Bolsonaro, implicancias de una elección para Chile

Por Roberto Hernandez Maturana

Con el 98% de los votos escrutados, el líder de derecha Jair Messias Bolsonaro, ex capitán de Ejército y diputado brasileño de 63 años, defensor de los valores más conservadores, que están recobrando hoy inusitada fuerza en todo el mundo, se alzó con la primera mayoría en las elecciones de los Estados Unidos de Brasil, al obtener el 46,3% de los votos, frente al 28,8% de Fernando Haddad, el candidato designado por Lula, el ex presidente y líder del Partido de Los Trabajadores  (PT), hoy en prisión acusado de corrupción. Solo un vuelco inesperado, el 28 de octubre, fecha de la segunda vuelta, evitará que la derecha más conservadora gobierne a partir del 1 de enero el país más grande de América Latina.

El resultado de gran trascendencia para los países latinoamericanos significa una dura derrota para los populismos de izquierda, no solo en Brasil, sino que en toda América latina.

Su discurso que prometía mano dura contra la corrupción, que ha sido una epidemia bajo los gobiernos del Socialista PT, y contra la delincuencia, además de «Reducir el número de ministerios; extinguir y privatizar estatales. La política al servicio del brasileño» llegó fuerte a los oídos de los brasileños, cansados de ser manipulados por sus autoridades políticas, y del discurso disruptivo, odioso y descalificador, tan propio del mal llamado “mundo progresista”

Responde también al descrédito universal de la actividad política, no solo en Brasil, si no en gran parte del mundo occidental. Como dato anecdótico, la última presidenta del PT, elegida democráticamente Dilma Rousseff, destituida en 2016 por irregularidades en las cuentas fiscales de su gobierno y ahora candidata a Senadora por el Estado de Minas Gerais, con su exiguo 15,04%, no fue electa.

Bolsonaro ha propuesto un programa de rigor fiscal y privatizaciones produciendo con el resultado de esta elección que el Ibovespa futuro saltara al 6%, mientras que el dólar caía a 3,73 reales. En ese escenario, la consultora de riesgo norteamericana Eurasia elevó de 60% a 75% las chances de victoria de Bolsonaro en el balotaje.

¿Qué lectura podemos dar a estos hechos nosotros, los ciudadanos de a pie?

Sin duda, representa una derrota electoral para la izquierda, no solo en Brasil, sino que también en el mundo; no olvidemos que fue bajo el alero del PT que se organizó en 1990 el Foro de São Paulo, constituido para coordinar las acciones de los partidos y movimientos de izquierda en el mundo después de la caída del Muro de Berlín, y enfrentar al neoliberalismo en los países de Latinoamérica y el Caribe, y que año a año se reúne desde entonces, como fue este año en La Habana. Chile está representado en este foro por el Mas, la Izquierda Ciudadana, el Partido Comunista, el Partido Humanista, el Partido Socialista, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, Revolución Democrática y el Partido del Socialismo Allendista.

¿Y en Chile?

Las realidades de Chile y de Brasil son muy diferentes. Pero la brújula de la política es veleidosa. El “progresismo” ataca dura e intolerantemente, cual nueva Santa Inquisición, a todo aquello que considera reprochable… sus discursos de igualdad, equidad de género, liberalización de ciertas drogas, garantías a los delincuentes, protección indiscriminada de “derechos por sobre los deberes, comienza a cansar al auditorio.

Los partidos de la izquierda chilena, lentamente se van quedando en sus discursos rupturistas, odiosos, propiciadores del conflicto social y la lucha de clases, cada vez menos escuchados. Hoy, se diría que lo que los une es su oposición al gobierno de Piñera.

La derecha más “light”, la que gobierna, la que le gusta decirse “de centro derecha”, aún no encuentra su ADN y se debate entre ser simpática a la izquierda, y cumplir con el programa por el cual los chilenos la eligieron. Le cuesta reconocer las cosas evidentes, pero políticamente incorrectas: no se atreve a decirlas, y la gente la percibe como poco clara y poco sincera; y mientras no se haga cargo de sus propias ambigüedades en lo económico y en lo valórico y no se  haga cargo de las demandas de los sectores sociales emergentes, del abandono que sienten las regiones, de la urgencia de mejorar la productividad de una economía basada solo en lo extractivo, continuará perdiendo apoyo popular, el cual se dirigirá hacia la izquierda o hacia una derecha más “derecha”, más conservadora,  pero también aparentemente más cercana a un sentir popular de base… El tiempo dirá.

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