La crisis del agua en el mundo y la Antártica… ¿Chilena?

Por Roberto Hernández Maturana

Chile posee un territorio continental que abarca desde Arica a tierra del fuego 756.950 km²

Sin embargo Chile reclama un territorio muchísimo mayor en la antártica o Territorio Chileno Antártico o Antártica Chilena, entre los meridianos 53° O y 90° O. interponiéndose  parcialmente con las áreas reclamadas por Argentina (Antártida Argentina, entre los meridianos 53° O y 74° O al sur del paralelo 60° S) y por el Reino Unido (Territorio Antártico Británico, entre los meridianos 53° O y 80° O al sur del mismo paralelo.

Nuestro país reclama para sí un territorio de  1.250. 257 Kms cuadrados, definido por el decreto 1747, promulgado el 6 de noviembre de 1940  y publicado el 21 de Junio de 1955, del Ministerio de Relaciones Exteriores de  Chile que abarca las islas Shetland del Sur, la península Antártica  (llamada Tierra de O’Higgins en Chile) e islas adyacentes, la isla Alejandro I, la isla Charcot y parte de la Tierra de Ellsworth , entre otras.

Hoy que sabemos que el mundo está sufriendo escasez de agua entendida como la falta de suficientes  recursos hídricos  para satisfacer las demandas de consumo de agua  en una región, nuestra reclamación territorial sobre la Antártica reviste especial importancia.

El 97% del agua del mundo es salada. El 3% restante es agua dulce y se puede encontrar en forma de agua subterránea, lagos, ríos, humedad de suelo, siendo los glaciares y casquetes polares la mayor reserva de agua dulce.

A pesar de que la precipitación de la Antártica es comparable con las zonas más secas del mundo, el continente es un generador de hielo natural, contando con aproximadamente el 80% del agua dulce de todo el planeta almacenada en forma de nieve, enormes glaciares y extensos casquetes polares.

La crisis climática amenaza este reservorio natural de agua dulce, ya que aumentan el nivel de deshielo y desprendimiento de grandes bloques de hielo. El 31 de octubre de 2016 se descubrió una grieta, bautizada como “Halloween”, que en cinco meses ha crecido 22 kilómetros. La brecha ya mide 130 kilómetros de longitud y podría causar el mayor desprendimiento en la Antártida registrado en la historia. ¡Sería un témpano casi del porte de la Isla de Chiloé!

La escasez de agua afecta hoy a mas de 2.800 millones de personas en todos los continentes del mundo durante al menos un mes cada año y más de 1.300 millones de personas no tienen acceso a agua potable salubre.​

Gran parte del mundo sufre hoy estrés hídrico, entendido como la dificultad de obtener fuentes de agua dulce durante un cierto período, una situación que puede culminar en un mayor deterioro y agotamiento de los recursos hídricos disponibles. ​ Por otra parte el déficit hídrico  causado por cambios climáticos, tales como sequías o inundaciones, así como el aumento de la contaminación  y el aumento de la demanda humana de agua, incluso su uso excesivo es una realidad que puede llegar a convertirse en una crisis hídrica en que la disponibilidad de agua no contaminada dentro de una región es inferior a la demanda de agua en esta región. ​ Hoy la escasez de agua está siendo impulsada por dos fenómenos convergentes: el creciente uso de agua dulce y el agotamiento de los recursos de agua dulce disponibles. ​

Lo anterior ha provocado que lejos de considerar al petróleo como el recurso que podría desencadenar futuros conflictos, los estragos de la crisis climática (el cambio climático es permanente), la falta de prioridad política, las incapacidades gubernamentales, las desigualdades y los conflictos armados han hecho que ahora el punto de mira esté en el agua. Esto, junto con el eterno debate sobre si el agua debe ser un bien de lujo o un bien social accesible para todos, podría convertir al agua en el foco del mayor conflicto geopolítico del siglo XXI.

Según Naciones Unidas, el consumo de agua se ha duplicado en los últimos 50 años, 2.600 millones de personas carecen de acceso a un saneamiento básico, lo que supone el 40% de la población mundial, y 497 millones de personas en las ciudades dependen de un saneamiento compartido, cifra que se ha multiplicado por dos desde 1990. Partiendo de esto, casi un décimo de la carga global de enfermedades podría ser contenida a través del mejoramiento del abastecimiento de agua, saneamiento, higiene y la gestión de los recursos hídricos en general

Pero la cosa no se queda ahí. La OMS afirma que la fuente de agua debe situarse a no más de 1.000 metros del hogar y, sin embargo, millones de personas en el mundo deben caminar diariamente hasta seis horas para obtener agua para uso doméstico.  Además, según el El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo  (PNUD), el coste del agua no debería superar el 3% de los ingresos de la unidad familiar, pero la realidad es que los países pobres pagan hasta 50 veces más por un litro de agua que sus vecinos más ricos (ONU) , debido a que tienen que comprar el agua a vendedores privados.

