Ratones de cola pelada…

Por Cristián Labbé Galilea

No hay caso… cuando menos se piensa y donde menos se espera, surgen los “errores no forzados”, esos perversos tropezones políticos que nadie se explica por qué ocurren, y que tanto enmarañan la paz social y la solución de los verdaderos problemas de nuestra realidad…

Esta semana el tema fue la destrucción de “la memoria” de la cámara que llevaban los carabineros en el controvertido operativo en la reducción de Temucuicui (IX Región) y, como si eso fuera poco, a escasas horas trascendió, en un medio sensacionalista, lo dicho por el Jefe del Ejército en una reunión privada con miembros de su institución, y que alguien maliciosamente grabó.

Después de varios comentarios, en su mayoría no muy positivos (por ser generoso), uno de los  parroquianos acotó: “nos está lloviendo sobre mojado…”  para dar a entender que, si la cosa estaba mal, ahora se había puesto peor.

Se discutió latamente sobre los pormenores de ambos casos; nadie pudo explicar ni menos explicarse lo sucedido. Agotado el morbo de los “pequeños – grandes detalles”, el razonamiento se enfocó en el camino que se debía seguir para sortear esta crisis que estaba enredando en demasía al gobierno, y que amenazaba con “araucanizar” su gestión e  invalidar a las instituciones claves de nuestra sociedad… situación que uno de los presentes calificó como “la caída de los gigantes…” haciendo una sutil analogía con el título del libro homónimo de Ken Follett, señalando: “cae la iglesia, cae carabineros, cae el ejército, caen los partidos políticos, caen el orden, la autoridad y el derecho… Para qué sigo…”.

Los diagnósticos no fueron coincidentes. Para unos la cuestión de la Araucanía era “delincuencia desenfrenada”, la que debía ser tratada en esa condición y que constituía un error subirla a la categoría de terrorismo porque eran solo eso “delincuentes”, de los cuales se aprovechaba una caterva de ONG´s para obtener recursos y amenazar políticamente al gobierno; en suma, para este grupo se trataba sólo de facinerosos a quienes lo único que interesaba era el dinero.

Los más radicales defendieron la tesis de que estábamos en presencia de un “terrorismo peligroso”, dirigido por cabecillas entrenados política y militarmente en el extranjero, que además eran apoyados por organizaciones internacionales cuya bandera era la causa separatista y rebelde del indigenismo a ultranza. Amenaza que debía ser enfrentada con decisión y coraje… sin mostrar ni un dejo de debilidad.

Un tercer grupo autodefinido como “más realista” sostuvo que el tema tenía una arista, emocional y política, difícil de abordar, pues mostraba un importante apoyo comunicacional que había  sensibilizado a la opinión pública con la causa indigenista. Estos contertulios sostuvieron que los esfuerzos desarrollados por iniciativa del actual gobierno eran de largo plazo y además no contaban con una contraparte representativa, por lo que el tema no tendría solución mientras no apareciera una interlocución valida y habilitada… Mientras eso no ocurriera el gobierno seguiría dando palos de ciegos… porque los rebeldes… no daban la cara.

Todo terminó cuando uno de los contertulios remató… “hay que desenmascarar a estos violentistas que no tienen la estatura de los antiguos loncos… éstos son  traicioneros y alevosos, como todo cobarde “tiran la piedra y esconden la mano”,… los verdaderos loncos, los de verdad, siempre dieron la cara… estos son ratones de cola pelada…”

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