Ojo señor maquinista

Por Cristián Labbé Galilea

Esta semana nuestra tertulia estuvo inicialmente abocada a efemérides como: la matanza en la Plaza Tiananmen, China; el desembarco en Normandía, hito de la II G.M, y; el asesinato de Diego Portales; todos temas relacionados con la libertad y con el mundo libre.

En lo contingente los temas se centraron en: la “toma” de liceos por parte de estudiantes violentistas, y; en la Araucanía, donde dirigentes mapuches anunciaron la creación de un gobierno autónomo. Ambos asuntos concernientes al tan ajado “principio de autoridad”.

Cortas divagaciones nos llevaron al meollo de lo que está afectando nuestra convivencia, así como al anhelado bienestar y progreso al que aspiramos todos. Nada de sencillo y menos de trivial, la libertad y la autoridad, pilares básicos socavados peligrosamente.

 

Un desilusionado parroquiano interrumpió nuestras elevadas reflexiones para hacernos ver que era ese el contexto en que se debía analizar el surgimiento del partido político de JAK. Poco se demoró un tercero en replicar que este nuevo referente afectaba la frágil unidad de la coalición.

Sin estar de acuerdo con dicha aseveración, la mayoría coincidió en que esta situación era responsabilidad de los propios partidos del sector, y particularmente del gobierno, quienes en reiteradas ocasiones habían “ninguneado” a JAK, a pesar que éste se había sumado incondicionalmente a la candidatura del actual presidente.

Hizo mucho sentido en los presentes el argumento de que el gobierno -como lo hacían los maquinistas de los viejos trenes- estaba “sacando la cabeza cada vez más hacia la izquierda”, en su ambiciosa búsqueda de votos y ante la desesperada necesidad de mejorar en las encuestas, generando con ello una gran frustración entre quienes votaron por el actual mandatario.

Sesudas intervenciones nos llevaron a concluir que el Partido Republicano de JAK era un aporte al sector porque, además de “reunir a los dispersos”, se constituiría en un “estabilizador político” que aseguraba que las próximas presidenciales las volverían a ganar las ideas de la sociedad libre.

El ambiente se distendió cuando un antiguo contertulio recordó al viejo Silabario Hispanoamericano (A. Duffocq G, 1948) donde hicimos nuestras primeras letras, “a,e,i,o,u, (el burro sabe más que tú)” y donde aprendimos las primeras lecciones…,  y tatareo… “¿que será ese ruido que pasa por ahí… serán los estudiantes que van a rezar a la Virgen del Pilar…?” ¡Claro que no!… se contestó el mismo antes de recitar: “…mi trencito de madera… ni se cansa ni descansa… insolente echa nubes de carbón… en mi sueño soy el dueño, chucu chucu, de este tren”.

No alcanzamos a salir del asombro cuando quien había interrumpido nuestras cavilaciones explicó su genial enseñanza: “los estudiantes violentistas no están para rezos; le están haciendo ruidosos gallitos a la autoridad, que si no se impone ahora, luego será tarde; y, en cuanto al  trencito “chucu-chucu”, es importante tener presente que, al ser la libertad uno de los pilares de nuestras ideas políticas, debemos ejercerla con firmeza y plantearle al maquinista ’de nuestro tren‘ que no se asome tanto a la izquierda porque se le pueden descarrilar otros carros… “.

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