Piñera tiene la palabra

Por Gonzälo Ibáñez Santamaría
Al haberse cumplido un nuevo aniversario de la acción militar del 11 de septiembre de 1973 y un nuevo año de independencia nacional, conviene dar un vistazo a nuestra historia para advertir en ella algunos rasgos cuyo conocimiento sea importante para guiar nuestros pasos hacia el futuro. Y uno que aparece muy marcado, es el de la relación entre políticos y militares a la hora de tomar trascendentales decisiones de cara al futuro de Chile.
De hecho, lo que se aprecia como una constante es la frivolidad y la improvisación de que hacen gala nuestros políticos en el ejercicio del poder casi desde el momento mismo de la independencia. Y cómo lo han instrumentalizado al servicio de intereses sectoriales en desmedro del bien común. Lo que ha obligado, también como una constante, a la intervención militar para evitar la destrucción del país. Fue lo que ya sucedió en los albores de la independencia cuando la burguesía santiaguina sintiendo que el peligro realista estaba controlado, se dedicó a sabotear el gobierno de Bernardo O’Higgins, hasta que consiguió su abdicación en 1823. 
Ocho años después, cuando quedó a la vista el desastre de la anarquía reinante, esa misma burguesía volvió su vista a los militares para que pusieran orden en el país. Fue lo que comenzaron a hacer con la victoria de Lircay en 1830. Dos decenios de gobierno militar y la figura de Diego Portales constituyeron la base de la organización definitiva de la república.
Volvieron los políticos a las andadas con la revolución de 1851 y la de 1859. Sólo la lealtad de los militares a los principios de la república portaliana impidió que estas intentonas prosperaran. Nuevamente, para bien del país, los políticos habían fracasado. Pero, esta vez no descansaron y continuaron en su tarea de socavar los cimientos del país. Entre 1860 y 1891 no cesaron en su afán, hasta que consiguieron mediante la guerra civil de 1891, no sólo derrocar al presidente entonces en ejercicio, José Manuel Balmaceda, sino de frentón, tumbar la república portaliana y cambiarla por un indigno régimen parlamentario en cuyos ministerios -uno detrás del otro- se turnaban los miembros de esa burguesía.
La imprevisión y la frivolidad campearon durante treinta años financiadas por los generosos ingresos del salitre. Pero, cuando estos se agotaron, en 1924, quedó a la vista el fracaso de los políticos. Frente a la posibilidad cierta que la república se desmoronara, a los militares no les quedó otra opción que asumir nuevamente el gobierno. Lo hicieron con el firme propósito de devolverlo a los civiles lo antes posible, lo que sucedió en 1931. Después de lo cual, volvieron a sus cuarteles.
Pero, los políticos no habían aprendido nada y nuevamente el gobierno fue puesto al servicio de las ansias de poder de los diferentes partidos. Fue así como transcurrieron los años entre 1932 y 1973, perdidos para el crecimiento del país, con su secuela de miseria y atraso inverosímiles y en los cuales se pone en juego la unidad nacional hasta el punto de hacer necesaria la intervención militar del 11 de septiembre de ese último año. 46 años después volvemos a ver cuán poco se ha aprendido y cómo de nuevo la política se entiende como un campo en el cual se puede someter al país a los experimentos más descabellados..
En su breve discurso para conmemorar esa fecha, el presidente Piñera, por fin, reconoce el desastre que causó el régimen marxista de Salvador Allende, pero se abstiene de reconocer que, frente a ese desastre, al país no le quedaba otra salida que la acción militar*. Como sí lo reconocieron, pocas semanas después de producida esa acción, tanto Eduardo Frei como Patricio Aylwin. Por lo tanto, Piñera deja abierta la puerta para que Chile vuelva a sufrir un experimento como el de aquellos años. Muy grave fue también su olvido de la tremenda obra modernizadora del gobierno militar. Para él, el progreso del país comenzó hace treinta años, en 1989. La verdad es que ese progreso fue el resultado de la política que el gobierno militar desarrolló a partir, por lo menos, de 1975. No reconocerlo es una forma de mentir al país.
Todavía está abierta la puerta para reconocer errores y enmendarlos. Si así no se hace, sin duda nos espera una nueva crisis. ¿Será necesario volver a repetir La historia? Piñera tiene la palabra.

El sofá de Dn Otto

Por Roberto Hernández Maturana

La proposición del gobierno de hacer optativa la asignatura de historia para los 2 últimos años de la enseñanza media, ha evidenciado a mi juicio las dos formas de enfrentar las situaciones y la forma de ver el mundo, tanto de la izquierda como de la derecha.
Los partidos de derecha prácticamente no han abierto la boca, lo que podría entenderse como una mal entendida lealtad al régimen que sustenta el bloque, pero también podría entenderse como una forma de una aun más mal entendida practicidad de ver el mundo.
La derecha históricamente ha tenido lo que podríamos llamar una visión técnica del desarrollo de las sociedades. Para ella el motor de la historia ha sido las ciencias exactas y no la historia, ni la filosofía, ni la sociología. Y esto ha sido una constante en los gobiernos que se han declarado en al ala derecha de la política, impidiéndole muchas veces ver, o anticiparse, y a veces darse cuenta, del sentido de los cambios que se originan desde las mismas personas, como hoy está ocurriendo con este verdadero cambio de paradigma que significa entrar a la era de la información, algo de consecuencias mayores aún que aquellas derivadas de la revolución industrial.

Sin ir más lejos, el gobierno militar cerró la carrera de sociología en las universidades apenas hacerse cargo del país, y la mantuvo cerrada durante casi toda su administración, lo que le impidió tener un real análisis científico de la estructura y funcionamiento de la sociedad chilena. Su énfasis estuvo en el progreso económico y social, algo en lo que siguen insistiendo los gobiernos de esa tendencia en nuestro país, desconociendo o no preocupándose de los fenómenos colectivos producidos por la interacción social, es decir “del sentir colectivo”, quedando ciega a los efectos de las causas, significados, e influencias culturales que motivan la aparición de diversas tendencias de comportamiento social; algo que sí ha sabido manejar la izquierda, al menos para “venderse” a la sociedad desde el punto de vista comunicacional, aunque su eficiencia administrativa normalmente se ha quedado en el discurso que no ha ocultado su ineficiencia y mal manejo de los recursos del estado.
Es de esperar que más que hacer optativo el ramo de historia, el gobierno se preocupara de hacer reformas en el método de enseñanza de la asignatura, hacia un sentido más investigativo que descriptivo que se ha prestado a interpretaciones torcidas por intereses políticos y no por realidades sociales.
Por su parte, los partidos de izquierda protestan a voz en cuello por la eliminación obligatoria de esta asignatura para hacerla optativa en los dos últimos años de enseñanza media… ¡Y como no si ellos han sido maestros en deformar la historia para contarla de acuerdo a sus intereses ante la apatía e indiferencia de la derecha! 
Su visión antagónica, derivada de sus próceres y mentores, que presentan al motor de la historia como una constante lucha de clases, entre explotadores y explotados, entre patrones y empleados, entre el capital y el trabajo, le ha permitido victimizar a parte importante de la sociedad, colocándose ella, la izquierda, como redentora de los oprimidos, sirviéndole para conquistar a las masas que creyendo en en sus discursos reivindicacionistas  en  muchas ocasiones le han otorgado apoyo electoral…, y si ello no se ha dado así, tiene en su otra mano el naipe del conflicto, el terror y el uso de la fuerza. Para eso a la izquierda no le importa falsear o deformar la historia, haciendo que generaciones completas olviden o crean una historia que no fue, condenando a esas sociedades, no sólo a la ignorancia, sino también a repetir los errores que provocaron las pasadas crisis sociales.
Las causalidades son parte de la historia, son hechos que deben ser conocidos si no queremos incurrir en los mismos errores del pasado. Los hechos de la historia no surgen en forma espontánea, sino que se derivan de una cadena causal. Pero ello a la izquierda no le importa, y una sociedad anestesiada se entrega sin resistencia al consumo de una historia ya digerida por maestros de la política, expertos en sociología…, no por historiadores.
En el caso chileno, es dramática la falta de autocrítica y la negación de responsabilidades, especialmente de la izquierda, en los hechos que casi nos llevaron a una guerra civil en 1973, y a esta deformación histórica se ha prestado gustosamente la derecha que hoy nos gobierna. Muestra de ello son por ejemplo las loas que dedicó la vocera de gobierno al recientemente extinto Carlos Altamirano, haciendo tabla rasa de la responsabilidad de ese dirigente y su partido en la historia que nos condujo a los aciagos hechos que condujeron a la intervención militar, entonces apoyada mayoritariamente por la población civil.

Así, hoy pareciera a las nuevas generaciones, que aquellos sucesos ocurrieron prácticamente derivados de la sed de sangre y de  poder de unos gorilas azuzados por el imperialismo norteamericano, y no por la intervención de unos militares decididos a evitar lo que parecía una inevitable guerra civil, y a sacar el país de un descalabro económico que hoy solo tiene parangón con la situación que está viviendo Venezuela.
La historia no debe ser relegada al cajón de los trastos olvidados… la decisión del gobierno parece más bien una claudicación ante algo que parece considerar inútil, dejando a otros, en este caso a la izquierda que siga manejando la historia a su antojo. La asignatura debe ser reformada para que la historia sea aprendida en su real dimensión causal y no solo meramente interpretativa. Lo que hace el gobierno se parece a la actitud de Dn. Otto cuando sorprendió a su Sra. besándose con Fritz en el sofá… vendió el sofá.

El alma Rusa

Por Joaquín Castillo Vial, Subdirector del Instituto de Estudios de la Sociedad

“Los rusos y los discípulos de los rusos han demostrado hasta el hastío que nadie es imposible —dice Borges en uno de los numerosos prólogos que escribió—: suicidas por felicidad, asesinos por benevolencia, personas que se adoran hasta el punto de separarse para siempre, delatores por fervor o por humildad… esa libertad plena acaba por equivaler al pleno desorden”. Si bien el argentino se refiere principalmente a las grandes novelas eslavas, su frase también puede ser un intento por responder a la constante pregunta por esa personalidad única y esquiva —el alma rusa, la llaman algunos— que ha intentado ser fijada con profusión dentro y fuera de sus fronteras. Sin afán sistemático, y además de los grandes narradores decimonónicos, ahí están las novelas de Emmanuel Carrère (Una novela rusa y Limónov), las películas de Zvyagintsev (Loveless, competidora de Una mujer fantástica, merecía con creces el premio Oscar) o los documentados libros de Orlando Figes.

Una de las últimas muestras de esa exploración es Chernobyl, que, con producción estadounidense, sigue preguntándose por el alma rusa. La exitosa miniserie de HBO relata el accidente nuclear de 1986, sus responsabilidades directas y sus efectos más o menos inmediatos. Con el foco puesto en Valeri Legásov, el científico nuclear a cargo de controlar el incendio de la planta, relata las repercusiones políticas, biológicas, sociales e íntimas del suceso a través de las historias de diversos personajes involucrados. Muchas de estas historias están basadas en Voces de Chérnobil, recogidas por la Nobel bielorrusa Svetlana Alexiévich, aunque su nombre no aparece en los créditos. Un bombero que acude a los primeros llamados y que es rápida y fatalmente afectado por la radiación; funcionarios militantes e irresponsables que se tapan las espaldas; una científica que debe enfrentarse a una omnipresente burocracia para saber la verdad y actuar con rapidez ante la emergencia; militares y civiles de distinto origen que deben limpiar las consecuencias de esa radiación descontrolada… a fin de cuentas, toda una sociedad sacudida por una tragedia inédita, y que saca lo mejor y lo peor de quienes están involucrados en ella.

La serie tiene pretensiones de fidelidad histórica, lo que, a pesar de las quejas de muchas instituciones y medios rusos —el canal de televisión estatal anunció su propia ficción acerca del suceso, espía estadounidense incluido—, parece lograrse con éxito. Sin embargo, sus puntos altos narrativos no los genera su apego a los hechos; ellos están en su habilidad para construir conflictos profundamente humanos, capaces de situar constantemente al espectador en un dilema moral.

Los personajes son entrañables o repulsivos, en coherencia con las acciones que eligen desplegar en situaciones límite. Ahí están los héroes de distinto signo que se sacrifican por una comunidad amenazada, como los mineros que, duros e indomables, vapuleados por el sistema soviético, no dudan en inmolarse para ayudar en la zona del desastre. Pero también el viejo burócrata Zharkov que, con liderazgo en el rostro y en sus gestos, minimiza las consecuencias de la tragedia al preferir la verdad oficial y recomendar el sitio de la ciudad y el corte de las líneas de teléfonos para evitar los rumores.

También se ha querido leer Chernobyl —especialmente su versión de las responsabilidades del accidente— como un episodio más de las tensiones entre Estados Unidos y Rusia, como si las categorías de la guerra fría pudieran ser utilizadas sin problemas tres décadas después. Sin embargo, más que una obsesión con el pasado, las historias de esta serie dan cuenta de una profunda actualidad: muestran al ser humano viviendo en un medioambiente amenazado, en una sociedad donde los contubernios políticos pueden ir en directo desmedro de la verdad, y donde se necesita del sacrificio de muchos para la supervivencia de la comunidad. Elementos universales, pero también rasgos distintivos de un pueblo ruso cuyo patriotismo refleja los extremos de la condición humana.

En la línea de los discípulos de los rusos que mencionaba Borges, esta serie escrita por Craig Mazin nos muestra que nadie es imposible: en un régimen totalitario como la Unión Soviética —ficcionalizado, por supuesto— también están quienes son capaces de ir contra la corriente, de superar el conformismo de una sociedad corrupta y de destapar la verdad, aunque en ello se vaya la vida. El entusiasmo con que ha sido recibida Chernobyl está justificado. Estamos frente a una trama política y con cierta dosis de apocalipsis, pero sobre todo ante una trama humana que, al tiempo que ilumina un episodio histórico concreto, permite imaginar cómo nos comportamos ante un mundo tensado hasta el límite.

Una historia ya contada

Por Patricio Quilhot Palma

Pocas cosas van quedando que puedan sorprender a los chilenos, testigos pasivos de la descomposición progresiva de nuestra democracia. Pese a las profusas denuncias de nuevos casos de corrupción, tal parece que la mayoría de las personas no es consciente de la magnitud del problema. Como si de la memoria de su Smartphone se tratase, el ciudadano común va reemplazando los archivos de casos pasados, sustituyéndolos por el que recién aparece en las noticias. De este modo, la acumulación de los gravísimos hechos que hacen peligrar nuestra institucionalidad es soslayada por el común de la gente, favoreciendo así a la impunidad de los pillos y estimulando la aparición de nuevos casos que ayudan a éstos a ocultar los suyos en el olvido.

La crisis institucional que nos aqueja es más grave de lo que parece y quienes la denuncian son normalmente acusados de alarmistas o exagerados, calificación que es alimentada por los mismos corruptos, quienes se amparan en la debilidad creciente de las instituciones que ellos han ido minando poco a poco.

La impunidad conseguida sirve, a su vez, de estímulo para continuar delinquiendo, mientras la complicidad pasiva de la sociedad se niega a visualizar el futuro al que es conducida. A la clásica desidia cívica de la generación actual, se suma ꟷentretantoꟷ la ideologización presente en cada actividad de la vida nacional, pareciéndose cada vez más a los períodos que nos sumieron en las peores crisis de nuestra historia republicana.

A través de los años, se ha conformado una clase política cerrada, definidamente oligárquica, donde un pequeño grupo de dirigentes ha ido asumiendo roles de poder que hoy son ejercidos sin restricciones y con total descaro. Tenemos así una variedad de legisladores, autoridades de gobierno y administrativas, surgidas invariablemente del mismo grupo de origen, familia o partido, y cuya renovación ꟷsi es que llega a existirꟷ será siempre mínima, asegurando la posición irrenunciable de quienes se consideran y son considerados como los jefes o padrinos de la mafia.

Concurre a esta involución social el rechazo creciente mostrado hacia los temas de política contingente por la mayor parte de la sociedad, lo que deja el espacio libre a los administradores del poder para ejercer su influencia y seguir manipulando la vida nacional en su beneficio. Se plasma así un tipo de tiranía o dictadura psicopolítica que impide el acceso al poder de nuevas ideas o de nuevos actores, salvo que éstos se subordinen a la autoridad del partido, o sea, a la voluntad de sus máximos dirigentes, quienes siguen siendo los mismos…sin opción de recambio.

A lo anterior se suma el abierto manejo de las comunicaciones, adquirido durante años de ejercicio del poder y asegurados a partir de quien sabe qué tipo de prebendas, beneficios o presiones indebidas. Ello brinda a los caudillos políticos una herramienta invaluable para la penetración y manejo de las mentes ciudadanas, cuya escasa voluntad, interés o capacidad de raciocinio las hace fácilmente influenciables.

Esta es la base sobre la cual se ha construido y se mantiene esta institucionalidad degenerada en la que hoy nos encontramos, donde una oligarquía de malos políticos se ha apoderado de nuestro país, nutriéndose de él con una impudicia inigualable. Mientras mueven sus hilos para mantener o hacer crecer sus redes de influencia o de control político, plantean que hay que elaborar una nueva constitución, como si no les bastara con el progresivo deterioro al que han ido sometiendo a la actual Carta Magna, precariamente sostenida por la solidez que le dieron sus redactores, un equipo de intelectuales serios y patriotas, muy lejos de los corruptos de hoy.

Pero ¿hacia dónde nos lleva este secuestro permanente de la democracia y su institucionalidad? La historia parece tener la respuesta, alertándonos para que tratemos de rescatarla a tiempo…si es que nuestra sociedad es capaz de comprenderlo.