Dentro de la situación actual del agua y su posible proyección futura, la ONU confirmó que existen aproximadamente 300 zonas en el mundo en las que se presagia un conflicto a causa del agua en 2025. Bien sea porque su control centre la lucha, o bien porque sea utilizada como arma para ganar, el agua está teniendo cada vez más un papel protagonista.

Los conflictos se agrupan en varias regiones del mundo, de los que cabe destacar: el conflicto entre Israel y Palestina; la guerra civil en Siria; la disputa entre Bolivia y Chile por las aguas del Silala; el conflicto del Tigris y Eúfrates entre Turquía, Siria e Irak; la cuenca del río Zambeze entre Mozambique y Zimbabwe; el conflicto del Nilo; y la Guerra del Agua Cochabamba.

El 1 de diciembre de 1959,  12 países entre los que se encontraba Chile, firmaron  el Tratado Antártico , que definió  a la Antártida como todas las tierras y barreras de hielo ubicadas al sur de la latitud 60°S sin afectar derechos sobre el alta mar allí existente. El tratado fue firmado en Washington DC, Estados Unidos   y entró en vigor el 23 de junio de 1961 .

Los firmantes originales fueron: Argentina, Australia, Bélgica, Chile, EE.UU., Francia Japón, Noruega; Nueva Zelanda, Reino Unido, Sud Africa y La entonces Unión Soviética,  pero el tratado dejó la puerta abierta a cualquier miembro de la Organzación de las Naciones Unidas, u otro estado invitado por la totalidad de los signatarios consultivos. Desde su firma el número de signatarios creció hasta un total de 54 en abril de 2019

El tratado tiene vigencia indefinida y no ha sufrido enmiendas. Puede ser modificado por la unanimidad de los miembros consultivos o -luego de los 30 años de vigencia- por la mayoría de miembros presentes en una conferencia convocada al efecto en la que pueden participar los miembros no consultivos.

El tratado concluyo entre sus puntos mas importantes, que el uso exclusivo de la Antártida sería para fines pacíficos, prohibe toda medida de carácter militar, excepto para colaborar con las investigaciones científicas, prohibiéndose los ensayos de cualquier clase de armas.

Decretó también la libertad de investigación científica en la Antártida y continuidad de la cooperación como en el Año Geofísico Internacional de 1957 y el Compromiso de intercambio de información sobre los proyectos de programas científicos en la Antártida, personal científico y libre disponibilidad de las observaciones y resultados científicos.

Respecto a la soberanía territorial sobre la Antártida, el tratado salvaguarda las opiniones de los 3 grupos de los 12 estados signatarios originales: 1) aquellos que previamente declararon su soberanía sobre parte del Antártida (Argentina, Australia, Chile, Francia, Noruega, Nueva Zelanda y el Reino Unido); 2) aquellos que se consideraron como teniendo una base para reclamar soberanía territorial en la Antártida (Estados Unidos y la Unión Soviética); 3) aquellos que no reconocieron a ningún estado el derecho a reclamar o a tener una base de reclamo de soberanía en la Antártida (Bélgica, Japón y Sudáfrica).

En cuanto a las reclamaciones territoriales proclamadas previamente a la firma del tratado por 7 de los signatarios originales, éste estipula que ninguna disposición del mismo se interpretará como una renuncia o menoscabo de los derechos o fundamentos de soberanía territorial en la Antártida esgrimidos por ellos.

Ante la situación descrita y una necesidad evidente que a corto plazo vivirá la humanidad cabe preguntarse…

¿Está Chile en condiciones de hacer valer sus reclamaciones territoriales sobre la Antártica?, especialmente considerando a la soberanía chilena como el poder político supremo chileno sobre la antártica, considerando que la soberanía es un derecho fundamental de cualquier Estado de la comunidad internacional

No sé si el gobierno actual y aquellos por venir han adoptado medidas para la crisis que viene, pero sin duda en algún momento la crisis vendrá, y nuestro gobierno, el que sea, deberá ejercer una diplomacia hábil y firme y sin duda debería desde ya ejercer una presencia más activa en lo que se reclama como “nuestro territorio antártico, y sin duda nuestras Fuerzas Armadas deberían ejercer un rol fundamental en ejercer dicha presencia y en respaldar a nuestra diplomacia en la hora del conflicto… que sin duda vendrá.

Un veterano de guerra que ganó la paz

Por Humberto Oviedo Arriagada, General  de Ejército  (R)

Un litigio aún pendiente.

Son sin duda muchos los litigios que hemos sostenido en el campo limítrofe con nuestros países vecinos, los que ciertamente ya están en un terreno bien definido, tanto en lo que respecta a su fundamentación jurídica internacional, como a la del trazado de sus respectivos mapas.

Sin embargo fue el acuerdo que firmaron ya hace 20 años los presidentes Eduardo Frei Ruiz Tagle y Carlos Saúl Menem , destinados a definir una larga controversia entre ambas naciones en el terreno correspondiente a “Campos de Hielo Sur”, hoy adquieren una especial connotación.

