía al frenesí censurador y sancionador que, independientemente de las causas que levante, es la encarnación del espíritu represivo propio de las dictaduras. La amenaza de la intolerancia se expresa hoy no solo en las universidades, sino también en los medios de comunicación y otros ámbitos en los que gana terreno la compulsión maniquea que busca castigar a «los equivocados». No podemos dejarnos intimidar.

 

Día de la Madre

Por Christian Slater Escanilla

Julia Ward, fue mujer, esposa y madre. Vivió su adultez durante la Guerra Civil Estadounidense. Conflicto bélico desarrollado entre 1861 y 1865 conocido también, como la Guerra de Secesión. Una tragedia para miles de mujeres que vieron morir a más de 620.000 soldados.

Pese a las restricciones de aquellos tiempos, en que las mujeres prácticamente no tenían derechos, Julia Ward, logró posicionarse como, escritora, poetisa y activista femenina. Escribió el Himno de la Batalla de la República. La canción patriótica más popular de los Estados Unidos. Más tarde, en 1870, se conocería su Proclama para el día de las madres. Una desgarradora arenga donde se puede apreciar el sufrimiento de las madres, en una época y en un mundo de aceptada discriminación de la mujer. Copio parte de un párrafo:

“…nuestros maridos no regresarán a nosotras en busca de caricias y aplausos, apestando a matanzas. No se llevarán a nuestros hijos para que desprendan todo lo que hemos podido enseñarles acerca de la caridad, la compasión y la paciencia…”

El espíritu de Julia influyó en muchas mujeres de ese tiempo, especialmente en Ana Jarvis quien, a la muerte de su madre se esforzó por crear un día de celebración de las madres, lo que, en pocos años, se transformó en una tradición popular que -en 1914- estimuló al Presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson a proclamar la celebración del “Día de la Madre”, el segundo domingo de cada mes de mayo.

Esta fiesta popular también migró a Chile, siendo oficializada el 18 de octubre de 1976, por el Presidente de la República, Augusto Pinochet Ugarte quien, por decreto número 1.110, dispuso el Día Nacional de la Madre. Por favor, esto último no lo difundan. Podríamos terminar sin esta celebración.

 

Damnatio Memoriae La historia continua

Por Roberto Hernández Maturana

La reciente  noticia sobre la solicitud de renuncia efectuada por la Ministra de Cultura Alejandra Pérez al Director del Museo de Historia Nacional, el antropólogo Pablo Andrade Blanco, (quien asumió en 2015) luego de que la muestra “Hijos de la Libertad”, hoy cerrada al público, incluyera una cita del General  Augusto Pinochet extractada del discurso que el gobernante pronunció en el edificio Diego Portales el 11 de octubre de 1973, a un mes de haber tomado control del gobierno causara gran revuelo en las redes sociales, nos muestra una vez más  hasta dónde puede llegar la tontera humana, tratando de borrar la historia con el codo.

La cita expresada decía textualmente “La gesta del 11 de septiembre incorporó a Chile en la heroica lucha contra la dictadura marxista de los pueblos amantes de su libertad”, sin embargo, la frase fue puesta sin comillas que advirtieran que se trataba de una cita. El catálogo de la muestra Hijos de la Libertad nos informaba que «Esta publicación aborda cómo, en estos procesos, el concepto de libertad posee diversas vertientes: política, social, económica y/o cultural, las que muchas veces son contrapuestas e incluso antagónicas, y cómo, por otro lado, la cultura material vinculada a estos idearios se expresa a través de soportes conmemorativos y simbólicos que buscan hacer perdurar la memoria».

Así, la muestra que se realizaba desde el 5 de abril pasado, en el Salón Gobernador del Museo Histórico Nacional, nos presentaba al general Pinochet, a la derecha de los ex presidentes Patricio Aylwin y Michelle Bachelet, a la izquierda de Pablo Neruda y debajo de Salvador Allende incluyendo la frase antes mencionada junto a otras 14, que incluían a personajes tales como Fray Camilo Henríquez, Gabriela Mistral, entre otros.

