Winter is coming

Por Roberto Hernández Maturana

Estimado lector; largos días han pasado desde el inicio de las convulsiones sociales y la avalancha de noticias, artículos, comentarios, etc., me hicieron abstenerme de opinar (excepto un par de breves opúsculos),  ante el riesgo de que ella naufragara en ese océano tormentoso de las redes sociales.

Hoy vuelvo con este comentario que pretende mirar desde la distancia del tiempo transcurrido; un análisis lo más completo posible a la fecha.

Sólo pido me disculpen dos hechos que se revelan del texto que leerán a continuación: mi pesimismo y lo largo del mismo.

El 18 de Octubre de 2019 Chile sufrió un “golpe blando” y lo que podríamos llamar un ataque terrorista a gran escala, cuyos resultados en términos de destrucción de las redes de transporte, del abastecimiento de la población más necesitada, de inseguridad social, recuerdan a una ciudad atacada y en guerra.

La violencia vivida y concertada en una inédita explosión de vandalismo y terror colectivo, mostró el profundo resquebrajamiento de la convivencia nacional que hoy campea en nuestro país, donde numerosos ciudadanos sufrieron por parte de manifestantes violentos la violación de sus derechos humanos, desde tratos degradantes hasta la violación de su libertad de circular libremente.

En esos aciagos días, la actitud del Presidente Piñera nos recordó a Bachelet en las primeras horas del terremoto 27 de Febrero de 2010, desorientado, confuso, lejano.

La inconfundible huella de un golpe de estado vino con la declaración del presidente del Partido Comunista Guillermo Teiller, quien conminó al Presidente a renunciar a la mañana siguiente de ese 18, y a que llamara a elecciones, lo que continúa hoy evidenciándose en las acciones y demandas desmedidas de la “Mesa de Unidad Nacional”.

El clímax de las manifestaciones se vivió con el 1.200.000 personas congregadas en la Plaza Italia, marcando el fin evidente del “estallido social”. Lo que vino después claramente es subversión, reducida a la participación de unos miles de imberbes estudiantes, algunos idealistas, muchos anarquistas, unos pocos trabajadores, y muchos, muchísimos delincuentes, prohijados y protegidos por los partidos de izquierda y los organismos de Derechos Humanos.

A la derrota en seguridad pública, se sumó un movimiento social con todo tipo de demandas que van desde no más tag, hasta cambios en pensiones, salud, educación, etc.

Quedamos sí frente a muchas incertidumbres que hasta el día de hoy no podemos responder con claridad:

¿Estamos realmente frente a un estallido social espontaneo?

¿O se trató sólo de lumpen, delincuentes, vándalos barras bravas y narcos como afirman muchos?

¿O bien habría que creerles a los dirigentes de la ultra izquierda, que los actos terroristas al metro, la devastación de ciudades, los ataques incendiarios, los saqueos, las manifestaciones serían espontaneas y no producto de una insurrección organizada dirigida por la Mesa de Unidad Nacional, para derrocar al gobierno legítimamente elegido e instaurar un régimen al estilo venezolano o cubano?

¿Que hicimos mal?

Hoy nadie duda que nuestra democracia está en la UCI

¿Que hicimos mal? En estos largos años transcurridos desde que se produjo la intervención militar de 1973?

No fuimos capaces de ver una marcada desconexión generacional, en que los sub 25 parecen no entenderse en nada con los mayores de 40

No pudimos evidenciar cuando se perdió aquello que dio paso a una generación individualista, que hoy vive de un idealismo basado en consignas, sin sustancia, carente de análisis profundo y víctima de ideologías utópicas.

No advertimos la necesidad de corregir ciertas conductas del pasado, y el haber bajado la pobreza de más de 40% al 8%, generó una soberbia en la clase dirigente y el empresariado que no permitió ver a esa clase media precaria y vulnerable, con cerca de dos millones de chilenos jóvenes, jubilados y desempleados, viviendo bajo la línea de la pobreza; y a los más de 500.000 jóvenes sin educación completa, nacidos y criados en familias disfuncionales, muchas veces secuestrados por el alcohol y la droga.

No nos percatamos de la fragilidad de nuestra democracia, como sí lo hicieron y hace mucho tiempo; aquellas organizaciones que buscan subvertir el orden y la paz social.

Como sociedad permitimos y no adoptamos medidas para evitar el desprestigio, y la persistente erosión de las instituciones, que en otro tiempo, fueron fundamentales para enfrentar la crisis. El Congreso, los partidos políticos, las FF.AA., Carabineros, la Iglesia Católica, cayeron en corrupción explotada una vez más por aquellas organizaciones que buscan subvertir el orden y la paz social.

La pérdida de consensos y la legitimación de la violencia, el menoscabo de valores como la tolerancia, el pluralismo, la ausencia de amistad cívica y la falta de legitimidad de acuerdos para resolver controversias, pasaron a ser algo cotidiano, con la complicidad de quienes se suponen actores democráticos.

La desidia y precariedad del Estado de derecho demostrado en el conflicto de La Araucanía, o en la crisis del Instituto Nacional, fueron síntomas de una crisis que explotó ese 18 de octubre.

El “estallido social” dejó en evidencia la rabia que provocan los privilegios, la corrupción, las malas prácticas empresariales o políticas, que superaron la promesa de la meritocracia como eje rector de una economía de mercado.

El imperativo avallasador de imponer la igualdad hoy ha superado a la urgencia de superar la pobreza.

¿Cómo estamos hoy?