A fines del Siglo XIX, Chile disfrutaba de una estabilidad política ejemplar para Latinoamérica. Dueño de una incomparable estabilidad republicana, en menos de 50 años había ganado dos guerras externas y, salvo uno que otro conflicto interno de menor significación, constituía un ejemplo para los demás países sudamericanos, sumidos éstos en rencillas internas que retardaron y dificultaron la conformación de sus estados-nación.

Desde la Constitución Política de 1833, operaba en Chile un presidencialismo fuerte, apareciendo los partidos políticos recién en el último tercio del siglo. Este período se caracterizó como una era de desarrollo estable, de grandes obras, consolidación institucional y fortalecimiento de las fronteras del estado. A pesar de ello, los historiadores describen la existencia en esa época de un creciente cohecho electoral y de una progresiva disputa del poder presidencial por parte de los dirigentes políticos, constituidos éstos últimos por una oligarquía familiar y de un reducido segmento socio – cultural alto.

Enfrentado a esta oligarquía política cada vez más exigente, el poder presidencial fue decayendo a través de gobiernos moderados y cada vez más débiles. Sin que se encontrase la forma de equilibrar el excesivo poder presidencial con la desmedida ambición de la clase política, el conflicto escaló cruelmente ante los ojos de una masa social de escasa cultura y nula participación en las lides del poder, cuyo destino la llevó a verse involucrada en una guerra fratricida sin igual en nuestra historia. Culminado el conflicto con la victoria de los congresistas, quienes realmente perdieron fueron los militares defensores de Balmaceda, durante años sanguinariamente perseguidos, además de los humildes ciudadanos que lucharon por cualquiera de los dos bandos.

Los ganadores, como siempre, fueron los instigadores de las masas y férreos detentores del poder político, quienes comenzaron una farra que les duró hasta 1924, cuando ésta se acabó de golpe, retomándose una suerte de presidencialismo menos fuerte.

Llegamos a los hechos del año 1973, donde la crisis política desatada sólo pudo ser controlada con la oportuna y leal acción de las FF.AA. y de Orden, quienes evitaron que otro desaguisado de la clase política nos sumiera en una nueva guerra civil. El resultado, al igual que tras el término de la guerra de 1891, nos trajo como consecuencia un nuevo episodio de persecución a los militares, esta vez por haber estado del lado de la ciudadanía amenazada por Allende y los suyos.

Hoy, la crisis se manifiesta por la pérdida de los valores republicanos y el desprecio de la oligarquía hacia la sociedad en su conjunto. El conflicto escala con paso firme, al tiempo que las instituciones se degradan sin pausa. La incultura cívica de las masas de 1891 es reemplazada por la falta de interés por la política, como también el cohecho de antaño ha quedado en manos de una prensa militante que lava el cerebro, tal como ayer el dinero untaba el bolsillo para comprar votos.

Ante este déjà vu innegable, debemos ver de qué forma rescatamos a nuestra Patria del secuestro en que la tiene una oligarquía política tan despreciable como indigna.

Altamirano

Por Roberto Hernández Maturana

Este domingo se confirmó el fallecimiento a los 96 años de Carlos Altamirano, ex senador y ex secretario general del Partido Socialista, quien cumpliera un importante rol durante el Gobierno de la Unidad Popular en los años 70.

De profesión abogado, fue Secretario General del Partido Socialista de Chile entre 1971 y 1979, además de diputado (1961-1965) y senador de la república (1965-1973).

Altamirano participó activamente con su partido Socialista en el Gobierno de Salvador Allende con el ala más radical de la colectividad, lo que significó, que muchos lo sindicaran como uno de los responsables de precipitar la caída de Allende, siendo criticado ácidamente por  haber contribuido a polarizar con sus discursos incendiarios el ambiente político durante el gobierno de la Unidad Popular.

Gran amigo y camarada de Salvador Allende, Altamirano es recordado por su discurso el día 9 de septiembre de 1973 en el Estadio Chile (actual Estadio Víctor Jara), donde llamaba a armarse a sus partidarios y a preparase para luchar con «la fuerza invencible del pueblo», por lo que hay quienes desde su propio partido le atribuyen una irresponsabilidad política durante la Unidad Popular

Al respecto dijo en un libro de entrevistas publicado por la periodista Patricia Politzer en 1990: “Mientras yo sea el gran culpable del fracaso de Allende, todos los demás pueden dormir tranquilos”.

Tras la intervención militar  se convirtió en uno de los dirigentes políticos más buscados, pero logró huir de manera clandestina del país.

Años más tarde, desde el exilio, fue uno de los artífices de la “renovación socialista”, pero con el retorno de la democracia evitó volver a ocupar cualquier posición de primera línea.

Para el Partido Socialista, la concreción de la Revolución cubana y la posterior alianza entre Cuba y la Unión Soviética marcó un cambio de rumbo en la izquierda latinoamericana y en el propio Partido Socialista. Tras la alianza soviético-cubana, el Partido Socialista pudo congeniar con el PC dado que este último oficialmente podía brindar apoyo al gobierno de Castro.

En 1965, Altamirano es electo senador por Santiago, perfilándose ya como un dirigente importante del PS, que ese año fijó su ideología oficial como marxista-leninista durante un congreso en Linares. Dos años más tarde en 1967 en el congreso del partido Socialista efectuado en Chillán, en el que Altamiranos participó activamente, los socialistas chilenos decidieron allí que solo el marxismo sería la ideología rectora de sus principios.

En 1969, participó activamente en la fundación de la Unidad Popular, coalición que reemplaza al Frente de Acción Popular (FRAP), y estaría formada principalmente por su partido, el PC y el Partido Radical, que conseguirían la adhesión de otros partidos medianos y escindidos. Esta coalición sería la que llevaría en las elecciones de 1970 a la izquierda chilena a alcanzar la presidencia con su candidato Salvador Allende en su cuarto intento. Sin embargo es necesario recordar que  Allende, al no poder alcanzar la mayoría requerida por la Constitución de 1925 en las elecciones, con sólo un 36,6% (menos de un tercio de los votos), seguido del representante del Partido Nacional, Jorge Alessandri (35,3%), y Radomiro Tomic (15,4%) del Partido Demócrata Cristiano, obligó a la ratificación de su elección por el Congreso Pleno, conforme lo establecía la Constitución, después que Allende se comprometiera con la Democracia Cristiana mediante la firma de un estatuto de garantías, a respetar la Constitución, lo que con el tiempo no cumplió, pero que entonces le sirvió para ser ratificado por el pleno del Congreso Nacional de Chile, el 24 de octubre de 1970.

​En enero de 1971, tras el XXIII Congreso del Partido Socialista celebrado en La Serena, Altamirano fue elegido de manera unánime como Secretario General del partido junto a Adonis Sepúlveda, quien obtuvo el cargo de subsecretario. En este congreso el partido se comprometió a colaborar y obedecer el programa de gobierno del «Compañero Presidente», como denominaban a Allende.

Altamirano en más de una ocasión señaló que «el conflicto armado sería inevitable» constantes llamados a armarse, insistiendo en su lema de «avanzar sin transar», pese al desastroso gobierno de la Unidad Popular, apoyando activamente las expropiaciones, y la catastrófica política económica del gobierno que tenía al país sumido en una crisis semejante a la que hoy vive Venezuela, y que se traducía en una inflación desatada, enfrentamientos en ciudades y campos, racionamiento de alimentos, combustibles y servicios con una escasez galopante y una violencia creciente que amenazaba con una guerra civil.

Altamirano participó también activamente en el proceso de acercamiento a los países de la órbita socialista, visitó Corea del Norte, donde se reunió con Kim Il-sung, máximo dirigente de ese país y abuelo de Kim Yong Un, el actual dictador en ese país.​ Aunque según manifestó Altamirano, no recibieron el apoyo que requirieron a Kim para su «vía chilena al socialismo.»​ También participó activamente en los acercamientos con el líder de la entonces Unión Soviética Leonid Brézhnev, donde requirió junto a Salvador Allende el apoyo de dicho país al que denominaron el “hermano mayor”.

Para las elecciones parlamentarias de 1973,  Altamirano fue reelecto por Santiago, en unas elecciones altamente cuestionadas en todo el país por la Confederación Democrática CODE, el bloque político opositor a Allende

Así las cosas, el 9 de septiembre de 1973, y con un país en crisis y altamente polarizado, Altamirano pronunciaría un célebre discurso junto a Miguel Enríquez del MIR y Oscar Garretón del MAPU, en el Estadio Chile. Allí llamó abiertamente a la sedición del personal subalterno de la armada, lo que fue calificado por la oposición como una «incitación a la violencia, un llamado a la división de las FF.AA y  la consiguiente Guerra civil»​

Ante la crisis generalizada y con el apoyo y clamor de gran parte de la ciudadanía y la totalidad de los partidos de la entonces oposición de derecha y la democracia Cristiana, se produjo la intervención militar que sacó a Allende y a la Unidad popular del poder, por lo que numerosos líderes del conglomerado de izquierda pasaron a la clandestinidad o huyeron del país. Altamirano huyó a Argentina permaneciendo tres días en la embajada de la ahora desaparecida República Democrática Alemana gobernada por el dictador Erich Hoennecker, para después viajar a Cuba y aparecer en La Habana el 1 de enero de 1974, donde fue recibido por Fidel Castro, para posteriormente radicarse definitivamente en Berlín del este, siendo allí altamente vigilado y protegido por la Stasi.

Posteriormente se radicó en Francia, volviendo a Chile en 1993, no participando más en la política contingente ni en cargos públicos, manteniéndose desde entonces en un segundo plano.

En una entrevista de hace menos de un año con el diario La tercera decía que no tenía miedo a la muerte. “y que no le importaba lo que hablaran de él después de que partiera.

Carlos Altamirano es uno de los últimos políticos de su generación que llevaron al país a una situación que se hizo insostenible a tal grado, que provocó una división que subsiste entre los chilenos hasta nuestros días, en la que aún se mantiene procesados y encarcelados sólo a ex uniformados que entonces eran jóvenes subalternos y que cumpliendo órdenes superiores intervinieron en la crisis de 1973 para evitar una guerra civil.

Los responsables políticos de uno y otro sector, los responsables de la violencia y el terrorismo de uno y otro sector, permanecen en libertad o han fallecido pacíficamente en sus hogares.

Hoy nuevas voces que han olvidado, o desconocen la historia, proclaman nuevamente la violencia como instrumento de la política, olvidando que quienes desconocen su historia, se condenan a repetirla y quienes la sufrirán serán sus hijos o sus nietos.

La batalla olvidada

Por Christian Slater Escanilla

Sin el dominio de la mar, américa del sur, jamás habría sido libre. Pero hoy, nada de eso importa. Su recuerdo no da dividendos políticos, no está en la agenda del gobierno ni en la de la oposición, menos en los medios de comunicación

Aunque ya perdí la capacidad de asombro, no puedo dejar de representar mi indignación con la sociedad chilena y sus autoridades. Este 5 de abril conmemoramos la Batalla de Maipú en la más total y absoluta indiferencia. Cientos de soldados con su sangre derramada, chilena y argentina, permitieron —hace 201 años— la independencia de esta nación.

El triunfo en Maipú, aseguró la independencia de Perú, Colombia, Venezuela, Ecuador y la creación de la nación boliviana.  Esta “Gran Batalla”, marcó la independencia definitiva de Chile y el inicio de la derrota de los realistas y sus colonias en América del Sur. Sus repercusiones estratégicas y geopolíticas permitieron, junto con el General venezolano Simón Bolívar —que avanzaba por el norte— la derrota y expulsión de los realistas de América del Sur. Con ello se puso fin a más de 300 años de dominación española.

Sin un O’Higgins, no habría habido un San Martín, sin y sin San Martín, no habría habido una Batalla de Maipú y menos, un Lord Cochrane. Sin un Cochrane, no habría habido una Escuadra Nacional que, enarbolando la bandera chilena con tres estrellas, viajó a Lima y derrotó a los españoles en su propio virreinato. Sin una Escuadra chilena, jamás se habría arrebatado el dominio del mar a los españoles.

Sin el dominio de la mar, américa del sur, jamás habría sido libre. Pero hoy, nada de eso importa. Su recuerdo no da dividendos políticos, no está en la agenda del gobierno ni en la de la oposición, menos en los medios de comunicación, todo ello como parte del mal ejemplo que le damos a nuestra juventud. Después, no les pidamos que sean respetuosos de lo que nosotros no respetamos.

Venezuela, continúa la crisis…. Chile, el ejemplo de un verdadero soldado

Por Roberto Hernández Maturana

Las noticias de la semana nos han dejado un amargo sabor en la boca…

En la frontera colombo venezolana

La preocupación por la situación en Venezuela está alcanzando una situación crítica, en que quienes esperaban optimistamente un desenlace este fin de semana, se vieron defraudados.

Las Fuerzas Armadas venezolanas, cuyo quiebre parecía ser una de las grandes apuestas de las fuerzas democráticas contrarias a Maduro, por el momento – salvo poco más de medio centenar de efectivos que desertaron del régimen – permanecen leales a Maduro.

La internación de ayuda humanitaria promovida por el Presidente encargado Juan Guaidó fracasó y es probable que deba pagar costos políticos internos y externos por la jornada del fin de semana, más aún cuando habiendo salido del país se encontraba con arraigo nacional.

La operación sirvió para medir la lealtad de las FF.AA. y el accionar de los milicianos armados, ideologizados y entrenados por militares leales al dictador y para evidenciar que Maduro, cuenta aún con el respaldo mayoritario de las FFAA cooptadas por su gobierno y Altos Mandos. Los intentos de introducir ayuda humanitaria “pacíficamente” hacia un estado que se defendió violentamente, llevan a pensar que la situación continuará en una espiral de violencia sin retorno.

Por otra parte, hay otros actores en el conflicto que hasta el momento permanecen en las sombras, pero que sin duda ya se encuentran desarrollando acciones para sostener al régimen en este momento en el poder; entre otros

– Se habla de   22.000 asesores cubanos militares, profesionales e instructores y adoctrinadores políticos…, como vivimos en Chile en tiempos de Salvador Allende.

– Se dice que permanecen en Venezuela aproximadamente 20.000 guerrilleros entre miembros de las FARC que no colgaron las armas  y otros del ELN colombiano que evidentemente no pueden retornar a su país sin enfrentar a la justicia y a las Fuerzas Armadas Colombianas.

– Existe una importante presencia del narcotráfico en que se involucra a líderes chavistas

Esta es la situación que nos deja, por el momento, los últimos intentos de la oposición por enfrentarse al régimen de Maduro.

Habrá que ver si la comunidad internacional y los propios venezolanos mantienen la presión sobre el régimen para seguir debilitándolo.

También será vital la reacción al interior de las FFAA.

Por el momento, Maduro aparece fortalecido, pero es mi parecer que el tiempo corre en su contra… la rueda de la historia ya comenzó a girar

En Chile

Por otra parte, en nuestro país, el procesamiento de un ex Comandante en jefe del Ejército por mal uso de recursos fiscales, me ha producido una profunda pena desazón…, y porque no decirlo, rabia.

Soy militar en retiro y más de la mitad de mi vida serví a esa querida institución a la que ingresé a los 17 años. En ella aprendí de mis instructores los más altos valores acerca del amor a la patria, el honor, el patriotismo, el compañerismo, la honradez y por sobre todo, el aprender a vivir con la modestia propia de una profesión en la que como decían mis instructores “nunca te ibas a ser rico en lo material, pero si muy rico  en lo espiritual”, todo ello en algo que más que una profesión era una “forma de vida” en que debías estar listo a “entregar la vida si fuera necesario”, como debíamos jurar ante nuestra bandera al ser investidos como soldados.

Nunca fue fácil, mi generación ha vivido quizás una de las épocas más difíciles en la vida de nuestro país ocurrida en los últimos 100 años, desde la revolución de 1891.

Así, siendo muy jóvenes, nos correspondió vivir la crisis político social que desembocó en el 11 de Septiembre de 1973, cuyas consecuencias aún dividen a los chilenos; y dos crisis con países vecinos; en 1974 con Perú, y 1978 con Argentina. También vivimos y nos desplegamos a lo largo y ancho del país, para ayudar a miles de compatriotas en terremotos, incendios y temporales… y siempre vi abnegación y espíritu de sacrificio en todos mis camaradas, superiores y subalternos… Los ideales que aprendimos no nos permitían pensar en otra cosa que querer servir a Chile, como tampoco dudar de nuestros superiores. No podría decir que nunca hubo alguien que faltara a la probidad, pero cuando ello ocurrió, siempre estuvo la justicia para sancionar a los responsables…

Pero eran ínfimas excepciones que confirmaron la regla, de que en realidad queríamos vivir aquello que el gran poeta y escritor español Pedro Calderón de La Barca cantara hace ya tres siglos acerca de la profesión militar cuando escribió:

“Aquí, en fin, la cortesía,
el buen trato, la verdad,
la fineza, la lealtad,
el honor, la bizarría;
el crédito, la opinión,
la constancia, la paciencia,
la humildad y la obediencia,
fama, honor y vida son,
caudal de pobres soldados;
que en buena o mala fortuna,
la milicia no es más que una
religión de hombres honrados.”

Eso es lo que me enseñaron, eso es lo que vi entre mis superiores, camaradas y subalternos, eso es lo que enseñé y lo que  traté de vivir.

Es difícil para alguien que no ha vivido la vida militar, entender, y porque no… creer estas palabras.

