Foro por la democracia

Editorial El Mercurio de Santiago, viernes, 22 de marzo de 2019

Es lamentable que la realización del «Foro por la Democracia» -que congregó ayer en Santiago a más de cuarenta organizaciones latinoamericanas, entre partidos políticos y centros de estudio de derecha y centroderecha- se haya concretado la misma semana y apenas un día antes de la cumbre sudamericana impulsada por el Presidente Piñera. En efecto, tal coincidencia puede haber dado pie a confusiones respecto de dos instancias muy distintas, cual es una reunión entre mandatarios en la búsqueda de nuevas formas de integración regional, más allá de ideologías, como la que se hará hoy en La Moneda, y un encuentro de explícito carácter político, como fue el foro realizado ayer. Una mayor separación en el tiempo habría ayudado a despejar las suspicacias que algunos han querido levantar respecto del sentido de la cumbre sudamericana, pero además habría permitido una mejor apreciación del interesante esfuerzo que supuso el referido «Foro por la Democracia».

Esta última iniciativa marca el inicio de una nueva forma de coordinación entre colectividades y centros de estudios que comparten un ideario común. Pero aunque ese hecho es en sí relevante, conviene atender también a los tópicos fundamentales abordados.

Desde luego, cabe destacar la reivindicación de la democracia representativa. Esto, que podría considerarse a estas alturas de la historia una cuestión obvia, cobra nueva relevancia cuando una parte de la izquierda ha empezado a levantar discursos relativizando su valor y el de sus instituciones, para en cambio mitificar el asambleísmo y la supuesta «voz de la calle». Frente a ello, la centroderecha latinoamericana, junto con resaltar la importancia de las instituciones, entiende la necesidad de un Estado sólido pero que reconoce sus límites en la libertad de las personas y en una sociedad civil fuerte.

Desde una perspectiva regional, la situación venezolana ocupa lugar preponderante en las preocupaciones del sector, tanto por la urgencia de la tragedia que ese país vive como porque el caso constituye un ejemplo dramático del poder destructivo de los populismos. En esa línea, se propuso una revisión del papel de los organismos internacionales para que sean instancias efectivamente capaces de actuar frente a situaciones de crisis.

Los otros dos temas ampliamente tratados en el foro -políticas sociales, y desarrollo inclusivo y sustentable- abren importantes perspectivas para el futuro. Aquí cabe mencionar la nueva realidad demográfica, caracterizada por el envejecimiento de la población y el reto que ello plantea a los sistemas previsionales y de salud, entre otros.

También se atendió a los desafíos del empleo ante la cuarta revolución industrial y la necesidad de adaptación de la fuerza laboral; la importancia de políticas públicas que fomenten la innovación y el emprendimiento, y las nuevas realidades producto de la creciente población migrante. El foro tampoco pasó por alto los temas de inclusión social, con la incorporación de la mujer al mundo laboral y la equidad de género; el reforzamiento de la perspectiva medioambiental; el mejoramiento de las ciudades, y la atención a las necesidades de grupos postergados.

La agenda combinó así temas esenciales del pensamiento liberal-conservador, con tópicos y perspectivas que requieren una mirada nueva. Sería positivo que esta iniciativa fuera seguida de otras, donde políticos e intelectuales puedan enriquecer sus miradas y promover discursos creativos, dotados de mayor densidad conceptual y capaz de abordar una realidad en evolución.

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