De la brisa a la tormenta bolivariana o la rana sin energía para saltar de la olla

Por Roberto Hernández Maturana

Luis Velázquez Alvaray es un abogado, sociólogo, y comunicador social que se desempeñó como ministro del Tribunal Constitucional de Venezuela, y que fuera destituido por el gobierno chavista que lo acusó por corrupción cuando aquél le resultó incómodo, debiendo huir del país, dedicándose desde entonces a denunciar al gobierno venezolano y al complot de la izquierda internacional para alcanzar el poder América Latina

Últimamente Velásquez nos ha informado que el Foro de Sao Paulo, organización que impulsa el totalitarismo en América latina, celebró una reunión virtual hace pocos días, donde participaron entre otros: las FARC, como anfitriones y los siguientes personajes de la izquierda iberoamericana: los ex presidentes de Brasil Lula Da Silva y Dilma Rous Rousef, Pepe Mújica ex presidente de Uruguay, Alberto Fernández Presidente de Argentina , José Luis Rodríguez Zapatero ex presidente del gobierno de España, Nicolás Maduro presidente de Venezuela, Ernesto Samper ex presidente de Colombia, Fernando Lugo ex presidente de Paraguay, Rafael Correa ex presidente de Ecuador y Evo Morales ex presidente de Bolivia.

Allí se celebró la detención del ex presidente de la derecha colombiana Álvaro Uribe Vélez, manifestándose  que ello era el gran inicio de la tormenta bolivariana. «Ha comenzado a obra la justicia, y es un trabajo que venimos haciendo que muchos años. Hay jueces con gran conciencia revolucionaria» nos dice Velázquez que manifestaron alborozadamente los participantes.

En la cita nos dice Velásquez, plantearon desarrollar «el plan estratégico de la desestabilización» para que una vez pasada la pandemia, aprovechar la debilidad económica de los Estados y organizar a la gente, contra el sistema imperante, aprovechando el caos que dejará la pandemia, generando movilizaciones masivas, como las anteriores al covid 19, que se tradujeron en actos  desestabilizadores en Chile, Colombia, Ecuador y resto de lo que llamaron «satélites de la órbita estadounidense».

Manifestaron también en dicho encuentro, la necesidad de plantear reformas constitucionales para facilitar la toma del poder, destacando como un magnífico ejemplo, el «avance en Chile».

En el encuentro manifestaron la necesidad de exacerbar las luchas de la equidad de género y el racismo y la desmitificación de las religiones, así como la necesidad de controlar de los medios y redes sociales de manera progresiva, destacando al decir de Velásquez, que Venezuela y Argentina disponen de los apartados financieros, para las adquisiciones que deba realizar la izquierda para la penetración de masas, a la vez que aplicar medidas ejemplarizantes a los comunicadores que atacan la revolución.

Reiteraron además la intensificación de su agenda «progresista» para promover el aborto libre y el consumo de drogas, como parte del desarrollo de la personalidad, así como la necesidad de continuar con la relativización de los valores, concluyendo que «todo lo que favorezca la revolución es bueno».

Largo sería  amable lector, continuar contándole las múltiples otras medidas con que los mencionados miembros del Foro de Sao Paulo, al cual me he referido en otras oportunidades como la «mano que mece la cuna», se explayaron detalladamente a fin de alcanzar el poder bajo cualquier medio, con medidas que van desde «convertir los casos de crímenes policiales en bandera

popular»; reformar la educación, enfocándola en el adoctrinamiento de la lucha de clases; infiltrar e impulsar estructuras paralelas a los entes del Estado; destruir los partidos políticos no comprometidos con los postulados del Foro; crear células de control ciudadano con autoridad localizada; promocionar de bonos populares de apoyo a la población, y empujar movilizaciones y tomas planificadas, con el ofrecimiento de Venezuela y Cuba para el entrenamiento y la capacitación en estas tareas, solo por nombrar  las  «tareas» mas importantes.

Finalmente afirma Luis Velázquez Alvaray, que los líderes de esta cofradía, sin tapujos han manifestado que «pasamos de la brisa a la tormenta bolivariana».

De esta forma América Latina, y en particular nuestro país, parecen estar viviendo lo que el escritor y filósofo franco –  suizo  Olivier Clerc  describió en su libro «La rana que no sabía que estaba hervida… y otras lecciones de vida«, en que una rana  en una olla  llena de agua  a la cual se le va aumentando su temperatura tan lentamente, que para cuando el batracio percibe el peligro, no carece de la  energía suficiente para saltar y escapar de la olla, porque la habrá gastado en regular su propia temperatura para adaptarse al agua; en cambio, si la rana hubiese entrado con el agua hirviendo, habría saltado inmediatamente al percibir como un peligro el continuar allí.

 Como una curiosidad les puedo contar que he averiguado que después de algunas controversias, en 1988 se resolvió científicamente que si la velocidad de calentamiento de la temperatura del agua es menor de 0,02 grados Celsius por minuto, la rana se queda quieta y se muere al final de la cocción, mientras que a mayor velocidad de cocción la rana salta y escapa, lo que comprueba el acierto de​ Clerc.

Lamentablemente pareciera que en Chile  estamos viviendo la última etapa, aquella en que nuestro país se está quedando sin energía suficiente para saltar y escapar de la olla. No se explica de otra forma que  después de haber sido el “jaguar latinoamericano”, o  “la joya más preciada de la corona latinoamericana”, como expresara el Presidente Bill Clinton en una carta al presidente chileno Eduardo Frei Ruiz-Tagle, hace unos años atrás, estemos en esta situación de rana a punto de pasar a fase terminal.

Ojalá aún estemos a tiempo y podamos ser capaces de saltar de la olla socialista y evitar ser hervidos y cocinados sin remedio y lo que es peor… sin vuelta atrás.

Es hora de despertar, antes de que sea demasiado tarde… si ya no lo es,

La Peste y la Revolución

Por Cristián Labbé Galilea

En estos días me he preguntado si existirá en la historia un caso parecido al del Chile presente, donde una revolución que parecía imparable -marcada por violencia y destrucción- se hubiera visto abruptamente “cancelada”, que de un día para otro literalmente “se esfumara”.
Sorpresiva y sorprendentemente, justo cuando todo parecía que iba “viento en popa”: habíamos entrado en una vertiginosa espiral revolucionaria que buscaba “tirar por la borda” lo logrado, política, económica y socialmente, y que planteaba, ni más ni menos, redundar la institucionalidad para crear un nuevo orden político, partiendo de una “hoja en blanco”.
El orden, la seguridad, el derecho y la autoridad habían sido superados. El país estaba en manos de “la calle” y de una “primera línea” cuya violencia no daba tregua. Sin importarles a quien afectaban, destruían lo que se le pusiera por delante: iglesias, bibliotecas, transporte, supermercados, comercio… El fuego y la piedra eran las armas de esa pacífica revolución.
Desde las sombras, sus instigadores sacaban dividendos por angas o por mangas de todo lo que ocurría y, con esa soberbia propia de la izquierda y su dogmatismo “científico” acerca de la evolución inexorable de la Historia, sostenían que “la revolución era irreversible”, que el país había despertado y que nada sería igual a lo hasta aquí vivido.
Por su parte, los sectores partidarios de la sociedad libre, hoy en el gobierno, mostrando un nulo criterio político estratégico y una ingenuidad rayana en la bobería, “bailaban al ritmo de la izquierda”: se silenciaron en los temas de fondo, como el ordenamiento institucional y su legitimidad, y por si eso no bastara, traicionaron sus principios, sus valores y, más grave todavía, a sus electores.
En fin, el país estaba a la deriva; el gobierno parecía tener sus días contados, las instituciones absolutamente anuladas no eran capaces de nada… Nos esperaba a corto plazo un plebiscito, una asamblea constituyente y varios años de inestabilidad política, económica y social.

Desafiante, la izquierda se jactaba con arrogancia de que llegaría hasta las últimas consecuencias. La revolución era “sin miedo”, había que hacer frente a la historia, al orden, al sentido común… y a cuanto se les interpusiera en su camino.
No es mi ánimo mofarme de esos instigadores y promotores, ni de su “valentía sin miedo”, sino solo desenmascarar “héroes de papel” que, a la primera de cambio, “se acobardaron” hasta el pánico ante un insignificante e invisible enemigo advirtiéndoles que eran iguales a todos no más, y que, por ende… se podían morir.
De ahí para adelante todo cambió: volvió la autoridad, el gobierno recuperó su protagonismo, las instituciones fortalecieron sus roles, y -paradójicamente como siempre ha sido- con toque de queda y con los militares en la calle, se restableció el orden republicano…
Sin encontrar en la historia otro ejemplo de un caso similar, concluyo que lo nuestro es un caso único y que, así como la peste derrotó a la revolución, ahora nos corresponde aislar a “la vieja empadronadora” (como Gabriela Mistral llama a la muerte) y prepararnos para la “desolación” económica, social y política que vamos a enfrentar después de derrotar al antídoto antirrevolucionario…. ¡El virus chino!

Winter is coming

Por Roberto Hernández Maturana

Estimado lector; largos días han pasado desde el inicio de las convulsiones sociales y la avalancha de noticias, artículos, comentarios, etc., me hicieron abstenerme de opinar (excepto un par de breves opúsculos),  ante el riesgo de que ella naufragara en ese océano tormentoso de las redes sociales.

Hoy vuelvo con este comentario que pretende mirar desde la distancia del tiempo transcurrido; un análisis lo más completo posible a la fecha.

Sólo pido me disculpen dos hechos que se revelan del texto que leerán a continuación: mi pesimismo y lo largo del mismo.

El 18 de Octubre de 2019 Chile sufrió un “golpe blando” y lo que podríamos llamar un ataque terrorista a gran escala, cuyos resultados en términos de destrucción de las redes de transporte, del abastecimiento de la población más necesitada, de inseguridad social, recuerdan a una ciudad atacada y en guerra.

La violencia vivida y concertada en una inédita explosión de vandalismo y terror colectivo, mostró el profundo resquebrajamiento de la convivencia nacional que hoy campea en nuestro país, donde numerosos ciudadanos sufrieron por parte de manifestantes violentos la violación de sus derechos humanos, desde tratos degradantes hasta la violación de su libertad de circular libremente.

En esos aciagos días, la actitud del Presidente Piñera nos recordó a Bachelet en las primeras horas del terremoto 27 de Febrero de 2010, desorientado, confuso, lejano.

La inconfundible huella de un golpe de estado vino con la declaración del presidente del Partido Comunista Guillermo Teiller, quien conminó al Presidente a renunciar a la mañana siguiente de ese 18, y a que llamara a elecciones, lo que continúa hoy evidenciándose en las acciones y demandas desmedidas de la “Mesa de Unidad Nacional”.

El clímax de las manifestaciones se vivió con el 1.200.000 personas congregadas en la Plaza Italia, marcando el fin evidente del “estallido social”. Lo que vino después claramente es subversión, reducida a la participación de unos miles de imberbes estudiantes, algunos idealistas, muchos anarquistas, unos pocos trabajadores, y muchos, muchísimos delincuentes, prohijados y protegidos por los partidos de izquierda y los organismos de Derechos Humanos.

A la derrota en seguridad pública, se sumó un movimiento social con todo tipo de demandas que van desde no más tag, hasta cambios en pensiones, salud, educación, etc.

Quedamos sí frente a muchas incertidumbres que hasta el día de hoy no podemos responder con claridad:

¿Estamos realmente frente a un estallido social espontaneo?

¿O se trató sólo de lumpen, delincuentes, vándalos barras bravas y narcos como afirman muchos?

¿O bien habría que creerles a los dirigentes de la ultra izquierda, que los actos terroristas al metro, la devastación de ciudades, los ataques incendiarios, los saqueos, las manifestaciones serían espontaneas y no producto de una insurrección organizada dirigida por la Mesa de Unidad Nacional, para derrocar al gobierno legítimamente elegido e instaurar un régimen al estilo venezolano o cubano?

¿Que hicimos mal?

Hoy nadie duda que nuestra democracia está en la UCI

¿Que hicimos mal? En estos largos años transcurridos desde que se produjo la intervención militar de 1973?

No fuimos capaces de ver una marcada desconexión generacional, en que los sub 25 parecen no entenderse en nada con los mayores de 40

No pudimos evidenciar cuando se perdió aquello que dio paso a una generación individualista, que hoy vive de un idealismo basado en consignas, sin sustancia, carente de análisis profundo y víctima de ideologías utópicas.

No advertimos la necesidad de corregir ciertas conductas del pasado, y el haber bajado la pobreza de más de 40% al 8%, generó una soberbia en la clase dirigente y el empresariado que no permitió ver a esa clase media precaria y vulnerable, con cerca de dos millones de chilenos jóvenes, jubilados y desempleados, viviendo bajo la línea de la pobreza; y a los más de 500.000 jóvenes sin educación completa, nacidos y criados en familias disfuncionales, muchas veces secuestrados por el alcohol y la droga.

No nos percatamos de la fragilidad de nuestra democracia, como sí lo hicieron y hace mucho tiempo; aquellas organizaciones que buscan subvertir el orden y la paz social.

Como sociedad permitimos y no adoptamos medidas para evitar el desprestigio, y la persistente erosión de las instituciones, que en otro tiempo, fueron fundamentales para enfrentar la crisis. El Congreso, los partidos políticos, las FF.AA., Carabineros, la Iglesia Católica, cayeron en corrupción explotada una vez más por aquellas organizaciones que buscan subvertir el orden y la paz social.

La pérdida de consensos y la legitimación de la violencia, el menoscabo de valores como la tolerancia, el pluralismo, la ausencia de amistad cívica y la falta de legitimidad de acuerdos para resolver controversias, pasaron a ser algo cotidiano, con la complicidad de quienes se suponen actores democráticos.

La desidia y precariedad del Estado de derecho demostrado en el conflicto de La Araucanía, o en la crisis del Instituto Nacional, fueron síntomas de una crisis que explotó ese 18 de octubre.

El “estallido social” dejó en evidencia la rabia que provocan los privilegios, la corrupción, las malas prácticas empresariales o políticas, que superaron la promesa de la meritocracia como eje rector de una economía de mercado.

El imperativo avallasador de imponer la igualdad hoy ha superado a la urgencia de superar la pobreza.

¿Cómo estamos hoy?

La palabra que parece dominar a toda la sociedad chilena es incertidumbre; incertidumbre social, económica, política

La encuesta CADEM muestra hoy el apoyo más bajo que haya tenido alguna vez un Presidente de La República desde que haya registro; Es posible que nunca hayamos tenido un presidente con menos apoyo en nuestra historia.

Sebastián Piñera no ha logrado transformarse en el conductor político, y hoy trata de mantenerse en segundo plano dominando a duras penas su compulsión de estar presente en todo.

Sin embargo, como el plan de la izquierda de botar al gobierno no resultó, hoy plantea una acusación constitucional que se evidencia sin destino; después de todo, la legitimidad de Piñera es incuestionable. Su decisión de no  sacar a los militares a la calle y optar por un llamado a la paz y el cambio de gabinete ayudó a descomprimir el ambiente.

No obstante lo anterior, además de buscar la corrección del modelo, y especialmente los abusos, privilegios, desigualdad etc., el Presidente entregó el país a las demandas de la izquierda ideológica que busca cambiar la Constitución Política del Estado, ante el aplauso de una parte de la población y muchos de quienes salieron a protestar, ignorantes de que la solución a las demandas está en el mejoramiento y perfeccionamiento de las leyes que contemplan las demandas ciudadanas, pero que por el cmontrario, el cambio constitucional bajo las presentes circunstancias nos pondrá en un proceso que sin duda exacerbará la división, la animosidad, las tensiones y el enfrentamiento entre los chilenos. No debería sorprendernos de que las protestas y el clima de incertidumbre se mantenga, aunque eso signifique destrozar a la PYMES, asustar a los inversionistas e hipotecar nuestro futuro institucional.

¿Existe el derecho a manifestarse en forma reiterada y por un tiempo tan prolongado cuando ello signifique la pérdida de miles de empleos la paralización de la inversión y poner en jaque a la economía?

¿Cómo pretender que haya inversión, que haya emprendimiento en Chile, si se pretende desconocer abiertamente la importancia del empresariado, tanto como del Estado para el bien común, y hay muchos otros países dispuestos a recibir a esos empresarios con los brazos abiertos?

Winter is comming

El significado de la frase que se hiciera famosa en la espectacular adaptación para la TV de la novela “Canción de Hielo y Fuego”, de George R. Martin, que conociéramos como “Juego de Tronos «Se acerca el invierno», tiene varios significados.

Uno de ellos, es el lema de la Casa Stark, y se refiere a su misión de vigilancia frente a los pueblos más allá del muro. Es una expresión que significa que siempre debían estar preparados, y como gobernantes del Norte, debían estar prevenidos para cualquier cosa que puedira suceder, sabiendo que eventualmente, algo sucederá. Por lo tanto, se acerca el invierno.