Es en esta área y en función a la definición de la soberanía de “Campos de Hielo”, donde Chile ha enfrentado en los últimos decenios una de las pérdidas más significativas, toda vez que Argentina y en una declarada ofensiva en el tema pretende remarcar y definir su territorialidad, ingresando su límite occidental a  la altura del Cordón Mariano Moreno y proyectando su delimitación al sur, en el nuevo trazado propuesto, de tal forma que podríamos perder un significativo espacio territorial, de acuerdo a los avances que  ellos han representado a la Comisión binacional, que trabaja desde 1998 en el tema.

Lo anterior representa un grave peligro, por el hecho de que ciertamente,  estrecharían aún más su contacto al pacífico, allanado el contacto con partes del Cordón al que no tenía acceso y dejándonos casi sin acceso al Monte Fitz Roy, en forma terrestre.

Frente a este hecho y a las declaradas intenciones de demostrar que en términos prácticos este territorio sería como parte de su soberanía, aventuraron a ingresar con una  patrulla militar como ocurrió el pasado mes de septiembre en el espacio del Circulo de los Altares.

Lo anterior nos debe hacer reflexionar y ajustar medidas que en lo diplomático desechen tales pretensiones,  en términos de mantención y cautela de nuestros espacios, pudiéndose en tal sentido: aumentar nuestros patrullajes en los territorios que jurídicamente son nuestros, que aún no se han modificado y de igual forma una mayor presencia de habitantes de la zona, particularmente de Villa O´Higgins.

Finalmente, es importante tener presente que el estudio de estas definiciones en forma objetiva y con toda la argumentación jurídica internacional, es el que nos traerá como fruto un buen resultado, sin que afecte a nuestra soberanía, siendo por ello fundamental que se tomen todos los resguardos necesarios para no hacer o generar nuevas concesiones territoriales.

China y su «Destino Manifiesto»


Por Roberto Hernández Maturana

La geopolítica  es la ciencia que se ocupa del estudio de la causalidad espacial de los sucesos políticos y de los próximos o futuros efectos de los mismos, ella se nutre especialmente de otras disciplinas de envergadura tales como la historia, las relaciones internacionales, la geografía política, la ciencia política, sociología y antropología. Realiza el estudio del medio ambiente, de acuerdo a sus características económicas, culturales y recursos de un estado y constituye un método para entender los efectos de la geografía (humana y física) sobre la política internacional y las relaciones internacionales y la política exterior de los estados permitiéndonos comprender, explicar y predecir el comportamiento político internacional a través de variables geográficas, centrando el poder político en relación con el espacio geográfico.

La geopolítica tan denostada después de la segunda guerra mundial por considerársela una “ciencia nazi” para justificar la búsqueda de expansión de la nación alemana, y en Chile con la llegada de la democracia a fines de los 80 por considerársela una “falsa ciencia de la dictadura”, vuelve hoy a demostrar su carácter de ciencia al evidenciar su vigencia ante los sucesos que nos presenta el escenario mundial.

Así, la semana pasada, los líderes de la Unión Europea y de China se reunieron en una cumbre en Beijing para dar su bendición al proyecto en marcha que une a Europa y China mediante carreteras, ferrocarriles, y tecnología, reeditando en nuestra época el mundo que de alguna forma buscaron implementar en el pasado, hombres como Marco Polo o Cristobal Colón.

China se ha embarcado en ambiciosos proyectos para unir el comercio europeo y este asiático mediante el desarrollo de una poderosa infraestructura para unir la inmensa y poco desarrollada territorio que integra hoy Eurasia, término que define la zona geográfica o continente que comprende Europa y Asia unidas. En este sentido puede considerarse el continente más grande del mundo, un supercontinente, pues Europa y Asia forman en realidad una sola masa continental.

La existencia de una Eurasia unida, sería trascendental en el surgimiento de un nuevo orden mundial que está tomando forma y que la miopía norteamericana, especialmente del gobierno de Donald Trump no ha sido capaz de ver

La importancia y trascendencia de Eurasia en realidad no es nueva;ya a fines del siglo 19, uno de los padres de la geopolítica Halford John Mackinder  (1861 – 1947) planteaba la existencia de un gran continente «la Isla Mundo» dividida en 6 regiones Europa Costera (Oeste y Centro Europa), Asia Costera (India, China, Sudeste Asiático, Corea y Este de Siberia), Arabia (Península Arábiga), el Sahara (Norte de África) el Sud-Centro del Mundo (Sudáfrica)) y el más importante el Centro del Mundo o «Heartland» (Eurasia) lo que denominó el Pivote del Mundo en su ensayo de 1904. «Quién controle Europa del Este dominará el Pivote del Mundo quien controle el Pivote del Mundo dominará la Isla Mundo quien domine la Isla Mundo dominará el mundo».

Hoy pareciera que los conceptos geopolíticos de, Asia Central, del Este y del Sur tienen cada vez menos significado  y la globalización, la tecnología y la geografía está llevando a Eurasia, el supercontinente a significar algo mucho más que aquellos  antiguos conceptos de los estados nación que integran la región.