Hoy, ante esta triste noticia que enloda a un ex Comandante en Jefe, en que finalmente la justicia deberá decir su última palabra, prefiero quedarme con una información que solo estuvo en nuestras

redes sociales, pero que creo ha servido para templar el alma de muchos viejos soldados: Cerca de la frontera con Argentina, en Magallanes, a pocos kilómetros, al norte de Sección Ciayque, en medio de las pampas magallánicas, en presencia de su viuda e hijo y compañeros de promoción de la Escuela Militar y de ex camaradas y subalternos, fueron esparcidas las cenizas del Mayor de Ejército en Retiro Rafael Cruz O. (QEPD),  conforme a su deseo,  en el mismo lugar en que, siendo un joven Capitán el año 1978, permaneció junto a su Compañía, defendiendo la integridad territorial de la Patria, ante la inminete invasión de las FF.AA. argentinas.

El Mayor Cruz nos deja una lección y un legado que está más allá de las ambiciones humanas.

No estaba escrito que entregara su vida aquel lejano 1978 en el Hito 22 de la frontera chileno-argentina en Sección Ciayque, en ese frió y agreste paisaje, pero él sí quiso escribir que sus cenizas permanecieran para siempre en ese lugar como mudo testigo de que un día…, él y muchos otros estuvieron allí hasta rendir la vida si era necesario

Patriótico retorno a la tierra

Por Patricio Quilhot Palma, Teniente Coronel (R)

 Frente a dos líneas de alambradas, el Hito 22 de la frontera chileno-argentina se ha cubierto este día con la gloria de un verdadero Soldado del Ejército de Chile, quien, antes de abandonar esta vida terrenal, ha pedido que sus cenizas sean esparcidas en el escenario en que la Patria le demandó el sagrado juramento de dar la vida si era necesario. Ello no ocurrió,  por decisión en contrario de un enemigo muy superior en número y medios de combate, cuya retromarcha solo ocurriera a minutos de que las fuerzas de primera línea entraran en contacto.

Fue allí, pocos kilómetros al norte de Sección Ciayque, en medio de las pampas magallánicas, donde el entonces Capitán de Ejército, hoy Mayor en Retiro,  Rafael Cruz Orellana, decidió descansar sus restos para siempre. Allí, donde su vocación de soldado y de chileno le hiciera esperar el ataque, sin dudar un instante en que su vida era solo un accesorio insignificante, frente la amenaza que se erguía ante la Patria.

En una época en que los militares en retiro nos debatimos entre la vergüenza por el robo evidente y la indignación ante la cobardía y la traición, constituye un momento de legítimo orgullo el comprobar que la moral y el espíritu de cuerpo de los verdaderos soldados, sigue en pié. El ejemplo de patriotismo y honor, proveniente de un militar de corazón, sencillo, humilde y leal, nos hace inevitablemente volcar la mirada hacia los actos imperdonables que hoy oscurecen el prestigio de una institución que nos acogió por una vida y a la que amamos como nuestra segunda familia.

Al exponer la historia nuestro recordado camarada, Mayor “Tacitas” Cruz, como con cariño lo llamaban sus amigos, hay una evidencia que demuestra que la figuración ganada por los actos personales, siempre será más sólida que la de aquellos a quienes la ambición nubla la vista, ya sea por querer ser lo que nunca fueron o porque la arrogancia infame los embriaga con un impropio sentimiento de superioridad.

Las cenizas de este gran soldado, fueron despedidas en terreno por quienes, en 1978, fueran sus subalternos, lo que confirma sus condiciones humanas, de líder y de comandante, cuando siendo un joven Capitán, demandara de su gente la entrega que él mismo estaba dispuesto a brindar a sus compatriotas. Es ese heroísmo simple, sin aspavientos, sincero y leal, el que hoy me hace emocionar pensando en la grandeza de un hombre que no necesitó de honores ni gloria que jamás pidió ni buscó, el que, desde esta tribuna y para testimonio de los buenos soldados que vivimos en la reserva, lleno del mayor respeto y admiración, me atrevo a expresar.

Gracias Mayor Rafael Cruz Orellana, por tu ejemplo de honorabilidad, patriotismo y lealtad, confirmando que tu paso por la Escuela Militar aseguró el porvenir del Ejército y que sobre este Ejército puede descansar el futuro de Chile. Descansa en Paz, sabiendo que tus camaradas no te dejan atrás, reconociendo en tu imagen y en tu actuar, las verdaderas raíces de nuestra vocación militar.

¡VIVA CHILE!

Un veterano de guerra que ganó la paz

Por Humberto Oviedo Arriagada, General  de Ejército  (R)

Chile 1975 – 1978 cosas de milicos y de rotos

Por Fernando Thauby García

Las amenazas vecinales a Chile se iniciaron temprano en la década de los 70. El ataque de Perú en la frontera norte se iniciaría el 5 de octubre de 1975. Perú estaba bien equipado, el 29 de Julio en el Día de su Independencia Nacional, mostró sus 54 tanques T-55 con cañones de 100 mm, 3 baterías de Obuses Yugoslavos de 105 mm; 60 tanques Sherman M-4; 100 tanques franceses AMX 13. Después llegaron, desde la URRS, 50.000 fusiles AK 47; 2 baterías antiaéreas SAM 3 y SAM 6 y una cantidad desconocida de misiles SAM 2 y SAM 7 y 30 helicópteros de combate MI 8, mientras Chile, en parte gracias a los buenos oficios del red set establecido en Washington, estaba sometido a un estricto embargo de armas, al que adherían nuestros buenos amigos los gobiernos de Francia, España, Suiza, Austria. Hasta los obreros escoceses de la empresa que hacía mantención a las turbinas de nuestros aviones Hawker Hunter se negaron a repararlas, asestándole un feo golpe a nuestro poder aéreo. Por esta acción posteriormente, fueron condecorados por el gobierno de Bachelet.

Ahí estuvimos los milicos y los rotos; lo que no teníamos en armas lo teníamos en espíritu de sacrificio, empuje, porfía y dureza. La fronda no estuvo ahí, que decir de los heroicos combatientes de la izquierda. La primera no se mete en esos asuntos, no es cosa de ellos, para eso hay otro tipo de gente y la segunda estaba en plena “resistencia”. No olvidemos que desde 1973 hasta 1975, después de la arrancadera magna de los revolucionarios, solo quedaron la hilachas del MIR que “no se asila”. Según Marco Enriquez – Ominami el es hijo de un combatiente revolucionario, según el Poder Judicial su padre fue un mártir de la represión, asesinado por pensar distinto. Mientras tanto, el PC preparaba su ejército para la Operación Retorno en 1978.

Los cubanos, solidarios ellos, le ofrecieron al general Morales Bermúdez de Perú, durante una visita a Cuba un ejército de 10.000 soldados equipados por los soviéticos. Morales se dio cuenta de inmediato para donde iba la jugada de Fidel, crear un Viet Nam entre Perú, Bolivia y Chile, con sangre nuestra. El peruano, inteligente, le dio las gracias y se volvió al Perú convencido que la guerra con Chile no iba para ninguna parte. Fidel, para no desperdiciar el ejército lo mandó a Angola donde, al mando del incompetente Che Guevara, fue derrotado inapelablemente y sus soldados sirvieron solo para abonar los campos africanos.

Entre 1973 y 1076 Piñera estuvo en EEUU haciendo su Master y luego su Doctorado en Economía en la Universidad de Harvard, donde pudo apreciar “el valor de la libertad, la democracia y las oportunidades de un país como Estados Unidos”. La presidente de la Cámara de Diputados Maya Fernández, en Cuba, disfrutaba de su condición de vástago de la elite revolucionaria. Los “exiliados” en Europa del Este divididos en dos grandes lotes, unos fabricando pernos y tuercas en una fábrica anticuada y mugrienta, escondiéndose para hablar sin que los grabaran, y otros “estudiando” marxismo y avanzando en la formación de su conciencia revolucionaria, además de hacer todo lo posible por sabotear los esfuerzos de “los rotos y los milicos” que se resistían a ser pasados por encima, mientras además arriesgaban el cutis para evitarla acción armada de la “resistencia”.

El Presidente de Perú tuvo el buen gusto de morirse oportunamente y dejó en condiciones a sus seguidores -encabezados por Morales Bermúdez-  de buscar una forma menos peligrosa de celebrar el centenario de la Guerra del Pacífico.

Argentina por su parte, venía dando tumbos en su economía, seguridad interna y en su régimen político. Los militares enfrentaban una disyuntiva difícil: embarcarse en un hecho militar heroico que “galvanizara” a las masas o el derrumbe completo y total del régimen militar. Se optó por el primer camino, que se materializaría mediante un ataque armado a Chile el día 18 de diciembre de 1978.

Y ahí partieron otra vez los milicos y los rotos. ¿Dónde estaban los Piñera, Espina, Chadwick y su inmensa parentela, los diputados y senadores, los jóvenes elegantes de Chile?, en varias partes, menos en el Beagle pasando frío y metidos en el barro esperando un ataque, desde septiembre de 1977 hasta mayo de 1979, como lo hicieron varios miles de Infantes de Marina. Tampoco en el Altiplano ni en la alta cordillera central con el Ejército. Menos piloteando un avión viejo y sin sistema de eyección. ¿Mareándose en un buque?. Eso es para “milicos y rotos”. Teillier por su parte, activando la “Operación Retorno”, preparando la “Operación Siglo XX” para asesinar al Presidente Pinochet, internando armas cubanas por Carrizal Bajo, vendiendo  o regalando drogas en las puertas de los cuarteles, volando torres de alta tensión, creando disturbios con niños de liceos y colegios en busca de “víctimas”.

En esos años Piñera, por lo menos, nos prestó un gran servicio, dice: “En 1978 obtuve la representación para Chile de las tarjetas de crédito Visa y Master Card. Entonces, creamos Bancard S.A. Que permitió a los chilenos acceder a esta nueva forma de pago y crédito”, por la cual le estamos muy agradecidos.

En estos días en los mentideros santiaguinos se dice que se estaría preparando, entre Macri y Piñera, una ceremonia en conmemoración de la paz alcanzada por el Gobierno Militar de Chile, en esos años. Ninguno de los dos personajes se involucró en ese tema. Es dudoso que tengan una idea mas o menos realista de lo que pasó y lo que se jugó. Del valor de los rotos, los milicos y los pacos; de la pericia y liderazgo del militar gobernante chileno.

Es esa dura y gloriosa historia la que nos pone muy en alertas para repudiar que, una vez mas, los demócratas de la fronda chilena, por complacer a su auditorio de izquierda,  repitan el cuento de que dos dictadores igualmente culpables estuvieron a punto de llevar a dos países hermanos a la guerra. La verdad es que las FFAA de Chile – los “milicos, los rotos y los pacos” –  impedimos que un dictador argentino mentalmente desequilibrado -con el apoyo entusiasta y multitudinario de la opinión pública de su país-  nos agrediera, solo para salvar su corrupta tiranía. No estamos en el mismo nivel, jamás.

Sinceramente creo que todos los que estuvimos ahí nos sentiríamos seriamente insultados si se nos pusiera en el mismo plano.

Los oradores de la fronda tengan cuidado con el vértigo de micrófono y la mirada de reojo a las encuestas. Se están metiendo con situaciones y personas que no conocen ni podrían imaginar como fueron ni como son ni menos como se portaron.

Diez extranjeros ilustres desmontan la Leyenda Negra antiespañola

“España es la sabia Grecia, la imperial Roma, Inglaterra el corsario turco”.
Son palabras del abuelo de Charles Darwin. No es el único. Recogemos una decena de testimonios de grandes historiadores que derriban la imagen secular de una España cruel, fanática y oscurantista.

 

1. “La leyenda negra fue una maniobra de propaganda de los protestantes.
“Destacó la actitud de la Iglesia católica en México, mucho mejor que la religión de los aztecas. También llevaron la rueda, el trigo o el caballo, que contribuyeron positivamente a la vida en el continente. Claro está que en el lado negativa destacaron las acciones bélicas, aunque ganaron las batallas con muy poca gente, una hazaña extraordinaria”.
Hugh Thomas (Inglaterra, 1931-2017), historiador.

2. “A nivel académico, todos los historiadores, sean o no españoles, están de acuerdo en subrayar que las acusaciones que contiene la Leyenda Negra son falsas, de mala fe y muy exageradas. En este aspecto hay unanimidad”.

“Una vez desaparecido el fundamento de la Leyenda Negra, permanecen prejuicios, por ejemplo, sobre la importancia o la influencia que pudo tener la Inquisición, la intolerancia, la poca disposición que se dice que tienen los españoles para las actividades económicas… Hay una serie de opiniones que circulan y que no merecen mención especial, pero que son muestra de la ignorancia que se tiene todavía, en varios casos, de España”.
Joseph Pérez (Francia, 1931), historiador.

3. “Es posible apreciar un claro cinismo al ver sustituida la contaminada palabra conquista por pacificación en las ordenanzas reales de 1573, pero la preocupación por el bienestar de los indígenas y la salvación de sus almas fue una constante”.

“Hubo muchas atrocidades, mucha crueldad, como suele pasar en cada conquista. Pero también hubo un empeño de la Corona y la Iglesia en proteger a los indios. La leyenda negra es el resultado de lo que pasó y de la publicidad del libro de Bartolomé de las Casas sobre la destrucción de las Indias, pero en parte también de lo que estaba pasando en Europa. Por ejemplo, el intento de España de suprimir la revuelta de los Países Bajos. Los Tercios de Flandes tenían fama de ser muy crueles. También fue fomentada por el protestantismo. La leyenda negra ha sobrevivido a la época del poder imperial y todavía sigue en pie”.
John Elliot (Inglaterra, 1931), historiador.

4. “En mis viajes por el inabarcable imperio español he quedado admirado de cómo los españoles tratan a los indios, como a semejantes, incluso formando familias mestizas y creando para ellas hospitales y universidades, he conocido alcaldes y obispos indígenas y hasta militares, lo que redunda en la paz social, bienestar y felicidad general que ya quisiéramos para nosotros en los territorios que con tanto esfuerzo, les vamos arrebatando”.

“Parece que las nieblas londinenses nos nublan el corazón y el entendimiento, mientras que la claridad de la soleada España le hace ver y oír mejor a Dios. Sus señorías deberían considerar la política de despoblación y exterminio ya que a todas luces la fe y la inteligencia española están construyendo, no como nosotros un imperio de muerte, sino una sociedad civilizada que finalmente que finalmente terminará por imponerse como por mandato divino. España es la sabia Grecia, la imperial Roma, Inglaterra el corsario turco.”
Erasmus Darwin (Inglaterra, 1731-1802), médico y filósofo; abuelo de Charles Darwin.

5. «Es inaudito. Los únicos en todo el mundo que se creen ya la Leyenda Negra a pies juntillas son ustedes, los universitarios españoles. Me abochorna.»
Henry Kamen (Birmania, 1936), historiador.

(La anécdota se produjo durante un curso de verano en El Escorial. Ante un público compuesto en su mayoría por universitarios, el hispanista trazaba un retrato objetivo, con luces y sombras, de Felipe II. Los jóvenes reaccionaron tildando al Habsburgo de tirano mezquino, rencoroso, fanático e hipócrita).

6. “Los españoles no exterminaron a ninguna nación aborigen como exterminaron docenas de ellas nuestros antepasados los ingleses”.

”Entre el Cabo de Hornos y el Polo Norte no había ni una mala casucha inglesa ni un solo hijo de Inglaterra España se desangró por una conquista tan enorme que ni aún hoy podría nación alguna dar hombres o dinero necesario para poner la empresa al nivel del progreso mundial”.
Charles F. Lummis (EEUU, 1854-1928), historiador.
7. “El mundo le debe (a España) haber logrado la recuperación de España para la Europa cristiana durante la Reconquista. Así como la extensión de la cultura occidental en su versión española al resto del mundo a partir del Descubrimiento de América. También los primeros brotes del Derecho internacional y la derrota del imperialismo napoleónico”.
Stanley G. Payne (EEUU, 1934), historiador.

8. “En el siglo XVI, en el inicio de la época moderna, cuando aún no había llegado la Ilustración, cuando Europa no tenía todavía dos o tres siglos de desarrollo intelectual a sus espaldas, españoles importantes y con influencia, como Francisco de Vitoria, Bartolomé de las Casas, toda la Escuela de Salamanca, preguntaban cuáles serían las cuestiones morales y legales que deberían reglar todo el proceso del imperialismo, del colonialismo. Eso es impresionante”.
“Con una historia así de impresionante hay muchísimos motivos para estar orgulloso de ser español. Vamos, hay muchos más motivos para estar orgulloso de ser español que de ser británico, o incluso francés”
Robert Goodwin (Inglaterra), historiador.

9. “La Humanidad debe gratitud eterna a la Monarquía española, pues la multitud de expediciones científicas que ha financiado ha hecho posible la extensión de los conocimientos geográficos.”
“Por virtud de un prejuicio muy generalizado en Europa hay la creencia de que se han conservado muy pocos indígenas de tinte cobrizo… En la Nueva España, el número de indígenas se eleva a dos millones, contando sólo los que no tienen mezcla de sangre europea… Y lo que es más consolador aún, habrá que repetirlo, lejos de extinguirse, la población india ha aumentado considerablemente durante los últimos cincuenta años, como lo prueban los registros de la capitación y los tributos”.
“Los monarcas de España, tomando el título de Reyes de las Indias, han considerado estas provincias lejanas más bien como partes integrantes de su monarquía, y como provincias dependientes de la Corona de Castilla, y no como colonias en el sentido que, desde el siglo XVI, ha significado esta voz para el resto de pueblos de Europa”.
“Ninguna ciudad del nuevo continente, sin exceptuar las de Estados Unidos, presenta establecimientos científicos tan grandiosos y sólidos como la capital de la Nueva España”.
“¡Esto debe saberse en Europa! Los mineros de la Nueva España son los mejores pagados del mundo, ellos reciben de seis a siete veces más salario por su labor, que un minero alemán.”
Alexander von Humboldt (Prusia, 1769-1859), geógrafo, astrónomo, naturalista.