Sin embargo, George R. Martin, explica que también hay un significado metafórico más profundo, que generalmente expresa el sentimiento de que ocurren períodos oscuros en la vida. Incluso si las cosas están yendo bien en su mundo («verano»), esto no durará para siempre. Eventualmente llegará un período oscuro, una frialdad, cuando los eventos se vuelvan contra nosotros («invierno»). Esta interpretación metafórica refleja el mensaje subyacente de que nadie puede sentirse seguro o cómodo durante demasiado tiempo.

Para los personajes de Game of Thrones, «se acerca el invierno», sin lugar a dudas, sugiere que la fatalidad, la destrucción y la muerte soplarán en sus vidas. No está garantizado si algún personaje sobrevivirá al ataque.

Chile afrontará días difíciles… no se trata sólo de nuestro destino; se trata del destino del país.

¿Podrán las políticas sociales traer la paz social…, o la insaciabilidad de las demandas será inmanejable porque busca objetivos mucho más radicales que sólo la satisfacción de demandas sociales?

Si el desorden incontrolado y la subversión continúan, ¿estamos dispuestos a pagar el precio impredecible de una mayor represión? ¿O bien el dilatar el restablecimiento del orden público tendrá consecuencias aún muchos más graves que mantener el desorden?

¿Qué consecuencias tendrá para nuestro futuro cívico el darnos cuenta de que la violencia se ha mostrado muy eficaz para el logro de objetivos políticos?

2020 se avizora complejo; los matinales y las redes sociales culparán al gobierno, al neoliberalismo, a los empresarios, o a quien sea. Si se sigue la lógica individualista, ya no habrá que corregir el modelo… porque no habrá modelo.

Nos espera un futuro incierto, por de pronto un año lleno de incertidumbre y controversia en un ambiente cargado de animosidad y disputas muy posiblemente violentas, con un plebiscito en Abril  que nos ofrece elegir la mantención de la actual constitución, o elegir una nueva, y sobre la marcha, pregunta si Ud quiere que ese cambio se haga mediante una asamblea constituyente o una convención constituyente, sin decirnos hasta el momento como estarán compuestos dichos mecanismos; es decir aún sin saber  si habrán cuotas de género, de pueblos originarios, si tendrán preponderancia las organizaciones civiles, o los partidos políticos para esa elección. Es decir nos ofrece construir una nueva casa sin saber aún quienes la construirán, ni quiénes serán sus arquitectos, pidiéndonos que elijamos entonces esta opción con los ojos cerrados…, todo sobre la marcha, en un ambiente político sometido a presiones difíciles de manejar.

Ojalá las empresas vuelvan a confiar en el país y que en un gesto heroico no despidan gente, a menos que sea imprescindible para evitar una quiebra.

Es difícil no caer en el pesimismo, pero es evidente la amenaza de cesantía, y de una perspectiva ominosa de tener un futuro con más pobreza y menos libertad.

A quienes esperan, piden, o creen ver una próxima primavera, más bien lo que parece venir es un largo y duro invierno.

Dame un «silbidito»

Por Cristián Labbé Galilea

Leo y leo, miro y miro, escucho y escucho, y de tanto hacerlo me he convencido que nuestro entorno sufre de un extraño mal al que llamaría “reflejo condicionado a lo negativo”, denominación algo siútica de decir que está de moda “quejarse de todo” y, si alguien por efecto de algún estado pasajero dice algo positivo, le recomendamos que pida hora a un siquiatra.

Obviamente este espinoso diagnostico no involucra a toda la sociedad, sino que a una minoría, al sector más politizado -ese qué opina de todo y por todo- y que, según estudios recientes, no supera el 20 %, porque el resto -la mayoría- está en el país real y no quiere saber nada con la política.

Si algún sorprendido lector piensa que esta pluma ha caído presa de una delirante ingenuidad, de un extraño positivismo o de una leve y pasajera “gobiernitis”, me apuro a decir que nada de eso ha sucedido, sino que esta extraña y de pronto positiva prescripción surge -ni más ni menos- de lo que piensa el 80% que no se explica cómo las minorías han aplastado y acorralado a la mayoría, sin que ésta reaccione.

Veamos…

• En el otrora emblemático Instituto Nacional unos pocos “capuchas”, como se les ha dado por llamar a los grupos violentistas, tienen en jaque no sólo a la autoridad sino que dominan a miles de alumnos sin que esta mayoría reaccione. ¿Qué hacen los padres, apoderados, profesores, auxiliares, y los alumnos que quieren estudiar?

• En la Araucanía unos pocos terroristas, apoyados por minorías políticas, operan impunemente mientras la mayoría, que quiere vivir en paz y dedicarse a producir, ve como todos los días le queman sus propiedades, le roban sus bienes  y le toman sus campos, ante la impavidez y el aturdimiento centralista que afecta a las autoridades nacionales.


• En el mundo de la política las cosas no son muy distintas; si bien en números son una minoría, sus peleas, encontrones, “decires y vestires”, son una vergüenza y una ofensa para esa mayoría que quiere trabajar más y no menos, que busca oportunidades y no dádivas, que prefiere emprender y no quedar a merced del clientelismo de turno.

Cuando nos preguntábamos sobre cuál sería el camino para despertar de su letargo a esa mayoría que piensa que, si bien las cosas se pueden hacer mejor, no todo esta tan mal… uno de los parroquianos presentes apuntó que lo primero y más urgente por hacer era: no dejarse amilanar, pensar positivo, levantar la voz y, defender lo bueno que se hizo en el pasado…

Muy serios todos, reflexionábamos sobre el punto cuando alguien dijo: “acordémonos de Pinocho…”. Silencio, pausa, luego… risas; el lenguaraz no demoró en explicar, con evidente ironía, que se refería a la película de Disney y en particular a Pepe Grillo, ese personaje que sugería que, cuando uno estuviera en líos o le fuera mal, diera un silbidito, y tatareó: “/cuando estés en líos/ o te vaya mal/para bien o para mal/ dame un silbidito… dame un silbidito…

Los errores son de Macri

Por Joaquín García Huidobro Correa

Los sustos nos hacen más precavidos y son un antídoto contra la arrogancia. El pesimismo, en cambio, paraliza y quita la imaginación, que es un elemento fundamental para que un proyecto político sea viable.

Los resultados de las recientes primarias argentinas han traído una ola adicional de pesimismo a nuestras tierras. Si uno quiere ser pesimista está en su derecho y no le faltarán motivos. Sin embargo, no resulta sensato adoptar un semblante sombrío por las razones equivocadas.

Los errores de Macri son abundantes, pero de ellos no se deriva de modo automático que a nosotros nos espere un destino semejante. Son unos errores muy suyos, que no podemos extrapolar a nuestra realidad de modo precipitado.

El primero de ellos consiste en no haberle dicho la verdad al país con toda claridad. Pensó que Argentina era como esos enfermos a quienes no se les puede contar la firme, porque les daría un infarto. En el fondo, desconfió de la madurez y sentido cívico de sus compatriotas; no se atrevió a llamarlos al sacrificio después del desastre kirchnerista. Sin una épica de “sangre, sudor y lágrimas”, resulta imposible que la gente entienda que tendrá que ajustarse el cinturón, y cuando esto suceda culparán al gobierno.

En segundo lugar, no tomó las medidas dolorosas en el momento oportuno. Era un juego peligroso, pero la gradualidad elegida tampoco estaba exenta de riesgos; de hecho, siempre ha fracasado en Argentina, como le advirtieron López y Murphy y otros economistas. Al final, quedó en el peor de los escenarios. Aumentó la deuda pública, creció la inflación y experimentó los males habituales en la política y economía transandinas sin tener los beneficios de la demagogia.

Como ha dicho uno de sus críticos, llevó a cabo un “kirchnerismo de buenos modales”, sin cambiar radicalmente el modelo. Macri no calzó con la época: habría sido el hombre perfecto para suceder a quien hiciera el trabajo doloroso, pero carecía de la firmeza y claridad para llevar él mismo a cabo la transformación requerida.

Para colmo, al no poner en el equipo económico a la gente adecuada, se echó sobre sus hombros la tarea de manejar la economía de acuerdo con sus personales intuiciones desarrollistas. Y no le resultó.

Otro error de Macri fue despreciar a Cristina. Pensó que no convenía impulsar en exceso los procesos judiciales en su contra, porque eso la transformaría en una víctima. Parece haber creído que le convenía que ella fuese su rival. No contaba con la astucia de la Sra. K, que en una jugada maestra se conformó con una modesta vicepresidencia. Así mantuvo su tercio de votantes seguros y agregó a los descontentos de Macri con el simple expediente de poner a su lado a una cara menos odiosa que la suya.

También menospreció a su electorado más conservador. Nadie ignora que él se ha comprado buena parte de la agenda progresista; pero desde un punto de vista político, su problema no está ahí. Su error (que podría repetirse en Chile) reside en creer que socialcristianos y conservadores son un electorado cautivo y que no importa su descontento. Se equivoca doblemente, porque no son unos votantes seguros y además en casi todos los países tienen la virtud de mojar la camiseta y conseguir a otros votantes si uno les garantiza algunos mínimos que no implican grandes costos electorales.

Ahora bien, las equivocaciones anteriores, aunque graves, no fueron las mayores, porque el hecho de que un presidente se sorprenda cuando su rival le saca una diferencia del 15% es una señal de que está en las nubes, que no sabe interpretar lo que sucede en su propia sociedad.

¿Significa lo anterior que los chilenos podemos estar tranquilos o que el gobierno de Sebastián Piñera tiene garantizada la continuidad? En ningún caso. Hay buenos motivos para mirar con temor la situación argentina. Resulta casi imposible que en octubre Macri remonte la diferencia sideral de estas primarias, y menos cuando su reacción natural ha sido adoptar medidas demagógicas que mañana dañarán al país y que hoy lo desprestigian y fortalecen la posición de Cristina. Congeló el precio de los combustibles, “para aliviar el bolsillo de muchos argentinos”. ¿Por qué no lo hizo antes, si era tan buena idea? Con suerte llegará a diciembre como el primer presidente no peronista desde 1928 que logra terminar su mandato.

Un gobierno kirchnerista en Argentina traerá consecuencias negativas para nuestro país: fomentará las ambiciones de la izquierda menos razonable, creará un clima surrealista que no nos conviene y hará que se culpe a la economía libre de unos males que en realidad causó el estatismo.

Si algún error puede imputarse a Piñera en esta materia no es haber incurrido en los mismos fallos de su colega. Al revés, su falta estuvo en no marcar oportunamente las infinitas diferencias que existen entre Chile Vamos y el macrismo, entre sus políticas de gobierno y las del presidente argentino. Así habría quedado claro desde un comienzo que él no tiene por qué cargar con los errores de Macri y los chilenos estaríamos buscando otras causas para nuestro habitual pesimismo.

Cuando la izquierda sale a la calle, la derecha tiembla

Por Fernando Thauby González

Esta interesante expresión fue proferida por la ex Presidente Bachelet, en un momento en que la euforia le desplazó la máscara y su fea cara totalitaria quedó expuesta. Es interesante porque estamos en un momento en que “la calle” parece estar dando paso a las Redes Sociales (RRSS) que están siendo acusadas de haber caído en manos de totalitarios.

El New York Times (NYT) en un artículo del 9 de agosto, se pregunta “¿cuáles son las consecuencias del creciente rol de internet como una fuerza radicalizadora?” y a continuación establece un enlace con el reciente tiroteo en El Paso (EEUU) en que un nacionalista blanco mató a 32 personas, sin mostrar la relación entre uno y otro evento. NYT señala que tratan de despejar la incógnita del rol de las RRSS en la radicalización de la sociedad mas allá de unos pocos extremistas solitarios, llegando a afectar al total de la sociedad.

Explican que su estudio toma a Brasil como ejemplo clásico por dos razones: el giro rápido y radical de la política eligiendo al extremista de derecha Jair Bolsonaro y también porque Brasil es el segundo mayor usuario mundial de Facebook detrás de EEUU y concluye que aquí hay importantes lecciones para el mundo. Llama la atención la ausencia de un estudio similar que investigue lo que hay detrás de la radicalización y totalitarismo de izquierda que ha florecido en Venezuela, en Argentina, en Nicaragua o en Cuba, donde facebook no es tan popular.

Cabe preguntarse, ¿por qué la derecha debería temblar cuando la izquierda sale a la calle? La respuesta es simple, porque la izquierda, en sus manifestaciones, siempre lleva violencia, incendio y asalto a locales comerciales, bombas incendiarias, insultos, vandalismo en los bienes públicos y edificios en la trayectoria del avance de las turbas organizadas y dirigidas por profesionales del terrorismo callejero.

Se dice que es obra de “infiltrados” y otras excusas por el estilo. Todos sabemos que son mentiras.

La derecha no marcha, no incendia, no asalta, no destruye, no golpea, no tiene capucha, ¿es que es cobarde?, tal vez, ¿es que teme a los golpes?, probable, ¿es que el enfrentamiento físico las atemoriza? probable también, pero el origen de todas esas reacciones es el mismo, es una clase de personas para las cuales la razón fue el reemplazo definitivo del piedrazo y en muchos casos es una actitud heredada de muchas generaciones.

Cuando la izquierda sale a la calle y se toma las avenidas, incendia los buses y amenaza a los que no son de su grupo ¿qué hace “la derecha”?, se queda en su casa o circula con rapidez y disimulo, semi escondida. ¿Cómo hace sentir su reprobación y protesta? No tiene cómo.

La policía está acorralada por los medios de comunicaciones controlados en su mayoría por la izquierda, si trataran de hacer cumplir las leyes caerían bajo la guillotina propagandística apoyada por los organismos creados y mantenidos por el estado para defender a los infractores (delincuentes) y si intentaran protestar serían y son excluidos de los foros, matinales, programas periodísticos y demás, salvo que hayan sido domesticados y “cooptados”, como algún alcalde por ahí.

Así, han comido mierda por años.

Las RRSS vinieron a dar vueltas las tornas, “la derecha” ya no necesita salir a la calle a pelear con matones más duchos en el diálogo a palos y patadas; el ingenio, el humor, la ironía, el sarcasmo y la perseverancia son lo suyo y les dan ventaja sobre los simios brutales. Una señora de 70 años vale lo mismo o mas que un matón.

Muchos han encontrado este espacio para burlar el boicoteo periodístico, a los periodistas abusadores o arrendados por el dinero rojo. Me parece que el rebalse de la frustración contenida por años y años, estalló y comienza a salir.

Viene nuevos tiempos, la lucha está tomando otro cariz. Que la izquierda no tiemble, la derecha no saldrá a la calle, los vencerá con buenas maneras en la lucha del intelecto y la capacidad para conseguir los votos para fundar una nueva república, de verdad democrática, justa y respetuosa de las leyes.

Abusaron en exceso y les llegó su hora. Se acabó.

 

Para no Creerlo

Por Cristián Labbé Galilea
El escenario económico en estos días no ha dejado a nadie indiferente, menos aún a uno de nuestros contertulios que se caracteriza por su habitual pesimismo, al punto que cuando se le pregunta como está, contesta… “Bien… Pero no te preocupes, se me pasará”.
Sin mediar mucha introducción, este “sugestivo augur” hizo tenebrosos presagios que fundamentó apoyándose en los efectos que en nuestra débil economía tendrían: la guerra comercial entre Estados Unidos y China, la devaluación del Yen, el alza disparada del dólar, la caída de los mercados y de las bolsas a nivel mundial, la baja del precio del cobre, la reducción a 40 horas de la jornada de trabajo…
Sus lúgubres augurios fueron interrumpidos, en uno de sus cortos respiros, por un “habitué” algo más objetivo… “no seas tan pesimista, es cierto que la situación es difícil, pero no todo es tan negro; si bien el crecimiento ha estado por debajo de las expectativas, nuestra economía -en términos generales- sigue sólida y sana”.
Las opiniones se dividieron. Unos, los menos, apuntaron sus dardos al poco compromiso de algunos empresarios grandes, medianos y pequeños que, inescrupulosamente y carentes de la más mínima ética, se aprovechan de cualquier espacio que les genere el mercado para defraudar. Los ejemplos volaron: Multinacionales que, con bajos estándares de calidad, abusan de sus licencias y ponen en entredicho las políticas de concesiones; transportistas que burlan las revisiones técnicas, que clonan las patentes; pequeños comerciantes que ingresan y distribuyen juguetes altamente tóxicos….
Otros, los más, las emprendieron contra el “aparato público”, el tan manido Estado, que crece descontroladamente y que cada vez es más burocrático e ineficiente. Como dijo alguien: “Mientras este “monstruo de mil cabezas” no mejore su gestión y se desprenda de toda la grasa que las sucesivas administraciones le han generado, por pago de favores políticos, difícilmente será un buen gestor y un eficaz promotor del emprendimiento privado”.
Hasta aquí las responsabilidades iban y venían; la discusión se mantuvo más o menos equilibrada hasta que uno de los presentes comentó el fiasco cometido por el Ministerio de Obras Publicas de la administración anterior, en relación con la construcción del aeródromo de Peldehue, alternativa al terminal aéreo de Tobalaba, que costó 11.000 millones de pesos: a pesar de estar listo, no podrá operar porque no se contempló sacar una torre de alta tensión próxima al cabezal de la pista.
¡Para no creerlo…! El traslado que no se previó oportunamente, “transgrediendo los principios de eficacia, eficiencia, coordinación e idónea administración de los recursos públicos” (informe de la Contraloría) ahora costará otros 11.000 millones y tomará al menos hasta finales del 2020…
Cuesta creer, ante casos como el descrito, que sea fácil enfrentar el complejo escenario económico actual y generar confianza en el mundo del emprendimiento…
Por más optimista que uno sea, es válido preguntarse: ¿Cuántas situaciones más habrán en las que sólo cabe decir:… ¡para no creerlo! o, simplemente ¡PLOP!…?

