¡Dejen en paz al Ejército!

Por Patricio Quilhot Palma

La desgraciada situación por la que cruza nuestro Ejército de Chile ya no da para más. A una bullada campaña de prensa, desatada por una camada de fieras de todos los colores políticos, se suma el irresponsable descabezamiento de su alto mando, provocado por una porfiada persecución judicial, lo que ha generado una grave vulnerabilidad para la seguridad de nuestra nación.

Una cosa son las causas por desfalco, en las que debe haber claros responsables que paguen por ello. Otra cosa es la persecución sin fin, desatada por una forma de justicia arcaica, en contra de todo aquel que ꟷingenuamenteꟷ siguió una norma informal, impuesta por la tradición y comunicada, normalmente, por los mismos que entregaban el beneficio. No puede ser delito aquello que se comete sin saber que lo es. Así ocurría con el tema de los pasajes y fletes, donde se recibía un decreto con la designación, incluyendo derechos económicos que se señalaban como de carácter personal. Devolver el dinero no era aceptable ni posible, puesto que ya había salido del registro contable y su destino no era otro que beneficiar al funcionario designado en comisión al extranjero.

Lo anterior, fue sistemáticamente utilizado por todo funcionario público del estado, sin excepciones. Sin embargo, los únicos que hoy son perseguidos judicialmente son los miembros del ejército. Si ello no es injusto, al menos constituye una discriminación flagrante, amparada en el conveniente silencio de un mundillo político que cada día se parece más a aquel que nos llevó al caos y al conflicto.

Lo que jamás debió haber sucedido es que el gobierno, responsable último por la Defensa Nacional, se haya hecho a un lado, permaneciendo como simple espectador, mientras le descabezaban a su arma más valiosa para la protección de la integridad territorial de Chile. La pusilánime justificación de “que hay que dejar que las instituciones funcionen”, propia de un tiempo de inmorales, hace cuna en un gobierno de derecha, supuestamente patriótico y práctico, por considerarse menos ideologizado que sus adversarios históricos.

Por desgracia, nos encontramos frente a una situación de desmantelamiento de una institución donde la experiencia es un elemento esencial para la calidad de sus mandos. Un oficial general no surge de la simple promoción de un oficial más joven, por muchos títulos que éste posea. Lo que marca la diferencia es precisamente su permanencia previa en diversos cargos subalternos, por el tiempo necesario para dominar la mayor parte de los temas profesionales que le permitirán asumir la conducción de grandes unidades.

Increíblemente, esto que parece tan simple, es muchísimo mejor comprendido por la izquierda política, tal vez por profesar una ideología en la que el uso de la fuerza les ha sido clave, ya sea para imponerla o para mantenerse en el poder. La derecha, por desgracia, muestra una ignorancia supina respecto de la orgánica militar y su funcionamiento. Es cosa de observar actitudes y medidas provenientes de sus próceres más representativos, para comprender que las FF.AA. nunca han estado mejor que con los gobiernos de izquierda.

Incluso Allende lo comprendió y trató, hasta el último momento, de congraciarse con ellas, atrayendo a sus comandantes en jefe a su ministerio y enviando a sus cuarteles a los camiones de las JAP, cargados de productos inaccesibles para quienes no eran sus partidarios. Aunque su ideología sea profundamente antagónica con los principios militares de nacionalidad, patriotismo y fidelidad a la bandera, los marxistas chilenos parecen haber comprendido que la frase de Eduardo Frei Montalva era correcta, cuando señaló que “el poder verdadero está en los fusiles”. Si no lo cree, por favor mire lo que sucede en Venezuela…

Por el contrario, cada vez que la derecha ha gobernado, la piedra de tope para sus desahogos populistas ha sido el ejército y sus instituciones hermanas. En lo particular de este caso, da la impresión que para ellos un general es lo mismo que un gerente, el cual puede ser cambiado cada vez que se desea dar un nuevo ritmo o un giro a su negocio. El problema es que éste no es “su” negocio, sino el de “todos”, para lo cual el gobierno debe razonar estrategias y preservar los medios requeridos para su logro.

Tal debilidad de la derecha, es inteligentemente aprovechada por la izquierda, estimulando la brecha con las instituciones armadas a través de un ataque hacia los generales y las tradiciones del ejército, lo cual ꟷcombinado con el frente judicialꟷ terminará pasando la cuenta al gobierno de derecha y no a ellos. En una brutal paradoja, no debería sorprendernos que en la próxima campaña electoral, los candidatos de izquierda busquen capitalizar el rechazo de los militares hacia una derecha que permitió o avaló su desastre.

Un ejército sin generales o con generales sin experiencia, será siempre un incentivo para el enemigo, estimulando amenazas donde la disuasión ya no funciona. Sean ellas de origen externo o interno, el tema supera al concepto de “Defensa Nacional” y cae dentro del ámbito de lo que el complejo antimilitar de los políticos ni siquiera se atreve a nombrar: la “Seguridad Nacional”. Si no es así, ¿cómo explicar la irresponsabilidad de no contar con un servicio de inteligencia que alerte oportunamente de las intenciones hostiles? ¿O es acaso posible no prever el eventual empleo del ejército en un conflicto interno, como puede ocurrir en La Araucanía?

Sin un Inteligencia de verdad y sin generales o con generales inexpertos, nuestro país se encuentra gravemente limitado para la preservación de sus intereses nacionales permanentes. La responsabilidad por ello recae exclusivamente en un gobierno incapaz de comprender los verdaderos alcances de su rol, empañada su visión por la neblina del poder y de la popularidad, a costa de la historia. Una muestra fatal de su irresponsabilidad y falta de coraje para enfrentar los verdaderos desafíos de la conducción de un país, muy distinto de lo que significa dirigir una empresa o un grupo de ellas, por grande que sea. Dejen en paz al Ejército de Chile, porque sin él “no hay fusiles para ejercer el poder”, tanto hacia afuera como hacia adentro. Si no lo entienden, por favor lean la historia del mundo y de Chile, donde lo comprobarán. Un verdadero “estadista” es quien es capaz de pensar y actuar en procura de los grandes objetivos nacionales, haciendo lo que sea necesario para impedir que ellos sean amenazados o conculcados. Por más Razón que haya, sin la Fuerza ésta de nada vale.

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