 

10. “Los españoles tuvieron una clara superioridad sobre los demás pueblos: su lengua se hablaba en París, en Viena, en Milán, en Turín; sus modas, sus formas de pensar y de escribir subyugaron a las inteligencias italianas y desde Carlos V hasta el comienzo del reinado de Felipe III España tuvo una consideración de la que carecían los demás pueblos.”
*Voltaire (Francia, 1694-1778), escritor, historiador, filósofo.

Amar a la Patria

Hace unos días, en Temuco, tuve el honor de ser invitado a la casa de un ex soldado. Ambos servimos en la misma unidad militar, el Regimiento de Infantería de Montaña N* 20 “La Concepción” de la ciudad de Lautaro. Unidad que posteriormente se fusionó con el actual Destacamento “Tucapel” de Temuco.

Me acompañó un muy buen amigo, hoy Reservista del Ejército de Chile. ¡Qué velada más emocionante! Junto a una buena taza de té, unos panes amasados con mantequilla y palta, una salamandra que hacía más cálido y emocionante ese momento y la familia de mi ex soldado. Todos, haciendo recuerdos de lo que sucedió hace 40 años.

Mi amigo, de la antigua arma de Caballería, defendiendo el territorio de Chile en Galletué e Icalma. Una sección de ametralladoras Rheinmetall, transportada a lomo de caballos, como parte de una unidad mayor para impedir un inminente ataque Argentino.

Por mi parte, junto al dueño de casa que hoy tiene 58 años, adelantados en una húmeda trinchera a metros del Paso Internacional Pino Hachado. Una sección de “Cazadores” con algunas armas anti tanque. Un subteniente, tres Suboficiales y treinta soldados reclutas, ese año 1978, tenían que impedir que por ahí no pasara ningún tanque Argentino.

Una amenaza blindada, que en tan solo 48 horas pretendía arrasar con cualquier chileno que se le cruzara en su avance hacia Lonquimay, Victoria y Temuco, con la intención de dividir en dos a Chile. Ahí, en esa misma trinchera, nuestro hogar, por días, semanas y meses, junto a los soldados Troncoso, Huenupán, Ñiripil, Cofré, Hauri, Colipí, Molina, Catrileo, Cayuqueo, Parra, Palma, Krumel, Alarcón y tantos otros que no logro recordar, nos hicimos soldados de verdad. Soldados de guerra. Ese grupo de jóvenes soldados, que el mayor de ellos no tendría más de 21 años, pertenecía al Regimiento “La Concepcion”, un fundamento más para dar la vida -si fuese necesario- en la defensa de este suelo patrio.

En ese lugar escribí mi última carta de amor y me despedí de la familia. También firmé mi testamento. Así lo exigía la institución. Aferrados a un fusil y un corvo pasamos frío y hambre pero jamás dudamos de nuestra misión.

Los soldados bajo mi mando -uno de los cuales ahora me invitó a su casa- en esas trincheras, aprendieron a disparar, a mimetizarse, a marchar y entonar vibrantes himnos militares pero, más que todo, supieron y practicaron la camaradería, la disciplina, el deber y el honor.

Unos kilómetros más atrás, cientos de reservistas se habían movilizado. Los trenes día y noche desde el ramal de Púa, entre Victoria y Lautaro, habían hecho su trabajo llevando a los Reservistas hasta el Vado de Tucapel. La segunda y última línea defensiva que ponía por delante un obstáculo natural: el río Bío Bío. Si la ofensiva blindada Argentina llegaba hasta ahí, quería decir que nosotros ya éramos leyenda.

Reservistas que en su aniversario en este mes de septiembre, desde Arica a Porvenir y, de cordillera a mar y aire, celebrarán su vocación de servicio a la Patria. Miles de ciudadanos, con y sin instrucción militar que año a año se suman a las Fuerzas Armadas para completar unidades en caso de guerra, conflicto o catástrofe.

Finalmente, estimó, se podrá ser chileno sin amar a la Patria, pero no se puede ser soldado ni Reservista, sin amar al Ejército de Chile.

Contexto histórico: Tercera Ley de Newton.

Por Christian Slater Escanilla
«Acción» es la causa y la «reacción», el efecto. La fuerza con que mi cabeza golpea una puerta es igual en magnitud y opuesta en dirección a la fuerza con que la puerta golpea mi cabeza. Pero los efectos de estas fuerzas iguales van a depender de los objetos (un clavo y un martillo, un pez y la masa de agua que lo rodea). En nuestro ejemplo, la puerta quedará igual pero mi cabeza quedará adolorida, machucada o sangrando, incluso podría terminar en el hospital.

En otro «contexto», si en una «acción» planificada, no respeto la ley, incito a la violencia y a la creación de grupos paramilitares, causo pánico con mis entrevistas aceptando la lucha armada para lograr mis objetivos políticos, permito el llamado a la insubordinación de los Suboficiales de las Fuerzas Armadas y con ellas mismas, le rindo honores a Fidel Castro, en consecuencia, y conforme a las leyes de la física, solo me queda esperar una «reacción».

En esa «reacción», los «efectos» también serán distintos, más aún cuando quienes reaccionan, lo hacen a través de las Fuerzas Armadas y de Orden, las mismas que por años debieron aceptar a una izquierda desesperada por alcanzar el poder al precio que fuera. Esa izquierda que prometía y amenazaba con un millón de muertos, para el buen éxito de la revolución.

En ese «contexto histórico», los efectos, no fueron medidos ni considerados por el mundo político, ni por la izquierda ni por la derecha ni por la sociedad en su conjunto. No consideraron que el «efecto» de esa «acción», en esas circunstancias, en ese entorno, en esa época, sería de tal magnitud, que abriría la posibilidad del uso de la fuerza para restaurar el orden y la democracia, es decir, la «reacción» de la violenta y cruel máquina militar.

La Tercera Ley de Newton es una ley de la física, completamente aceptada y medible por moros y cristianos, agnósticos y creyentes, amarillos o blancos. No es un cuento, no es una leyenda, no está en la biblia, no se relaciona con ninguna ideología política. Simplemente existe y se puede comprobar.

“Acción” de una nefasta ideología que quería hacer realidad el sueño de Fidel Castro, sueño que ni siquiera la Unión Soviética estaba dispuesta a apoyar, más aún sabiendo que el comunismo venía en franco retroceso. Una acción que después de promover el odio entre los chilenos y el ajusticiamiento político como método para justificar todas sus barbaridades -lo que hasta hoy defiende el presidente del partido comunista- nos quiso llevar a una sangrienta guerra civil. Una acción avalada, apoyada y dirigida por el propio Presidente de la República, Salvador Allende Gossens.

Las leyes de la física no desmienten las dinámicas sociales, pero sí nos ayudan a entenderlas. Es decir, en esta locura que vivió la sociedad chilena entre los años 60 y 70, en el desplazamiento de una masa por la otra, se perdió la unidad nacional, se fisuró su elemento granítico. Por lo mismo, es esa unidad perdida la que tenemos que reconstruir todos los chilenos, los de izquierda, los de derecha, los civiles, los extremistas, los militares, los sacerdotes, los empresarios, los conversos y no conversos, el Presidente de Chile y los ex Presidentes, ¡TODOS!, sin mentiras, sin empates, sin justificaciones, sin dobles discursos y sin verdades a medias.

¡Chilenos!, el Legado de O’Higgins.

Por Christian Slater Escanilla

Este lunes 20 de agosto en la ciudad de Chillan, futura Capital de la XVI Región, recordamos el nacimiento del Padre de la Patria. Oportunidad en que –según dice la prensa– el único orador será el Presidente de la República. Si así ocurre, sería lamentable. Preferible, por la especial ocasión, la acostumbrada intervención del Comandante en Jefe del Ejército.

De hablar el Presidente, para peor, después de una nocturna reunión con los presidentes de partidos de Chile Vamos, no hay duda –y los medios de comunicación cooperarán con aquello– la figura de  O´Higgins quedará en segundo plano, utilizándose políticamente esta tradicional ceremonia cívico – militar para resaltar temas de la contingencia nacional y, por supuesto, la creación de la nueva Región de Ñuble.

Todo ello, frente a los cadetes del Destacamento de Honor de la Escuela Militar. Jóvenes que no fueron acompañados por su Presidente cuando, el 9 de julio, Juraron a la Bandera. Los mismos, que este 19 de septiembre serán homenajeados en el Día de las Glorias del Ejército de Chile. Un acto republicano, donde sin discursos políticos, la ciudadanía, con respeto a sus tradiciones patria, solo disfruta de la gallardía de sus Fuerzas Armadas.

Adecuada oportunidad para recordar y no olvidar que fue justamente la clase política la que condenó al General Bernardo O´Higgins Riquelme al exilio, por 19 años en Perú, hasta su muerte. Peor aún, tuvieron que pasar otros 27 años para que el Congreso se pusiera de acuerdo en repatriar sus restos mortales.

En resumen, por 46 años le dieron la espalda y lo dejaron abandonado. Ni hablar cuántos años más se demoraron en construirle un monumento. Lo que finalmente se logró con el aporte voluntario de los ciudadanos, no de los políticos.

Jamás deberíamos olvidar que, gracias a O´Higgins, todos los nacidos en esta tierra –indios, mestizos, criollos, colonos o inmigrantes– desde 1818 somos libres y, orgullosamente, nos podemos llamar ¡chilenos!

Memoria e historia

Por Lucía Santa Cruz

Recorriendo pueblos europeos es usual encontrar memoriales recordatorios de sus hijos abatidos en las guerras mundiales: una estatua al soldado desconocido y una placa con cientos de nombres de los caídos. El propósito es rendirles un homenaje y conmover la conciencia respecto de las consecuencias de las guerras. Por cierto, no encontraremos junto a estos monumentos una ‘contextualización’ sobre sus causas o sobre los efectos del Tratado de Versalles.

Nuestro Museo de la Memoria es eso: apela, sin contexto ni explicación causal, a los sentimientos, y busca horrorizar. Se basa en la premisa de que es necesario tomar conciencia de las violaciones ocurridas a través de la prisión sin debido proceso, la tortura o el asesinato. Esto permite una identificación empática con el sufrimiento experimentado por compatriotas y debería tener un poder de sanación y de advertencia.

Quienes vivimos el quiebre de la democracia sabemos que un enfrentamiento que divide al país en amigos y enemigos irreconciliables, cuando cada grupo llega al extremo de pensar que para sobrevivir debe ser a expensas de la vida del otro, tiene como el costo más alto la eliminación de la línea divisoria entre el bien y el mal, esa línea que surge en forma espontánea, sin necesidad de reflexión previa, entre lo que está permitido y lo que nunca, bajo ninguna circunstancia, se puede cometer. Las crisis profundas y las experiencias límites conllevan inevitablemente el imperio de dilemas morales complejos.

Por eso, la restauración de la democracia exige restituir en forma clara y sin matices cuál es el ‘deber ser’ de una sociedad que se precie de ser medianamente humana e ilustrada. La apelación emocional de los memoriales es una forma de contribuir a ello.

Sin embargo, para lograr el propósito, más importante aún, de que esto no vuelva a ocurrir no basta con reiterar como un mantra ‘Nunca más’. Es imperativo tener una comprensión profunda de los contextos y las causas, y no se puede renunciar al deber intelectual que se nutre no solo de la memoria, sino de la historia. Quienes no quieren asumir la responsabilidad de haber promovido la violencia y la revolución pretenden sofocar un debate al respecto, argumentando que cualquier intento por analizar ese período equivaldría a una justificación de lo ocurrido. Siempre ha habido intentos autoritarios para manipular la historia y controlar la memoria, y es contra eso que la historiografía lucha. Porque los países necesitan memoria, pero también historia, que no es solamente testimonial, sino que trata de buscar desapasionadamente la verdad, presentando en forma rigurosa y completa los eventos y desarrollos del pasado, dándoles una interpretación coherente con ellos. El cumplimiento de los estándares requeridos en esta disciplina no garantiza obviamente el establecimiento de una verdad única y final, no solo porque todo conocimiento científico es conjetural, sino porque las interpretaciones históricas son por naturaleza ‘construcciones frágiles’, siempre sujetas a nuevos descubrimientos, a nuevas preguntas y enfoques, y por eso la discusión y el debate son indispensables para permitir la reinterpretación del pasado.

Como sociedad, hay preguntas que no podemos ni debemos eludir. ¿Qué sucede cuando una minoría del país aspira a imponer, al margen del Estado de Derecho, un cambio revolucionario que la mayoría rechaza? ¿Qué ocurre cuando se apoya la vía armada como método legítimo de la lucha política o se promueve la guerra civil? ¿Cuáles son las consecuencias de predicar el odio y de tratar de destruir, por ‘formal y burguesa’, la democracia representativa, única forma de gobierno capaz de hacer prevalecer las libertades y los derechos humanos?

En suma, la derecha debe convivir con la memoria; y la izquierda, tolerar la historia.

Damnatio Memoriae La historia continua

Por Roberto Hernández Maturana

La reciente  noticia sobre la solicitud de renuncia efectuada por la Ministra de Cultura Alejandra Pérez al Director del Museo de Historia Nacional, el antropólogo Pablo Andrade Blanco, (quien asumió en 2015) luego de que la muestra “Hijos de la Libertad”, hoy cerrada al público, incluyera una cita del General  Augusto Pinochet extractada del discurso que el gobernante pronunció en el edificio Diego Portales el 11 de octubre de 1973, a un mes de haber tomado control del gobierno causara gran revuelo en las redes sociales, nos muestra una vez más  hasta dónde puede llegar la tontera humana, tratando de borrar la historia con el codo.

La cita expresada decía textualmente “La gesta del 11 de septiembre incorporó a Chile en la heroica lucha contra la dictadura marxista de los pueblos amantes de su libertad”, sin embargo, la frase fue puesta sin comillas que advirtieran que se trataba de una cita. El catálogo de la muestra Hijos de la Libertad nos informaba que «Esta publicación aborda cómo, en estos procesos, el concepto de libertad posee diversas vertientes: política, social, económica y/o cultural, las que muchas veces son contrapuestas e incluso antagónicas, y cómo, por otro lado, la cultura material vinculada a estos idearios se expresa a través de soportes conmemorativos y simbólicos que buscan hacer perdurar la memoria».

Así, la muestra que se realizaba desde el 5 de abril pasado, en el Salón Gobernador del Museo Histórico Nacional, nos presentaba al general Pinochet, a la derecha de los ex presidentes Patricio Aylwin y Michelle Bachelet, a la izquierda de Pablo Neruda y debajo de Salvador Allende incluyendo la frase antes mencionada junto a otras 14, que incluían a personajes tales como Fray Camilo Henríquez, Gabriela Mistral, entre otros.

Si como una torpeza y un descriterio fue calificado por la Ministro de Cultura la inclusión de un recuerdo del gobierno militar por parte del Museo de Historia Nacional, la destitución de su director  constituye una soberana estupidez y una muestra más de la pusilanimidad de nuestras autoridades, rayana en la cobardía.

Toda esta historia me trajo a la memoria un artículo que escribí hace casi ya dos años llamado “Damnatio Memoriae” (https://chilemerece.wordpress.com/2016/05/04/damnatio-memoriae-2/), en que recordaba que en algunas oportunidades, después de la muerte de un gobernante  considerado tiránico por el Senado de Roma, este decretaba una Damnatio Memoriae (maldición de la Memoria) destruyéndose las estatuas de dicho emperador y borrándose su nombre de todas las inscripciones públicas. Incluso se raspaba  las monedas en que estaba la efigie del gobernante caído en desgracia, para que no quedara rastro alguno de su existencia (lo que no impedía que el gobierno cayera nuevamente en otro autócrata).

Así se hizo con varios emperadores que nos han llegado hasta nuestros días “maldecidos por la memoria”, pero de los  que si uno escarbara en la historia, podría encontrarse con la sorpresa de que más allá de las caricaturas creadas por la historia “oficial” contada mucho, muchísimo antes de de que fuéramos niños, nos podríamos  encontrar con gobernantes como  Nerón, o Domiciano, quien gobernó el imperio por 15 años ,y si bien se le describe como un autócrata despiadado pero eficiente, sus programas pacíficos, culturales y económicos fueron precursores de la prosperidad vivida por el imperio romano en el  siglo II, ambos  emperadores con sus luces y sombras, tuvieron una característica común en sus gobiernos: Una fiera disputa con el Senado (que entonces era la nobleza romana), la clase gobernante y los poderes económicos de la época, a quienes mermaron notoriamente sus privilegios. Ellos murieron asesinados, contribuyendo a la demonización de sus imágenes históricas,  la dura persecución a los cristianos, en defensa de la religión y las costumbres romanas, contra quienes en ese momento se consideraban herejes. Sin embargo nos dice la historia que ellos fueron muy populares, especialmente al inicio de sus principados, pero las intrigas y conspiraciones, les hicieron desconfiados (con razón) y recelosos, de todos quienes les rodeaban.

La historia que nos llega hoy, desde lo profundo de los tiempos satanizando a estos personajes ha sido permeada por los que quedaron para escribirla.