Municipios y controles de menores

Editorial La tercera 2 de Julio de 2019

Ocho municipios de distintas zonas del país llevaron a cabo una consulta plebiscitaria no vinculante para efectos de pronunciarse sobre una restricción de circulación en horario nocturno a menores de edad -de hasta 16 años- sin compañía de adultos, cuyo resultado arrojó que una amplia mayoría estuvo por aplicar este tipo de medidas.

Los alcaldes que promovieron esta consulta se han mostrado en general satisfechos, pues en conjunto votaron unas 120 mil personas, subrayando que es la votación electrónica más grande realizada hasta ahora en Chile. Lo cierto es que dicho número representa apenas una fracción muy menor de todo el padrón habilitado para sufragar, lo que es un claro indicativo de que en general se movilizaron aquellos que tenían interés en aprobar estas restricciones, y de allí que el resultado no pueda llamar a mayor sorpresa. Así, la opción triunfante es un dato que en sí mismo tiene escaso valor, pero que sin embargo servirá de base para dictar ordenanzas discutibles en su propósito y de dudosa representatividad, lo que hace previsible que su efecto práctico no será mayormente relevante. Cabe lamentar nuevamente que se hayan gastado tiempo y recursos municipales en una iniciativa que no apunta a hacerse cargo de los problemas de fondo.

Es un error que las familias busquen delegar en el Estado tareas que les son inherentes, como es la formación de sus hijos en hábitos responsables así como controlar los horarios en que podrán circular de noche y las amistades con que se juntan. Asumir que los municipios podrán ejercer esa labor disciplinar es caer en una suerte de paternalismo y de paso validar que el Estado pueda tomarse más atribuciones en el control de las libertades personales. Tampoco parecen estar bien resueltas las objeciones constitucionales que algunas voces han hecho ver, en cuanto a que por actos administrativos como las ordenanzas se pueda ir más allá de lo que establece la ley, la cual no contempla que los menores de edad puedan ver restringida su circulación.

Antes de seguir insistiendo en este tipo de medidas efectistas, los municipios deben abocarse a utilizar las normas que ya existen para resolver los problemas de orden público que imperan en sus territorios, que son en definitiva las razones que probablemente están detrás de la mayor ansiedad en algunos por imponer más restricciones.  El desenfrenado consumo de alcohol y su venta sin mayor control a menores de edad es un problema largamente diagnosticado, y que suele ser motivo de constantes desórdenes e inseguridad en parques y plazas, particularmente por la presencia de pandillas juveniles. Asimismo, no debería permitirse a ningún menor circular por la vía pública en estado de ebriedad, y es razonable que el expendio de alcohol tenga horarios más estrictos. El consumo de estupefacientes es también una materia de creciente preocupación, donde los municipios pueden hacer importantes contribuciones en programas de prevención o actividades para ocupar el tiempo libre.

Descrédito de los partidos tradicionales y nuevas esperanzas

Por Christian Slater Escanilla

Ya está más que claro que los Partidos Políticos están en total descrédito. Sean estos los tradicionales o los otros, esos tan difíciles de encasillar en una ideología política y que todos los días se cambian el nombre.

De la izquierda tradicional, ni hablar. Totalmente desarticulada y peleándose las migajas. La derecha, un desastre, bajo cuya tienda tras el vacío de poder y liderazgo cualquier cosa puede suceder.

En la otra vereda, 7 millones de habitantes, que no votaron, desencantados, desconfiados y aburridos de los partidos políticos. ¿La verdad?: ¡hastiados! No quieren saber nada de aquellos y menos, de sus corruptos procedimientos para alcanzar y mantenerse en el poder. Cúpulas políticas que, para el logro de sus intereses personales, nuevamente han secuestrado a la democracia, burlándose de sus escasos seguidores y simpatizantes.

Hoy, con un gobierno que ha exacerbado todos los conflictos sociales no convenciendo ni a la izquierda ni a la derecha, solo nos queda echar mano al último recurso nacional: los Patriotas. Aquellos que por sobre sus ideologías políticas y diversidad étnica estén dispuestos a hacer una tregua para salvar a Chile. Esos que aman su propia libertad y felicidad tanto como la de los demás chilenos.

Hombres y mujeres con un mismo sueño común. Una patria donde no se perjudique a nuestras familias y menos a nuestros hijos, aunque para ello debamos luchar contra el Gobierno de turno, los partidos políticos, el Congreso o las leyes. “Una facultad y soberanía que tiene el pueblo, cuando así lo juzgue conveniente”. (Aurora de Chile, del 22 de octubre de 1812). Hace más de 200 años, cuando aún no sabíamos de la existencia de los Partidos Políticos y su incompatibilidad con la democracia.

El alma Rusa

Por Joaquín Castillo Vial, Subdirector del Instituto de Estudios de la Sociedad

“Los rusos y los discípulos de los rusos han demostrado hasta el hastío que nadie es imposible —dice Borges en uno de los numerosos prólogos que escribió—: suicidas por felicidad, asesinos por benevolencia, personas que se adoran hasta el punto de separarse para siempre, delatores por fervor o por humildad… esa libertad plena acaba por equivaler al pleno desorden”. Si bien el argentino se refiere principalmente a las grandes novelas eslavas, su frase también puede ser un intento por responder a la constante pregunta por esa personalidad única y esquiva —el alma rusa, la llaman algunos— que ha intentado ser fijada con profusión dentro y fuera de sus fronteras. Sin afán sistemático, y además de los grandes narradores decimonónicos, ahí están las novelas de Emmanuel Carrère (Una novela rusa y Limónov), las películas de Zvyagintsev (Loveless, competidora de Una mujer fantástica, merecía con creces el premio Oscar) o los documentados libros de Orlando Figes.

Una de las últimas muestras de esa exploración es Chernobyl, que, con producción estadounidense, sigue preguntándose por el alma rusa. La exitosa miniserie de HBO relata el accidente nuclear de 1986, sus responsabilidades directas y sus efectos más o menos inmediatos. Con el foco puesto en Valeri Legásov, el científico nuclear a cargo de controlar el incendio de la planta, relata las repercusiones políticas, biológicas, sociales e íntimas del suceso a través de las historias de diversos personajes involucrados. Muchas de estas historias están basadas en Voces de Chérnobil, recogidas por la Nobel bielorrusa Svetlana Alexiévich, aunque su nombre no aparece en los créditos. Un bombero que acude a los primeros llamados y que es rápida y fatalmente afectado por la radiación; funcionarios militantes e irresponsables que se tapan las espaldas; una científica que debe enfrentarse a una omnipresente burocracia para saber la verdad y actuar con rapidez ante la emergencia; militares y civiles de distinto origen que deben limpiar las consecuencias de esa radiación descontrolada… a fin de cuentas, toda una sociedad sacudida por una tragedia inédita, y que saca lo mejor y lo peor de quienes están involucrados en ella.

La serie tiene pretensiones de fidelidad histórica, lo que, a pesar de las quejas de muchas instituciones y medios rusos —el canal de televisión estatal anunció su propia ficción acerca del suceso, espía estadounidense incluido—, parece lograrse con éxito. Sin embargo, sus puntos altos narrativos no los genera su apego a los hechos; ellos están en su habilidad para construir conflictos profundamente humanos, capaces de situar constantemente al espectador en un dilema moral.

Los personajes son entrañables o repulsivos, en coherencia con las acciones que eligen desplegar en situaciones límite. Ahí están los héroes de distinto signo que se sacrifican por una comunidad amenazada, como los mineros que, duros e indomables, vapuleados por el sistema soviético, no dudan en inmolarse para ayudar en la zona del desastre. Pero también el viejo burócrata Zharkov que, con liderazgo en el rostro y en sus gestos, minimiza las consecuencias de la tragedia al preferir la verdad oficial y recomendar el sitio de la ciudad y el corte de las líneas de teléfonos para evitar los rumores.

También se ha querido leer Chernobyl —especialmente su versión de las responsabilidades del accidente— como un episodio más de las tensiones entre Estados Unidos y Rusia, como si las categorías de la guerra fría pudieran ser utilizadas sin problemas tres décadas después. Sin embargo, más que una obsesión con el pasado, las historias de esta serie dan cuenta de una profunda actualidad: muestran al ser humano viviendo en un medioambiente amenazado, en una sociedad donde los contubernios políticos pueden ir en directo desmedro de la verdad, y donde se necesita del sacrificio de muchos para la supervivencia de la comunidad. Elementos universales, pero también rasgos distintivos de un pueblo ruso cuyo patriotismo refleja los extremos de la condición humana.

En la línea de los discípulos de los rusos que mencionaba Borges, esta serie escrita por Craig Mazin nos muestra que nadie es imposible: en un régimen totalitario como la Unión Soviética —ficcionalizado, por supuesto— también están quienes son capaces de ir contra la corriente, de superar el conformismo de una sociedad corrupta y de destapar la verdad, aunque en ello se vaya la vida. El entusiasmo con que ha sido recibida Chernobyl está justificado. Estamos frente a una trama política y con cierta dosis de apocalipsis, pero sobre todo ante una trama humana que, al tiempo que ilumina un episodio histórico concreto, permite imaginar cómo nos comportamos ante un mundo tensado hasta el límite.

Políticos desenchufados y la agonía de un referente

Por Roberto Hernández Maturana

Esta semana se conocieron los resultados de la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP). El más afectado en esta encuesta ha sido el Gobierno, que evidencia que la ciudadanía ha perdido confianza en el Ejecutivo, el que fue mal evaluado en diversas materias relevantes, mostrándonos que en 6 meses, quienes aprueban la forma en la que el Presidente conduce su gobierno bajó de 37% a 25% y quienes lo desaprueban subieron de 39% a 50%. Así más de 2/3 de la población estima que se ha actuado con debilidad frente a las presiones de uno y otro sector mostrando poca destreza ni habilidad. El Presidente también mostró una baja de un 41% de evaluación positiva a 29% y a dos de cada tres chilenos ya no les da confianza.

Conforme a la encuesta del CEP, los tres problemas a los que el Gobierno debiera dedicar el mayor esfuerzo son la delincuencia, las pensiones y la salud, y aun cuando el gobierno ha desplegado una  nutrida agenda, presentando al Congreso  iniciativas para llegar a soluciones en política pública, se evidencia que una de las causas de la desafección popular se debe al exceso de anuncios que confunde la necesidad de llevar la agenda pública, con anuncios en boca del propio Presidente, de soluciones que a veces parecen improvisadas y otra causa podría encontrarse en un notorio ambiente de confrontación con la oposición

De esta forma, aun cuando la agenda legislativa en el tema de delincuencia ha mostrado algún grado de avance en el Congreso, los proyecto de ley que modifican el sistema de pensiones y el que modifica el sistema de Isapres y reforma de Fonasa parecen entrampados, no obstante que son algunos de los temas que más preocupan a las personas, las que sin dudas deben haberse desencantado de nuestros políticos.

Por el momento pareciera que aunque la encuesta no evidencia un malestar que pudiera transformarse en movilizaciones, en la oposición parece crecer un endurecimiento en  sus posiciones y un desorden o desafección entre los adherentes del gobierno.

Por otra parte, la actitud de bloqueo de la oposición y la constante disputa con el gobierno, es percibida por la ciudadanía como una grave inmovilidad política para resolver los temas de mayor relevancia que afectan a los chilenos, donde se evidencia también falta de voluntad de la mayoría opositora de un Congreso obstruccionista, que muestra una clase política entrampada en disputas que parecen estériles  para el común de las personas, y desconectada con las necesidades del Chile real.

Así, en definitiva, en  la disputa gobierno – oposición, es la clase política en su conjunto la que ha perdido la confianza ante la ciudadanía, a la que instituciones como el Gobierno mismo, el Congreso y los partidos políticos les resultan cada vez más lejanos, justamente en momentos en  que se evidencia falta de voluntad para adoptar medidas para recuperar las confianzas y mejorar aspectos relevantes de la orgánica y funcionamiento de las instituciones y de la vida y seguridad de todos los chilenos, revelando la encuesta CEP  que la ciudadanía se muestra cansada de que la clase política no sea capaz de ponerse de acuerdo en los temas que que realmente le afectan.

Por otra parte, no es posible soslayar la grave crisis que hoy vive el Instituto Nacional, establecimiento educacional señero en la educación publica de Chile y que revela la incapacidad de nuestras autoridades para dar solución a un problema que parece escapársele de las manos.

Un reciente reportaje de la Revista Sábado de El Mercurio de Santiago, revela que hace más de 5 años que la demanda para ingresar al Instituto Nacional viene en caída, siendo las movilizaciones estudiantiles uno de los principales motivos. Ex rectores y el actual rector Fernando Soto, nos dice el artículo en  comento, indican que una de las razones del retiro de alumnos se debe a un nivel de violencia que no se había visto en años anteriores.
Revista Sábado informa tambien que el año pasado postularon 980 jóvenes, la cifra más baja registrada en los últimos años, a principios de los 2.000 postulaban más de tres mil estudiantes para completar 600 cupos.

De

Del mismo modo ha caído el desempeño escolar del IN, el que por décadas fue motivo de orgullo y prestigio. Si en la PSU, en 2014, aun se mantenía con el mejor resultado a nivel municipal y en el puesto 14 a nivel nacional, en 2016 por primera vez no figuró entre los primeros 100 colegios a nivel nacional, si bien el año pasado repuntó un poco quedando 78 en el ranking general y en la cuarta posición entre los municipales.

El mismo artículo da cuenta que los jóvenes que han buscado nuevos colegios para normalizar sus estudios, han tenido problemas, ya que en muchos de los establecimientos les solicitan entre otros antecedentes certificados que acrediten que no son violentistas.
Y así continúa languideciendo un centro educacional que fue modelo y guía en nuestro país, entre tomas, desalojos, encapuchados incendiarios y destructores, enfrentamientos entre estudiantes, entre encapuchados con estudiantes, entre encapuchados con docentes y apoderados, entre apoderados, entre estudiantes y apoderados, entre aquellos y docentes y estos con apoderados, en una crisis que ya no se entiende, entre demandas con cierta lógica y otras absurdas que nada tienen que ver con la educación pero que tienen al Instituto Nacional viviendo una crisis cercana a su fase terminal.

La crisis del Instituto Nacional…, y de la educación estatal

Por Roberto Hernández Maturana

La crisis del Instituto Nacional tiene múltiples causas. Desde luego la acción vandálica de unos violentistas organizados por grupos anarquistas, que parecieran querer acabar no solo con la infraestructura del establecimiento, sino que también con la vida de los docentes y demás estudiantes que si quieren estudiar.

El colegio más emblemático del país está en el centro de la polémica por un espiral creciente de violencia, con bombas molotovs en los patios, encapuchados con overoles blancos aleccionando estudiantes y constantes enfrentamientos con carabineros. Los distintos actores se culpan entre sí , y no hay indicios que indiquen que esto se detendrá en el corto plazo.

Mediante un documento titulado “Compendio de demandas del estudiantado del Instituto Nacional” – publicado por  CNN Chile – los estudiantes definieron peticiones que ellos consideran de  largo intermedio y corto plazo.

La implementación y/o mejora de la educación sexual, cívica y mental dentro del plan común del currículo escolar, todo esto en miras de un establecimiento plurisexual y co-educativo ha sido una de sus primeras y centrales demandas.

También los estudiantes que protestan exigen mayor transparencia en cuanto a la rendición de cuentas de los fondos de la Subvención Escolar Preferencial, una iniciativa que entrega recursos adicionales por cada alumno prioritario y preferente, a los sostenedores de establecimientos que han firmado con el MINEDUC un Convenio de Igualdad de Oportunidades y Excelencia Educativa; para la implementación de un Plan de Mejoramiento; también los protestantes exigen mayor transparencia la rendición de cuentas de los fondos de la subvención escolar.