La palabra que parece dominar a toda la sociedad chilena es incertidumbre; incertidumbre social, económica, política

La encuesta CADEM muestra hoy el apoyo más bajo que haya tenido alguna vez un Presidente de La República desde que haya registro; Es posible que nunca hayamos tenido un presidente con menos apoyo en nuestra historia.

Sebastián Piñera no ha logrado transformarse en el conductor político, y hoy trata de mantenerse en segundo plano dominando a duras penas su compulsión de estar presente en todo.

Sin embargo, como el plan de la izquierda de botar al gobierno no resultó, hoy plantea una acusación constitucional que se evidencia sin destino; después de todo, la legitimidad de Piñera es incuestionable. Su decisión de no  sacar a los militares a la calle y optar por un llamado a la paz y el cambio de gabinete ayudó a descomprimir el ambiente.

No obstante lo anterior, además de buscar la corrección del modelo, y especialmente los abusos, privilegios, desigualdad etc., el Presidente entregó el país a las demandas de la izquierda ideológica que busca cambiar la Constitución Política del Estado, ante el aplauso de una parte de la población y muchos de quienes salieron a protestar, ignorantes de que la solución a las demandas está en el mejoramiento y perfeccionamiento de las leyes que contemplan las demandas ciudadanas, pero que por el cmontrario, el cambio constitucional bajo las presentes circunstancias nos pondrá en un proceso que sin duda exacerbará la división, la animosidad, las tensiones y el enfrentamiento entre los chilenos. No debería sorprendernos de que las protestas y el clima de incertidumbre se mantenga, aunque eso signifique destrozar a la PYMES, asustar a los inversionistas e hipotecar nuestro futuro institucional.

¿Existe el derecho a manifestarse en forma reiterada y por un tiempo tan prolongado cuando ello signifique la pérdida de miles de empleos la paralización de la inversión y poner en jaque a la economía?

¿Cómo pretender que haya inversión, que haya emprendimiento en Chile, si se pretende desconocer abiertamente la importancia del empresariado, tanto como del Estado para el bien común, y hay muchos otros países dispuestos a recibir a esos empresarios con los brazos abiertos?

Winter is comming

El significado de la frase que se hiciera famosa en la espectacular adaptación para la TV de la novela “Canción de Hielo y Fuego”, de George R. Martin, que conociéramos como “Juego de Tronos «Se acerca el invierno», tiene varios significados.

Uno de ellos, es el lema de la Casa Stark, y se refiere a su misión de vigilancia frente a los pueblos más allá del muro. Es una expresión que significa que siempre debían estar preparados, y como gobernantes del Norte, debían estar prevenidos para cualquier cosa que puedira suceder, sabiendo que eventualmente, algo sucederá. Por lo tanto, se acerca el invierno.

Sin embargo, George R. Martin, explica que también hay un significado metafórico más profundo, que generalmente expresa el sentimiento de que ocurren períodos oscuros en la vida. Incluso si las cosas están yendo bien en su mundo («verano»), esto no durará para siempre. Eventualmente llegará un período oscuro, una frialdad, cuando los eventos se vuelvan contra nosotros («invierno»). Esta interpretación metafórica refleja el mensaje subyacente de que nadie puede sentirse seguro o cómodo durante demasiado tiempo.

Para los personajes de Game of Thrones, «se acerca el invierno», sin lugar a dudas, sugiere que la fatalidad, la destrucción y la muerte soplarán en sus vidas. No está garantizado si algún personaje sobrevivirá al ataque.

Chile afrontará días difíciles… no se trata sólo de nuestro destino; se trata del destino del país.

¿Podrán las políticas sociales traer la paz social…, o la insaciabilidad de las demandas será inmanejable porque busca objetivos mucho más radicales que sólo la satisfacción de demandas sociales?

Si el desorden incontrolado y la subversión continúan, ¿estamos dispuestos a pagar el precio impredecible de una mayor represión? ¿O bien el dilatar el restablecimiento del orden público tendrá consecuencias aún muchos más graves que mantener el desorden?

¿Qué consecuencias tendrá para nuestro futuro cívico el darnos cuenta de que la violencia se ha mostrado muy eficaz para el logro de objetivos políticos?

2020 se avizora complejo; los matinales y las redes sociales culparán al gobierno, al neoliberalismo, a los empresarios, o a quien sea. Si se sigue la lógica individualista, ya no habrá que corregir el modelo… porque no habrá modelo.

Nos espera un futuro incierto, por de pronto un año lleno de incertidumbre y controversia en un ambiente cargado de animosidad y disputas muy posiblemente violentas, con un plebiscito en Abril  que nos ofrece elegir la mantención de la actual constitución, o elegir una nueva, y sobre la marcha, pregunta si Ud quiere que ese cambio se haga mediante una asamblea constituyente o una convención constituyente, sin decirnos hasta el momento como estarán compuestos dichos mecanismos; es decir aún sin saber  si habrán cuotas de género, de pueblos originarios, si tendrán preponderancia las organizaciones civiles, o los partidos políticos para esa elección. Es decir nos ofrece construir una nueva casa sin saber aún quienes la construirán, ni quiénes serán sus arquitectos, pidiéndonos que elijamos entonces esta opción con los ojos cerrados…, todo sobre la marcha, en un ambiente político sometido a presiones difíciles de manejar.

Ojalá las empresas vuelvan a confiar en el país y que en un gesto heroico no despidan gente, a menos que sea imprescindible para evitar una quiebra.

Es difícil no caer en el pesimismo, pero es evidente la amenaza de cesantía, y de una perspectiva ominosa de tener un futuro con más pobreza y menos libertad.

A quienes esperan, piden, o creen ver una próxima primavera, más bien lo que parece venir es un largo y duro invierno.

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