Los faraones egipcios también usaron estas practicas para desprestigiar a sus antecesores, sacando estatuas y borrando inscripciones que suprimieran a los antecesores de la historia, como si esta comenzara con el nuevo gobernante.

Así, amables lectores podemos ver entonces que no hay nada nuevo bajo el sol. En Chile hace tiempo estamos viviendo nuestra propia damnatio memoriae, queriendo las élites gobernantes reescribir la historia y olvidar sus causalidades, satanizando al gobierno militar, que sentó las bases del desarrollo que Chile ha alcanzado en los últimos

45 años, y persiguiendo hasta el último de aquellos que en la época sirvieron en las fuerzas armadas. Finalizaba el artículo de mayo de 2016 diciendo que “así como hoy se escribe antojadizamente la historia de Chile de los últimos 50 años, así también se ha escrito la historia que atañe a los personajes antes nombrados, por más de 2.000 años, negando a sus espíritus fantasmales (lémures les llamaban los romanos) todo derecho a defensa”.

Vale la pena meditar lo que escribió el defenestrado director del MHN… “Ningún país puede pretender borrar su pasado de la historia, hacerlo desaparecer por incomodo, adaptarlo a los intereses del presente, sin correr el riesgo de convertirse en una sociedad totalitaria e incapaz de superar sus traumas”. 

Extraña que la resolución de despedir al director Andrade sea tomado por un gobierno que se declara defensor de las libertades, sumándose al coro vociferante de la izquierda de quienes han querido dictar pautas desde el foro de Sao Paulo.

Como vemos, pareciera que las élites chilenas están empeñadas en creer que borrando y reescribiendo la historia, la convivencia democrática estará a salvo, sin pensar que cuando la olvidamos, los hombres estamos arriesgando ciertamente la posibilidad de repetir esa historia que quisimos dejar atrás.

El verdadero trasfondo del debate en el incidente del MHN

Editorial diario El Mercurio de Santiago, sábado 12 de mayo de 2018

Fue desvinculado de su cargo el director del Museo Histórico Nacional (MHN), producto de que en la exposición «Hijos de la Libertad», organizada por ese Museo, figura en un panel una cita del general Pinochet. Junto a la fotografía de Pinochet había un texto que se refería a la «gesta del 11 de Septiembre» y a la «heroica lucha contra la dictadura marxista de los pueblos amantes de su libertad». Dichas expresiones no estaban entre comillas, dando la impresión de que se trataba de la opinión dla curatoría de la muestra y no de una frase de aquel.  El , dijo que lo que se buscaba era «conflictuar nuestra historia a partir del presente», «generar una discusión respecto de la libertad», «mostrar formas de entender la historia desde otras perspectivas» y que «se reflexione». Andrade había accedido al cargo por ADP durante el gobierno de Bachelet.

La actual ministra de Cultura justificó su desvinculación afirmando que «la libertad de expresión no puede estar sobre los derechos humanos». Por su parte, el diputado Miguel Crispi (RD), en carta a «El Mercurio», consideró que la cita incluida en la exposición implica reivindicar «al golpe de Estado como una gesta heroica». Por eso, él propone que se legisle para «prohibir el negacionismo y la reivindicación de crímenes cometidos por el Estado en dictadura». De esa manera, Crispi supedita, al igual que la ministra, la libertad de expresión a la indignación moral de quien se sienta ofendido por lo expresado por otra persona en uso de esa libertad.

Aquí se encuentra el corazón del debate. Se pretende cambiar el límite que define a las interacciones inaceptables entre seres humanos en el ámbito público de aquellas estimadas admisibles, desde la violencia física, universalmente condenada, a la incomodidad o indignación que eventualmente provoquen las palabras de un tercero. Es decir, las personas tendrían derecho a impedir que alguien se exprese si consideran que sus palabras resultan indignantes, definiendo, de paso, lo que es «políticamente correcto» y lo que no. Por ejemplo, en los campus norteamericanos las personas pueden sentirse «microagredidas» si alguien utiliza palabras que ellos no «aceptan» y exigen la existencia de «espacios seguros», libres de ellas. Definir un límite potencialmente arbitrario a la libertad de expresión por parte del receptor, siguiendo sus propios criterios para establecerlo, es adentrarse en un camino muy riesgoso que amenaza la necesaria discusión que fomenta el progreso de las comunidades. La mordaza social que surge de seguir un criterio como ese está generando un crucial debate. De su resultado depende la salud de las sociedades contemporáneas.

Por eso, en el incidente del MHN no es el juicio moral respecto de Pinochet lo que está en juego, sino algo mucho más profundo y valioso.

Canchas Blancas, mito y realidad

Por Roberto Hernández Maturana

La batalla imaginaria salida de la ágil mente de Evo Morales y sus asesores de la que “hasta ahora” no se tenía ningún registro, ni fuentes, ni partes militares, ni informes, ni habían testimonios, y que ni siquiera consignaban los libros de historia e investigación de ambos países, mágica y asombrosamente fue “descubierta” por el Ministerio de Defensa de Bolivia que recientemente publicó “Memorias del Coronel Ezequiel Apodaca. Potosí-Cotagaita-Camino a Canchas Blancas 1879-1880”, documento oficial e inédito cuyo lanzamiento coincidió con la conmemoración del día del Mar en ese país, donde tanto Evo Morales como su vicepresidente Álvaro García Linera en conferencias de prensa hicieron apologías y loas a la gesta del ahora famoso coronel Apodaca.

Según el presidente Evo Morales, esta “gran victoria” del pueblo boliviano sobre el invasor chileno, fue una de las más grandes gestas de Bolivia durante la guerra. Morales nos dice que Chile deseaba apoderarse del sur del país altiplano, pero “el pueblo bajo, el ejército y las comunidades indígenas se unieron para realizar tal epopeya”.

Cuando los periodistas le consultaron porque no se sabía nada de esta grandiosa victoria, Morales dio la explicación más peregrina que se pudiera dar, dijo: «la gesta fue (maliciosamente) escondida por las élites de ambos vecinos, aún más Chile viola el derecho a la información. Por su parte el vicepresidente García Linera aseguraba que existía una gran conspiración de las élites para acallar un hecho que hubiera traído consecuencias graves para Chile, como era involucrar al Paraguay a una lucha contra Argentina  “…que los chilenos no solo querían “quitar” el mar a Bolivia, sino todo su territorio sureño y llegar hasta Paraguay para supuestamente promover desde allá una guerra contra Argentina”, en esta misma línea el , jefe del departamento de Historia del Ejército Boliviano, Coronel Edmundo Sanabria señaló que “esa documentación era comprometedora contra Chile” ,y por tanto, hubo un pacto de silencio entre grupos de la élite boliviana y chilena para recuperar los panfletos y negar la batalla de Canchas Blancas.

Las explicaciones dadas por las autoridades bolivianas sobre el desconocimiento oficial hasta la fecha de estos hechos son verdaderamente ridículas: La prensa chilena durante todo el conflicto tuvo una extrema libertad de información, tanto así que el almirante peruano Miguel Grau en su bitácora nos expone que gran parte de las acciones chilenas las leía en los diarios que incautaba.

Otro punto que es difícil de entender es por qué las élites tanto de Chile como de Bolivia guardaron silencio. Se podría comprender que la oligarquía chilena deseara un silencio encubridor, pero ¿Por qué las élites bolivianas iban a defender los intereses de Chile, aún más permitir un encubrimiento?, ¿qué ganaban los empresarios bolivianos en concreto ayudando a la oligarquía chilena?. Morales y sus imaginativos ministros inventores de victorias aún no han podido establecer las causas concretas de esta supuesta ayuda, solo se han quedado en sus básicas y simplonas, pero altisonantes declaraciones.

El muy celebrado documento “recién encontrado” nos relata una batalla ocurrida el 12 de noviembre de 1879, en que se describe como el ejército de Bolivia propinó una durísima derrota a las tropas chilenas en la zona conocida como Canchas Blancas, en la región de Potosí, causando centenares de bajas y evitando una invasión a todo el sur de Bolivia. Según esta versión, el hasta ahora desconocido Coronel Apodaca relata que el ejército tenía reportes sobre la presencia en la zona de Canchas Blancas de unos 1.400 soldados chilenos principalmente de infantería con apoyo de caballería y  artillería con la misión de apoderarse de la ciudad de Potosí y de los ricos yacimientos minerales existentes en el lugar, además de conectarse con la frontera Paraguaya y realizar una alianza a través del llamado a su nacionalismo recientemente humillado en la guerra de la Triple Alianza.

La versión boliviana indica que después de una intensa batalla el  Coronel boliviano Mariano Lino Morales,reportó 300 chilenos muertos y 400 heridos, muchos de gravedad “que a cada rato mueren por heridas recibidas en combate con bayoneta”. Del mismo modo se afirma que se capturó gran cantidad de armamento y caballos, además de (curiosamente) miles de panfletos que mostrarían una supuesta intención de Chile de atravesar Bolivia para llegar a la frontera con Paraguay.

El problema de esta fuente es que no se puede contrastar con ninguna otra,  por lo que deberíamos “suponer” su realidad y no una alucinación del supuesto coronel Apodaca, o de Lino Morales quien firma el reporte y no el supuesto Apodaca, o finalmente… una falsificación burda falsificación del gobierno de Evo Morales.

Un simple análisis lógico de esta absurda creación histórica nos permite afirmar que 1.400 soldados chilenos era una fuerza de gran magnitud para la época, siendo la población de Chile en 1.879  inferior a los dos y medio millones de personas. El historiador chileno Gonzalo Bulnes nos dice que en la campaña de Tarapacá que se realizaba en forma paralela a los supuestos hechos descritos las fuerzas chilenas totalizaban 9.500 hombres. Por tanto, la perdida de tal cantidad de soldados y un desastre de esa envergadura habría sido imposible de encubrir, más aún, con una prensa chilena bastante irresponsable que informaba libremente acerca del conflicto y realizaba ácidas críticas al gobierno cada vez que las fuerzas del país sufrían un revés, recordemos el caso de la pérdida del barco de trasporte  Rimac, o el desastre sufrido por Chile en Tarapacá, única derrota reconocida por los historiadores, y que no fuera aprovechada por las fuerzas peruano – bolivianas que se retiraron al norte dejando Tarapacá en manos chilenas.

Según el supuesto parte del supuesto Coronel Apodaca en la supuesta “Batalla de Canchas Blancas” 300 soldados murieron, cifra que equivale a los muertos chilenos en la ya mencionada batalla de Tarapacá, mientras otros cuatrocientos cayeron prisioneros, si sumamos a los prisioneros y los que habría logrado huir, mil cien soldados chilenos debieron guardar silencio toda su vida, además de sus familias. A esto debemos agregar que difícilmente la élite chilena en que gran parte de sus jóvenes  formaban parte de la oficialidad, difícilmente hubiera permanecido callada sin haber hecho sentir su influencia política, cultural y económica, ante los prisioneros o muertos ea batalla.

Por otra parte, la logística requerida para abastecer en campaña a un contingente muy numeroso de hombres y animales que debieron cruzar el desierto y luego avanzar por el altiplano en zonas pobres en forraje, alimentación, agua y vituallas en zonas pobres agrícolamente como Calama, San Pedro y Chiu –Chiu hubiera requerido de un gran esfuerzo logístico para trasportar medios desde la zona central de Chile, cuestión que fue el mismo problema logístico que mencionan los presidentes bolivianos de la época  Hilarión Daza y Narciso Campero para desistir en organizar una contra ofensiva hacia el litoral. No existe ningún registro, evidencia o testimonio acerca de adquisiciones trasporte o movimientos de unidades en la zona interior de Calama.

Finalmente, la supuesta batalla se dio el 12 de noviembre de 1879, fecha en que el ejército que ocupaba la zona de Antofagasta se componía de un batallón del regimiento de infantería “Lautaro” que tomo posición en la ciudad de Tocopilla y parte del regimiento de caballería “Cazados del Desierto” que fue destinado a guarnecer Calama. Las tropas chilenas no ascendían a más de 600 hombres aproximadamente, el resto del ejército o sea 9.500 soldados se encontraban en plena campaña de Tarapacá, después de haber conquistado el puerto de Pisagua a fines del mes octubre de 1879.  Como se puede apreciar, Chile no tenía las tropas que el Coronel Apodaca dice haber batido en la zona de Canchas Blancas.

En los partes oficiales del ejército de Chile no se hace ninguna alusión, no hay cartas, ni diarios. Tampoco se tiene ninguna noticia sobre los prisioneros, y no aparecen en los registros oficiales cuando se firmó el armisticio de 1884;  ni existen antecedentes en las listas de intercambio de prisioneros seguido con cierta regularidad por los tres países, siguiendo la convención de Ginebra.

Por el lado boliviano es exactamente lo mismo, no hay cartas, ni diarios, no se menciona en el “Diario de la Campaña de la Quinta División” texto muy exhaustivo, que si menciona otras escaramuzas con tropas chilenas. Nunca Narciso Campero, comandante de la División, menciona lo de Canchas Blancas en sus cartas, ampliamente difundidas, sobre todo la del 23 de noviembre firmada en Tomave, 11 días después del supuesto hecho de armas, teniendo en consideración que, según el relato de Evo, una delegación de tres oficiales entre los que habría estado el supuesto Coronel Apodaca fueron a informar personalmente a Campero sobre la “victoria”. Necesario es indicar también que ningún oficial boliviano que habría participado en el encuentro bélico, a excepción del citado Apodaca habla de la batalla, en cartas, memorias o texto de alguna clase, tampoco sus familiares escribieron a título de memorias o relatos sobre tal “gesta”.

A lo anterior se agrega que ningún gobierno anterior al de Evo Morales, incluso los más nacionalistas, habían celebrado este triunfo. Pensemos que Bolivia siempre ha exaltado sus derrotas heroicas frente a Chile, como la batalla de la toma de Calama (Topater), Germania, Pisagua, San Francisco, Tacna (Campo de la Alianza),  entre otras, sin duda hubiera celebrado muchos años antes una batalla victoriosa de las proporciones citadas en el diario de Apodaca y no esconderla por más de cien años, cuando ningún daño podría causar a las “élites de poder de los dos países”.

La realidad era que la V División boliviana al mando de Narciso Campero no estaba preparada para ningún encuentro, carecía de suficientes tropas bien entrenadas, mal equipados con armamento muy antiguo, incluso fusiles de chispa, sin suficientes animales tanto de carga como monturas, y sin dinero, incluso para pagar los sueldos de la tropa, como el  Coronel Rufino Carrasco, quien si es un personaje histórico qie aparece en textos y partes de ambos bandos, hace notar en carta al General Narciso Campero y a su Estado Mayor.

Los únicos hechos documentados en fuentes tanto chilenas, como bolivianas y que habrían podido servir para la febril imaginación de Evo y sus asesores, se produjeron el  6 de diciembre de 1879,  en el poblado de Tambillo al Norte de san Pedro de Atacama, donde una guarnición chilena de 20 granaderos a caballo, al mando del teniente Emilio Ferreira, fue sorprendida por 150 hombres pertenecientes a una montonera boliviana, al mando del Coronel Rufino Carrasco…

El teniente Ferreira en carta escrita el 25 de febrero de 1880, al historiador y político Benjamín Vicuña Mackenna desde el puerto de Antofagasta relata: “Yo i la tropa, estábamos resguardados por una muralla de un poco más de metro de altura. El motivo porque eché pie a tierra fué porque solo tenía 52 tiros por plaza, la jente mui recluta para apuntar, i a caballo no habría podido hacer el menor daño a una masa de más de 160 hombres…”

Lo anterior fue ratificado por el Coronel Hilario Bouquet, comandante del Regimiento Cazadores del Desierto, quien en carta  posteriormente publicada en el “Boletín de la guerra del Pacífico 1879-1881”, informó al General en Jefe del Ejército  Erasmo Escala Arriagada,  que la cantidad de soldados de Ferreira no sobrepasaba los veinte. La mencionada carta fue uno de los principales argumentos utilizados por la defensa del teniente Ferreira, a quien se le formó una corte marcial por haber perdido a la casi totalidad de sus hombres. La defensa del oficial se apoyó en la abrumadora superioridad numérica boliviana ratificada en el ya mencionado documento.

La evidencia entonces es demasiado contundente para creer que alguna vez existió una batalla de Canchas Blancas. El gobierno boliviano ni siquiera ha ordenado un estudio arqueológico de la zona para tener más pruebas de la susodicha “epopeya”, o ha permitido a peritos de su país o extranjero revisar el documento “recientemente encontrado”, para verificar su autenticidad a través de pruebas científicas. Por tanto, solo, cabe en este caso dos hipótesis, una que la tan bullada batalla solo haya sido una escaramuza entre una patrulla chilena y fuerzas regulares de la V división, cosa que fue común en esos días, luego claro está exagerada en los textos como la de Tambillo. La segunda que esta sea solo una triste y perversa manipulación del gobierno de Evo Morales para inventar un triunfo y luego sacar provecho político de esto en forma inescrupulosa.

El presidente Morales viene ya hace algún tiempo construyendo un nuevo mito sobre la guerra del Salitre o del Pacifico, con una clara intención de sacar provecho político a largo y corto plazo, buscando dar un golpe efectista a la sociedad entera de su país, para que el país altiplánico que ahora tiene el apellido de plurinacional, logre la tan ansiada salida soberana al mar, a través del litoral legítimamente chileno.

Bolivia a pesar de que el gobierno de Morales ha logrado subir las cifras de educación, analfabetismo, producción, exportación, etc., sigue siendo uno de los países más pobre y subdesarrollados de la región, lejos de sus vecinos Brasil, Argentina, Colombia, Perú o Chile. Sus doce años de gobierno han sufrido un desgaste evidente y ello fue evidenciado el año pasado, cuando el pueblo boliviano negó a Evo en un referéndum realizar algunas enmiendas a la constitución, entre las que se encontraba permitirle nueva reelección.