Del mismo modo los protestantes piden generar foros interestamentales constantes para tratar y avanzar en temas de convivencia escolar dentro de la comunidad educativa.

También exigen medidas del ámbito de la salubridad, como lo es la reparación de filtraciones de cañerías, agua caliente en calderas, adaptación de baños, solución de problemas del cableado eléctrico, control de plaga de ratones, entre otras peticiones.

En el plano nacional, piden la derogación de la ley Aula Segura, la desmunicipalización efectiva y el fin al sistema de “voucher” de financiamiento. Asimismo, rechazan el proyecto de ley Admisión Justa y la ley de Control preventivo de identidad a menores.

Igualmente, piden la implementación de una opción vegana en los menú JUNAEB a nivel nacional. También exigen el rechazo Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, más conocido como TPP11.

Sin embardo, pareciera que lo que subyace en esta protestas realmente es la crítica al proyecto educativo que representa reunir en un mismo plantel a alumnos especialmente dotados para el estudio y llevarlos a un nivel de excelencia superior. Este proyecto sigue siendo un proyecto tan válido hoy como lo era en el momento de su fundación.

Así se ha intentado desacreditar esa visión educacional acudiendo a argumentos de discutible sustentación. Se ha buscado instalar la idea de que no habría ningún valor especial en esta experiencia, negándose a aceptar las diversas demostraciones en contrario.

La existencia de estos liceos, a diferencia de lo que a veces se plantea,, no impide ni contradice el propósito de mejorar el resto de la educación pública. Una política educacional debe reconocer también la distinción, pero este reconocimiento es precisamente el que parece estar a la base de los cuestionamientos: se niega la posibilidad de que estos liceos puedan definir exigencias académicas a sus postulantes en séptimo básico (algo que es habitual en la experiencia comparada, aunque con diferencias en el nivel escolar preciso en que ello se permite). Al mismo tiempo, se les transmite a los jóvenes que fueron seleccionados por esta vía que no tienen ningún mérito especial.

Si se miran las matrículas de las universidades y carreras más selectivas, es posible comprobar que los jóvenes provenientes de liceos estatales representan una proporción relativamente reducida, por debajo de la participación que tienen en el número total de quienes rinden la PSU. El grueso de ellos ha provenido tradicionalmente de unos pocos planteles, destacando entre estos el Instituto Nacional.

Las autoridades y la comunidad deben trabajar con unidad para rescatar este emblemático liceo. Es muy difícil para una comunidad educativa lidiar con esa falta de reconocimiento, totalmente inmerecida, por lo demás, a la luz de la nula evidencia con la que se argumenta al respecto.

Esta es una de las razones por las que es tan preocupante la situación por la que atraviesa ese emblemático establecimiento. Los niveles de violencia que se han observado este año, las suspensiones crecientes de clases, la tensión en su comunidad y la ausencia de autoridad hacen imposible crear las condiciones para desarrollar bien el proyecto educativo que lo ha caracterizado por más de dos siglos.

Lo que resulte de esta pugna, sin duda afectará a toda la educación pública.

Entre Peter Pan y el país de las maravillas

Por Cristián Labbé Galilea

Así como se sabe que parte importante de los cuentos infantiles clásicos contienen, además de grandes enseñanzas, una velada crítica a la época en que fueron ambientados, es sabido también que conductas impropias de hombres públicos, que pueden parecernos simples bagatelas, son el vivo reflejo de la sociedad que representan.

En esta última categoría se inscriben, entre muchas otras, las frecuentes informalidades en el parlamento; el que un “Honorable” haya llegado a la Cuenta del Presidente caracterizado de Batman o el que en el mismo acto apareciera en la tribuna un mimo con cara de fastidioso…¡Una vergüenza!, pero ¿qué se le hace, si es el sino de los tiempos?

Por otra parte, lo que no es un cuento de niños, aunque como un clásico refleja nuestra realidad, es que esta semana las encuestas vuelvan a posicionar a Lavín como el político con más posibilidades de alcanzar la presidencia en las próximas elecciones.

Es como volver el tiempo veinte años, algo así como si estuviéramos viviendo en “El País de Nunca Jamás”, donde el escoces J.M. Barrie -en su novela Peter Pan- nos muestra un grupo de niños que viven alejados de la realidad, en un entorno que no cambia, donde no crecen, y cuya principal amenaza es el Capitán Garfio y su malvada camarilla (no vaya mi suspicaz lector a pensar que me refiero a algunos “señores políticos”).

Genial metáfora que nos permite mezclar fantasía y realidad. Si en “Neverland” los niños no crecen, en nuestra realidad hay muchos que no maduran; si allá viven en la irrealidad, aquí lo hacen en la irresponsabilidad; si allá no pasa el tiempo, aquí con el tiempo se les olvidó el pasado… ambos mundos mágicos.

A pesar de lo dicho, cada día son más los ciudadanos que se han liberado de la confusión y, despertados de la alucinación a la que estaban sometidos, han crecido y han percibido que las circunstancias políticas, económicas y sociales definitivamente cambiaron, por lo que ya no creen en cuentos de hadas. La realidad los ha obligado a crecer rápidamente, ya no son “los niños perdidos” del nunca jamás.

Liberados de la oscuridad y de la incapacidad de entender la realidad, el ciudadano de hoy prefiere: la estabilidad al caos; la honestidad por sobre la corrupción; la autoridad y la confianza en lugar de la decadencia y la desintegración; la libertad y la autonomía en vez del asistencialismo; ¡todos factores claves para la robustez de nuestra sociedad!

Sin embargo, como hemos señalado que los cuentos clásicos nos entregan enseñanzas y críticas, no podemos dejar de pensar que también existen los incautos que siguen “conejos blancos”, como ocurre en  “Alicia en el País de las Maravillas” (Lewis Carroll, 1865), donde la protagonista, por seguir a un hablador conejo blanco, cae en un lugar donde todo parece absurdo e ilógico, donde campea la intolerancia y el surrealismo…

¡Saque mi habilidoso lector sus propias lecciones y conclusiones!

La paradoja de la libertad

Por Karin Ebensperger Ahrens

Cuando cayó la Unión Soviética se observó lo paradójico que puede ser el concepto de libertad. Mucha gente —tras generaciones de comunismo— no tenía elementos de juicio para manejar su creciente libertad, que pareció abrumadora. Estaban acostumbrados a la tarjeta de racionamiento, a mínimos productos y a no opinar de políticas públicas.

La libertad es un proceso, requiere formación para poder tomar decisiones informadas y conducentes al propósito deseado. En “La Paradoja de la Elección”, el psicólogo Barry Schwartz se refiere a la ansiedad que produce tener demasiadas opciones sin estar preparado para enfrentarlas. En política, el asunto se asocia a qué entendemos por libertad, y cuál es el rol del Estado en relación con ella. Los estatistas creen en una burocracia dominante, los libertarios persiguen que los ciudadanos tomen casi todas las decisiones incluso si son malas, y otros sostienen que, dentro de un Estado de Derecho, hay ciertas limitaciones a la libertad para asegurar el bien común. Por ejemplo, obligar a vacunarse.

Me siento interpretada por esta última visión. Creo muy difícil organizar una sociedad democrática si se llega al extremo de que cada decisión, incluso la que tiene implicancias para otros, la tenga que tomar personalmente cada ciudadano. El tema sin embargo es muy complejo.  No es paternalismo —y así lo reconocen las sociedades democráticas— obligar a ahorrar para la vejez, pero de ahí surge una enorme gama de opciones para encauzar una política al respecto. Ese es un ejemplo de la difícil y paradójica libertad en una sociedad democrática.

Según la psicología y la economía conductual, los seres humanos no actuamos siempre en forma racional, y la falta de preparación en ámbitos complejos impide juzgar cada cosa en su mérito.

Por eso, la madre de todas las batallas es la Educación, que no es mera instrucción electiva, sino una formación integral. Si consideramos que el fin de educar es enseñar a pensar para tomar decisiones libres, hay ramos humanistas indispensables para orientar a los jóvenes.

La filosofía aporta un sentido de vida: ciencia sin filosofía puede ser destructiva, economía sin ética nos hace estúpidos, persiguiendo un consumo vacío de sentido.

La historia, sea de Chile, de las instituciones o del mundo, nos permite entender el devenir: que somos finitos, que el poder tiene límites, que el progreso es complejo y tiene diversas miradas. Rebajar la importancia de Historia como ramo formativo en el nuevo currículum del Ministerio me parece un despropósito en un mundo que se ha quedado sin certezas, y con crecientes opciones.

¿Justicia o populismo?

Por Roberto Hernández Maturana

Tras diez años de discusión, la noche del martes la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de ley que establece la imprescriptibilidad de los delitos sexuales cometidos contra menores de edad, con una indicación impulsada por el diputado René Saffirio: que los delitos que hayan sido cometidos a partir de 1990, fecha en que Chile adscribió a la Convención sobre los Derechos del Niño, puedan ser retroactivos.

En resumen, los congresistas estimaron que respecto de estos delitos pueden violar el principio básico de la irretroactividad de las normas que ordenan la persecución penal. Así, mañana podría también establecerse tribunales especiales o, llegados a este punto, por qué no, sancionar conductas con efecto retroactivo.

Al respecto muchos juristas y legisladores han rasgado vestiduras, manifestando que aun  cuando estos abusos son atroces, la resolución de la Cámara sería de un  populismo irresponsable y atentatorio contra los principios civilizatorios.

Advierten los estudiosos y profesores del derecho, que esto podría inducir a una reducción del estándar probatorio, porque es muy difícil que cuando hayan pasado 30 o 40 años existan pruebas contundentes del delito, lo que permitiría a los jueces condenar por presunciones e indicios poco precisos y concluyentes. Y si los jueces no admitieran este tipo de pruebas más débiles deberían absolver con lo que la imprescriptibilidad puede convertirse en un gesto que resulte más teórico que práctico. También existen críticas sobre las razones por las cuales se daría este trato de favor a las víctimas de ciertos delitos y no de otros, como aquellos relacionados con derechos humanos . En el Congreso hay actualmente en tramitación varios proyectos que proponen declarar la imprescriptibilidad de delitos funcionarios, cohecho, ejecuciones ilegales, tráfico de inmigrantes y trata de personas, femicidio, parricidio, infanticidio, delitos terroristas, etc. Igualmente, la existencia de dificultades para que las víctimas tomen conciencia del abuso sufrido se puede verificar también cuando las personas sean jóvenes de 18 o más años.

Para el académico Hernán Corral, que expuso en el Senado respecto a la irretroactividad de la norma con respecto a hecho anteriores a la entrada en vigencia de la futura ley , está «debe considerarse contraria a la Constitución por lesionar en algunos casos la cosa juzgada judicial y en todos la garantía constitucional de la propiedad».

Adicionalmente, el abogado penalista Juan Carlos Manríquez ha planteado que la aprobación de la norma puede significar «un quiebre con la tradición jurídica nacional muy profundo» porque «se alterarían otras reglas, como la seguridad jurídica».

Por otra parte, el abogado Enrique Aldunate, dijo que «No se puede comparar, la pérdida de vidas por delitos relacionados con DDHH con un hecho puntual que afecta la libertad sexual», dijo en referencia al hecho de que la imprescriptibilidad sí se aplique para delitos de lesa humanidad diciendo que  «esa sinonimia no puede ser aceptada».

Para el académico de la U. del Desarrollo, Alejandro Leiva, la imprescriptibilidad «va a generar problemas probatorios, porque transcurridos 30 o 40 años, para que se logre probar un delito de esta naturaleza, (la seguridad) disminuye muchísimo, y eso atenta contra la certeza de los fallos y aumenta la posibilidad de error judicial».

Se ha dicho finalmente que  los legisladores prrtenden imponer su visión por sobre las garantías, y lo hacen en aparente defensa de valores superiores, para perseguir conductas deleznables o para proteger víctimas merecedoras de apoyo, pero se agrega también que el fin no justifica cualquier medio, porque al validarse ciertos medios no solo se sacrifica la seguridad jurídica del presunto delincuente, sino la seguridad de toda la sociedad

El debate que se inicia es interesante, porque más allá de la necesidad de castigar estos deleznables delitos, se puede caer en acusaciones difíciles de probar después de años de cometido el presunto delito…, pero si la justicia pone al acusado en la “necesidad” de demostrar que no cometió el delito por el que se le acusa, entonces la injusticia es infinitamente peor… y eso es precisamente lo que hoy continúa ocurriendo con muchos ex uniformados que siendo jóvenes subalternos en 1973 hoy son acusados a base de testimonios de  víctimas o testigos… o presuntas víctimas o testigos, colocando muchas veces a los acusados en la imposibilidad de demostrar que no estuvieron donde se les acusa haber estado, cuando el caso debería ser exactamente al revés, la justicia debe demostrar que el acusado sí estuvo o participó en los hechos por los que se les acusa… pero no solo a base de testimonios, si no de pruebas concretas.

Es muy interesante  conocer lo que afirma sobre la memoria engañosa la doctora  Elizabeth Lofthus, una psicóloga y matemática estadounidense, que ha dedicado gran parte de su vida a estudiar la memoria humana para determinar la solidez de esta, partiendo de la hipótesis de que el entorno y todo lo que rodea al momento del almacenamiento de un recuerdo o su recuperación influyen,

y esa influencia era negativa en cuanto a la calidad del recuerdo. Así la Dra Lofthus afirma que todo nuestro ayer, nuestro aprendizaje, nuestro yo, se basa en la memoria, que es como el camino que nos muestra de donde vinimos, preguntándose ¿cuánto podemos confiar en ese camino?

Elizabeth Lofthus concluye que en un juicio, la memoria de un testigo es la evidencia más peligrosa a la que puede recurrirse. Si un testigo define a un acusado y lo entrega como culpable, básicamente este ya puede ser considerado culpable ante la justicia.

Estudios anteriores ya demostraron que la memoria era frágil y presentaba falsos recuerdos, por ejemplo autores como John D. Bransford y Marcia K. Johnson fueron precursores a los estudios de Lofthus en este tema

Volviendo al cuestionamiento que hoy se hace a la imprescriptibilidad de los delitos sexuales cometidos contra menores de edad a partir de 1990, fecha en que Chile adscribió a la Convención sobre los Derechos del Niño, puedan ser retroactivos, cabe preguntarse si lo que realmente nuestros legisladores quieren  legislar para un estado justo o se están entregando al populismo y veleidades de voluble mayorías.

Nuestros parlamentarios no deberían olvidar que someterse en democracia sin reglas, ni límites, al arbitrio de la opinión de las mayorías, atenta contra las libertades y la democracia misma

 

«las flores pintadas no huelen a nada»

Por Cristián Labbé Galilea

Nadie sensato puede desear que a un gobierno le vaya mal, sea cual sea su posición política; si eso ocurriera incluso un enconado detractor debiera pensar que él, como todos sin excepción, se verá afectado.

Obvio, cuando el barco se hunde “a todos les toca…”. Luego, por más bronca que los pasajeros le tengan al capitán, éstos no debieran desear, en ninguna circunstancia, un naufragio. Lo anterior no quiere decir que quienes van a bordo se sientan inhibidos para expresar su preocupación por el derrotero que se está siguiendo, ni por “las maniobras” que a su amaño ejecuta el timonel.

Pensando en nuestra realidad se puede decir que, si bien es cierto nada indica que exista algún riesgo de zozobra, no se puede negar que el confort, el bienestar y la calidad de vida de los pasajeros, han caído notoriamente.

Hacia donde se mire, se ven nubarrones que zarandean nuestro andar: la economía estancada, las inversiones no llegan, la competitividad en fuerte caída, la agitación social es pan de cada día, la inseguridad y la violencia golpea en todas direcciones, las instituciones están peligrosamente debilitadas… En suma, se percibe una notoria caída en las expectativas, que se refleja en que “el Capitán” está en su más bajo nivel de aprobación.

Cualquier sensato pasajero se preguntará el porqué de esta paradoja: si al Capitán se le ve todos los días anunciando “desde el puesto de mando” algún “nuevo y curioso” proyecto, ¿por qué la sensación de bienestar y las expectativas de la gente no mejoran…?

La respuesta a esta aparente incongruencia me la dió un viejo y retirado “lobo de mar” quien, como un antiguo oráculo, me dijo: “profesor, no se le olvide que… las flores pintadas no huelen a nada”.

Requerido a que me explicara tan curiosa expresión, mi interlocutor me llevó latamente por sus recuerdos a la vieja práctica política de colocar “primeras piedras” donde fuera: “primera piedra de un puente, no hay río, haremos el río; primera piedra de un consultorio, habrá que ver de donde salen los enfermos; caminos, escuelas, caletas… etcétera; hoy han cambiado las primeras piedras por iniciativas legales, proyectos y anuncios conceptuales, pero en definitiva… promesas, puras promesas…”.