Si como una torpeza y un descriterio fue calificado por la Ministro de Cultura la inclusión de un recuerdo del gobierno militar por parte del Museo de Historia Nacional, la destitución de su director  constituye una soberana estupidez y una muestra más de la pusilanimidad de nuestras autoridades, rayana en la cobardía.

Toda esta historia me trajo a la memoria un artículo que escribí hace casi ya dos años llamado “Damnatio Memoriae” (https://chilemerece.wordpress.com/2016/05/04/damnatio-memoriae-2/), en que recordaba que en algunas oportunidades, después de la muerte de un gobernante  considerado tiránico por el Senado de Roma, este decretaba una Damnatio Memoriae (maldición de la Memoria) destruyéndose las estatuas de dicho emperador y borrándose su nombre de todas las inscripciones públicas. Incluso se raspaba  las monedas en que estaba la efigie del gobernante caído en desgracia, para que no quedara rastro alguno de su existencia (lo que no impedía que el gobierno cayera nuevamente en otro autócrata).

Así se hizo con varios emperadores que nos han llegado hasta nuestros días “maldecidos por la memoria”, pero de los  que si uno escarbara en la historia, podría encontrarse con la sorpresa de que más allá de las caricaturas creadas por la historia “oficial” contada mucho, muchísimo antes de de que fuéramos niños, nos podríamos  encontrar con gobernantes como  Nerón, o Domiciano, quien gobernó el imperio por 15 años ,y si bien se le describe como un autócrata despiadado pero eficiente, sus programas pacíficos, culturales y económicos fueron precursores de la prosperidad vivida por el imperio romano en el  siglo II, ambos  emperadores con sus luces y sombras, tuvieron una característica común en sus gobiernos: Una fiera disputa con el Senado (que entonces era la nobleza romana), la clase gobernante y los poderes económicos de la época, a quienes mermaron notoriamente sus privilegios. Ellos murieron asesinados, contribuyendo a la demonización de sus imágenes históricas,  la dura persecución a los cristianos, en defensa de la religión y las costumbres romanas, contra quienes en ese momento se consideraban herejes. Sin embargo nos dice la historia que ellos fueron muy populares, especialmente al inicio de sus principados, pero las intrigas y conspiraciones, les hicieron desconfiados (con razón) y recelosos, de todos quienes les rodeaban.

La historia que nos llega hoy, desde lo profundo de los tiempos satanizando a estos personajes ha sido permeada por los que quedaron para escribirla.

Los faraones egipcios también usaron estas practicas para desprestigiar a sus antecesores, sacando estatuas y borrando inscripciones que suprimieran a los antecesores de la historia, como si esta comenzara con el nuevo gobernante.

Así, amables lectores podemos ver entonces que no hay nada nuevo bajo el sol. En Chile hace tiempo estamos viviendo nuestra propia damnatio memoriae, queriendo las élites gobernantes reescribir la historia y olvidar sus causalidades, satanizando al gobierno militar, que sentó las bases del desarrollo que Chile ha alcanzado en los últimos

45 años, y persiguiendo hasta el último de aquellos que en la época sirvieron en las fuerzas armadas. Finalizaba el artículo de mayo de 2016 diciendo que “así como hoy se escribe antojadizamente la historia de Chile de los últimos 50 años, así también se ha escrito la historia que atañe a los personajes antes nombrados, por más de 2.000 años, negando a sus espíritus fantasmales (lémures les llamaban los romanos) todo derecho a defensa”.

Vale la pena meditar lo que escribió el defenestrado director del MHN… “Ningún país puede pretender borrar su pasado de la historia, hacerlo desaparecer por incomodo, adaptarlo a los intereses del presente, sin correr el riesgo de convertirse en una sociedad totalitaria e incapaz de superar sus traumas”. 

Extraña que la resolución de despedir al director Andrade sea tomado por un gobierno que se declara defensor de las libertades, sumándose al coro vociferante de la izquierda de quienes han querido dictar pautas desde el foro de Sao Paulo.