China tiene claro que es el comercio y no la guerra la que le abrirá las puertas para expandir su poder y ante el autocentrismo norteamericano implementa todo su potencial para restituir el antiguo concepto de la antigua “ruta de la seda” que le servirá para el desarrollo de un neocolonialismo. Cabe hacer presente aquí que otros viejos imperios como Rusia con la implementación de la “Unión Económica Euroasiática” intentan también jugar un papel relevante en este “nuevo orden mundial.

Robert Kaplan, periodista y estudioso de las formas con que la geografía configura el destino del hombre y su entorno, plantea en su libro, “El retorno del mundo de Marco Polo» que la nueva conectividad de Eurasia en carreteras, ferrocarriles, gasoductos y cables de fibra óptica implica que las antiguas categorizaciones regionales de, digamos, Asia Central, del Este y del Sur tienen cada vez menos significado como conceptos geopolíticos. Agrega que la importancia de los estado nación en esa zona del mundoes cada vez menor y que es  supercontinente euroasiático gracias a la interacción de la globalización, la tecnología y la geografía está llegando a “convertirse… en una unidad fluida y comprensible. Eurasia simplemente tiene un significado en la forma en que no solía tenerlo». La conectividad, dice Kaplan, «ha forjado un mundo más claustrofóbico y ferozmente disputado». La revolución de las comunicaciones niega a los imperios una ventaja inequívoca. En un nivel, permite que las soberanías se multipliquen, a medida que prosperan las ciudades-estado, piense en Singapur o Dubái. Cuando la globalización debilita la religión y la cultura, estas se reinventan «en forma más severa, monocromática e ideológica», no tanto por el choque de civilizaciones como el choque de las reconstruidas artificialmente.

Estados Unidos de América fundamentó su expansión en la doctrina del “Destino Manifiesto”, que expresaba la creencia en que Norteamérica era una nación destinada a expandirse desde las costas del océano Atlántico hasta el Pacífico. Ella  fue usada ampliamente por políticos y gobernantes del imperio para justificar sus adquisiciones territoriales, manifestando que la expansión no solo era buena, sino también obvia (manifiesta) y certera (destino). China parece hoy tener claro cual es su “Destino Manifiesto”, no solo en Eurasia, sino también en el mundo, el gigante asiático ha invertido 46 mil millones de dólares en carreteras, ferrocarriles y un puerto para conectar sus tierras centrales con el Océano Índico a través de Pakistá, lo que podría generar suficiente crecimiento local para calmar las insurgencias de larga data a lo largo de las fronteras de Pakistán…., un Destino Manifiesto al que hoy Norteamérica parece haber renunciado…, y no solo en Eurasia… en el mundo

«cuando China despierte el mundo temblará”

Por Roberto Hernández Maturana
China ha anunciado la implementación de una “nueva ruta de la seda”. Esta titánica tarea tiene sus raíces en la milenaria ruta que ya hace siglos, saliendo desde el territorio chino, atravesaba en largas caravanas el desierto de Gobi, Mongolia y se adentraba posteriormente en Medio Oriente, llegando hasta las fronteras orientales de Europa, permitiendo el comercio no sólo dentro del vasto Imperio Chino, sino que también con el Imperio Persa e incluso con el muy lejano Imperio Romano.
La iniciativa que busca potenciar los flujos comerciales entre Asia y Europa tiene también un claro objetivo político, cual es establecer fuertes vínculos con los países participantes y potenciar su influencia en Asia y Europa.
De esta forma el gobierno chino apoyado en su historia y cultura milenaria ha echado a andar uno de sus proyectos más más ambiciosos: el proyecto “One Belt, One Road” —en español, “Una franja, una ruta”—, también conocido como la nueva Ruta de la Seda.

El proyecto, comenzó a desarrollarse a fines del 2014, impulsado por el presidente Xi Jinping materializando dos grandes rutas comerciales, una marítima y otra terrestre, que comenzarían en China, recorrerían Asia central, llegarían hasta el corazón de Europa e incluso conectarían con ciertos enclaves comerciales de África, reviviendo de esta forma los tiempos más gloriosos de la China imperial durante las dinastías Han y Tang, con la legendaria ruta comercial por la que fluyó el comercio entre China y Europa a través de Asia central, al tiempo que reafirma su vocación de restaurar su tradicional lugar como superpotencia.
Con lo anterior China busca no sólo establecer rutas comerciales, sino que además busca implementar un poderoso plan de acuerdos comerciales y de infraestructura que supone la construcción de puertos, aeropuertos, carreteras y gaseoductos y la colaboración en los ámbitos de energía, finanzas, ciencia y tecnología además de la creación de un área de integración económica. Las inversiones previstas por el gigante asiático son aún más cuantiosas que aquellas que en su momento empleo Estados Unidos de Norteamérica con el Plan Marshall para levantar a Europa al término de la segunda Guerra Mundial.
De esta forma Europa y Estados Unidos ven con preocupación ambas, y con especial ansiedad la primera, esta expansión del poder blando chino, considerando además que el proyecto se desplazaría a través zonas conflictivas y países centroasiáticos corruptos, la nueva Ruta de la Seda promete venir acompañada de grandes retos y dificultades que pondrán a prueba las capacidades diplomáticas de China en varias regiones del mundo.