Sin que mediara pregunta alguna, cual “augur de presente”, insinuó que el gobierno debía dejar la tentación de poner este tipo de “primeras piedras” y abocarse, en esta segunda mitad de su travesía, a “cortar cintas”, haciendo alusión a esa vieja práctica política que poco se ve en estos tiempos…

Después de un silencio agregó: “profesor, recuerde que la credibilidad es la diferencia entre el decir y el hacer y que la mejor forma de convencer es hacer, no prometer… cumplir y no eludir”.

Al final me quedé pensando cuan cierto es que: “las flores pintadas no huelen a nada”. Así como los proyectos y las ideas, por interesantes que sean, la gente los olvida… son los hechos los que se valoran… porque las puras promesas disminuyen la confianza y no huelen a nada.

El valor de la historia

Por Carlos Peña González

Esta semana, por sugerencia del Consejo Nacional de Educación, se dispuso suprimir Historia de los ramos obligatorios que han de ser cursados en los dos últimos años de la enseñanza media.

¿Es correcta esa decisión?

Para saberlo es necesario preguntarse en qué consiste la historia y cuál puede ser su valor.

Julián Marías, en uno de sus trabajos, sugiere que una de las características del individuo humano deriva del hecho de que no tiene naturaleza, sino historia. La frase, desde luego, no es original suya, puesto que está también en Heidegger y en Ortega, pero Marías la explica de un modo magistral.

Si usted, ejemplifica Marías, busca una definición de un animal, por ejemplo, un búho, se encontrará con un listado de propiedades y un cierto patrón de conducta que ese animal posee y repite. Y si busca una definición de piedra encontrará un conjunto de características inmutables. Pero si usted, concluye brillantemente Marías, quiere definir a  Cervantes, está obligado a narrar una historia, a relatar un quehacer, a contar lo que Cervantes anheló y logró hacer, a dibujar una cierta peripecia envuelta en el tiempo. Y es que los individuos humanos y las sociedades son un cierto quehacer que reacciona frente a las circunstancias y así van configurando poco a poco su propia identidad. Y lo que vale para Cervantes, vale para usted. Si alguien le pregunta quién es usted y usted quiere responder de verdad esa pregunta, está obligado a contar su historia, lo que hizo y soñó, las circunstancias que enfrentó y que forjaron lo que ahora usted es. Por eso, decir vida humana y decir historia de vida es un pleonasmo, una redundancia. Y lo que se dice del individuo, se dice también de la sociedad.

Y es que el ser humano es un ser histórico.

Pero al ser histórico, el individuo humano, al revés de lo que pudiera pensarse, no está anclado en su pasado, sino que es capaz de reflexionar sobre él y hasta cierto punto configurarlo poco a poco. Desafiado a inventarse a sí mismo, a decidir lo que quiere ser o hacer, el individuo humano y las sociedades cuentan con el pasado como un repertorio de sentidos, de hechos y de acciones sobre los cuales reflexionar y en los cuales hincar los talones para empinarse hacia el futuro. Y es que el ser humano está lanzado al futuro, pero al mismo tiempo es legatario del pasado.

Y si bien nadie puede liberarse del pasado, la reflexión sobre el mismo que la historia, en cuanto disciplina, lleva a cabo, ayuda a los individuos y a las sociedades a comprender que nada hay en lo humano de definitivo y que, con frecuencia, lo que pasa por naturaleza es, en realidad, solo un momento histórico disfrazado de ella. Comprender que el quehacer humano varía con el tiempo, que es una improvisación que toca mil puertas y que la condición humana se desenvuelve de maneras diversas según cuáles sean los desafíos de la hora, es una de las lecciones que se aprenden mediante la reflexión histórica y es también una forma de aprender en qué consiste la libertad.

Por eso suprimir la historia —es decir, la reflexión crítica sobre el pasado como una de las disciplinas a la que los jóvenes deben estar sistemáticamente expuestos— no es una decisión puramente técnica, una medida que deba ser juzgada simplemente midiendo cuánto se optimiza el tiempo curricular. Ella es también una decisión acerca de cómo las nuevas generaciones se asoman a su propia identidad.

A la luz de lo anterior es fácil comprender que el ramo de Educación Ciudadana (cuya inclusión no obstante hay que celebrar) no logrará sustituir el papel público e intelectual que cumple la historia. Es cierto que un buen ciudadano debe conocer su historia; pero el empleo meramente instrumental de la reflexión histórica, así sea para fortalecer la democracia, no es lo mismo que pensar críticamente el pasado para, de esa forma, inmunizar a las nuevas generaciones de todo determinismo, que es una forma, quizá la más adecuada, de enseñarles la posibilidad, y el valor, de la libertad.

Las decisiones curriculares, es verdad, siempre son difíciles y están amenazadas por la sombra de la escasez. No se puede enseñarlo todo. Y por eso hay que escoger entre destinar tiempo a esto o aquello. Y, ya se sabe, escoger es siempre perder. Pero puestos a elegir qué perder quizá no sea del todo correcto elegir perder la historia porque, atendida la índole de la condición humana, ello podría equivaler casi a perderse a sí mismo.

 

Asesinos Soft

Por Roberto Hernández Maturana

Recientemente, un estudiante de Derecho de la Universidad Católica, Johnny Olate,  denunció anónima y falsamente mediante las redes sociales al ex candidato presidencial del Movimiento Gremial a la FEUC, José  Ignacio Palma, acusándolo públicamente de abuso sexual: ello según manifestó después, como una especie de venganza, la narración de la supuesta “víctima”, otra estudiante universitaria concertada con Olate, se diseminó virtualmente y sus consecuencias fueron durísimas para Palma, quien fue linchado en las redes sociales, insultado y escupido en los patios de la universidad, crucificado públicamente con declaraciones destempladas y virulentas, motejado como “abusador”, hecho que entre otras consecuencias lo llevó a perder la elección para presidente de la Federación de Estudiantes de la UC, en la que incluso se le quiso impedir votar.

La “venganza” de Olate condenó así al asesinato de imagen y lapidación colectiva del “acusado”, en un acto de ejecución digno del circo romano, o de las decapitaciones en la revolución francesa.

Esta nefasta costumbre de la funa pública, a la larga puede tener (la historia así nos lo indica) una tendencia oscilante desde la inquisición de un signo a la de otro del signo opuesto…, pero los inquisidores y funadores o funadoras no estudian historia…,  ellos creen que son la historia y de esta forma empieza a aparecer: el “abuso del abuso”, denuncias al voleo convertidas en arma política. Y si alguien se atreve a insinuar una mínima crítica a esas prácticas, corre también el riesgo de ser “funado”.

Por ello, sería lamentable que el análisis del caso de José Ignacio Palma quede reducido a la justa reivindicación del afectado, o al sólo reproche personal a quien le calumnió, requiere un análisis profundo como sociedad que con toda seguridad ( ya se ve) no ocurrirá, desperdiciándose una oportunidad para recordar que las acusaciones falsas existen, y para reflexionar acerca del poder que le estamos reconociendo a cualquier denuncia, no corroborada y previa a toda investigación judicial, de constituirse en un antecedente suficiente para destruir la credibilidad y la honra de una persona poniendo en su contra al público y al sistema legal, desde el primer día.

La verdad es que hace tiempo se evidencia en nuestra sociedad una nueva forma de inquisición operando de facto en las redes sociales e incluso en algunos medios de comunicación social, lo que puede llevarnos como sociedad a  efectos devastadores para el ejercicio de la libertad y el debate intelectual. De este modo podemos ver en forma creciente, humillantes “mea culpa” públicos de autoridades, políticos e intelectuales, que tiemblan de miedo de perder sus posiciones, trabajos, o carreras académicas, haciéndonos recordar la Rusia de Stalin, o la China de Mao.

El caso de Palma es tan burdo y vergonzoso que muchos han tenido que salir a pedirle perdón, avergonzados de que recientemente querían hacer rodar su cabeza. ¿Pero cuántos hay que, habiendo sufrido acusaciones e investigaciones y probada su inocencia, no han recibido ninguna disculpa pública por la injusticia que les hicieron, por el “abuso” de que fueron víctimas?

Estamos hoy ante una sociedad que “construye historia” y olvida la historia, reflejando una crisis moral y valórica de nuestra sociedad, llevando décadas dando un mal ejemplo a nuestros jóvenes, a nuestros hijos; a tal punto que en la Universidad centro del saber, del aprendizaje e investigación, nuestros estudiantes hoy se entrenan para derrotar a sus adversarios creando falsas denuncias, como en este caso fue abuso sexual.

Por otra parte, esta generación se ha criado en la práctica de la ignorancia y el desconocimiento de la historia, siendo altamente intolerantes con el que piensa distinto, con el que se interpone en sus intereses y objetivos, en síntesis: la mentira y la falsa denuncia esta pasando a ser un hábito irresponsable entre nosotros.

Esta práctica es conocida hace muchos años por una generación completa de ex uniformados, que  siendo jóvenes subalternos en 1973 integraban las FF.AA. y que han sufrido las consecuencias de una deformación histórica institucionalizada , además del asesinato colectivo de imagen, mediante falsas denuncias y “ficciones jurídicas”, como práctica empleada por un sector político para perseguir con justicia o sin ella, o sirviéndose de ella (importa más la acusación a la bandada),  a través de una prensa ideologizada y sensacionalista y, de una verdadera maquinaria de la mentira usada por politizadas organizaciones de Derechos Humanos, ante la indiferencia de todos los  sectores políticos, que observan con cómplice indiferencia, como se juzga fuera del Estado de Derecho a quienes sirvieron al país cumpliendo órdenes hace ya más de 45 años

Pocos hoy se preguntan ante denuncias al voleo, acerca de la veracidad de las acusaciones por hechos deleznables que circulan en las redes sociales y que derivan rápidamente en linchamientos públicos. Nadie cuestiona que la verdad política no sea fruto del “tuiteo” o del “posteo”, pocos reflexionan en lo lógico; es más fácil aceptar el rumor y la instantaneidad de las redes sociales. Las asambleas cara a cara han sido reemplazadas por asambleas virtuales, donde cientos de cobardes denunciantes anónimos no dan la cara.

 

La sensación de vulnerabilidad es grande al constatar que hoy cualquiera está  expuesto a sufrir los efectos devastadores de una acusación falsa. Porque para el autor de una falsedad decir “soy víctima”, implica utilizar dos palabras mágicas frente a las cuales la posibilidad de resistencia es mínima. El discurso irreflexivo en favor de la víctima pone a gran parte de la prensa y del público del lado de cualquier relato, verosímil o no, que atribuya a otro la comisión de un delito. Lo que no debería serlos es creer esa mentira. Pero para ello…, cuestionar es necesario la reflexión y el interés en conocer la verdad, algo de lo que en forma creciente, parecemos cada vez interesarnos menos.

La historia se escribe con la izquierda

Por Cristian Valenzuela Guzmán, Director de Desarrollo, Facultad de Derecho en Pontificia Universidad Católica de Chile

No busco en estas líneas empatar lo inempatable. Las violaciones a los derechos humanos no se justifican ni se contextualizan nunca. Pero no deja de ser curioso como múltiples actores políticos han salido a alabar la figura de Carlos Altamirano. Desde la izquierda más extrema, pasando por la DC y hasta la vocera de Gobierno, se han centrado en dotar a Altamirano de esa aura de revolucionario, que huyó y sufrió en el exilio, y que en su propia conversión se transformó en el artífice de la reconciliación chilena y de la recuperación política, económica y social de nuestro país. Claro, todas estas alabanzas son posibles porque la historia se escribe con la izquierda. Con la mano cargada por la ultra izquierda.

En verdad, lo que estos relatos omiten fue la responsabilidad primaria y fundamental que le cupo a Altamirano en la crisis total de la Unidad Popular. Como dirigente socialista, presionó y presionó al fracasado Gobierno de Allende, atizó a las masas y jugó con las ilusiones de millones de chilenos al generar las condiciones para el colapso total de nuestro país. La política chilena entró en crisis y Altamirano fue uno de los grandes responsables de que ello ocurriera. Que duda cabe que frases como ““La conjura de la derecha sólo puede ser aplastada con la fuerza invencible del pueblo unido a tropas, clases, suboficiales y oficiales leales al gobierno constituido” fueron llamados directos a la confrontación entre chilenos. O cuando afirma que “El golpe se aplasta con la fuerza de los trabajadores”, no buscaba sino seguir profundizando las divisiones entre los chilenos y amenazar la legítima reivindicación que distintos poderes del Estado y actores políticos querían buscar del fracasado Gobierno de Allende.

Aún así, luego de varias décadas, tenemos que asistir silenciosos al funeral de este verdadero héroe de la Patria que, a pocos días de las Glorias Navales, pareciera que algunos quisieran equiparar a Prat o a tantos otros héroes eternos por su supuesto aporte a la restauración democrática. No puedo sino disentir de esa mirada tan parcial. ¿Cuáles fueron las virtudes de Altamirano? ¿Provocar con su retórica la guerra civil en Chile? ¿Arrancarse del país para vivir en Berlín y París? ¿Regresar al ostracismo en Chile? Altamirano pertenece a ese exclusivo club de izquierdistas arrepentidos que gozan de la impunidad de sus actos en el pasado y que viven el presente como testimonios vivos del romanticismo revolucionario que muchos aún añoran.

Varios de ellos, terroristas confesos, que caminan libremente por la calle y que fueron liberados de culpa por sus delirios de juventud. Algunos de ellos siguen dictando cátedra, participando del análisis político y plenamente integrados en la sociedad capitalista que tanto lucharon por derribar. Otros, increíblemente, están sentados en el Congreso, recibiendo sueldos y pensiones que pagamos todos los chilenos y sin haber cumplido un día en la cárcel por los crímenes, complicidades y omisiones de su época. Por último, están los que siguieron robando, secuestrando y amedrentando, y que siguieron viviendo en clandestinidad, hasta que los pillaron. Esos que nunca renunciaron a sus nefastos ideales y que, sin perjuicio de ello, siguen siendo venerados por las nuevas generaciones de izquierda, sea que estén presos en Brasil o libres caminando por las calles de París.

¿Quién le cobró la cuenta a esos revolucionarios fracasados? ¿Quién los funó? ¿Quiénes los fustigan hoy, en la hora de su muerte, increpándolos por todo el daño que hicieron en vida y las consecuencias irreparables de sus actos antipatriotas? Muy pocos. Casi nadie.

En la otra vereda, cientos de oficiales, suboficiales, clases y soldados siguen pagando las culpas, en la cárcel, por lo que ocurrió hace 45 años atrás. A ninguno de ellos la historia les favorece ni hay capítulo alguno de su trayectoria que pueda aminorar sus condenas. No, ellos fueron los únicos violadores de los derechos humanos de los chilenos y todo el régimen asociado a sus crímenes debe ser borrado de la faz de la tierra. Sus honores degradados, sus familias perseguidas, su historia eliminada. Las estatuas se las lleva Allende, los honores, Altamirano. A estos hombres, la prisión y el destierro ideológico.

Para la izquierda, narradora exclusiva de los acontecimientos de Chile en las últimas décadas, los únicos responsables de la destrucción de Chile en 1973 son las Fuerzas Armadas y los civiles que participaron en el régimen militar. Ellos no se pueden arrepentir, ellos no pueden cambiar. Ni ellos, ni nosotros sus hijos, podemos cuestionar la historia ni participar de los procesos de modernización actual del país, porque cargamos con una deuda histórica que jamás será saldada y que ellos se encargan, una y otra vez, de seguir reescribiendo cuando muere algún antiguo jerarca.

No busco en estas líneas empatar lo inempatable. Las violaciones a los derechos humanos no se justifican ni se contextualizan nunca. Pero lo que es inaceptable, es que la izquierda siga escribiendo la historia a su manera y nos imponga, desde su falso altar moral, a todos estos héroes fracasados, que no solo no son virtuosos, sino también son culpables de la división de Chile y responsables de sus horrores.

Al diablo con esos diablos

Por Cristián Labbé Galilea

Leer los diarios o ver las noticias en estos días no resulta muy motivador; incluso para las mentes optimistas, abundan “las malas nuevas”.

Cuando no es una de las tantas algarabías políticas que enrarecen la convivencia nacional, es un escándalo financiero o uno de los sorprendentes conflictos en el poder judicial; ni qué decir de los temas relacionados con la violencia y la inseguridad… Lo que estamos presenciando en estos tiempos  es

Según la mitología griega, esta misteriosa caja fue un regalo que Pandora recibió con instrucciones de no abrirla bajo ninguna circunstancia, pero “el diablo metió la cola” y la tentó a abrirla para ver qué había dentro. Al hacerlo, escaparon “todos los males del mundo” que los dioses habían guardado en su interior; cuando pudo cerrarla, sólo quedó en el fondo “el espíritu de la esperanza”, el único bien que habían metido en ella.

