¿Políticos serios o jefes de barras bravas?

Por Roberto Hernández Maturana

A nosotros los chilenos mortales comunes y corrientes, cada día nos llama más la atención el nivel de agresividad y violencia verbal con que el gobierno y la oposición se están relacionando últimamente, demostrando en forma creciente su falta de sentido institucional en sus relaciones, agudizando sus controversias en una confrontación que no nos lleva a ninguna parte.

El último conflicto generado por la izquierda, de hacer una acusación constitucional contra la Ministro de Educación, cuyos fundamentos parecen no tener claros ni ellos mismos, tuvo una repuesta de la ministra Cecilia Pérez, vocera del Gobierno, que estaba sin duda destinada a incendiar las relaciones entre el gobierno y una oposición que le ha negado la sal y el agua a varias proposiciones de reformas legales. La Ministro Pérez lejos de dar una respuesta moderada, advirtiendo, por ejemplo, las inconsistencias de la anunciada acusación optó por arremeter contra el partido socialista, promotor de la demanda, exigiendo saber «qué relación tiene el PS con el narcotráfico», acusando a esa colectividad de pretender «ocultar» el tema, refiriéndose así a la crisis vivida por los socialistas a propósito de su padrón electoral en San Ramón y a la contratación por parte de la municipalidad de esa comuna -encabezada por un ex militante y caudillo socialista- de personas vinculadas con narcotráfico y otros delitos.

 

La actual directiva socialista  ya había sido fuertemente criticada, incluso dentro del mismo partido, pero la Ministro Pérez fue más lejos, al sugerir con sus palabras, sin entregar antecedentes, un vínculo institucional del PS con el narcotráfico, lo que el mismo gobiernos en declaraciones posteriores buscó corregir, pero sin desistir de su emplazamiento.

Así en una pelea digna de patoteros de barrio( “tus dos y dos más”), la  tensión fue aumentando y ante la comprensible una molestia  de los dirigentes socialistas, otros dirigentes opositores solidarizaron con ellos endureciendo su oposición aprovechando la mayoría que posee en ambas ramas del Congreso para, en represalia ante los dichos de la vocera, bloquear el trabajo legislativo del Gobierno.

Así en  una actitud más propia de niñitos de amurrados de jardín infantil adoptaron varias medidas que iban desde no permitir el acceso de subsecretarios a las comisiones  hasta impedir que una de estas comisiones pudiera funcionar en paralelo a la sala, lo que es una práctica habitual cuando se trata de iniciativas muy relevantes, retrasando así otras discusiones como la Ley de Sala Cuna Universal.

En todo caso, lo que más nos llama la atención de este espectáculo a los chilenos de a pie, a la opinión pública en este conflicto, más allá de los duros epítetos  de grueso calibre y recriminaciones entre parlamentarios de oposición y de gobierno, el bloqueo que se está haciendo a la tramitación de leyes constituye una acción muy delicada, ya que supone obstaculizar la tarea fundamental del Congreso, cual es legislar.

Pareciera que los parlamentarios confunden sus roles  transformando una disputa política -en este caso, la vocera de gobierno y la directiva del PS- en un conflicto institucional y un enfrentamiento entre dos poderes del Estado, en una actitud más propia de barras bravas que de legisladores preocupados por la marcha de los asuntos del Estado.

Así los sistemas elaborados para un mejor trabajo parlamentario -como el permitir el ingreso a la sala o a comisiones de autoridades distintas de los ministros- se ha transformado en una manera de hacer daño político al adversario y presionando y corrompiendo los mecanismos parlamentarios, usando una acusación constitucional como arma para remover ministros y asestarle un golpe al gobierno de turno, con lo que además de dar un pobre espectáculo a la ciudadanía, entrega una pésima imagen de las atribuciones que la Constitución y la ley entregan a los congresistas. Es de esperar que la transitoria mayoría política o parlamentaria que hoy tiene la oposición no haga habitual este tipo de prácticas. Los parlamentarios deberían tomar conciencia que la desnaturalización de las instituciones no resulta gratuita y su costo termina siendo pagado por los países.

Ya es grave la imagen que proyectan algunos parlamentarios, más propia de un circo  que de un parlamento serio, y que fueran elegidos con votaciones ínfimas, y solo gracias a un pésimo sistema electoral

La última reunión sostenida el jueves pasado entre el Presidente de la República y los presidentes del Senado y la Cámara de Diputados pudo ser una contribución para superar esta situación, pero los presidentes de ambas cámaras con muy poca autocritica demandaron respeto para el Partido Socialista, sin cuestionar las prácticas obstruccionistas del Congreso.

Srs parlamentarios, tenemos graves crisis hoy que ameritan unión nacional y políticas de Estado una recesión económica mundial ad portas… y quizás más grave aún por las consecuencias a largo plazo, una mega sequía sin precedentes en la historia nacional conocida, donde no se evidencia ninguna medida contundente y de largo plazo para enfrentar la crisis.

Chile demanda seriedad a sus políticos… su comportamiento desconcierta a la ciudadanía y se transforma en un pésimo ejemplo para los chilenos.

 

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