A lo anterior se suma el abandono y poco interés que paulatinamente evidencia Estados Unidos por mantener su rol de primera potencia global, rol que China parece gustosamente dispuesta a ocupar, como lo ha manifestado por ejemplo en el papel que busca asumir en el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), promovido por Estados Unidos, que une la economía norteamericana con la de doce países a lo largo del océano Pacífico, entre ellos Vietnam, Singapur, Malasia y Brunei, al cual el gobierno de Donald Trump busca renunciar. El TPP se asienta sobre las bases del libre mercado y una reducida interferencia gubernamental y eleva los estándares en cuanto a cuestiones medioambientales, derechos laborales y propiedad intelectual. Con su participación, el anterior presidente Barack Obama pretendía dictar las normas de la globalización antes de que China lo hiciese en sus propios términos, todo lo cual y en forma cada vez más acelerada, parece estarse dando a la altura de las expectativas del creciente poderío chino. De esta forma, China parece asentar sólidamente las bases para afrontar la batalla por la influencia a largo plazo en el comercio internacional en sus propios términos.

La “nueva ruta de la seda” evoca la conexión entre culturas que supuso la antigua Ruta de la Seda, que durante tres siglos fue el nexo entre Europa y China. Las cifras de inversión chinas en Europa, realizadas por macroempresas estatales, crecen cada año, aunque su influencia se encuentra lejos de haber logrado el mismo impacto que en África, donde su fuerte presencia inversora le ha valido apoyos en sus reclamaciones territoriales en el Mar del Sur de China, además de haber logrado importantes avances en el continente europeo como sus buenas relaciones con el Reino Unido y el apoyo por Francia, Alemania, Reino Unido y otros países europeos, contra las objeciones de Estados Unidos, en la creación del AIIB, siglas en Inglés para describir los acuerdos para la construcción de puertos, aeropuertos, carreteras y gaseoductos y la colaboración en los ámbitos de energía, finanzas, ciencia y tecnología) y que prevé la creación de un área de integración económica, todo lo cual estaría respaldado principalmente por el Banco Asiático liderado por China, a lo que se añadiría un fondo de 40.000 millones de dólares aportados por Pekín.

Si a lo expuesto sumamos una cada vez más evidente conducción errática del gobierno norteamericano, las dificultades económicas que presentan los países europeos, a los que se suma la permanente amenaza del terrorismo, que también lo es para los Estados Unidos, el cual aún parece no llegar a China, y que seguramente no tendría empacho en aniquilar drásticamente, y el difícil manejo norteamericano de la crisis norcoreana, que China sigue con especial atención y que podría distanciar a los EE.UU.N.A. de sus aliados en Oriente como Sur Corea y Japón, loquienes podrían buscar implementar sus propios sistemas de seguridad ante las amenazas de Kim Jon Un y sus disputas territoriales con el poderoso vecino imperial chino.¿

Y Chile…?, Ciertamente nuestro país se verá afectado por la influencia del gigante asiático en el  océano Pacífico dónde sus intereses chocarán con los de los EE.UU.N.A., y ciertamente, nuestro país no podrá ser indiferente ante el choque de estos dos gigantes…

Napoleón fue un visionario en muchos aspectos, fue clarividente cuando afirmó «cuando China despierte el mundo temblará”, El conquistador advirtió con casi 200 años de anticipación, aquello que, en nuestros días de soberbia tecnológica y política, no hemos sido capaces de valorar hasta que ya ha sido una realidad innegable e irreversible: China ha despertado y ahora el mundo si no tiembla… al menos se preocupa.

Mas regiones para Chile, ¿necesidad geopolítica o populismo político?

Por Roberto Hernández Maturana

Casi colada ha pasado la noticia de la reciente creación de la 16ª Región del Ñuble.
Hace casi un siglo nuestro país tenía 17 provincias que fueron aumentando hasta llegar a 25, hasta que el gobierno militar materializó la regionalización que buscaba alcanzar un desarrollo armónico de nuestro país.

¿Que se busca con la creación de esta nueva región?, ¿descentralizar el país? Por el contrario, la continua atomización de nuestra división territorial continuará debilitando cada vez más a las distintas zonas geográficas de Chile en desmedro de una cada vez más creciente mega región metropolitana, donde día a día se amontonan más y más chilenos, atraídos por las “ventajas” que ofrece la metrópoli pero que al final se traducen en hacinamiento, falta de fuentes laborales, contaminación y perdida de  calidad de vida, engullendo cada vez más recursos del país para solucionar los crecientes problemas que demanda una población metropolitana en aumento, en perjuicio de las regiones.