Abrir una caja de Pandora nos recuerda -en estos días- que una acción, en apariencia pequeña o inofensiva, puede terminar trayendo consecuencias inesperadas… que es exactamente lo que estamos comprobando hoy por hoy.

Los rechazos en el parlamento a las iniciativas legislativas del gobierno, que el Ejecutivo haya debido retirar la candidatura de Dobra Lusic a la Corte Suprema -a pesar de que era la candidata de la izquierda-, las acusaciones cruzadas entre los fiscales de Rancagua, las irregularidades en el INE y los detalles del funeral de un narcotraficante, nos está advirtiendo que la institucionalidad está “patas para arriba” y nos está confirmando que: el diablo tiene un amplio guardarropas.

Para el ciudadano común y corriente, por insignificante que parezca un incidente o por banal que resulte un caso, su percepción de la situación es que ésta va de mal en peor, y eso le preocupa.

Posiciones más o menos radicales, más o menos politizadas, todas en general coinciden en que los problemas tienen su causa y su origen en los “políticos diablos o los diablos políticos” que, así como son capaces de subirse el sueldo, pueden en el mismo acto negarle la sal y el agua a cualquier iniciativa que beneficie al resto de la sociedad, porque a ellos el país “les importa un bledo” (planta salsolácea comestible pero poco valorada).

Siendo testigo de los males que nos afectan y, muy a la chilena, echándole la culpa a la curiosidad de Pandora, esta “positiva pluma” recuerda a sus lectores lo que la mitología griega nos aconseja… “la esperanza es lo último que se pierde”, y que un viejo refrán nos enseña que “el diablo solo tienta a aquel con quien ya cuenta”… Por lo tanto, sugiere no dejarse arrastrar por visiones negativas.

Si los “políticos diablos o los diablos políticos” han abierto la Caja de Pandora y han traído “los males al mundo”, el camino que nos queda es: mandar al diablo a esos diablos… y, como nos sugiere Paul Johnson (Al diablo con Picasso, 1996) “debemos asumir que vivimos en un mundo infinitamente bello donde pulula la gente fascinante, los hechos alentadores y la risa abundante…”.

Una historia ya contada

Por Patricio Quilhot Palma

Pocas cosas van quedando que puedan sorprender a los chilenos, testigos pasivos de la descomposición progresiva de nuestra democracia. Pese a las profusas denuncias de nuevos casos de corrupción, tal parece que la mayoría de las personas no es consciente de la magnitud del problema. Como si de la memoria de su Smartphone se tratase, el ciudadano común va reemplazando los archivos de casos pasados, sustituyéndolos por el que recién aparece en las noticias. De este modo, la acumulación de los gravísimos hechos que hacen peligrar nuestra institucionalidad es soslayada por el común de la gente, favoreciendo así a la impunidad de los pillos y estimulando la aparición de nuevos casos que ayudan a éstos a ocultar los suyos en el olvido.

La crisis institucional que nos aqueja es más grave de lo que parece y quienes la denuncian son normalmente acusados de alarmistas o exagerados, calificación que es alimentada por los mismos corruptos, quienes se amparan en la debilidad creciente de las instituciones que ellos han ido minando poco a poco.

La impunidad conseguida sirve, a su vez, de estímulo para continuar delinquiendo, mientras la complicidad pasiva de la sociedad se niega a visualizar el futuro al que es conducida. A la clásica desidia cívica de la generación actual, se suma ꟷentretantoꟷ la ideologización presente en cada actividad de la vida nacional, pareciéndose cada vez más a los períodos que nos sumieron en las peores crisis de nuestra historia republicana.

A través de los años, se ha conformado una clase política cerrada, definidamente oligárquica, donde un pequeño grupo de dirigentes ha ido asumiendo roles de poder que hoy son ejercidos sin restricciones y con total descaro. Tenemos así una variedad de legisladores, autoridades de gobierno y administrativas, surgidas invariablemente del mismo grupo de origen, familia o partido, y cuya renovación ꟷsi es que llega a existirꟷ será siempre mínima, asegurando la posición irrenunciable de quienes se consideran y son considerados como los jefes o padrinos de la mafia.

Concurre a esta involución social el rechazo creciente mostrado hacia los temas de política contingente por la mayor parte de la sociedad, lo que deja el espacio libre a los administradores del poder para ejercer su influencia y seguir manipulando la vida nacional en su beneficio. Se plasma así un tipo de tiranía o dictadura psicopolítica que impide el acceso al poder de nuevas ideas o de nuevos actores, salvo que éstos se subordinen a la autoridad del partido, o sea, a la voluntad de sus máximos dirigentes, quienes siguen siendo los mismos…sin opción de recambio.

A lo anterior se suma el abierto manejo de las comunicaciones, adquirido durante años de ejercicio del poder y asegurados a partir de quien sabe qué tipo de prebendas, beneficios o presiones indebidas. Ello brinda a los caudillos políticos una herramienta invaluable para la penetración y manejo de las mentes ciudadanas, cuya escasa voluntad, interés o capacidad de raciocinio las hace fácilmente influenciables.

Esta es la base sobre la cual se ha construido y se mantiene esta institucionalidad degenerada en la que hoy nos encontramos, donde una oligarquía de malos políticos se ha apoderado de nuestro país, nutriéndose de él con una impudicia inigualable. Mientras mueven sus hilos para mantener o hacer crecer sus redes de influencia o de control político, plantean que hay que elaborar una nueva constitución, como si no les bastara con el progresivo deterioro al que han ido sometiendo a la actual Carta Magna, precariamente sostenida por la solidez que le dieron sus redactores, un equipo de intelectuales serios y patriotas, muy lejos de los corruptos de hoy.

Pero ¿hacia dónde nos lleva este secuestro permanente de la democracia y su institucionalidad? La historia parece tener la respuesta, alertándonos para que tratemos de rescatarla a tiempo…si es que nuestra sociedad es capaz de comprenderlo.

A fines del Siglo XIX, Chile disfrutaba de una estabilidad política ejemplar para Latinoamérica. Dueño de una incomparable estabilidad republicana, en menos de 50 años había ganado dos guerras externas y, salvo uno que otro conflicto interno de menor significación, constituía un ejemplo para los demás países sudamericanos, sumidos éstos en rencillas internas que retardaron y dificultaron la conformación de sus estados-nación.

Desde la Constitución Política de 1833, operaba en Chile un presidencialismo fuerte, apareciendo los partidos políticos recién en el último tercio del siglo. Este período se caracterizó como una era de desarrollo estable, de grandes obras, consolidación institucional y fortalecimiento de las fronteras del estado. A pesar de ello, los historiadores describen la existencia en esa época de un creciente cohecho electoral y de una progresiva disputa del poder presidencial por parte de los dirigentes políticos, constituidos éstos últimos por una oligarquía familiar y de un reducido segmento socio – cultural alto.

Enfrentado a esta oligarquía política cada vez más exigente, el poder presidencial fue decayendo a través de gobiernos moderados y cada vez más débiles. Sin que se encontrase la forma de equilibrar el excesivo poder presidencial con la desmedida ambición de la clase política, el conflicto escaló cruelmente ante los ojos de una masa social de escasa cultura y nula participación en las lides del poder, cuyo destino la llevó a verse involucrada en una guerra fratricida sin igual en nuestra historia. Culminado el conflicto con la victoria de los congresistas, quienes realmente perdieron fueron los militares defensores de Balmaceda, durante años sanguinariamente perseguidos, además de los humildes ciudadanos que lucharon por cualquiera de los dos bandos.

Los ganadores, como siempre, fueron los instigadores de las masas y férreos detentores del poder político, quienes comenzaron una farra que les duró hasta 1924, cuando ésta se acabó de golpe, retomándose una suerte de presidencialismo menos fuerte.

Llegamos a los hechos del año 1973, donde la crisis política desatada sólo pudo ser controlada con la oportuna y leal acción de las FF.AA. y de Orden, quienes evitaron que otro desaguisado de la clase política nos sumiera en una nueva guerra civil. El resultado, al igual que tras el término de la guerra de 1891, nos trajo como consecuencia un nuevo episodio de persecución a los militares, esta vez por haber estado del lado de la ciudadanía amenazada por Allende y los suyos.

Hoy, la crisis se manifiesta por la pérdida de los valores republicanos y el desprecio de la oligarquía hacia la sociedad en su conjunto. El conflicto escala con paso firme, al tiempo que las instituciones se degradan sin pausa. La incultura cívica de las masas de 1891 es reemplazada por la falta de interés por la política, como también el cohecho de antaño ha quedado en manos de una prensa militante que lava el cerebro, tal como ayer el dinero untaba el bolsillo para comprar votos.

Ante este déjà vu innegable, debemos ver de qué forma rescatamos a nuestra Patria del secuestro en que la tiene una oligarquía política tan despreciable como indigna.

La Jauría


Por Daniel MatamalaThomsen

Reemplacemos “encarcelamiento” por “censura”, y tendremos una clave para entender a Chile hoy.

Antes, algo de contexto: en 2000, Henry Kissinger debía dar un discurso en la Universidad de Texas. Líderes estudiantiles organizaron un boicot tachándolo de “fascista criminal de guerra” por su intervención en Chile, entre otros países.

La universidad canceló la invitación.

La izquierda estudiantil celebró el resultado y las campañas para boicotear a políticos, activistas y comentaristas se propagaron. Según la fundación FIRE, doscientas presentaciones han sido canceladas desde entonces en universidades estadounidenses tras boicots organizados por estudiantes o, incluso, académicos.

Las razones invocadas son variopintas. En octubre pasado, la Universidad de Rutgers canceló el discurso de su ex alumna y periodista de Fox News Lisa Daftari, quien fue acusada de islamofobia. La “evidencia” era haber dicho que “los terroristas islámicos dicen ser guiados por las enseñanzas del Corán”.

El código para la jauría es: la tipa es de derecha (¡y de Fox!), cáiganle encima.

El efecto de esta ola de censura es desolador. La Universidad de Berkeley, célebre por las protestas de sus combativos estudiantes contra la guerra de Vietnam, ahora ofrece ayuda sicológica a quienes “se sientan amenazados” por un discurso del escritor derechista Ben Shapiro.

Las universidades, por definición lugares para confrontar ideas, se convierten en espacios “seguros”, libres de dudas, en que un simple debate puede gatillar problemas sicológicos. Estas burbujas son una aberración intelectual, y además son contraproducentes, ya que convierten a oscuros provocadores en celebridades, glamorosas víctimas de la censura.

Tal como predijo Orwell, la izquierda inventó el juego, pero la derecha no tardó en imitarlo. Sus protestas han obligado a cancelar apariciones en campus de figuras progresistas como el cineasta Michael Moore o la activista pro-aborto Amy Irvin.

Y el contagio ya llegó a Chile. En 2018, la Universidad de Concepción negó una sala para una charla de José Antonio Kast. La medida convirtió la hasta entonces inadvertida gira del político en noticia nacional, y a él, en víctima de la censura. Días después, el ex diputado fue agredido en la Universidad Arturo Prat de Iquique, y la Asociación de Académicos emitió un vergonzoso comunicado en que lamentó, no la violencia, sino “la visita no deseada del dirigente de ultra derecha” y “la provocación de quien sabía que recibiría esta respuesta”.

Un año después, es Kast quien lidera una funa virtual y obliga a Teletón a cancelar una actividad con el escritor Jorge Baradit. ¿Las razones? Desde sus tuits misóginos hasta ser un “seudo-escritor” o “un profeta para el progresismo de izquierda”. Entre los argumentos más compartidos por otros activistas en redes sociales estaban que Baradit es “de los mismos que insultan a las empresas capitalistas que donan a la Teletón” y que “faltó que invitaran al alcalde Jadue”.

El código para la jauría es: el tipo es de izquierda (¡comunista!), cáiganle encima.

La discusión sobre misoginia es una trampa: basta revisar los perfiles de quienes atacaron con más virulencia a la Teletón para advertir que el sexismo está lejos de sus preocupaciones.

Es la misma mentalidad tras los carteles de “Se busca”, a la usanza del Viejo Oeste, contra el senador Lagos Weber por ser partidario del TPP. O de los llamados a impedir la entrada a Chile de Miguel Bosé por sus declaraciones contra la ex presidenta Bachelet. La progresión es vertiginosa: del “no estoy de acuerdo con él…” al “… por lo tanto, tengo derecho a acallarlo”.

“Yo no manejo ninguna jauría” se defendió Kast tras el incidente. El término es preciso. Jauría fue la que lo agredió a él en Iquique, y la que justificó con argumentos políticos el ataque. Jauría fue la que amenazó, desde otra esquina ideológica, un acto con niños de la Teletón.

Nadie “maneja” a esas jaurías. Pero los líderes sí son responsables de las consecuencias de sus dichos y acciones; en ello consiste el liderazgo.

Y tanto en los campus estadounidenses como en los chilenos, tanto en las protestas callejeras como en el ring de las redes sociales, lo que vemos no son líderes. Son apenas aprendices de brujo, desatando fuerzas de censura, intolerancia y odio que son incapaces de controlar.

Defensa de la Confesión

Por Carlos Peña Gonzalez
¿Debe obligarse a los sacerdotes a denunciar los delitos contra menores que conozcan en medio de la confesión?

La Cámara de Diputados, este día jueves, por la unanimidad de quienes estaban presentes (lo que ya es indicio de que no hubo demasiada reflexión), acaba de responder afirmativamente esa pregunta. La regla (aplicable a todos los credos) afectaría en especial a la Iglesia Católica, porque para ella, el secreto de confesión es inviolable.

De aprobarse la regla, los sacerdotes deberían entonces escoger entre ser fieles al derecho canónico y a su fe (que les impide revelar lo que reciban en confesión) o a la ley civil (que les obligaría a denunciar cuando alguien confiese delitos cometidos contra menores).

Parece sensato; pero cuando se mira el problema más de cerca no lo es tanto.

Desde luego, las sociedades necesitan reconocer espacios de interacción a las personas que estén solamente entregados a su voluntad y nunca a disposición de terceros. Sin secreto, sin una esfera de reserva a disposición de los individuos, incluso de los peores, la libertad se lastima. El caso más obvio es el del secreto profesional de los abogados y los médicos. Si usted dispone que los abogados deben revelar los delitos que les sean confiados, la profesión legal, y con ella la defensa a que todos tienen derecho, desaparece. Y si usted obligara al psiquiatra a denunciar los hechos de índole delictiva de que toma noticia cuando atiende a sus pacientes, la terapia psiquiátrica desparecería (y como consecuencia, la conducta desviada, es probable, aumentaría). En una palabra, al establecer en esos casos el deber de denunciar, se suprimen actividades que son socialmente importantes.

Lo anterior es aplicable al secreto de confesión (sigilo sacramental, en sentido estricto). Hay algo, en efecto, que se estropearía si se amenaza a ese secreto o se lo suprime.

Se trata de la libertad religiosa.

Una sociedad abierta debe reconocer a los individuos practicar el credo y el culto que juzguen mejor o verdadero, sin que puedan ser coaccionados por adherir a él o decidir abandonarlo. Y ocurre que la confesión está en el centro mismo de la religión católica. Para un católico (enseña Santo Tomás en Summa Theologica. Supplementum, q. 11, a. 5.), el sacerdote actúa en ocasiones como persona común y corriente (y allí no está obligado al secreto) y en otras, como representante de Dios. Este último es el caso del sacramento de la confesión: cuando el sacerdote escucha los pecados y absuelve, lo hace no a título propio sino a nombre de Dios. Es un secreto no entre dos individuos, sino de algo confesado ante Dios, ¿cómo podría entonces el sacerdote ser obligado, bajo amenaza de coacción, a revelarlo? Si se obliga al sacerdote a revelar la información que recibió durante el sacramento, en realidad se está suprimiendo a este último y lesionando esencialmente su práctica. Y como ese sacramento está en el centro mismo de la catolicidad, se estaría impidiendo que esta última se ejercite con la libertad que una sociedad abierta debe homenajear.

Alguien dirá que acá se trata de proteger a los menores indefensos de cuyo daño el sacerdote se entera; pero ese argumento no es tan fuerte como aparenta. Desde luego, si el secreto de confesión se debilita, los criminales no irán simplemente al confesionario y entonces el resultado no será que acaben los delitos sino la confesión. No hay entonces una ventaja utilitaria en suprimir el secreto. Y tampoco la hay en términos de la libertad. Habrá, en cambio, un pérdida neta de ella. Es cierto que la confesión, cuando la mira un no creyente, parece un instrumento de dominio de la conciencia ajena o un bálsamo que lava los pecados de hoy para cometer otros mañana, pero la libertad incluye la posibilidad de que los demás puedan adherir a prácticas que, salvado el derecho de terceros, parezcan absurdas.