Como vemos, pareciera que las élites chilenas están empeñadas en creer que borrando y reescribiendo la historia, la convivencia democrática estará a salvo, sin pensar que cuando la olvidamos, los hombres estamos arriesgando ciertamente la posibilidad de repetir esa historia que quisimos dejar atrás.

Una medida incomprensible

Por Hernán Guiloff Izikson, Presidente Fundación Presidente Pinochet

En su edición del jueves último, «El Mercurio» dedicó media página para informar acerca de la intempestiva clausura de la muestra denominada «Hijos de la Libertad: 200 años de Independencia», que se expuso en el Museo Histórico Nacional, en cuyos paneles se presentaban imágenes de diversas personalidades chilenas, entre ellas, la del ex Presidente Augusto Pinochet.

A juicio de nuestra institución, la medida, que además incluyó la inmediata destitución del director de ese organismo estatal, la estimamos absolutamente equivocada, por cuanto la autoridad se hace eco de ciertas críticas que circularon en las redes sociales para poner término a un evento de carácter republicano.

Para nuestra entidad de recordación histórica-cultural, resulta incomprensible entender que existan grupos que pretendan ignorar lo que ocurrió en Chile entre 1973 y 1990, sobre todo en el marco de una exposición que se supone tenía el carácter de transversal. Podrá haber múltiples opiniones sobre el resultado de la gestión gubernamental de las FF.AA. y de Orden, pero la tolerancia y el respeto hacia quienes dirigieron el país en ese período debe prevalecer sobre cualquier circunstancia.

El verdadero trasfondo del debate en el incidente del MHN

Editorial diario El Mercurio de Santiago, sábado 12 de mayo de 2018

Fue desvinculado de su cargo el director del Museo Histórico Nacional (MHN), producto de que en la exposición «Hijos de la Libertad», organizada por ese Museo, figura en un panel una cita del general Pinochet. Junto a la fotografía de Pinochet había un texto que se refería a la «gesta del 11 de Septiembre» y a la «heroica lucha contra la dictadura marxista de los pueblos amantes de su libertad». Dichas expresiones no estaban entre comillas, dando la impresión de que se trataba de la opinión dla curatoría de la muestra y no de una frase de aquel.  El , dijo que lo que se buscaba era «conflictuar nuestra historia a partir del presente», «generar una discusión respecto de la libertad», «mostrar formas de entender la historia desde otras perspectivas» y que «se reflexione». Andrade había accedido al cargo por ADP durante el gobierno de Bachelet.

La actual ministra de Cultura justificó su desvinculación afirmando que «la libertad de expresión no puede estar sobre los derechos humanos». Por su parte, el diputado Miguel Crispi (RD), en carta a «El Mercurio», consideró que la cita incluida en la exposición implica reivindicar «al golpe de Estado como una gesta heroica». Por eso, él propone que se legisle para «prohibir el negacionismo y la reivindicación de crímenes cometidos por el Estado en dictadura». De esa manera, Crispi supedita, al igual que la ministra, la libertad de expresión a la indignación moral de quien se sienta ofendido por lo expresado por otra persona en uso de esa libertad.

Aquí se encuentra el corazón del debate. Se pretende cambiar el límite que define a las interacciones inaceptables entre seres humanos en el ámbito público de aquellas estimadas admisibles, desde la violencia física, universalmente condenada, a la incomodidad o indignación que eventualmente provoquen las palabras de un tercero. Es decir, las personas tendrían derecho a impedir que alguien se exprese si consideran que sus palabras resultan indignantes, definiendo, de paso, lo que es «políticamente correcto» y lo que no. Por ejemplo, en los campus norteamericanos las personas pueden sentirse «microagredidas» si alguien utiliza palabras que ellos no «aceptan» y exigen la existencia de «espacios seguros», libres de ellas. Definir un límite potencialmente arbitrario a la libertad de expresión por parte del receptor, siguiendo sus propios criterios para establecerlo, es adentrarse en un camino muy riesgoso que amenaza la necesaria discusión que fomenta el progreso de las comunidades. La mordaza social que surge de seguir un criterio como ese está generando un crucial debate. De su resultado depende la salud de las sociedades contemporáneas.