La regionalización que hasta hace poco regía en el país comenzó a aplicarse durante el Gobierno Militar a partir de 1974. El objetivo fue materializar un proceso que buscaba realizar la reforma administrativa del país de manera gradual en todo el sistema político-administrativo, para esto se promulgó el decreto Nº 212 del 17 de diciembre de 1973, que creó la Comisión Nacional de la Reforma Administrativa (CONARA). Este organismo sería el encargado de poner en marcha la nueva regionalización, teniendo los siguientes objetivos específicos:

– Incrementar la integración nacional para optimizar el uso de los recursos naturales, considerando la distribución espacial de la población, para alcanzar una ocupación efectiva de todo el territorio nacional. Con ello se buscaba integrar a la población en las regiones, para lograr una real igualdad de oportunidades dentro del proceso de desarrollo nacional.
– Desarrollar un sistema de Seguridad Nacional mediante la seguridad fronteriza y una cohesión interna para la ocupación humana de espacios vacíos del territorio, para lograr así un desarrollo más equilibrado entre las regiones del país.
– Alcanzar un desarrollo económico equilibrado, evitando la concentración del crecimiento económico que han alcanzado algunas ciudades del país, mediante una adecuada utilización y distribución de los recursos existentes.
– Descentralizar al país política y administrativamente, mediante la participación del poder central establecido por medio de poderes reales que, a su vez, deleguen en otros poderes provinciales y comunales, con sus respectivos organismos técnicos y asesores, para lograr una administración acorde con los objetivos nacionales y la desburocratización del sistema administrativo.
– Se buscó de esta forma la desburocratización administrativa; la sistematización y simplificación de la legislación administrativa: la separación de las funciones de gobierno, administración y rol empresarial subsidiario del estado; la reducción del aparato público a sus proporciones, según el rol definido para el estado, y la aplicación del modelo de desarrollo en el que el sector privado es el motor dinamizador.

Si entendemos que nuestro Chile precisa avanzar hacia la descentralización espacial, social y política para hacer posible el desarrollo, y lograr la contribución de toda la sociedad al esfuerzo de construcción de su prosperidad y desarrollo sostenido y sustentable, deberíamos concluir que lejos de fragmentarse, nuestra larga y angosta faja de tierra debería estructurarse en una menor cantidad de estructuras político – administrativas, equilibradas en cuanto a importancia e intereses económicos, políticos, sociales y geográficos. Para alcanzar una justa participación en los beneficios derivados de la producción y las necesidades de una y otra, se requiere racionalizar la administración del país y no aumentar dramáticamente la burocracia del mismo, como ha venido ocurriendo dramáticamente en nuestro país en estos últimos años.

Cuesta entonces entender la decisión para crear una 16º región administrativa, sino como una expresión más de populismo de izquierda y derecha.

Mientras más pequeñas sean las regiones, menos peso tendrán respecto a Santiago, en cualquier análisis previo a una toma de decisiones que afecten el interés nacional.

Cuando recién se ha rebajado la calificación crediticia de Chile, motivada por el creciente déficit fiscal, y un desmesurado aumento de la deuda pública, producto del irracional uso de los recursos fiscales del gobierno de la Nueva Mayoría, la creación de nuevas y pequeñas regiones político – administrativas, o medidas como el aumento de la gratuidad universitaria, que sólo se pueden financiar con más deuda, parecen absolutamente demagógicas, motivadas por la esperanza de ganar las próximas elecciones, y cumplir lo que al parecer el senador Jaime Quintana fue el único que tuvo la franqueza y honestidad de reconocer al inicio del gobierno de Michelle Bachelet…, esto es que la retroexcavadora estaba en marcha…

Provocadora visita del canciller boliviano

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Editorial diario El Mercurio de Santiago, miércoles 20 de julio de 2016

Con la soberbia de un provocador, haciendo uso mediático para fines políticos, ajenos a los intereses bilaterales y de su país; con desafíos reivindicatorios, transgresores de los tratados internacionales; con propósitos de victimizarse, y apartándose de las prácticas diplomáticas, el canciller de Bolivia ha recorrido el norte de nuestro país, en especial los puertos de Arica y Antofagasta.

El jefe de la diplomacia boliviana debió haber respetado los usos diplomáticos, programando su estadía y acordando con el país anfitrión una agenda de trabajo y una fecha para la visita. De esta manera se habrían satisfecho mejor sus intereses de informarse y buscar acuerdos en beneficio de la cooperación entre Chile y Bolivia, para responder a las legítimas aspiraciones de bienestar de sus pueblos.

En cambio, optó por una ambigua visita de carácter privado, acompañado de una numerosa comitiva de parlamentarios, periodistas y empresarios que identificó tardíamente. Sin duda que su ingreso y recorrido por el territorio nacional estaban planeados para irritar al país y a nuestras autoridades. Así quedaba en mejores condiciones para capitalizar a su regreso, y en su beneficio, las reacciones a sus provocaciones. Evo

El canciller Choquehuanca es un probable candidato a la presidencia de Bolivia, luego de la estrepitosa derrota deln el referendo para reformar la Constitución boliviana a fin de reelegirse para el período 2020-2025. Mientras tanto, Evo, impopular y con una economía decadente, para sobrevivir, requiere escalar y tensionar las relaciones con Chile, sin importarle las gravísimas consecuencias de las divisiones que está creando entre ambos pueblos.