De allí entonces que en un deseo de mantener su gobierno a toda costa,  Morales juega a encender la llama de un patriotismo nacionalista que raya en lo ridículo, con  marchas chauvinistas  que cada año organiza su gobierno en el día que conmemora la pérdida del litoral, alimentando viejos rencores bajo el slogan “Mar Para Bolivia”, queriendo indicar al pueblo boliviano que Chile es el responsable de su pobreza y subdesarrollo y que aquí sigue estando el enemigo.

La “Gran Batalla”, por Chile

Por Christian Slater Escanilla.

Creo que se nos viene por delante una gran oportunidad. El 05 de abril del 2018, con un Presidente y un Comandante en Jefe del Ejército, recién asumidos, celebraremos los 200 años de la Batalla de Maipú. Esta “Gran Batalla” -para ser breve- marcó la independencia definitiva de Chile y el inicio de la derrota de los realistas y sus colonias en América del Sur. Sus repercusiones estratégicas y geopolíticas son muy claras. Con el financiamiento y el apoyo del Gobierno de O´Higgins, se organizó la Primera Escuadra Nacional que permitió, bajo la bandera de Chile -esta vez, con tres estrellas- trasladar por mar a la Expedición Libertadora al Perú. Logrando, junto con el General venezolano Simón Bolívar, que avanzaba por el norte, la derrota y expulsión de los realistas de América del Sur. Con ello se puso fin a más de 300 años de dominación española. 

Hay una potente imagen que recuerda dicha batalla. Me refiero al “Abrazo de Maipú”. Ese abrazo entre el General Bernardo O´Higgins y el General argentino José de San Martín. Un abrazo que deberíamos repetir y exportar. Una oportunidad para acercarnos. Entre chilenos y países amigos.

Este acontecimiento, de importancia estratégica para nuestra independencia y la de América del Sur, no puede quedar solo bajo la responsabilidad y los esfuerzos de un Ejército y una Municipalidad. Debería ser un compromiso republicano, de todo el país y su Presidente. Una oportunidad para lucir con orgullo y liderazgo nuestra nacionalidad chilena, al alero del Templo Votivo de Maipú, bajo el manto protector de la Virgen del Carmen y junto a los custodios de esta histórica tradición de fervor patriótico y religioso: La Escuela de Suboficiales del Ejército de Chile, la Ilustre Municipalidad de Maipú y la Iglesia Católica.

!Exijo una Explicación…!

Por Cristián Labbé Galilea

A punto de iniciar estas líneas, las que pensaba dedicar al guirigay que hay entre el gobierno, la fiscalía, carabineros y la PDI, donde cuesta creer quién miente y quién dice la verdad, donde la machi Linconao aparece ahora como una “blanca paloma” y donde todos saben -pero nadie deja entrever- que las filtraciones en la fiscalía se deben a líos de faldas del fiscal, revisé la prensa y quedé… “épaté”.

Uno de los diarios de mayor circulación del país, a raíz del cambio de gobierno, anunciaba como gran cosa y con titulares de portada: “Autoridades salientes y entrantes protagonizan inédita jornada de reuniones bilaterales…” ¡Quedé turulato!

Busqué reacciones. Llamé a uno de mis viejos amigos con quien vivimos -en condiciones muy diferentes- una experiencia similar, hace la módica suma de 28 años. La respuesta fue lacónica: “que te sorprende, nunca se reconocerá lo ejemplar que fue la transmisión del poder cuando Pinochet le entrego el gobierno a Aylwin el año 90”.

Pensé, ¿cómo era posible que la infame y pertinaz campaña destinada a destruir la imagen de quien -en los 70- derrotara a la izquierda y que encabezara un gobierno tan exitoso, hubiese logrado amilanar incluso a sus partidarios?

¿Cómo se puede olvidar que, en una fecha similar, el año 90 el gobierno militar entregó el poder a un gobierno civil, su encarnizado opositor, con toda formalidad y transparencia, en un acto pleno de respeto cívico el que fue admirado por el mundo entero, y al que asistieron varios mandatarios y autoridades internacionales, partiendo  por el vicepresidente de los Estados Unidos?

Habiendo formado parte, por disposición del Presidente Pinochet, de la comisión de traspaso del mando, y siendo el encargado de las comunicaciones de su gobierno como ministro de estado, puedo dar fe de que se trató de momentos muy especiales.

Carlos Cáceres, Jorge Ballerino y Hernán F. Errazuriz, por un lado, y por el otro Edgardo Boeninger, Enrique Krauss y Enrique Correa, fueron reuniendo a quienes entregaban y a quienes asumían, ministerio por ministerio, servicio por servicio, en un clima republicano, nunca antes visto.

Eran los finales de los 90; la guerra fría estaba en sus últimas horas, había caído el muro de Berlín, se daba cuenta del término del apartheid en Sudáfrica, la unificación alemana marcaba el triunfo del mundo libre sobre el socialismo soviético y Francis Fujuyama proclamaba “El fin de la Historia”. Chile se había anticipado a los tiempos: dieciséis años antes había tomado el camino correcto.

El país mostraba un claro regocijo; Aylwin y quienes llegaban al poder, así como Pinochet y las Fuerzas Armadas que entregaban el gobierno, no ocultaban su satisfacción en una republicana ceremonia de transmisión de mando. Los militares honrábamos la palabra empeñada e instalábamos el concepto de “misión cumplida”…

Fueron momentos de paz, de respeto y de reconocimiento que duraría poco. El mundo político iniciaría muy luego su lenta y sistemática metamorfosis hasta llegar al clima de represalia e inquina que prevalece hasta hoy frente al gobierno militar.

A días del cambio de mando y al comprobar, una vez más, cómo se va cambiando la historia, no me queda más que decir (como Condorito), ¡Plop, Exijo una explicación!

 

Recuerdo de un veterano de tres guerras

Por Bruno Vidal, The Clinic. 23 de febrero de 2018

En estos tiempos aciagos, tan funestos para la República, de catervas maliciosas enseñoreándose en la política y en los poderes públicos. En estos tiempos de ilícitos constitucionales por doquier, de prevaricadores, de filisteos mugrientos haciendo nata en la propia catedral. En estos tiempos de pusilánimes cabrones al cateo de la laucha, de burdeles camuflados en la farándula de la tele. En estos tiempos de invertidos a granel tratando de joder la cachimba en el mando de la nación, de jetones fuleros aprovechándose del pánico en la Bolsa de Comercio, de malandras sacando provecho de la tragedia de los detenidos desaparecidos. En estos tiempos, digo, vale la pena destacar la figura señera de don José Miguel Varela Valencia. Un hombre de valía suprema, hombre de leyes, hombre de armas, de fructíferos empeños, hombre de familia, de letras, hombre curtido en los magnos acontecimientos de la historia patria: la Guerra del Pacífico, la Pacificación de la Araucanía, la Guerra del 91.

Supimos de él a través de un libro de memorias inéditas auspiciado por la Academia de Historia Militar y preparado por don Guillermo Parvex. Lo entrañablemente llamativo de “Un veterano de tres guerras”: la enorme capacidad de don José Miguel de ofrecernos con llaneza y ternura viril lo ocurrido en esos campos de batalla. En lo personal, en numerosos pasajes se me han llenado los ojos de lágrimas al conocer con tanta exactitud los hechos sublimes de la Guerra del Pacífico.

Nos cuenta de su partida al norte dejando atrás amoríos y familia. Tiene 22 años, lo inspira la patria, de veras el hombre es un hidalgo de viejo cuño. En vísperas de la primera batalla, ha rezado y confesado junto a sus compañeros de armas en la misma intemperie del desierto, se ha encomendado a la Virgen del Carmen, narra la angustia de su persona y de su amado corcel Carboncillo.

Los batallones son bendecidos con el agua de Dios por los párrocos castrenses en el instante supremo de desenvainar el sable reluciente enfrentando al cholo enemigo. Don José Miguel con su pluma se afana en el detalle. La peripecia se borda con lujo escénico. Cómo no vibrar cuando nos habla de peones analfabetos que se acercan a su condición de letrado para confidenciarse en el recado, en el sentimiento al ser querido, y esos mismos hombres bregando por la patria son sacrificados en la penuria. Algunos, para no morir de sed en esos parajes desolados, beben su propia orina con sal; otros, por no precavidos, son envenenados vilmente en la fonda peruana; y aquellos desprovistos de municiones van cayendo desguarnecidos.

La anécdota de don José Miguel como encargado de inventariar los libros de la biblioteca de Lima incautados por Chile, y de su trato personal con Ricardo Palma, es finísima. El escritor y militar peruano trata de esconder los mejores libros para evitar su partida a Chile, y don José Miguel, durante la noche, allana los cajones. Ahí están los mejores, y nos indica que jamás reprendió al intelectual adversario por su legítima pillería. El escenario se relata de manera magnífica en sus alternativas más insignificantes: los sobresaltos de los soldados, la embriaguez del combate, el galope de los caballos, la camaradería, la sutil coquetería de ponerse camisa, calcetines y calzoncillos limpios antes de la refriega o de echarse esencia para caballeros en la barba.

Su actividad patriótica no se agota en la Guerra del Pacífico. En 1884, con 27 años, es enviado en comisión de servicio a la Frontera. En esa época de la Pacificación de la Araucanía, será testigo de las injusticias cometidas contra los mapuches, a quienes defiende con bravura al grado de ganarse la enemistad de las clases latifundistas, que exigen su destitución. Denuncia con nombres y apellidos a los patanes de la época (los Bunster, los Jarpa, los Subercaseaux), que se valen de mil argucias para adueñarse de la buena tierra arrinconando al indio. En esa defensa, el gobierno de José Manuel Balmaceda lo apoya. Y lógico, quisieron dárselo vuelta –asesinarlo de manera vil– en los caminos de Carahue a Temuco. Debió andar escoltado por seis jinetes. El terrateniente Manuel Bunster logra que don José Miguel no sea admitido en el Club Social de Angol. Los retrógrados de Chol Chol lo acusan de favorecer a un puñado de indios borrachos en perjuicio de agricultores pujantes y honrados.

Don José Miguel es hombre muy cercano al presidente Balmaceda, da gusto como lo describe y honra en sus memorias. Desde luego participa en la guerra civil, y muy concretamente en la batalla de Placilla, de donde sale airoso por milagro. La muerte del presidente lo acongoja. Se decepciona de la patria y sus galardones. Los lanza a un canal y exclama a viva voz: “Para qué quiero estas mierdas”. En 1893, cae en sus manos un periódico que anuncia una Ley de Amnistía. Ya no se siente un proscrito, y se encuentra sano con la dicha de haber defendido la Constitución que siempre consideró sagrada.

Podríamos seguir comentando las memorias de don José Miguel. Simplemente, recomendar al ciudadano actual que las lea y advierta que en Chile siempre ha habido gente verdaderamente decente, de genuina formación integral, dispuesta a servir a la patria en forma desinteresada. Es conmovedor saber que murió con la conciencia tranquila. Gratitud eterna a su condición de buen padre de familia.

 

Miguel Henríquez o crónica de una muerte anunciada

Por Prudencio Musañama,  (VivaChile.org)

El 29 de diciembre recién pasado el juez extraordinario para causas de violaciones de derechos humanos Mario Carroza dictó sentencia en la causa por la muerte de Miguel Henríquez, Secretario General del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), ocurrida el 5 de octubre de 1973. Según el juez, si bien la muerte de Henríquez ocurrió como consecuencia de un enfrentamiento entre en grupo del MIR y una patrulla de la DINA, los agentes habrían actuado no con la intención de detener sino de “eliminarlo” cumpliendo una orden del mando institucional; en consecuencia, los acusados fueron condenados por homicidio calificado.

Atendiendo sólo a la sentencia y la manera en que los medios de comunicación han informado al respecto puede quedar la sensación de que Henríquez fue una víctima de la acción represiva de la DINA y, en definitiva, de la “dictadura”. ¿Fue así realmente? Esta pregunta es no sólo legítima sino, sobre todo, necesaria, dado que todas las causas por violaciones de derechos humanos tienen un objetivo que va más allá de impartir justicia para casos particulares; persiguen, en definitiva, escribir la historia de Chile de esos años.

Si echamos un vistazo a la historia del MIR y a las declaraciones del propio Henríquez durante su actuación “política” —por llamarla de alguna manera— se obtiene una idea mucho más amplia de la que arroja la sentencia judicial. La agrupación fue fundada en 1965 por Henríquez y otros líderes políticos inspirados en el marxismo; en su Declaración de Principios se manifiesta la intención de actuar al margen de la institucionalidad democrática y promover la violencia para conquistar el poder político: “El MIR rechaza la teoría de la vía pacífica porque desarma políticamente al proletariado y por resultar inaplicable, ya que la propia burguesía es la que resistirá, incluso con la dictadura totalitaria y la guerra civil, antes de entregar pacíficamente el poder. Reafirmamos el principio marxista-leninista de que el único camino para derrocar el régimen capitalista es la insurrección popular armada”.

En 1967 Miguel Henríquez asumió como Secretario General del MIR y otros líderes abandonaron el movimiento por estar en desacuerdo con la conducción cada vez más disruptiva con el orden institucional. En 1969 y 1970 miembros del movimiento realizaron diversos actos delictuales: asaltos a bancos, atentados con explosivos causando heridos y muertos, incendio del Teatro Continental, secuestro de un avión, instalación de un arsenal, puesta en funcionamiento de una escuela guerrillera, descarrilamiento de trenes, atentados a carabineros con resultado de muerte. Como resultado de estas acciones algunos miristas fueron detenidos y sentenciados pero más tarde serían indultados por el Presidente Allende. Lejos de llamarlos al respeto de la legalidad, Henríquez justificó a sus compañeros: “son perseguidos y si son detenidos se les tortura y encarcela… No nos quejamos, nosotros elegimos este camino, pero la realidad objetiva es que de la legalidad sólo conocemos la persecución, la tortura y la cárcel”. Cabe destacar que la legalidad contra la que reclama Henríquez era la resultante de un régimen democrático (en esa época gobernaba Eduardo Frei Montalva); una vez instalado el gobierno militar tres años más tarde los miembros del MIR actuarían de igual manera.

En el mismo discurso Henríquez reiteró su rechazo a la vía electoral: “La conquista del poder por obreros y campesinos exige fórmulas distintas a las anteriores [elecciones]… Necesariamente debe haber una preparación para enfrentar los aparatos armados del sistema, la que no puede ser otra que la preparación premilitar y militar de sectores de trabajadores”. Por lo mismo, “si quienes encabezan la campaña popular…cometieran el grave error de orientarla sólo en un sentido puramente electoral… y si no los preparan ideológica y orgánicamente para la conquista del poder, estarían… desarmando a los trabajadores y… frenando el proceso de ascenso de la movilización social que debería, necesariamente, terminar en una verdadera conquista del poder”.

Ni siquiera la posibilidad del triunfo de la izquierda en la elección presidencial de 1970 satisfacía a Henríquez: “un triunfo electoral popular no entregará el poder a los trabajadores, sino que a lo más provocará una ‘impasse’… Esta ‘impasse’ sólo podrá ser resuelta por un enfrentamiento armado… Es necesario concientizar al pueblo, organizarlo y prepararlo política y militarmente desde ya para ese enfrentamiento; a las balas no se las detiene colocándole como escudo la ‘serenidad de la clase trabajadora’; la técnica militar no se adquiere de la noche a la mañana”. Esta postura lleva a una conclusión lógica: “el MIR no desarrollará ninguna actividad electoral (…) La acción revolucionaria armada y la movilización combativa de masas será nuestra tarea”.

Alguien podría pensar que el triunfo de la izquierda en septiembre de 1970 podría haber hecho variar el ánimo de los dirigentes del MIR haciéndolos suavizar su actitud, algo así como “darle una oportunidad a la vía política”. Nada de eso. En octubre de ese año elaboraron un “documento de discusión interna” donde analizan el resultado; aquí plantean la tesis de que los partidos de la Unidad Popular y la derecha llegarán a un pacto en virtud del cual “no se podrá proceder al desmantelamiento de las estructuras de poder de la derecha y lo más probable es que sus mismos aparatos armados sean preservados”. En este contexto se acrecentarán las contradicciones. “El desenlace de ese enfrentamiento depende de la correlación de fuerzas que se haya gestado con anterioridad. Puede traducirse en un régimen de fuerza, probablemente de corte militar, cuya implantación, dada la gran organicidad de los partidos de izquierda y del movimiento de masas en Chile, sólo podría lograrse mediante una terrible violencia; pero puede traducirse también, precisamente por esas características de la izquierda y de las masas chilenas, en una guerra civil revolucionaria. Es en este sentido que debemos trabajar”. Para Henríquez y sus compañeros la guerra civil era inevitable y había que prepararse sin importar los resultados electorales.