Por eso, en el incidente del MHN no es el juicio moral respecto de Pinochet lo que está en juego, sino algo mucho más profundo y valioso.

La ley del embudo y la falta de compromiso con los convenios internacionales en Chile

Por Roberto Hernández Maturana

La muerte del Coronel en Retiro René Cardemil Figueroa el 7 de abril pasado,  quien cumplía condena de diez años en el presidio de Punta Peuco, y que pese a padecer de un cáncer prostático con metástasis, con pronóstico de vida de un año, un  informe médico del Servicio Médico Legal determinó que estaba en buenas condiciones de salud para seguir cumpliendo su condena, nos hace volver a repetir la pregunta que en esta misma página nos hiciéramos el 5 de marzo del 2017, a raíz del fallecimiento  a sus 75 años, Sub Oficial de Carabineros en retiro Gustavo Muñoz Albornoz, producto de un cáncer terminal y que también se encontraba cumpliendo  una condena en el presidio de Punta Peuco.

Entonces y ahora, es necesario volver a resaltar que nuestro país firmó el 15 de junio de 2015, en el cuadragésimo quinto período ordinario de la Asamblea General de la OEA la “Convención Interamericana Sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores”.

Por razones de espacio, no es posible detallar aquí la totalidad de lo dispuesto por la Convención pero en lo principal podemos decir que ella estableció  que “estos derechos, incluido el de no verse sometida a discriminación fundada en la edad ni a ningún tipo de violencia” y prevenir el “abuso, abandono, negligencia, maltrato y violencia contra la persona mayor” indicando que “los Estados Parte se comprometen a adoptar, “las medidas legislativas o de otro carácter que fueren necesarias para hacer efectivos tales derechos y libertades”.

Entre las definiciones establecidas en dicha convención que nuestro país se comprometió a cumplir figuran entre otras:

 “Discriminación: Cualquier distinción, exclusión, restricción que tenga como objetivo o efecto anular o restringir el reconocimiento, goce o ejercicio en igualdad de condiciones de los derechos humanos y las libertades fundamentales en la esfera política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública y privada.; o “Maltrato: Acción u omisión, única o repetida, contra una persona mayor que produce daño a su integridad física, psíquica y moral y que vulnera el goce o ejercicio de sus derechos humanos y libertades fundamentales”; o “Persona mayor” como “Aquella de 60 años o más, salvo que la ley interna determine una edad base menor o mayor, siempre que esta no sea superior a los 65 años. Este concepto incluye, entre otros, el de persona adulta mayor.” También define como “violencia contra la persona mayor cualquier acción o conducta que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico”.

En su Capítulo III Deberes Generales, establece que se deben adoptar medidas para prevenir, sancionar y “erradicar aquellas prácticas como aislamiento de ancianos presos, su abandono, sujeciones físicas prolongadas, hacinamiento, expulsiones de la comunidad”, estableciendo claramente que “Se abstendrán de adoptar cualquier medida legislativa que sea incompatible con la misma”, y le impone a los Estados parte que “Adoptarán y fortalecerán todas las medidas legislativas, administrativas, judiciales, presupuestarias y de cualquier otra índole, incluido un adecuado acceso a la justicia a fin garantizar a la persona mayor un trato diferenciado y preferencial en todos los ámbitos”.

Hoy el promedio de edad de los presos políticos militares sobrepasa los 73 años, habiendo algunos que bordean los 90, siendo el promedio de edad en los presidios normales de 25 años. Muchos ex uniformados ancianos o enfermos presos continúan muriendo en condiciones semejantes a las descritas o no se les permite acceder a beneficios carcelarios, no importando su comportamiento, o conducta previa o posterior a los hechos por los que se les encarceló, o se han visto impedidos de asistir al funeral de su cónyuge o hijo, causando un dolor más a ese anciano militar preso y sus familiares,

