Instituto Nacional, radiografía de la incapacidad

Por Roberto Hernández Maturana

Todos sabemos que hasta hace poco el Instituto Nacional  representaba la idea de que dentro de la educación pública,  la excelencia académica era su mejor característica, con un proyecto educativo dentro del marco estatal que promovía el mérito y la movilidad social, sin importar la condición social ni económica de sus estudiantes.

Actualmente el Instituto Nacional tiene más de 4.200 alumnos, siendo el liceo más grande del país. De ellos, 14 escolares fueron expulsados por la Ley Aula Segura, y otra docena se retiró del colegio, frenando así, la investigación que se realizaba en su contra, por los incontables desordenes y actos violentos que se vienen haciendo este año en dicho establecimiento,  y que han terminado por poner en jaque todo el proyecto educacional.

Así, un colegio que se destacaba por entregar al país egresados preparados con una gran calidad educacional muchos de los que alcanzaban cargos relevantes en la administración pública o privada, varios de ellos presidente de la nación, hoy presenta una reducción sostenida de su matrícula, las reiteradas movilizaciones por parte de estudiantes y profesores, y la consecuente pérdida de clases han causado estragos en la calidad del Instituto, causando además que numerosos alumnos, especialmente de enseñanza media pierdan  prácticamente su año completo de clases.

Lo que en un principio fueron hechos esporádicos,  protagonizados por violentista encapuchados y organizados, con el apoyo exterior de grupos politizados y anarquistas, paso a ser cotidiano en la comunidad escolar, con tomas y hechos violentos al interior del establecimiento contra profesores, destrucción de la ya deteriorada infraestructura, e incluso la quema del emblemático estandarte del colegio en medio del patio de honor, y el uso cada vez más frecuente de bombas molotov contra carabineros que concurren a evitar los desordenes, lo que ha obligado en numerosas oportunidades a suspender las actividades escolares.

Las demandas de los encapuchados  abarcan un amplio espectro, que en lo  inmediato comprende un cambio curricular, con una comisión interestamental para la elaboración de la implementación de la educación sexual, cívica y mental dentro del plan común.

Asimismo, exigen protocolos sobre violencia de género, persecución política, de movilizaciones (con horarios protegidos) y plagas que afecten a la salubridad. Eso se suma a solucionar los problemas internos respecto al NEM y al ránking; así como una rendición mensual de cuentas respecto al fondo SEP y subvención escolar.

Y, a largo plazo, los “estudiantes” exigen la derogación de la ley “Aula Segura”, rechazo a la ley de Admisión Justa, rechazo al Control Preventivo de Identidad a Menores, implementar una opción vegana en la Junaeb, y un no al “Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP11).

En realidad lo que parece evidente, es la intención de clausurar para siempre  las actividades del IN y porque no, poner fin a la educación municipalizada. Así bengalas, piedras y todo tipo de elementos contundentes han sido parte de la artillería que los encapuchados, vestidos con overoles, lanzan  constantemente desde el interior del colegio hacia la vía pública.

La crisis del emblemático liceo ocurre en medio del proceso de cambio de su rector. Actualmente, el colegio es dirigido por Fernando Soto, quien estará a la cabeza del recinto hasta el 30 de agosto. Luego, asumirá una autoridad interina, mientras la Alta Dirección Pública busca a un reemplazante para que llegue al puesto en marzo de 2019.

Las medidas adoptadas por el sostenedor, es decir la municipalidad de Santiago, como fue la identificación de  cada alumno, mostrando su carné de identidad para  entrar al establecimiento, para mantener un control de ingreso  fue  un fracaso, cuando un grupo de encapuchados desencadenó una serie de hechos de violencia al interior del establecimiento, agrediendo al personal del establecimiento, a otros alumnos y apoderados que querían poner fin a los desmanes, lanzando artefactos incendiarios desde el segundo piso del recinto, por la entrada de calle San Diego.

Ante la evidencia de que las medidas tomadas han resultado ser insuficientes para la complejidad de la situación actual del histórico colegio,  un nuevo actor entrará en escena, el Ministerio de Educación, cuando el alcalde Felipe Alessandri se reúna hoy  lunes con la ministra de Educación, Marcela Cubillos, para buscar una salida a la espiral de violencia que desde abril no ha parado.

Una de las posibilidades que se estudiarán será  cerrar anticipadamente el año escolar, con las notas que hay hasta ahora. Al respecto el alcalde Alessandri  señaló “eso es lo que vamos a ver este lunes con la ministra Cubillos y su equipo, esos límites los establece el Ministerio de Educación”, añadiendo que eso sería una alternativa extrema: “O nos paramos todos frente a los encapuchados, o frente a los hechos tendremos que cerrar el año”.

Finalmente,  resulta inexplicable que se haya llegado a este estado de cosas. Un grupúsculo de imberbes extremistas adoctrinados y alentados por un grupo de adultos interesados en generar caos,  han puesto de rodillas a una sociedad completa.

Ha fallado la autoridad y el aparato del Estado,  incapaz de imponerse; ha fallado la inteligencia policial incapaz de identificar a los violentistas; ha fallado la comunidad escolar incapaz de aislar a los extremistas y defender su colegio; ha fallado la sociedad en su conjunto,  que observa indolentemente como se destruye uno de los emblemas de la educación pública en Chile.

Frente a estos hechos, la indolencia y la pasividad no son una opción. Todos quienes creen en la libertad, tanto  los que estudiaron en sus aulas, como los apoderados, profesores y autoridades, deben unirse para  condenar tajantemente y erradicar de manera definitiva la violencia escolar, y volver a encender el primer foco de luz de la nación, para que siga siendo un espacio de oportunidades para tantos jóvenes de familias de clase media y más vulnerables del país.

Demandamos al gobierno, que de una vez asuma su responsabilidad de gobernar y cumpla  las expectativas para las cuales fue elegido. La tibieza no le atraerá electores de la izquierda y sí le hará perder  la adhesión de un electorado  que  comprometerá su continuidad en los próximos procesos electorales. El ejemplo argentino está a la vuelta de la esquina.

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