La sociedad sería más segura si suprimimos la confianza y cada uno se convierte en policía y nadie se siente obligado a guardar confidencia alguna -como si la indiscreción fuera el supremo valor moral-, pero un mundo así, un mundo sin comunicaciones protegidas entre las personas, o entre un creyente y aquel a quien este cree su pastor, sería a poco andar no solo un mundo inhóspito para los creyentes, sino además un mundo con una porción menos de libertad para todos.

Porque acá no se trata, en verdad, de evitar un daño a terceros, sino de utilizar una libertad, la libertad religiosa, como un instrumento utilitario para obtener información de atentados a menores. Algo así no es razonable o ponderado, supone infringir la regla de proporcionalidad que obliga a que las afectaciones a una libertad fundamental (como es la libertad religiosa) solo se admita cuando no haya caminos alternativos menos lesivos para alcanzar el mismo fin. Y acá, por supuesto, que los hay.

Si se obliga al sacerdote a revelar lo que recibió en una confesión, se daña la libertad religiosa, algo que una sociedad abierta debe proteger. Y así pierden todos, creyentes y no creyentes.

Corrupción y posverdad, los males de nuestro tiempo

Por Roberto Hernández Maturana

La corrupción que se ha venido detectando en nuestras instituciones revela una enfermedad de nuestra sociedad en su conjunto cuyas causas son difíciles de determinar, pero que alcanzamos a percibir en las características más profundas del ser humano y que parecen inherentes a él.

Y ello no solo es propio de la sociedad chilena, sino más bien parece ser un fenómeno que se está dando en el mundo entero.

China lucha contra la corrupción decretando pena de muerte incluso, para los personajes públicos que caen en ella. Noticias de corrupción en los países de Europa del este son frecuentes; el mismo Putin ha sido acusado de corrupto…, tampoco está libre de este flagelo los EE.UU.N.A., cuyos políticos y jueces son cuestionados frecuentemente por corrupción.

Entre varios de nuestros vecinos la corrupción se ha institucionalizado y son varios los países en que sus ex presidentes son hoy juzgados por corruptos; en Brasil Lula cumple condena en prisión; en Argentina la ex presidenta Cristina Fernández con varios requerimientos de la justicia y en Perú, varios ex mandatarios investigados, donde el suicidio del ex presidente Alan García desnuda trágicamente los tiempos que vivimos.

No deja por otra parte de ser relevante las palabras que nos dejara el ex presidente  peruano en su mensaje póstumo: “en estos tiempos de rumores y odios repetidos que las mayorías creen verdad, he visto como se utilizan los procedimientos (judiciales) para humillar, vejar y no para encontrar verdades”.

¿Está Chile libre de la corrupción que se percibe en otras partes del mundo?

Si bien las causas y hechos que definen la corrupción contemporánea van mucho más allá de lo expresado por el presidente García en su carta final, vale la pena detenerse a meditar en como en la era de la información y la posverdad se construyen “realidades” y se asesina mediáticamente a personas, instituciones, incluso a grupos generacionales completos, mediante el uso y abuso de la justicia, decretando la muerte en vida de los acusados, antes incluso que los procesos terminen y la justicia cumpla su rol.

Hay expertos constructores de posverdades, especialistas en deformar la historia y ejecutar públicamente a cualquiera contrario a sus intereses, no esperando el fallo de la justicia, para promover el linchamiento del contrario por parte de multitudes manipuladas

Y hablando de posverdades, realidades construidas y asesinatos de imagen, hace poco estuve en una reunión de ex militares, todos ellos subalternos en los años del gobierno militar, la mayoría pasando  los 60 años.  Impresiona constatar que casi todos los asistentes habían sido llamados a comparecer ante un tribunal por hechos acaecidos hace 46 años, impresiona también constatar el número de procesados por la justicia en espera de un fallo definitivo, todos ellos procesados hace ya largos años, bajo el antiguo sistema procesal penal derogado en Chile el año 2005,  la mayoría sin haberle visto nunca la cara al juez que los juzga, sino solo a actuarios; todos ellos procesados a base de testimonios febles, que van desde recordar la voz, encontrar un parecido físico  del acusado con el presunto autor del hecho por el que se le acusa (¡más de 40 años después!); o porque pertenecía a la unidad militar en la fecha de los hechos que se investigan, o porque perteneció antes o después, por lo tanto “debía saber”. Pero no sólo en esa reunión habían procesados condenados en primera o segunda instancia…, también habían absueltos en primera instancia, por haberse comprobado su no participación en los hechos por los que se les acusaba, pero que aún mas de un año después, siguen procesados porque la justicia, las cortes superiores, no han visto sus casos, con todas las restricciones e interdicciones y perjuicios que ello significa. Y no hablemos de los ex militares presos hoy encarcelados, condenados en idéntica forma a la ya descrita.

Así, lo expresado por el difunto ex presidente del Perú, la “realidad” más allá de la investigación necesaria, con la imparcialidad y justicia que corresponde, se ve manipulada  ante y por la prensa y ante la opinión pública condenando a una generación completa de ex uniformados como una “generación maldita”, expuesta a una constante acción de venganza más que de justicia, que practica la izquierda sustentada por múltiples organizaciones financiadas muchas de ellas desde el exterior, y que actúan con la complacencia de moros y cristianos y la indiferencia de un gobierno, que se comprometió con el mundo militar en retiro, no al “perdonazo”, sino a la búsqueda de una justicia “justa”, cosa que a la fecha no ha cumplido, ratificando que acá también “en estos tiempos de rumores y odios repetidos que las mayorías creen verdad”, se ve “como se utilizan los procedimientos (judiciales) para humillar, vejar y no para encontrar verdades”.

Volviendo al tema de la corrupción, el tren que empuja esta lacra que se vive en tantos lugares del globo  en nuestros días, ha sido empujado sin duda por un excesivo individualismo donde el yo está por sobre los demás, donde lo individual está por sobre lo colectivo, donde las redes sociales son usadas sin contemplaciones para “construir” realidades alternativas, donde el delincuente poblacional y el más alto directivo institucional persiguen lo mismo… la búsqueda del placer y el bienestar en todos los ámbitos de la vida… una de las definiciones del hedonismo. Lo vemos en las investigaciones que hoy se hacen tanto en la iglesia Católica como Protestante, en el Ejército y Carabineros, en las presiones del mundo político sobre todos los ámbitos de la vida diaria para influir para aumentar sus cuotas de poder…, y últimamente en los extraños hechos que se investigan en el poder judicial que comienzan a destaparse en el máximo tribunal de Rancagua, que abarcan desde la negativa de la Corte Suprema que  desestimó iniciar de inmediato el proceso de remoción de los 3 ministros de esa Corte de Apelaciones, al estimar que no está finalizado el procedimiento disciplinario que tramita la ministra Rosa Maria Maggi por corrupción, y que faltaban antecedentes para proceder a la destitución al no contarse con un informe de la ministra instructora, hasta las hasta ahora no aclaradas intervenciones de parlamentarios en cosas propias de otro poder independiente del estado,  como las del Senador Letelier con los cuestionados ministros de la corte de Rancagua, y donde el fiscal de Alta Complejidad de O’Higgins, Sergio Moya, quien indaga los actos de corrupción en la Corte de Apelaciones de Rancagua, acusa a su superior el fiscal regional Emiliano Arias  de haber actuado de manera irregular en el caso Caval, y haber obstruido la investigación en el caso de los jueces de la Corte, y tener un trato preferente con un abogado del Ministerio del Interior,  y haber filtrado información a un familiar en Puerto Montt, por lo que la Fiscalía Nacional deberá decidir si abrirá un sumario y/o una investigación penal contra Arias.

Así las cosas, para donde mire el ciudadano medio, ve enrarecido el ambiente y con un cierto dejo de angustia, ante la situación que viven las instituciones que son los pilares en que se debe sustentar el Estado y que constituyen las garantías  de una buena convivencia social pero que hoy son puestas a prueba en la fortaleza o fragilidad de las columnas doctrinarias que las sustentan.

Si las personas medianamente instruidas se muestran confundidas… ¿qué se puede esperar de jóvenes que no estudian, que no trabajan, que no tienen otro horizonte en la vida que aquel que les ofrece el rédito inmediato del mundo del narcotráfico y del delito violento por el cual saben que si son detenidos, a lo más sufrirán una pena muy menor?

La tarea es ardua; las instituciones no solo deben “ser”, sino que también “parecer”… deberán depurarse a si mismas para después volver a ser y practicar aquello ´para lo que fueron creadas.

En el medio del camino

Por Cristián Labbé Galilea

Si las conversaciones, al iniciar la tertulia, se centraron en los panoramas de este fin de semana, no necesito explicar que los comentarios de los más jóvenes se enfocaron en: “trekking, bike, gym y, ¿porque no, un asado piolita?”. Claramente para la mayoría había que aprovechar el “Finde”.

A riesgo de ser tildado de pechoño, beato o algo peor, orienté mis comentarios hacia el verdadero sentido de estas fiestas.

Mas allá de lo religioso, que no es mi tema, mis cavilaciones se concentraron en que esta era una buena oportunidad para hacer un alto en el tráfago cotidiano y reflexionar sobre la necesidad de analizar la contingencia desde una perspectiva un poco más profunda, especialmente en estos tiempos.

Dos sucesos acaecidos en los últimos días me ayudaron a dar fuerza a mis “evangelizadoras reflexiones”: por una parte, el asombro generado por los registros fotográficos del “Agujero Negro”, que dan cuenta de los insondables misterios del cosmos y, por otra, las dramáticas imágenes de Notre Dame en llamas.

El primero de los hechos, a pesar de lo ignoto que resulta para muchos, me permitió fortalecer la idea de que no hay que perder “la curiosidad” para mirar -al menos por el rabillo del ojo- el universo y su futuro. Apoyé mis cavilaciones en el best seller “Somos polvo de estrellas” (2017) del Premio Nacional de Ciencias (1999) José María Maza, donde se establece que la llave del conocimiento se encuentra en observar los misterios del cosmos.

Por otra parte, argumenté que: ver como el fuego devoraba 800 años de historia, nos volvía obligada y abruptamente la vista al pasado, al camino recorrido, a la religiosidad de la edad media, a la ilustración, a la revolución francesa, ¡a la historia!, pero fundamentalmente nos hacía ver la fragilidad de todo lo material.

Dos sucesos: pasado y futuro, que debieran estar siempre “presentes” en nuestras reflexiones y que, por obvios que parezcan, están cada vez más ausentes de nuestra contingencia.

Emplazado a pronunciarme sobre cuál sería entonces la posición de equilibrio entre pasado, futuro y presente, apelé -nada más ni nada menos- que a Dante Alighieri (el Dante) y a su obra “La Divina Comedia”, escrita en 1304, en los primeros tiempos de Notre Dame; en sus versos el poeta florentino nos señala que la vida hay que considerarla como un camino que se puede recorrer “sensata y cuerdamente”, o desviarse para llegar indefectiblemente a lo que él llama: “esa selva áspera y fuerte» (metáfora que usa para referirse al mal).

Recordé que el Dante, antes de pasearnos por el infierno, el purgatorio y el paraíso, donde ubica a los personajes más ilustres de la época, responde a nuestras inquietudes en el primer verso de la obra donde señala que siempre estamos: “Nel mezzo del cammin di nostra vita”  (En el medio del camino de nuestra vida)…. ¡Tanta historia vivida como futuros por construir!

Al terminar nuestra tertulia de Semana Santa, y en “modo de reflexión”, mis parroquianos se retiraron sin hacer referencia a donde irían este fin de semana; estaban… “nel mezzo del cammin de sua vita”.

¿De que justicia me habla?

Boletín informativo del Movimiento Nacional Sindicalista – MNS, No 133– 21 de abril 2019

El escándalo relacionado con los pormenores conocidos en relación a la suspensión de tres ministros de la Corte de Apelaciones de Rancagua ha estallado, aunque ya hay muchos tratando de bajarle el perfil. Lo que se ha sabido es gravísimo: se habla de prevaricación, nepotismo, enriquecimiento ilícito, magia negra, tráfico de influencias, drogas. El Ministerio Público no se escapa: un fiscal acusa a otro de obstrucción a la justicia y más. Al Fiscal Nacional, elegido en dudosas circunstancias (recordemos que se sospechaba que su designación acordada entre izquierda y derecha tenía como objetivo sancionar un “arreglín” para el caso Soquimich), ya no le cree nadie. La Corte Suprema rechazó, por un voto, iniciar el procedimiento de remoción de los jueces suspendidos, dejando una impresión de defensa corporativa, a pesar de explicitar sus razones. A menos que fructifiquen las maniobras para “echarle  tierra”, las ramificaciones y consecuencias pueden ser muy extensas, con el consiguiente daño para nuestras cacareadas “instituciones republicanas” y la reputación de “país menos corrupto de América Latina”.

Que el caso de los tres jueces de Rancagua sea sólo la punta del iceberg no nos extraña. Conocemos la prevaricación y las “ficciones jurídicas” desde hace años en los procesos a militares. La facilidad con que delincuentes con amplios prontuarios salen en libertad para reincidir hace temer que existan razones más allá de leyes poco eficaces.

Muchos dictámenes en la Araucanía hacen que la gente discuta si son dictados por temor o simpatía. Más sincero fue lo que dijo el ministro de Justicia: jueces de izquierda.

El estado de derecho está siendo minado por la corrupción del poder judicial, tolerada y eventualmente fomentada por los gobiernos del NO y facilitada por la ausencia de control externo. Por eso, Convergencia Nacional de Chile plantea que “todos los Poderes del Estado, deben ser controlados y evaluados en el cumplimiento de sus deberes, así como sancionados si ello no ocurre. El pueblo debe ejercer dicho control y sanción a través de su participación social.

¿Cómo el pueblo debe hacerlo? Por medio de un Consejo Nacional de Justicia (CNJ), que será una instancia de participación y un órgano de control autónomo con rango constitucional” (Nación y Estado, 2017).

Altos mandos militares y judiciales corruptos y clientela electoral comprada con bonos y subsidios fueron las herramientas del chavismo en Venezuela.

¿Tiempo de terminar con el Servicio Militar Obligatorio?

Por Roberto Hernández Maturana

El robo de dos fusiles de guerra a dos soldados conscriptos que cuando hacían guardia en el Regimiento Chacabuco de Concepción, y que finalmente de víctimas pasaron a cómplices, es un tema que no debería dejarnos indiferentes, al menos a quienes vestimos alguna vez el uniforme militar y lógicamente a quienes aún lo visten y mucho… mucho menos a las autoridades del gobierno.

Una de las armas sustraídas  un fusil SIG 542 calibre 7.62mm, fue encontrada por Carabineros al interior de una vivienda de Concepción, habitada por otro soldado conscripto denunciado como desertor.

Los dos centinelas quedaron a disposición de la Fiscalía Militar, mientras que el tercero pasará a manos del Ministerio Público.

El Servicio Militar Obligatorio (SMO) en Chile fue reformado el año 2005, se implementó la inscripción automática en los registros militares, estableciendo la voluntariedad como la modalidad primaria en el proceso de selección y la obligatoriedad, sólo en subsidio, cuando el contingente requerido por las Fuerzas Armadas no alcanzara a ser completado con los reclutas voluntarios. Se creó así la figura del sorteo inspirado en el modelo español, según este modelo los cupos se llenaría voluntariamente y en caso que quedasen cupos sin llenar estos se completarían mediante un sorteo público y en igualdad de condiciones de manera de evitar discriminación por origen social, se pretendía con ello garantizar un procedimiento de reclutamiento y “selección transparente e igualitario”. Además, los “avances” incluían un conjunto de medidas de incentivo y compensación a los jóvenes que realizarían el SMO., para aumentar el número de quienes se presentaran como voluntarios. Por ejemplo, se incrementó la asignación mensual de los soldados conscriptos y se les abrió la posibilidad de completar sus estudios básicos y medios. También podrían seguir programas de capacitación a través del SENCE, además de cursos de idiomas.

Sin embargo, aun cuando se esbozó, nunca se discutió lo mas importante para las definiciones acerca del tipo de defensa que el país necesitaba… ¿profesional?… ¿mixta?… ¿milicia voluntaria?

Una vez más se quitó el bulto a lo esencial, como hoy se sigue haciendo…, se optó por algo típicamente chileno… ni fú, ni fá…  La idea de reducir la conscripción era “aumentar la voluntariedad” y tender a la profesionalización con un “mejor entrenamiento”.