Cada vez me pregunto con más insistencia ¿qué están haciendo quiénes agradecen al Gobierno cívico militar por sacar al país del caos por nuestros presos y perseguidos políticos militares terminar con la persecución político judicial?…; ¿ por la aplicación de una justicia “justa”, la misma que se aplica a todos los chilenos?; ¿por la aplicación de los acuerdos internacionales suscritos por nuestro país queriendo excluir a los  viejos militares presos o enfermos?; ¿por la aplicación de los beneficios carcelarios cuando corresponda, sin excepciones, como hoy de hace con los presos ex uniformados?; ¿por el término de las ficciones jurídicas en los juicios a militares?; ¿por el término del otorgamiento abusivo de indemnizaciones por causas relacionadas con DD.HH., y que se verá incrementado con 9.000 causas por «tormento» que nos dejó Bachelet al término de su mandato?…. en que una vez más,  la sola y vaga acusación de “reconocer la voz”, o “recordar su perfume”, ha bastado para procesar a ex militares, condenando al Estado finalmente a pagar jugosas compensaciones económicas que ya han significado varios millones de dólares.

Notable ha sido la afirmación del ex Comandante en Jefe de la Armada Miguel Ángel Vergara Villalobos quien en Cartas al Director de El Mercurio del 5 de mayo pasado afirmó “respecto del proyecto de imprescriptibilidad para el delito de abuso contra menores, varios abogados -con razón- han manifestado sus aprensiones por la calidad de las pruebas con el paso del tiempo. Sin embargo, a nadie le ha preocupado la situación de los militares procesados por derechos humanos, en que el magistrado debe indagar por hechos ocurridos hace 40 años (*45 para ser exactos), con un país en caos.

Para condenarlos, muchas veces se ha recurrido a resquicios legales, apoyados con pruebas que sorprenderían en un debido proceso.”

Así, hoy cientos de ancianos son presos mediante fallos y procedimientos judiciales que en cualquier parte del mundo serían insuficientes, sino que también a los cientos de procesados por acusaciones que ni siquiera se sostendrían en el sistema procesal penal que rige para todos los chilenos, pero no para los ex uniformados…

El Estado Chileno, sus instituciones y porque no decirlo la ciudadanía en general, sigue al debe en estas materias. Ciertamente, habiendo transcurrido 29 años desde que el gobierno militar entregara el poder, el lavado cerebral practicado por la izquierda chilena,  contando una historia unilateral y sin causalidad a una sociedad dócil, crédula y adormecida, con la complicidad de una derecha timorata e  hipócrita, cuando no abúlica y sin conciencia de su propia responsabilidad en los hechos y en que los ex militares han sido el pato de la boda por decenios, nos hace sentir que en Chile para los ex uniformados hay venganza… no justicia.

¡Mosqueteros, “la unidad hace la fuerza”

Por Cristián Labbé Galilea

Dice el refrán que: “a falta de faisán, buenos son rábanos con pan”; por lo mismo, como no tuvimos tertulia esta semana producto del feriado, me hube de contentar con un frugal almuerzo en compañía de un ilustrado amigo quien, en su particular estilo, partió diciendo… “creo que no nos estamos dando cuenta hacia dónde están yendo las misas”.

Pensé que en su ironía se refería a que: el día del trabajo… no se trabaja; que mejora la economía y aumenta el desempleo; que los carabineros cuidan el orden “sin armas” mientras los activistas los atacan con violencia; que los terroristas están amnistiados y los militares presos; que la “mujer fantástica” es un transexual; que hablan de Ambar como si fuera una niña y es una “guagua”…

Me corrigió en un tono severo: “te equivocas, la situación no es para bromas, no quiero decir que la institucionalidad esté amenazada, pero claramente está asediada. Los pilares de nuestra democracia, me refiero a las instituciones, las más importantes de nuestra democracia, están socavadas”.