El gobierno chileno hizo lo correcto al permitir el desafiante ingreso de Choquehuanca y de su delegación, condicionando su recorrido al cumplimiento de las leyes y regulaciones nacionales, de las que ningún habitante o visitante extranjero pueden sustraerse. De allí que no correspondan los reclamos y protestas diplomáticas por los trámites provenientes de normas de aplicación general, requeridos a la delegación boliviana. Tampoco proceden sus falsas denuncias por medidas discriminatorias a las cargas y transportes bolivianos que, por el contrario, reciben tratos significativamente más favorables que aquellos otorgados a los chilenos.

images (4)Las autoridades nacionales debieron desde un principio aprovechar la visita de la delegación boliviana para publicitar la excelente calidad de los servicios portuarios y las facilidades y gratuidades para el acceso al Pacífico que se prestan a Bolivia. Aún es tiempo de hacerlo, en respuesta a las falsas denuncias del canciller boliviano al terminar su visita.

Turquía: entre el golpe fallido y la duda

descarga (1)Por Juan Francisco Coloane, Sociólogo, Ex Oficial de Naciones Unidas, Autor de” Irak: Bitácora de un Fraude”

En los despachos fotográficos se percibía una complicidad entre militares y civiles en las calles. Como si se entrara en una nueva etapa. Para un golpe militar aunque fallido, se cuenta con pocos fallecidos, y casi todo bajo un marco de civilidad en militares inédito para Turquía. Poco creíble. Muy armadito. De esto le pregunté a un turco de Estambul.

“De Erdogan se puede esperar cualquier cosa, hasta que orqueste su propio golpe como una pantomima para adquirir más poder”. Fueron las palabras de un ex colega de Naciones Unidas que pidió absoluta confidencialidad.

Cuando se produce el primer discurso de Erdogan, se ve en la foto, relajado, con el rostro de un burócrata excelso, expresando bien su libreto, sin militares cerca suyo. Todo para formar un cuadro de que no había necesidad de exhibir músculo militar en la operación antigolpe, con el llamado a los civiles a defender una democracia desacreditada.

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Cuando su poderío se veía amenazado por errores políticos cruciales, Erdogan inventa esta parodia de golpe de estado, engañando a partidarios, aliados externos, a la oposición y por último a sí mismo. La jugada le puede resultar un Boomerang, construyendo su propio cerco de poder. Le sucede a los dictadores omnipotentes y que además exhiben el histrionismo de Erdogan.

Más allá de los 2 mil millones de dólares negociados con la Unión Europea a cambio de absorber refugiados sirios en su mayor parte, el dossier de fallas cruciales apenas lo sostenían en el poder.

El establecer alianzas espurias con Israel y Arabia Saudita, contrarias a la histórica política exterior turca, colocando además miles de terroristas en el campo de batalla sirio con el objetivo de derrocar a Bashar al Assad, su excesivo y demagógico islamismo para intervenir los poderes independientes del Estado, comprometiendo así las aspiraciones turcas de ser miembro de la Unión Europea, el descontrol del ISIS o DAESH golpeando a poderes transatlánticos, y la permanencia deAl Assad en el poder, lo tenían en la cornisa. Salvo la negociación bien poco ética de fondos por refugiados y visas para turcos, en el resto había fallado.

Tarde o temprano Erdogan iba a caer, porque proyectaba la imagen de un presidente fracasado que derrumbó los sueños turcos de sentirse verdaderamente europeos.

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La jugada es peligrosa porque en el fondo es un paso para otra purga dentro del Estado y el ejército para eliminar enemigos. Los turcos, adormecidos por décadas de gobiernos autoritarios vestidos con falsas ropas democráticas le creen. No es la fabulación de sus enemigos sempiternos.

John Kerry, el Secretario de Estado estadounidense, de hace un tiempo a esta parte se ha caracterizado por declaraciones extrañas y a veces poco sustantivas, propias de un político fatigado que no encuentra las horas de que llegue la transmisión de mando en Enero próximo.

Sin embargo negó rotundamente la afirmación descabellada de Erdogan, típica del demagogo desbocado, de que había una mano o cabeza estadounidense en el golpe. Esta vez Kerry se anticipó diciendo que el golpe en Turquía no había sido ni planificado ni ejecutado en forma muy brillante.

En otra declaración expresa que los servicios de inteligencia de los miembros de la OTAN están coordinados y esto es tan sorpresivo que nadie lo podía saber.

Los servicios de inteligencia de varias naciones miembros de la OTAN han comenzado a poner en duda la gesta de Erdogan y sus aliados internos, en detener un golpe que deja dudas por su desarrollo y desenlace.

Hay más que detalles técnicos que se desprenden de la operación según la información que aparece en los medios.

Cuando se contabilizan casi 6 mil militares y opositores civiles encarcelados y Erdogan anuncia que habrá pena de muerte por traición, es un escenario que ni un montaje de una pobre película bélica de Hollywood o de una teleserie turca pueda sostener.

Una selección de titulares apuntan a la hipótesis de un autogolpe bien simulado haciéndolo aparecer como un acto de traición de una facción dentro de las fuerzas armadas.