El primer objetivo “aumentar la voluntariedad” se ha ido desdibujando en el tiempo, siendo cada vez más difícil completar las “cuotas” necesarias y requeridas por las instituciones de la defensa, especialmente el Ejército. El segundo objetivo “mejor entrenamiento” queremos creer que se está cumpliendo… esperemos que así sea.

Pero el Escalón político nuevamente demuestra su torpeza e inoperancia frente a su relación con el mundo militar. Así, buscando aprovechar las capacidades de las instituciones armadas le asigna tareas cada vez más ajenas a su función de defensa como por ejemplo vacunación ciudadana, combate a mosquitos… etc.

En cuanto al SMO, el tema es profundo… Siempre se buscó la “compensación social” para que el SMO fuera funcional a las necesidades especialmente de las clases sociales más vulnerables que era desde donde mayoritariamente provenían quienes finalmente eran llamados a cumplir con esta ley…, el resto sencillamente “se lo sacaba”, no por una discriminación hecha por las instituciones armadas, si no por las presiones de todo tipo de políticos y autoridades que aparecían para influir en “sacarle el servicio” a alguno de sus conocidos o recomendados, amén de todo tipo de excepciones que se fueron agregando en el camino, para que estudiantes de educación superior, o en último año de enseñanza media, o quienes mantenían su hogar, o hijos de madres viudas no fueran llamadas a cumplir con esta ley.

El Ejército hasta finales década 80 además de sus misiones constitucionales, realizaba una labor social. El conscripto completaba estudios, aprendía a leer, lograba un oficio, y muchas veces el capote (abrigo) o las botas que se ponían era el único que habían tenido en su vida y tenía asegurada cuatro comidas al día.

De esta forma, las instituciones de la defensa cumplieron un “rol social” en campañas de alfabetización hoy superadas por la modernidad, en capacitaciones laborales, y en formación cívica… Sin embargo hoy cada vez la voluntariedad es menor y cada vez es mayor el número de jóvenes con graves carencias, o provenientes de poblaciones donde impera el narcotráfico y la delincuencia que constituyen la base del SMO, donde los instituciones que los reciben den hacerse cargo de sus problemas además de apoyarlos en las “obligaciones cívicas” que les imponen, y en donde en muchos casos los conscriptos acuartelados por “obligatoriedad en subsidio”, “no están ni ahí” y solo esperan el tiempo (y a veces no lo esperan) para salir de esa obligación.

Todo eso hoy no se justifica; ya no se puede tener a un joven dos años acuartelado contra su voluntad. El estado debe asumir decisiones al respecto… no las FF.AA.

Las FF.AA. no pueden continuar recibiendo en sus filas personas con graves problemas sociales y cargados de problemas de convivencia social, familiar y personales, con familias disfuncionales, etc. Ayer por cada 100 Conscriptos que ingresaban al SMO 10 traían graves problemas sociales, mentales y/o derechamente vinculados con la delincuencia.

Hoy, la evidencia empírica nos dice que por cada 100 Conscriptos que ingresan al SMO, más del 25% (y quizás me quedo bastante corto) presentan problemas tales que no deberían integrar el SMO, pero que se han presentado como voluntarios, o ha sido “sorteados” para hacer el servicio en forma obligatoria.

Esas personas finalmente vuelven a su entorno violento o carenciado, con instrucción en el uso de armas y preparación militar básica que ciertamente interesará a las bandas organizadas en las poblaciones para delinquir, incluso ahora proveyéndose de armas.

Es tiempo de que el Estado termine con esta carga que le impone a las FF.AA. El deber de estas es la defensa y el Estado debería hacerse cargo (si puede…, de entregar “civilización”), aunque  en  estos días parece superado e incapaz de adoptar las medidas pertinentes para combatir la delincuencia y el terrorismo que asoma en el horizonte.

Como Éramos Pocos… Parió mi Abuela

Por Cristián Labbé Galilea

En general los augures de la cosa pública coinciden en que el “clima” está cambiando y que nada muy bueno se ve en el horizonte político. Cada uno en sus respectivas áreas hacen pronósticos que, por más optimista que uno sea (como es el caso de esta pluma), no dejan de preocupar. La economía muestra una caída en el crecimiento; lo social parece no responder a las expectativas y lo político, ni qué decir, todos están peleados con todos.

Lo anterior no sería tan inquietante si no se sumara a ello la estrepitosa caída que han sufrido las instituciones más importantes de nuestro ordenamiento republicano.

En estos días se han sumado nuevos escándalos en: la iglesia, las fuerzas armadas y el mundo político. El Poder Judicial, del cual -“por el interno”, como se dice ahora- se ventilaban muchas acusaciones, terminó cayendo, y todo indica que el caso de la Corte de Apelaciones de Rancagua es sólo la punta de un iceberg que amenaza con hundir varios otros “Titanic”.

Y “como éramos pocos… parió mi abuela”.

En la zona sur, particularmente en Concepción, en un confuso incidente con el personal de guardia de un regimiento militar, desconocidos se roban a las cuatro de la mañana armamento de guerra de grueso calibre. Droga, terrorismo, infiltración en el Ejercito? Lo que sea, pero el hecho es muy grave y, si eso no inquieta, quiere decir -como decía mi abuela- que por las venas del país corre “sangre de horchata”.

Por más que se le baje el perfil y que desaparezca de los medios de comunicación, es torpe e imprudente no relacionar este tipo de “operaciones” (estén o no vinculadas a la droga) con el conflicto y la violencia en la Araucanía.

Mas grave aún si esto ocurre mientras el ciudadano común y corriente, distraído por la contingencia, los matinales y la farándula, ha perdido totalmente su capacidad de asombro… tal cual le pasó a la rana que terminó guisada, mientras era hervida a fuego lento.

Se ha preguntado mi inquieto contertulio: ¿Qué está pasando realmente en la Araucanía?… ¿Es la lucha del pasado con el presente?… ¿Es la reivindicación de los pueblos originarios?… ¿Es la reyerta de los mapuches contra los chilenos?… ¿Es la pendencia de una minoría violentista y politizada contra el orden y el estado de derecho?

La respuesta es una sola: es “el fuego de la insurrección” que da tiraje a la violencia y al terrorismo; es la ausencia de las instituciones fundamentales de “una república en forma” (como decía Portales).

Por último, no debiéramos perdernos ni un minuto en nuestro análisis: españoles, mestizos, criollos, colonos, araucanos, aimaras, quechuas, rapanuis; somos todos una sola nación…la chilena. En consecuencia: ¡No podemos permitir que la intolerancia de una minoría divida lo que la historia y el tiempo han unido! ¡Debemos cuidar nuestras instituciones! Única forma de evitar que “la abuela nos sorprenda y vuelva a parir”.

 

¿Para dónde va la micro?

Por Roberto Hernández Maturana

La semana pasada nos deja una vez más la evidencia del extraño Chile en el que vivimos hoy los chilenos…, un Chile cooptado por minorías organizadas y vociferantes, que se imponen a una gran mayoría silenciosa desorganizada y floja que se deja sobrepasar en sus derechos, con un gobierno dispuesto a agradar  a esas minorías en detrimento de la ciudadanía que lo eligió y las instituciones que lo sostienen y que en su momento, más adelante, como ya lo hizo en el pasado, volverá a acercarse a esa mayoría silenciosa y borreguil, para pedirle su voto y continuar gobernando conforme al griterío de esas minorías organizadas y vociferantes.

Ejemplos “pequeños”,”anestésicos” y que pueden parecer intrascendentes y otros más graves que revelan el deterioro y la enfermedad social que viene sufriendo nuestro país desde ya largos años, ante la inoperancia y complacencia de nuestras autoridades.

Así, el Gobierno débil ante presiones del mundo “animalista” cede para pretender ahora fijar por ley qué es permitido  tener mascotas al interior de las comunidades, las que no podrán oponerse, aunque la gran mayoría de los integrantes de una comunidad o edificio no lo quieran. Personalmente Me agradan los animales pero ¿porque se me debe imponer por ley el aceptarlos? Cada comunidad tiene un reglamento interno que votado democráticamente mejor le acomode, y no es tarea de ningún ente ajeno a esa comunidad, aunque sea el Gobierno, el disponer qué se puede o no se puede hacer internamente en esa comunidad, y ella, si así lo determina puede modificar su reglamento, si existe el quorum legal para que de esa manera, democráticamente, cada una puede vivir en la forma que más le acomode. Que el Gobierno pretenda entrometerse en su forma de vida y erigirse sobre ellas es algo a todas luces inaceptable.

Por otra parte, la votación de la comunidad del Instituto Nacional para cambiar la modalidad educacional de sólo hombres a mixta, tuvo un giro en 180 grados. El “Tricel Interestamental” (¡qué nombre más rimbombante!) realizó una revisión a la votación original, en la que finalmente la incorporación de niñas habría sido según esa entidad reguladora interna del Instituto la opción ganadora.

De esta forma, mediante un comunicado al Consejo Escolar, el Tricel (del Instituto) informó que tras la votación realizada hace dos semanas y donde preliminarmente había triunfado la opción “no mixta”,  hubo observaciones denunciadas respecto a la votación de los apoderados, donde algunos de ellos votaron más de una vez, al tener más de un alumno matriculado, y con la revisón de ese particulat “tricel” de sólo el 10% de la votación de los apoderados, determinó que el 70% de esos apoderados votaron más de una vez, concluyendo ese “tricel”  que la votación de los apoderados era inválida determinando “la no incorporación de su votación por falta de quórum, perdiendo así su facultad para ser parte del proceso de consulta”. Además de lo anterior, el estamento de los asistentes de la educación no estaba actualizado y el universo era más grande: había 109 personas habilitadas para votar y solo lo hicieron 80, por lo que no alcanzaron el quórum de 80% requerido, quedando fuera de la votación.

Con lo anterior, cediendo a las presiones de los movimientos feministas se invalidó por secretaría la votación de 2 estamentos principales de dicho establecimiento educacional y solo se contó el resultado del estamento estudiantil, de los docentes y de los directivos, donde ganó la idea de permitir el ingreso de niñas, y se contó el resultado del estamento de los docentes técnicos, donde ganó la opción de mantener el liceo solo de hombres.

Es decir los alumnos… menores de edad impusieron su criterio por sobre apoderados, directivos, docentes y asistentes educacionales. ¿No habría sido lo correcto depurar el padrón electoral y repetir la consulta?

Más allá de apoyar o criticar al feminismo, nuevamente el tema es otro… La falta de respeto a las normas establecidas, manejadas a su antojo por imberbes que se imponen sin ninguna oposición de quienes deberían ser guías y ejemplos a sus vidas en formación, de las cuales aún no tienen ni el control ni la independencia. Todo lo anterior ante la complacencia de las autoridades de gobierno, cuya ministra de educación se muestra complacida por la decisión, sin importar el cómo se adoptó esta decisión en un procedimiento viciado inaceptable.

De esta forma… la micro no va para ninguna parte, especialmente cuando quienes deben manejarla lo hacen mal, siguiendo las “instrucciones”  de los más gritones, mientras la mayoría de los pasajeros calla cobardemente, asustada rogando en silencio que el chofer encuentre el camino correcto… lo que no ocurrirá ya que el conductor prefiere dejar contentos a los gritones… aunque la micro vaya al despeñadero.

La “inmaculeada concepción”

Por Roberto Hernández Maturana

Querido lector, seguramente Ud., creyente o no, cristiano o no, se ha sentido golpeado, quizás indignado por el título de este artículo.

Bueno, esta expresión ha sido la causa por la cual el CNTV ha multado al canal 13, al haber transmitido una rutina de mayo de 2018, donde el actor Daniel Alcaíno en su personaje de Yerko Puchento, simulando su propio funeral, se refiere a la “inmaculeada concepción”. La sanción fue confirmada por la Corte de Apelaciones de Santiago que ratificó que la estación televisiva deberá pagar una multa de 200 UTM (más de 9 millones y medio de pesos).

Al respecto el pasado 5 de abril, Javier Urrutia Director Ejecutivo, de Canal 13 indicó: “Nos preocupa de sobre manera que el CNTV, excediendo sus atribuciones legales y vía un ejercicio sancionatorio excesivo y destemplado, intente imponernos su puntual criterio de lo que es un humor correcto y lo que no; y pretenda defender sensibilidades particulares transformándose en los hechos en el catón del buen gusto y lo correcto”.

El mundo periodístico “progresista” afín a la izquierda ha cerrado filas detrás del canal de Luksic.

Para la periodista Patricia Politzer, ex presidenta del CNTV durante cinco años, y panelista del programa “mesa central” del mismo canal 13, el rol fiscalizador del organismo está obsoleto. “La sanción no corresponde a los tiempos que vivimos y el Consejo tiene otras funciones muy relevantes como es el promover la calidad de la televisión o las nuevas convergencias tecnológicas. En vez de ser una especie de sheriff es mucho más positivo analizar lo que está pasando y que se ha hecho en el Consejo, como hacer más estudios sobre cómo se muestra a la mujer en la televisión por ejemplo”.

El abogado y subdirector del CEP, Lucas Sierra, apunta a que el rol fiscalizador del Consejo está regido por un “principio inquisitorial”. “Lo que hace el Consejo es fiscalizar el ejercicio de un derecho constitucional de la mayor relevancia para la democracia, que es la libertad de expresión. Y lo hace siguiendo un estándar normativo que es extraordinariamente vago y difuso como es este concepto del correcto funcionamiento de la televisión”.

Por otra parte el Diputado Luciano Cruz-Coke (Evópoli), integrante de la comisión de Cultura, Artes y Comunicaciones de la Cámara apunta a que la sociedad civil debe fortalecer sus mecanismos de equilibrio entre libertad de expresión y expresiones de odio. “La labor fiscalizadora del CNTV suele ser más formal que eficaz. Más complejo será abordarlo en un escenario de cambio copernicano de atomización que vive la TV y las plataformas. Probablemente esta capacidad disminuya y confío que la capacidad de las personas para agruparse hoy en contra de aquello que se considera lesivo, permita establecer frenos efectivos a quienes sobrepasen límites formales o éticos, más allá de las multas del CNTV”.

Pero ante tanta monserga y jerigonza… ¿Qué opina el ciudadano común y corriente?, ¿Realmente la gran mayoría opina que esto “estuvo bien”?…, ¿o que fue “divertido”?… No lo sé.

El repelente personaje televisivo dedicado a ejecutar públicamente a diversos integrantes de la política y la sociedad chilena, las emprendió con la rutina de marras, contra toda una forma de pensar, ver y sentir el mundo, que ciertamente representa a una gran parte de nuestra sociedad… el mundo católico, que ya agraviado por la inmoralidad de alguno de sus pastores, no necesita sufrir nuevos agravios, que ciertamente ofenden a las personas creyentes o no creyentes que respetan aquello que nos llevó a construir el alma de Chile, con sus virtudes y defectos que no necesita la expresión matonesca y grosera de un payaso para agraviarla de ese modo.

Algo torcido se está produciendo en nuestra clase dirigente y nuestra élite “intelectual” que no es capaz de sintonizar con el sentido común de eso que llaman “las mayorías silenciosas”… en este y en otros temas.

Sí… puede ser divertido ver a un bufón riéndose de alguna autoridad caída en desgracia, lo que es aprovechado por el cobarde espectador para gozar con los improperios del payaso, siendo seguro que ese cobarde espectador no se atrevería a reírse delante del ofendido…, quedándose con la forma que le ofrece el tony, y no con el fondo de lo que ello significa… El desprecio a la justicia, a la verdad, a la ética, y a todo aquello que la sociedad se ha dado para sancionar a un delincuente, que no es precisamente el linchamiento en la plaza pública de la tv, en un verdadero bulling nacional dirigido por un payaso.

Pero lo que no es correcto, es que se ataque a la conciencia misma de las creencias de muchos seres humanos, en forma grosera, procáz y cobarde y no se espere reacciones por ello.

Alguien podrá pensar que esto lo escribe un cavernícola y pechoño reaccionario… pero no me siento así. Soy agnóstico, es decir que pienso que es inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia, pero ello no obsta para haberme sentido también ofendido con el estúpido programa… Extraño sí reacciones de personalidades e intelectuales del catolicismo chileno…, muy pocos han salido a la palestra.

El espacio que presenta al bufón pintarrajeado tras el que se esconde Alcaíno, representa todo el hedonismo, la inmediatez en busca del logro, la risa estúpida y fácil, la intención torcida de intentar vivir la vida al máximo, sin detenerse a pensar en el prójimo, o en el necesitado, despreciando aquello que nos llevó a formar nuestras raíces que nos dejaron nuestros padres, abuelos y ancestros, quienes vivieron en un mundo más sencillo y humilde, pero que nos permitió con sus luces y sombras avanzar hacia el Chile que tenemos. Quizás es tiempo de volver de nuevo la vista al pasado y volver a pensar en aquello y en aquellos que alguna vez fueron importantes para nosotros. Quizás así podamos tener un Chile mejor.