Latamente remarcó el hecho de que: la Iglesia está “sin piso” y en una difícil encrucijada, sus máximas jerarquías cuestionadas por encubrir abusos sexuales; las instituciones armadas aparecen envueltas en escándalos de corrupción, sufriendo una fuerte caída en su imagen; la sociedad política sobrelleva un desprestigio y un descrédito atroz; la opinión pública siente un tremendo desencanto con todo lo que tenga que ver con la institucionalidad… después de un silencio concluyó: ¡ya nadie cree en nadie!

Quise poner algunas notas positivas en este crudo diagnóstico y pensé en la clásica novela “Los Tres Mosqueteros” (Alejandro Dumas,…), y no exento de pasión recordé la historia del joven D´Artagnan que se dirige a París para hacer su sueño realidad, el de convertirse en mosquetero, a quien, en su camino hacia el deber se suman Athos, Porthos y Aramis para juntos enfrentar las maquinaciones contra la autoridad (su rey).

Para contrarrestar el desánimo de mi interlocutor argumenté que, igual que en la novela de Dumas, debíamos despertar a los mosqueteros que todos llevamos internamente, porque de allí surgirá la decisión, la fuerza, la valentía, la inteligencia, la tolerancia y la paz que nos conduzca al bienestar, la estabilidad, el orden y el progreso político, económico y social, al que todos aspiramos.

“Necesitamos muchos Athos con pensamiento estratégico, buenas ideas, nobleza y respeto por los demás; muchos Porthos que nos den fuerza, gallardía, valentía y autoestima; muchos Aramis para que nuestra sociedad tenga sentido de trascendencia, de raciocinio, de observación y capacidad de tolerancia. Por ultimo debemos despertar a todos los D´Artagnan  para que aporten su decisión, su lealtad y los valores del honor, el compromiso y la consecuencia”.

El almuerzo (de capa y espada) paso volando para terminar concluyendo que: un diagnóstico complejo, como la situación por la que atraviesa nuestra realidad político-institucional -donde están afectadas las principales instituciones de la república- se arregla con una solución sencilla y retadora… ¡Mosqueteros, “la unidad hace la fuerza”!

 

La indefensión de las Fuerzas Armadas

Por Christian Slater Escanilla

No hay duda de que el Doctor, jurista, periodista, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales de Chile, ciudadano ilustre de la ciudad de Valparaíso y columnista del diario «El Mercurio» de Santiago, Agustín Squella Narducci, no soporta a las Fuerzas Armadas y menos a sus Comandantes en Jefes y Ministros de Defensa, de hoy y de siempre. Nos pena la transición militar

Este viernes 04 de mayo, en su habitual columna del medio de comunicación aludido, en su columna titulada “Nos pena la transición militar”, pudimos leer una descarnada y burlesca censura que Squella hace a todo lo que oliera a uniforme militar, lo que usualmente hace por ese medio y en otros también, todo ello, a pesar de su popular discurso sobre la libertad, la igualdad, y la fraternidad o sobre la práctica de las virtudes teologales y de la tolerancia activa.

Le quiero recordar a los lectores, que Libertad, Igualdad y Fraternidad, es el lema Oficial de la República de Francia. Un Estado soberano que posee las Fuerzas Armadas más grandes de la Unión Europea, con capacidad bélica convencional y nuclear, ubicándola en tercer lugar, después de Estados Unidos y Rusia. Mismo puesto en su gasto militar.

Con respecto a las virtudes teologales, les sugiero leer el Manual del Ejército de Chile sobre el “Ethos de la Profesión Militar” y, sobre la tolerancia activa, pregúntenle a los Carabineros de Chile, esos que han sido insultados, golpeados y también masacrados a golpes, sin sacar y hacer uso de su arma de servicio.

Más aún se equivoca el Doctor Squella, al insinuar -maliciosamente-  que las Fuerzas Armadas son apreciadas por la sociedad, sólo por la gallardía con que desfilan para el 19 de septiembre y, los carabineros, porque no se dejan sobornar por los infractores de las leyes de tránsito.