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“Una sección del ejército fue la que se rebeló”. “Apuntaban a asesinar a Erdogan mientras descansaba.”

El viernes es un día de oración en el mundo Islámico y aunque Turquía es una nación islámica, los viernes no son como en Jedah, Arabia Saudita, o Khartoum, Sudan, donde la mayor parte de la actividad se detiene. El viernes del  golpe de estado en Turquía no se detuvo porque el ultra islámico Erdogan lo quiso así.

Igualmente, es un golpe muy extraño. Se lleva a cabo en medio de una cadena de eventos críticos aglomerados. A días de lo de Niza, con el impacto de Brexit, pocos días después del atentado en Estambul, en los momentos en que se desarrollan negociaciones clave para poner fin a la guerra en Siria.

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Todo coincide o respalda las palabras de John Kerry de que el golpe no era obra de mentes muy planificadas ni muy brillantes.

En la mentalidad del militar turco no cabe semejante improvisación. Aunque sí cabe en la cabeza de una máquina de poder como es Erdogan, concebir desde el más puro maquiavelismo, una operación como la del viernes para reforzar su poder.

La oposición aparece apoyando el gobierno de Erdogan. Confirma que las conciencias en Turquía están adormecidas o traumatizadas por décadas y más décadas de autoritarismo y dictaduras militares disfrazadas, como la de Erdogan, el presidente que necesita de golpes de estado como el del viernes, para seguir gobernando.

La OTAN puede estar tranquila, puede hacer lo que quiera con Turquía y sus bases militares. Mientras no continúe el ISIS golpeando a poblaciones civiles en el corazón de la alianza. No es el verano que Europa y Estados Unidos esperaban, menos los turcos.

 

Fallido golpe de Estado en Turquía

images (2)Editorial diario La tercera, miércoles 20 de julio del 2016

El fallido golpe de Estado en Turquía y su trágico balance volvió a dejar en evidencia el delicado equilibrio que vive ese país, ubicado en un área estratégica, entre Medio Oriente -sumido hoy en el conflicto por la guerra civil en Siria, la presencia del Estado Islámico y la ya casi endémica inestabilidad de Irak- y la Unión Europea, que enfrenta sus propias tensiones económicas y sociales. Por ello, es positivo que el levantamiento haya sido controlado, porque de concretarse habría desencadenado en Turquía un espiral de violencia de imprevisibles consecuencias, que no sólo habrían terminado aislando a un país clave en el actual escenario internacional sino que podría haber ahondando su inestabilidad. La zona ya está sumida en una crisis profunda y presionada por el flujo constante de refugiados,  de los cuales casi tres millones viven en Turquía.
La unánime condena de la clase política turca al golpe y la masiva defensa de la institucionalidad por parte de la población civil que salió a la calle a enfrentar a las tropas sublevadas, es una señal positiva que demuestra que el espacio para acciones de ese tipo, en un país que históricamente ha tenido intervenciones militares, es hoy limitado.

La Gople Turquíafunción de garante de los principios de la Turquía moderna que el Ejército había esgrimido por décadas, parece haber quedado atrás.  El debate sobre el rumbo del país y los cambios que este debe emprender deben darse dentro de los márgenes de la Constitución y las leyes y no violando la institucionalidad o restringiendo las libertades públicas. Por ello, no deja de causar inquietud la ola masiva de detenciones emprendida por el gobierno del Presidente Recep Tayyip Erdogan tras la unánime condena al golpe.

El gobierno turco tiene no sólo el derecho sino el deber de ayudar a aclarar lo sucedido la semana pasada y llevar a los responsables ante la justicia. Pero esto debe hacerse dentro de los márgenes de la legalidad y no violando los mismos derechos que masivamente la sociedad turca salió a defender tras la intentona golpista. La detención de más de 9 mil personas desde el sábado pasado, entre las que se incluyen militares, jueces y funcionarios públicos, plantea legítimas dudas que detrás de ese proceso se esconda un intento del actual gobierno por perseguir a sus enemigos políticos, sean o no responsables de los hechos del viernes pasado. Si el artífice del levantamiento militar es efectivamente el clérigo musulmán moderado Fethullah Gullen, rival político de Erdogan, el gobierno turco debe entregar las evidencias que así lo demuestren.

descargaLas críticas opositores al estilo autoritario del Presidente Erdogan han encontrado aún más argumentos en su reacción tras el fallido golpe de Estado. En lugar de reforzar la unidad del país, aprovechando la unánime condena de la clase política al golpe, la respuesta del Mandatario ha acrecentado las divisiones. Preocupa que, como ha sucedido en otras regiones del mundo tras fallidos levantamientos militares, el gobierno turco termine restringiendo las libertades individuales y copando todas las instituciones del país. Sucedió en Venezuela en 2002 y podría volver a suceder ahora en Turquía. La respuesta al fallido golpe de Estado debería ser la profundización de los principios democráticos y no la violación de los derechos constitucionales, porque esto sólo terminará ahondando la crisis que enfrenta actualmente ese país.