¿Variaron las posiciones de Henríquez en los tres años siguientes? Veamos. El 14 de junio de 1973 pronunció un discurso afirmando: “Saquemos la discusión del Parlamento, La Moneda, los pasillos y las negociaciones. Convirtamos en eje de la lucha política no a instituciones del Estado y a las prácticas negociadoras de los partidos, sino al movimiento de masas y su lucha que es la que en realidad permite la existencia de este Gobierno y la única que pueda resolver el conflicto a favor de los intereses de los trabajadores”. Y el 7 de julio, en un discurso emitido por cadena de emisoras, afirmó: “Acerquemos por medio de la lucha revolucionaria el poder a las manos de una clase y un pueblo que pugnan por tomarlo y poner fin a la explotación patronal e imperialista. Los días que se avecinan serán decisivos. La clase obrera y el pueblo deben mantener las posiciones conquistadas y alcanzar otras. Los trabajadores deben exigir una conducción revolucionaria y decidida. Deben rechazar los retrocesos y a los vacilantes”. Los documentos de la época contienen muchas afirmaciones de este tipo vertidas por Henríquez tanto a nombre propio como en calidad de Secretario General del MIR.

¿Qué pasó con los dirigentes del MIR luego de la caída del gobierno de la UP? Volvieron a las andanzas delictuales y hechos de sangre que habían dejado a un lado durante la administración de Allende. Tal como habían afirmado en 1970, en caso de que ocurriera un golpe militar contrario a las aspiraciones de la izquierda, “no vacilaremos en colocar nuestros nacientes aparatos armados, nuestros cuadros y todo cuanto tenemos, al servicio de la defensa de lo conquistado por los obreros y campesinos”. Por eso desoyeron los llamados del nuevo gobierno a que se entregaran y no, como sugiere el juez Carroza en su sentencia, por temor a lo que les ocurriera si lo hacían.

Las declaraciones y actuación de Henríquez hacen recordar las confesiones de otro revolucionario, el argentino-cubano Jorge Masetti, quien ejerció como terrorista en varios países de Latinoamérica en los 70 y 80:

– “El abandono de mis hijos no me costó ningún sacrificio, ejercí sobre ellos una venganza inconsciente para cobrarme mi propio abandono en seres que no habían pedido nacer (…) Repetía el esquema impuesto por mi padre [también guerrillero]… Hacía todo por encontrar la muerte…”.

– “Cuando observo la que fue mi vida… y la de tantos otros, caigo en la cuenta de que la revolución ha sido un pretexto para cometer las peores atrocidades quitándoles todo vestigio de culpabilidad”.

– “Por suerte no obtuvimos la victoria, porque de haber sido así… hubiéramos ahogado el continente en una barbarie generalizada… hubiéramos fusilado a los militares, después a los opositores, y luego a los compañeros que se opusieran a nuestro autoritarismo”.

– “Es muy cómodo escudarse detrás de la lucha contra las dictaduras militares para justificar los abusos. Es necesario revelar… esa parte inconsciente relacionada con la fascinación por el poder, vecina a la tendencia a practicar la crueldad, porque no sólo tratamos de destruir a nuestros enemigos, sino que destruimos a nuestras compañeras, a nuestros hijos, a colaboradores; en realidad, durante esos años de lucha, destruíamos sin construir nada”.

Como Masetti, Henríquez buscó con ahínco la muerte siendo víctima de sus propios errores, estupidez y crueldad: creó una organización para alcanzar objetivos políticos por medio de la violencia; promovió y justificó delitos y asesinatos; fomentó el odio entre los chilenos y lo inoculó en quienes tuvieron la mala ocurrencia de seguirlo; y ni siquiera al final, cuando el fracaso de su causa se hizo patente, tuvo la humildad de cambiar su conducta para evitar más daño.

La historia política reciente de Chile no puede —ni debe— ser juzgada a la luz de cómo terminaron encontrando la muerte, la cárcel o el exilio los jóvenes revolucionarios que quisieron imponer el socialismo a principios de los 70. El caso de Henríquez, tal vez como ningún otro entre los de su generación,  constituye una dramática lección de cómo la depravación de algunos puede arrastrar a una sociedad a situaciones de incivilidad.

 

 

Desahuciar el pacto de Bogotá, ahora

Por Fernando Thauby García

El día 5 de enero de este año 2018, un periódico gobiernista boliviano informó que “el canciller Fernando Huanacuni revela que el Gobierno y la Dirección Estratégica de Reivindicación Marítima (Diremar) analizan opciones para hacer respetar los derechos que Bolivia tiene sobre el río Lauca, desviado por Chile.

Tras 52 años, Bolivia recopiló antecedentes de las afectaciones en distintos ámbitos y ahora analiza las futuras acciones”.
A Huanacuni se le pidió que informara si “corresponde y diga si el país presentará una demanda por el desvío arbitrario, unilateral y abusivo de las aguas del río Lauca”; en su respuesta “deja entrever que uno de los fundamentos de la demanda estaría relacionado al hecho de que el agua es un derecho humano y que al tratarse de un río internacional, su uso debe ser equitativo; algo así como lo que argumenta Chile en su demanda por el Silala”. 
Así, entre la ideología de los derechos humanos y el Pacto de Bogotá avanzamos hacia una nueva demanda boliviana contra Chile en la Corte de Internacional de Justicia.

Mientras tanto, en Chile, inmediatamente después de la elección del Presidente Piñera comenzaron los aprontes. Un distinguido analista señaló que “ya hay especulaciones en algunos medios sobre quien tendrá a su cargo la ejecución de nuestra política exterior, que el reelegido Presidente determinará; más quienes serán los Agentes, Coagentes, Asesores y demás involucrados en los dos pleitos, se mantengan los actuales, o se reemplacen o refuercen con nuevos aportes”. Ya que “Si bien todo aconseja una apropiada continuidad, no son cargos vitalicios, y cada administración tiene plena libertad decisoria”. Parece un tema técnico relevante, mas que nada, para los aspirantes a los cargos respectivos. Mas relevante para Chile es el diagnóstico, que muchos diplomáticos y abogados comparten: “En lo jurídico, habrá que evaluar con nuevos ojos el derecho internacional  y sus rápidos cambios, evidenciados en las más recientes sentencias de la Corte, donde han predominado las soluciones equitativas, por sobre la acostumbrada rigidez clásica, como prueba irrefutable de su adecuación a nuevos tiempos. Más permeable a otros factores que ahora también se consideran, y donde el mayor valor de la justicia, se equipara en vigor, al estricto derecho que a cada parte pudiere corresponderle. De ahí que esta tendencia haya sido apreciada como una politización de la Corte, o dictación de sentencias salomónicas. No consideran, tal vez, que el derecho actual evoluciona y procura reevaluarlo, cuando la juridicidad haya derivado en una situación, que estando dentro de la legalidad, a lo mejor, podría llegar a un resultado injusto”, y concluye con una recomendación: “Dentro de este ámbito, es de esperar que no se insista en contrarrestarlo mediante la simplificación de continuar o denunciar el tan mencionado Pacto de Bogotá. Sólo nos da una de las competencias procesales para acudir a la Corte. En nada influye en los pleitos pendientes, ni en la jurisdicción del Tribunal que tantos otros acuerdos contemplan. Además, podría interpretarse como una debilidad de nuestra parte, o muestra de molestia o desconfianza, que la Corte no pasaría por alto, y eventualmente, reflejar en sus fallos”.

Entre todos estos considerandos pasa suavemente el hecho de nos asociamos a una corte que fallaba “en derecho” que ahora se ha transformado en otra que lo hace “en justicia”. Lo que sea que los jueces interpreten por tal cosa.

La Corte ha cambiado la doctrina que fundamenta sus fallos, por si y ante si, sin consultar a los afectados que voluntariamente se someten a su jurisdicción. Peor aun, aplica de facto su nueva doctrina sin ni siquiera advertir a sus usuarios respecto a este cambio. Por otra parte ¿es acaso agraviante el que Chile manifieste su molestia o desconfianza a una Corte que ha procedido con esta arbitrariedad?, y aun si fuera percibido como agraviante, ¿podemos posponer los intereses de Chile en beneficio de una prudencia pusilánime?

¿Por qué estamos en la Haya?. Existen varias maneras de enfrentar y resolver las disputas internacionales y Chile al suscribir el Pacto de Bogotá se limitó voluntariamente y en forma exclusiva a una sola de ellas: el arreglo judicial internacional basado en la Corte Internacional de Justicia (La Haya). Esta fue una elección política y no un mandato divino. Así como ingresamos podemos salirnos.

Las razones para hacernos partes del Pacto de Bogotá fueron básicamente dos: primero una presunta doctrina legalista y americanista que pretendía erradicar las relaciones de poder entre los estados de la región y reemplazarlas por un sistema de arbitraje judicial internacional obligatorio y segundo, por esas vía buscar una forma de sustraerse a las presiones militares y políticas a que los gobiernos argentinos nos sometían periódicamente para dar satisfacción a su política bioceánica, es decir de salir soberanamente al Pacífico por territorio chileno.

El conflicto del Beagle puso a prueba esta ilusión y resultó un fracaso: El 18 de febrero de 1977 un tribunal formado por miembros de la Corte Internacional de Justicia y leído por la Reina de Gran Bretaña, la misma corte que ahora juzga el pleito con Bolivia, aclaró que las chilenas “las Islas Picton, Nueva y Lennox y los islotes y rocas dependientes de ellas” en un fallo inapelable y de cumplimiento obligatorio para las partes, y el 25 de enero de 1978 Argentina declaró “insanablemente nulo” el Laudo y que debía “ser considerado inadmisible e inválido en si mismo”. Chile señaló su intención de ir unilateralmente -al igual que Perú lo hizo contra nuestro país – a la Corte Internacional de Justicia (La Haya) y Argentina declaró que eso constituiría casus belli, es decir causa inmediata de guerra.

Y no pasó nada. Nadie dijo nada. Nadie hizo nada. Las grandes potencias guardaron silencio, los hermanos latinoamericanos miraron en diversas direcciones y Chile debió enfrentar la crisis solo con sus recursos de poder. En breve, cuando lo necesitamos el Pacto de Bogotá no nos sirvió.
En el caso del conflicto por el Canal Beagle con Argentina luego del desconocimiento del fallo pasamos por las Negociaciones Directas y terminamos con una Mediación llevada a cabo por el Papa Juan Pablo II. Y si no hubo guerra no fue gracias al sistema jurídico internacional sino al poder y la voluntad de lucha mostrada por el Gobierno y el Pueblo de Chile.

Ese mismo Pacto es el que permitió a Perú llevarnos a un juicio en forma unilateral y a un fallo increíble, en la cual la Corte Internacional de Justicia validó todas nuestras razones jurídicas e igual nos despojó de un amplio espacio oceánico incuestionablemente chileno.
Ahora Bolivia lo está usando para intentar obtener ventajas a nuestra costa. Tanto Perú como Bolivia tienen en el Pacto de Bogotá una herramienta que les permite plantear pedidos sin arriesgar nada.
En breve, el Pacto de Bogotá no nos protege de las presiones argentinas y nos abre a una condición de vulnerabilidad ante las peticiones de Perú y Bolivia. Por otra parte, durante los años 1966 y 1967, cuando el gobierno de Perú presidido por el general Juan Velasco Alvarado se sintió fuerte, intentó agredirnos, lo que lo hizo desistir no fue la Corte Internacional de Justicia sino que nuevamente, el poder y la voluntad de lucha mostrada por el Gobierno y el Pueblo de Chile.
¿Por qué entonces renunciar a todas las demás formas de negociación de conflictos y quedarnos con una que no nos sirve frente a ninguno de los tres vecinos?

Cuando las relaciones entre países se dan en términos políticos, el poder militar constituye uno de los elementos del poder nacional y cuando las resolución de las disputas entre estados se entrega a un tribunal internacional, se renuncia al empleo de esos poderes y se confía tanto en la justicia y neutralidad del tribunal como en que la contraparte cumplirá el fallo. En este segundo caso, al menos en teoría, la fuerza no sería necesaria.

La realidad muestra que con alarmante frecuencia los estados más fuertes, que se creen más fuertes o se mueven con más audacia en el ámbito de las relaciones exteriores no respetan los fallos sea porque rechazan los mecanismos judiciales acordados o porque rechazan los fallos cuando éstos no los favorecen. Nuestra historia pasada y reciente muestra que al final Chile cuenta solo con sus propios recursos de poder para defender su integridad y honor.
Recientemente un periodista nacional experto en relaciones internacionales proclamó la inutilidad de las fuerzas militares chilenas porque su existencia no había sido capaz de disuadir a tres gobiernos de Perú de llevarnos unilateralmente a La Haya. El experto olvida o desconoce dos elementos fundamentales del problema. 1.- Chile, al suscribir el Pacto de Bogotá, renuncio a la auto defensa de sus intereses y entregó esta tarea a un Tribunal Internacional y 2.- La disuasión exige dos elementos que actúan juntos: le existencia de fuerzas militares capaces y creíbles, y la voluntad del liderazgo político, que en el caso que analizamos brilló por su total ausencia.

En 1975 y 76 con Perú y en 1978 con Argentina, Chile tenía fuerzas militares muy débiles y un liderazgo político fuerte, decidido y valiente, en el caso Boliviano hemos tenido FFAA fuertes y un liderazgo político vacilante, en estado mental de negación.
Chile es un país serio, que cumple sus compromisos y respeta su palabra, para no volver a vernos entrampados ante maniobras de otros estados menos escrupulosos, debemos comenzar por recuperar el manejo de nuestras relaciones exteriores, mejorar los procesos de políticas públicas de seguridad y defensa, abandonar las ilusiones ideológicas y ajustarnos más a las realidades del mundo como es y no como nos gustaría que fuera.

Téngase presente… ¡No están solos!

Por Cristián Labbé Galilea

Una sistemática y persistente campaña de desinformación desplegada por la izquierda, incluida la D.C., ha logrado -en buena parte- falsear la historia del país en el último medio siglo, al punto que incluso quienes vivieron esos aciagos días de la década del 70,  hoy “miran para el lado” cuando se trata de hablar sobre las razones que motivaron la intervención militar del 73.

Ni que decir de los más jóvenes; ellos, producto de su ignorancia e ingenuidad, han sido presa fácil de la izquierda y están convencidos que el Pronunciamiento Militar–para ellos “el golpe”-  fue un acto injustificado, mediante el cual los militares se hicieron del gobierno porel solointerés del poder. Para el mocerío resulta impensable que hubiésemos estado al borde de la guerra civil o de una dictadura comunista.

Se suma a lo anterior, el que estemos viviendo la mentada “posverdad” o “mentira emotiva”que se caracteriza porque…a la hora de modelar a la opinión pública, “los hechos objetivos” tienen nula influencia,permitiendo que sean “las emociones” las que influyan en la interpretación de la realidad.

Así las cosas, es fácil comprender por qué hoy se erigen como salvadores de la democracia aquellos que la destruyeron, mientras que quienes verdaderamente la rescataron de las fauces del comunismo soviético son perseguidos y tildados de golpistas.

Es en este contexto que cobra “valor e importancia” el documento publicado en un medio de circulación nacional, donde 16 ex comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y ex directores de Carabineros,hacen un llamado a las autoridades nacionales a reflexionar en torno a los hechos del pasado y a la necesidad de: “…reforzar la paz interior, la amistad cívica y la cohesión social…”.

El documento es “claro y concreto”. Sin ambigüedades los signatarios manifiestan su dolor y su preocupación por la asimetría política con que se está juzgando a los uniformados,y hacen ver que quienes tuvieron responsabilidades directas en la crisis del 73, hoy gozan de una impresentable impunidad.

Por primera vez, y con lenguaje directo, la alta jerarquía militar entra de lleno al tema de los militares procesados, presos y perseguidos. Sin ambages denuncian…un retroceso en el camino de la transición y una inexplicable discriminación; critican la aplicación de condenas por presunciones; reprochan a la autoridad  la inexistencia del debido proceso yla aplicación de un sistema procesal obsoleto e inquisidor, entre otras materias.

Esta publicación me recordó otroescrito-muy poco conocido-, la “Apreciación de la Situación Nacional”, elaborado por 15 generales de las FF.AA (5 Ejercito, 5 Armada y 5 Fuerza Aérea)elaborado en Julio del 73,donde sehacía presente al gobierno de la Unidad Popular…“el grave camino que estaban tomando los acontecimientos en materias de orden interior, diplomático, económico y de defensa”el que terminó ninguneado políticamente y guardado en alguna caja fuerte.

Como antaño, y con el solo propósito de representar públicamente a las autoridades lo que muchas veces se les ha dicho por otros canales -y que conocen muy bien-, los 16 generales han expresado su preocupación por el curso que están tomando los acontecimientos y por el sentir de la “familia militar…”Como dicen en tribunales,este documento no es más que un…. ¡Tenga presente!,que para los militares injustamente procesados y encarcelados representa un… ¡No están solos!

Vencidos sin un luchar

Por Roberto Hernández Maturana

Hoy en la mañana, haciendo tramites en el centro de Santiago, caminando frente a los tribunales de Justicia, por Morandé con Bandera, pasé frente al ex Congreso Nacional de Santiago…, en dicha esquina una joven profesora hablaba a un grupo de alumnos de entre 13 y 14 años sobre la importancia de dicha institución. A la pasada alcancé a escuchar como la profesora le decía a los jóvenes que ese edificio dejó de funcionar cuando los militares dieron un golpe de Estado, destruyeron la democracia y violaron grave y sistemáticamente los derechos humanos… tuve el impulso de intervenir, de pedirle a la “docente” que me dejara contarles a los alumnos otra versión de la historia, de explicarles que las cosas no nacieron de la nada. Pensé que esos jóvenes ya nacían a la vida, como antes lo fue su profesora, con una versión sesgada e unilateral de la historia. Quería decirles a esos jóvenes que ese mismo parlamento, continuamente reclamó durante tres años la violación de las leyes y el atropello al Derecho, sin ser escuchado, lo que culminó cuando, aprobadas dos reformas constitucionales, el presidente de la República se negó a promulgarlas. Así recurrió al Tribunal Constitucional, el cual dio la razón al Congreso. Posteriormente pretendió promulgarlas de manera parcial lo que fue rechazado por la Contraloría General de la República.