Doctor Agustín Squella, si su visión sesgada es solamente a raíz de la malversación de fondos cometida, en los últimos meses, por algunos uniformados, le recuerdo entonces su frase de la columna del 6 de abril donde, al hablar de virtudes y de vicios, manifestó, “…una golondrina no hace verano…”. Yo le agrego: menos, en instituciones con más de 40.000 efectivos y con más de 200 años de existencia y de los cuales usted se aprovecha porque bien sabe, que ninguno de ellos, estando en servicio activo, podrá rebatirle sus comentarios.

¿Será imposible aceptar la verdad?

Por Gonzalo Rojas Sánchez

El reciente incidente entre los diputados Ignacio Urrutia y Pamela Jiles ha vuelto a ponernos frente al dilema de los últimos 50 años: ¿Es imposible aceptar la verdad sobre la historia del Chile reciente que las fuentes muestran en toda su crudeza?

¿Cuáles evidencias?

Que el gobierno de Frei Montalva gestó conflictos en el campo que iban mucho más allá de una simple reforma de la propiedad. Véanse los testimonios sinceros de Rafael Moreno y de Jacques Chonchol.

Que hubo emprendedores y propietarios que maltrataron a sus trabajadores, dando pie al cultivo del odio en su contra.

Que desde el marxismo y la comprobación de las explotaciones se predicó la toma del poder por la vía armada, y que para eso se crearon movimientos militarizados. Basta asomarse a los seis tomos de Víctor Farías, con documentos de la izquierda chilena de entre 1969 y 1973.

Que a esos planteamientos respondieron grupos paramilitares de concepción nacionalista, los que incurrieron también en crímenes y atentados contra la propiedad.

Que el gobierno de la UP desarrolló a fondo un proyecto de control total del país y que dentro de sus fuerzas -o por sus márgenes- hubo grupos armados que lo apoyaron. Corvalán, Altamirano y Pascal Allende lo han reconocido ampliamente, y la literatura de izquierda es hoy desfachatada para mostrar sus recursos militares («Compañeros», sobre el GAP, es un magnífico ejemplo).

Que durante los gobiernos de Frei y Allende los militares chilenos siguieron viajando a formarse en represión antisubversiva, sin que nuestra democracia considerara ilícita o criminal esa formación.

Que la inmensa mayoría de la población pidió la intervención militar y apoyó con entusiasmo al gobierno establecido desde septiembre de 1973. Los militares terminaron lo que los civiles iniciaron.

Que hubo resistencia armada, dura y constante, en los primeros días del nuevo régimen y hasta finales de 1974.

Que en la acción represiva hubo de todo: prevención legítima y proporcionada, dudosas maniobras e ilegítimas acciones. Estas últimas se expresaron en detenciones arbitrarias, en inaceptables torturas, en crueles desapariciones y en varios crímenes atroces, a pesar de todas las advertencias públicas y privadas hechas por los gobernantes y que constan en diversas fuentes.

Que desde fuera de Chile y con su correlato dentro de nuestro territorio se fueron reorganizando los grupos subversivos y terroristas para volver a perpetrar numerosos atentados, algunos de especial crueldad y relevancia, lo que suscitó nuevas olas de represión, tortura y muertes.

Que el retorno a la democracia estaba perfectamente delineado por el gobierno del Presidente Pinochet, quien junto a las Fuerzas Armadas y de Orden cumplió a cabalidad con la palabra empeñada, una vez perdido el plebiscito de 1988.

Que ya en democracia, grupos de izquierda han vuelto a perpetrar crímenes gravísimos -el de Jaime Guzmán, aún impune-, desplegando redes de protección que implican a Cuba y a otros diversos Estados.

Que cientos y cientos de uniformados han sido efectivamente procesados y condenados, mientras casi no hay subversivos presos. Con independencia de sus responsabilidades concretas -que en algunos casos son muy graves-, los militares han sido condenados con violación de su derecho a un debido proceso y por la ficción jurídica del secuestro permanente.

Que las reparaciones económicas a militantes de izquierda han beneficiado legítimamente a muchas víctimas y a sus familias, pero que de ellas también se han aprovechado quienes no lo fueron.

Que todo lo anterior no puede decirse sin que se corra el riesgo de ser acusado como instigador al odio.