Municipios y controles de menores

Editorial La tercera 2 de Julio de 2019

Ocho municipios de distintas zonas del país llevaron a cabo una consulta plebiscitaria no vinculante para efectos de pronunciarse sobre una restricción de circulación en horario nocturno a menores de edad -de hasta 16 años- sin compañía de adultos, cuyo resultado arrojó que una amplia mayoría estuvo por aplicar este tipo de medidas.

Los alcaldes que promovieron esta consulta se han mostrado en general satisfechos, pues en conjunto votaron unas 120 mil personas, subrayando que es la votación electrónica más grande realizada hasta ahora en Chile. Lo cierto es que dicho número representa apenas una fracción muy menor de todo el padrón habilitado para sufragar, lo que es un claro indicativo de que en general se movilizaron aquellos que tenían interés en aprobar estas restricciones, y de allí que el resultado no pueda llamar a mayor sorpresa. Así, la opción triunfante es un dato que en sí mismo tiene escaso valor, pero que sin embargo servirá de base para dictar ordenanzas discutibles en su propósito y de dudosa representatividad, lo que hace previsible que su efecto práctico no será mayormente relevante. Cabe lamentar nuevamente que se hayan gastado tiempo y recursos municipales en una iniciativa que no apunta a hacerse cargo de los problemas de fondo.

Es un error que las familias busquen delegar en el Estado tareas que les son inherentes, como es la formación de sus hijos en hábitos responsables así como controlar los horarios en que podrán circular de noche y las amistades con que se juntan. Asumir que los municipios podrán ejercer esa labor disciplinar es caer en una suerte de paternalismo y de paso validar que el Estado pueda tomarse más atribuciones en el control de las libertades personales. Tampoco parecen estar bien resueltas las objeciones constitucionales que algunas voces han hecho ver, en cuanto a que por actos administrativos como las ordenanzas se pueda ir más allá de lo que establece la ley, la cual no contempla que los menores de edad puedan ver restringida su circulación.

Antes de seguir insistiendo en este tipo de medidas efectistas, los municipios deben abocarse a utilizar las normas que ya existen para resolver los problemas de orden público que imperan en sus territorios, que son en definitiva las razones que probablemente están detrás de la mayor ansiedad en algunos por imponer más restricciones.  El desenfrenado consumo de alcohol y su venta sin mayor control a menores de edad es un problema largamente diagnosticado, y que suele ser motivo de constantes desórdenes e inseguridad en parques y plazas, particularmente por la presencia de pandillas juveniles. Asimismo, no debería permitirse a ningún menor circular por la vía pública en estado de ebriedad, y es razonable que el expendio de alcohol tenga horarios más estrictos. El consumo de estupefacientes es también una materia de creciente preocupación, donde los municipios pueden hacer importantes contribuciones en programas de prevención o actividades para ocupar el tiempo libre.

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