El verdadero trasfondo del debate en el incidente del MHN

Editorial diario El Mercurio de Santiago, sábado 12 de mayo de 2018

Fue desvinculado de su cargo el director del Museo Histórico Nacional (MHN), producto de que en la exposición «Hijos de la Libertad», organizada por ese Museo, figura en un panel una cita del general Pinochet. Junto a la fotografía de Pinochet había un texto que se refería a la «gesta del 11 de Septiembre» y a la «heroica lucha contra la dictadura marxista de los pueblos amantes de su libertad». Dichas expresiones no estaban entre comillas, dando la impresión de que se trataba de la opinión dla curatoría de la muestra y no de una frase de aquel.  El , dijo que lo que se buscaba era «conflictuar nuestra historia a partir del presente», «generar una discusión respecto de la libertad», «mostrar formas de entender la historia desde otras perspectivas» y que «se reflexione». Andrade había accedido al cargo por ADP durante el gobierno de Bachelet.

La actual ministra de Cultura justificó su desvinculación afirmando que «la libertad de expresión no puede estar sobre los derechos humanos». Por su parte, el diputado Miguel Crispi (RD), en carta a «El Mercurio», consideró que la cita incluida en la exposición implica reivindicar «al golpe de Estado como una gesta heroica». Por eso, él propone que se legisle para «prohibir el negacionismo y la reivindicación de crímenes cometidos por el Estado en dictadura». De esa manera, Crispi supedita, al igual que la ministra, la libertad de expresión a la indignación moral de quien se sienta ofendido por lo expresado por otra persona en uso de esa libertad.

Aquí se encuentra el corazón del debate. Se pretende cambiar el límite que define a las interacciones inaceptables entre seres humanos en el ámbito público de aquellas estimadas admisibles, desde la violencia física, universalmente condenada, a la incomodidad o indignación que eventualmente provoquen las palabras de un tercero. Es decir, las personas tendrían derecho a impedir que alguien se exprese si consideran que sus palabras resultan indignantes, definiendo, de paso, lo que es «políticamente correcto» y lo que no. Por ejemplo, en los campus norteamericanos las personas pueden sentirse «microagredidas» si alguien utiliza palabras que ellos no «aceptan» y exigen la existencia de «espacios seguros», libres de ellas. Definir un límite potencialmente arbitrario a la libertad de expresión por parte del receptor, siguiendo sus propios criterios para establecerlo, es adentrarse en un camino muy riesgoso que amenaza la necesaria discusión que fomenta el progreso de las comunidades. La mordaza social que surge de seguir un criterio como ese está generando un crucial debate. De su resultado depende la salud de las sociedades contemporáneas.

Por eso, en el incidente del MHN no es el juicio moral respecto de Pinochet lo que está en juego, sino algo mucho más profundo y valioso.

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