Por último, se negó a respetar la decisión del Congreso Nacional. Esto llevó a la Cámara de Diputados a aprobar un acuerdo destinado a señalar al país que se estaban atropellando abiertamente la Constitución y las leyes y a hacer públicos una lista abrumadora de casos concretos de cómo así ocurría.
Como decirles que La Contraloría General de la República rechazó innumerables resoluciones del gobierno por estimarlas ilegales.
Como decirles a esos jóvenes que nuestro país vivió una extrema ideologización, una violenta polarización de los chilenos, la pérdida de la convivencia cívica, gran intolerancia, violencia constante y la muerte y enfrentamiento entre chilenos, tanto en sus ciudades como en sus campos y la degradación de la vida política pocas veces vista en Chile, una escases e inflación galopante, la convivencia nacional se había deteriorado profundamente, levantándose un clamor ciudadano que imploraba a las FF.AA. y de Orden, a intervenir para detener el caos y evitar una guerra civil que se veía venir.

Como decirles a esos estudiantes que no fueron los uniformados quienes provocaron ese quiebre, sino esa todavía silente clase política, que no solo no logró alcanzar la necesaria paz social para lograr una racional salida política a la profunda crisis, sino más bien al contrario, gran parte de esa clase política avivó el fuego del enfrentamiento fratricida entre los connacionales, lo que finalmente llevó a la intervención de las Fuerzas Armadas y de Orden el 11 de Septiembre de 1973, con todos sus efectos y consecuencias posteriores, donde unos lucharon para reestablecer el orden y la seguridad quebrantadas y otros intentando mantener el estado de lucha armada, el terrorismo y la subversión.
Como explicarles a esos estudiantes que las FF. AA. Y de Orden, no intervinieron el año 1973, por decisión propia, y que la misma Corte Suprema de Justicia, cuya sede estaba y está frente al edificio donde se encontraban  escuchando la disertación de su profesora, por la unanimidad de sus miembros, denunció ante el país el hecho de que por primera vez en la historia de Chile los Tribunales no eran respetados, se atropellaban las leyes y sus sentencias no se cumplían.
Como decirles a esos niños que hoy gran parte de esa clase política después se lavó las manos, y que hoy sólo el personal de la FF.AA. y de Orden es señalado como integrantes de asociaciones ilícitas para violar los derechos humanos en Chile, y como tales, han estado y están bajo un ataque permanente de muchos que fueron parte activa y responsable de lo sucedido en Chile. Unos alentando la violencia antes y durante el gobierno militar y otros siendo mucho más parte del gobierno militar, desde sus cargos de ministros o Subsecretarios, que incluso muchos de los militares hoy procesados o condenados, que entonces integraban las instituciones armadas en puestos subalternos.
Como decirles que sólo a las FF.AA. y Fuerzas de Orden se les condena hoy sin una mirada histórica, pero con argumentos que emanan desde el presente, desconociendo el contexto histórico de cuándo y cómo ocurrieron los hechos.
Cansado y entristecido, no pude dejar de pensar en mis viejos mandos, convencidos que la sola obra modernizadora bastaría para que los chilenos agradecieran por siempre a sus uniformados; cegados  por sus propios éxitos y los aplausos de la derecha que integraba su gobierno, no previeron la transformación y manipulación de la historia que se ha desarrollado ya por décadas, dejando a quienes fueron entonces subalternos, expuestos a una despiadada e injusta venganza pública, política y judicial.
No pude dejar tampoco de pensar en tantos y tantos uniformados en retiro, que han tenido la suerte de no ser tocados por los miles de procesos instaurados tras el advenimiento de la democracia, y que hoy muestran absoluta indiferencia y falta de solidaridad con sus camaradas caídos, pensando tal vez… “bueno si yo no hice nada, yo no he estado en ninguna situación comprometedora o reprochable”, olvidando que muchos de sus compañeros hoy presos o procesados lo están porque “tenían que saber”, por “ficciones jurídicas”, o por cargos infundados o por “asociación ilícita”, (¡Las FF.AA. y de Orden, asociaciones ilícitas!), y cierran los ojos convenciéndose y rogando porque un día la venganza político – judicial no golpee su puerta, mientras una izquierda fanatizada por la venganza, un partido comunista empeñado en levantar nuevas causas, y agrupaciones ansiosas de obtener compensaciones económicas, a las que se suman aquellos que realmente perdieron un ser querido, que también los hubo entre los uniformados, olvidando que cada día esa verdadera maquina moledora de carne, crece y se alimenta y de pronto, sin saber cuándo, puede comenzar a morder sus espaldas…
Pensé entonces en mis lejanos años de cadete y subteniente, en que mis instructores me hablaban y creía en esas arengas que nos decían que “ningún camarada se queda atrás”, que nos hablaban de “la cordada que nos une”, de la “hermandad” de la boina, de la seda…, etc, y que ahora ya viejo me parecen máximas vacías, pero efectivas entonces para sostener una cohesión destinada a prepararnos para un futuro combate y apoyarnos mutuamente… (“grupos primarios” le llaman en sociología)…, y entendí que esos “grupos primarios” ya no existen, se perdieron en el tiempo. La deformación de la historia está consolidada…, la historia existente es “la verdad” …, fuimos vencidos sin luchar…
Pensé entonces que ya no hay nada que podría decirles a esos estudiantes, ni siquiera a su profesora, para intentar contar una historia que para la mayoría de los chilenos hoy sería una burda mentira, una excusa de los violadores a los derechos humanos, de los fascistas… ahora derrotados por la historia, derrotados sin luchar y decidí entonces seguir mi camino, mientras la profesora comenzaba a hablar a sus alumnos del próspero, transformador y democrático gobierno de Allende…

Crónica de la “Dictadura”

Por Roberto Hernández Maturana

La ironía del título de esta obra escrita por Cristián Labbé, ex ministro del gobierno militar y exitoso alcalde de Providencia por 16 años, puede que le parezca políticamente incorrecta a un inadvertido lector, pero como lo expresa su autor, el libro “nació como una respuesta a la forma en que se ha tergiversado la historia y en resguardo de una obra que en ningún caso se ajusta al concepto de dictadura, ni en la academia, ni en el mundo libre de occidente”.

Esta crónica, representa una secuencia de los hechos ocurridos en el período antes mencionado respaldada  en documentos que han sido olvidados en forma involuntaria por unos, o voluntariamente por otros…, y que al decir del autor “no tiene más pretensión que refrescar la memoria colectiva y despertar la conciencia del hombre justo”.

La contribución de una obra como esta, no está en el texto en sí mismo, ya anclado en la historia, sino el acto de su lectura y análisis en momentos como los que vivimos, y que invita  a recorrer sus líneas escritas pensando en que “la historia es más justa que los hombres, pero se toma su tiempo…”

La lectura de sus páginas y la rememoración histórica presentada de forma entretenida y didáctica, nos invita a reflexionar en como olvidamos los hechos y sus causalidades, permitiéndonos a la vez, darnos cuenta de cómo la deformación cultural de la historia contada unilateralmente por hace más de 27 años de “democracia”, nos ha llevado a una amnesia colectiva que además nos ha  hecho caer en la injusticia moral de condenar sin concesiones a unos, que se jugaron por la libertad y progreso de la nación, y llevaron a perdonar también sin concesiones, a quienes desde el otro bando, cometieron hechos semejantes a los que combatían desde la otra trinchera, transformando ese olvido en la actualidad a la justicia, en instrumento de desquite y venganza.

Crónica de la “Dictadura” nos llama a colocar la historia en su real contexto y constituye una obra de valor que es necesario que sea conocida por todo chileno bien informado, no importando su ideología política.

Museos de las memorias

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Por Fernando Thauby García, Analista Político

El financiamiento, por parte de los gobiernos, de actividades culturales que contribuyan a la formación de los ciudadanos se ha prestado para múltiples abusos. En los regímenes autocráticos los gobiernos asignan esos recursos a quienes apoyan o promueven la ideología o las políticas que sus autoridades señalan, así sucede en Cuba, Venezuela y en Corea del Norte cuyos gobiernos vulneran las conciencias de la población, convirtiendo al arte, la cultura y la educación en vehículos de propaganda. En las sociedades democráticas esos recursos suelen asignarse mediante comisiones independiente que garanticen que la política y la cultura se mantengan separadas entre si.

El ejemplo más notable fue la BBC en Gran Bretaña de la pos guerra, cuyo gobierno controlaba la distribución general de recursos pero transfería a la BBC la potestad sobre las decisiones y operaciones diarias. Este modelo tuvo muy buena recepción y sirvió de facilitador cultural durante muchos años y otros países optaron por crear organismos parecidos.

En Chile, este modelo fue admirado e intentado aplicar, a comienzos de los años 90, mediante un modelo de asignación de recursos públicos a través de concursos a cargo de jurados independientes, que fue prontamente desvirtuado y luego abandonado hasta politizarse completamente.

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En Chile, el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos fue construido durante los años 2008 y 2009 e inaugurado el 11 de enero de 2010, en el gobierno de Bachelet.

El 27 de febrero de 2012, en el gobierno de Sebastián Piñera, se firmó un acuerdo entre la  Dirección de Bibliotecas, Archivos, Museos (Dibam) para operativizar la ley de presupuesto Nº 20.557 de 2012 propuesta por el gobierno, transfiriendo $1.448.390.000 a la organización privada “Fundación Museo de la Memoria y los Derechos Humanos”, sin concurso alguno, es decir por una decisión de la mayoría política existente en el Congreso en esa fecha y cuya misión quedó establecida como “dar a conocer las violaciones masivas y sistemáticas a los derechos humanos ocurridas entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990, es decir, durante la dictadura del general Pinochet”.

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El Museo de la Memoria costó $12.040.000.000 y requiere algo mas de $1.500.000.000 anuales para cubrir sus gastos operacionales.

Podemos ver que la toma de distancia política entre el Estado y la asignación de fondos a organizaciones culturales quedó eliminada por la dictación de una ley que permitió asignar directamente recursos públicos a una fundación privada elegida arbitrariamente.

La entonces directora de Dibam, Magdalena Krebs ingresada a esa organización en 1983, se opuso a esta asociación tanto porque el nuevo proyecto favorecía a esa empresa privada en forma muy desproporcionada respecto a otros museos y bibliotecas nacionales como por el evidente sesgo ideológico del mismo. directora-de-dibam-magdalena-krebsEsta actitud poco colaborativa posteriormente le costó el fin de su carrera en el Dibam por una campaña en su contra en las redes sociales y la acción de la Comisión de la Cultura y las Artes de la Democracia Cristiana.

En Junio de 2012 en una Carta a El Mercurio la Sra. Krebs manifestó que “Sería valioso que sus visitantes comprendiesen, por ejemplo, que entre muchos de los factores que contribuyeron a la destrucción de la democracia, tuvo un rol significativo la violencia imperante. A la luz de la contingencia que vivimos hoy, sería una gran contribución que el museo explicara los hechos anteriores al golpe, pues pondría una nota de atención sobre los límites, la necesidad de cuidar las formas y los procedimientos democráticos”, agregando: “En ese sentido, la opción que tomó el museo en cuestión, de circunscribir su misión sólo a las violaciones a los DD.HH., sin proporcionar al visitante los antecedentes que las generaron, limita su función pedagógica. La no existencia de consensos sobre la historia no exime al museo de su responsabilidad de ofrecer una visión amplia.”

Descalificándola los promotores de la visión acotada del Museo de la Memoria alegaron que “podríamos contextualizar también las purgas de Stalin, el Holocausto judío en la Alemania Nazi o las matanzas de Ruanda”. hanna-arendt-en-su-obra-la-banalidad-del-malA este respecto me parece que tanto en el estudio de la historia como en el derecho, el contexto da el marco imprescindible para comprender y valorar las acciones de los protagonistas, lo que en este caso en particular, se eliminó por completo. Respecto al Holocausto, es precisamente lo que hizo Hanna Arendt en su obra “La banalidad del mal”.

No sorprende que este tema genere un debate relativo a discrepancias políticas ni tampoco que existan personas que crean (o les convenga creer) que las violaciones a los derechos humanos no podrían ser “contextualizables” en muchos sentidos. En este ámbito, en Chile, en que la ideología, las pasiones y las conveniencias chocan tan frontalmente, no se ve viable un terreno común en el cual situar un debate conducente, sin embargo, esto no excluye otro tipo de cuestionamiento: el financiamiento público como validación para la existencia de un único Museo de la Memoria que ademas, al incorporar el logo de Dibam induce a creer que representa la opinión del gobierno de turno.

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Lo que existe y se elude enfrentar es la crítica a los mecanismos de financiamiento: ¿por qué subsidiar un único museo sobre un tema respecto al cual no se ha llegado a un consenso país y, por lo mismo, entregar recursos que llegan hasta los 1.400 millones de pesos anuales para una corporación cultural privada como ésta?. En diferentes países del mundo, existen museos dedicados a la memoria y los derechos humanos, o al mismo Holocausto, que cuentan básicamente con financiamiento privado o colaboraciones de individuos, lo que legítimamente les permite elegir y difundir su interpretación de la historia.

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En subsidio de lo anterior, parece evidente que una forma de neutralizar este déficit de ecuanimidad de los gobiernos pasa por la promoción y el apoyo a la diversidad de expresiones y a la mantención de archivos de carácter histórico con diferentes interpretaciones de una realidad que de por si es opinable y respecto de las cuales la opinión pública chilena se encuentra profundamente
dividida. En este orden de cosas, la realidad cotidiana en la Araucanía, en el Sename y recientemente en el ataque terrorista a un ejecutivo de Codelco en Santiago, confirman que contextos que llevan o promueven la violencia facilita la violación de los derechos humanos y cuya contención oportuna facilitaría la protección de estos últimos.

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El proceso de creación de un nuevo Museo de la Memoria en la ciudad de Concepción (Museo del Bio Bio) se encuentra avanzado y en proceso para iniciar su construcción el año 2018. El proyecto ganador ya fue seleccionado de entre 30 propuestas. Es interesante notar que el proyecto habla de dejar testimonio de “la represión política”, mezclando “causas con efectos”, creando de hecho “un contexto” que oficialmente es rechazado.

Dado que los estatutos de la Fundación para la Memoria y los Derechos Humanos incluyen a todo el país como su área de operaciones, no queda claro si el Museo de Concepción es una ampliación del Museo de Santiago o es una “franquicia” del Museo de la actual Corporación operada en el Bio Bio por otro grupo, pero lo que si queda claro de la información disponible es que su costo de construcción y operación será igual al actualmente existente: $12.000.000.000 y $1.500.000.000 anuales respectivamente y todo con cargo al Estado.

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También está en proceso otro Museo en Puerto Montt, en efecto, la prensa local informa que: “El Consejo Regional de Los Lagos, aprobó el presupuesto Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR) 2017, en donde están consideradas la licitación y comienzo de ejecución de las obras del Museo de la Memoria en Puerto Montt para el próximo año (2018). El estudio de Pre Factibilidad contratado por la Dirección de Arquitectura, con fondos FNDR, se ha implementado durante 2016 cumpliendo todas las etapas comprendidas y comprometidas en él”.

El financiamiento será igual a los museos de Santiago y al de Concepción: “para este proyecto, la dirección regional de arquitectura del MOP ha gestionado con Dibam (Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos) el financiamiento para instalar el inmueble, una vez que los trabajos estén terminados”, considerando costo similares, $12.000.0000.000 para el edificio y $1.500.000.000 anuales para el gasto de operación.

Estos tres Museos implican un gasto operacional de $4.500.000.000 anuales para sus gastos de operación, algo desproporcionado respecto a otros gastos, por ejemplo, respecto al Sename o el Museo Histórico Nacional.

Sin exagerar es posible la repetición, a futuro, de estos Museos en Antofagasta e Iquique y tal vez en Arica y Punta Arenas.

Estas realidades y estos proyectos muestran la disposición del actual gobierno para invertir en apoyo a la cultura y la existencia de ingentes recursos para ello, lo que aun no se nota es la disposición a financiar de la misma manera a quienes tienen otras ideas respecto a la forma de evitar la violencia política y sus trágicas consecuencia como es la violación de los derechos humanos.

De la misma manera se aprecia un esfuerzo por crear una cadena de Museos que, además de difundir una visión sesgada, percibida como hostil y violenta hacia muchos chilenos, crea una red de sustento y refugio para centenares de funcionarios políticos cesantes y ayuda a establecer una base para la supervivencia de un tipo de políticas fracasadas en toda  la región y en Chile.

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En Chile hay diferentes Memorias respecto a la época de la violencia política, la destrucción de la democracia, la reconstrucción de la misma y de la lucha contra quisieron impedirlo, todos tienen el mismo derecho a recibir el apoyo del estado de Chile para exponer sus puntos de vista, otra cosa sería volver a un pasado que por opuestas razones, todos rechazamos. Este conflicto no de diluirá por olvido y acostumbramiento, sino que continuará acrecentando un tumor infeccioso que con seguridad explotará.

Hay dos tipos de memorias, debe haber dos tipos de museos.

La expoliación / el despojo (2da parte)

g-alliendePor Gabriel Alliende Figueroa

Analizar el gobierno de Frei, de los años 1964/1970, nos conduce al presente con rapidez, la DC trató de hacer sus reformas llamadas vigas maestras de la economía, en forma acelerada, lo que le trajo funestas consecuencias.
El año 65, al hacerse público, el listado de «personas a honorarios» que pagaba la secretaría general de la presidencia, (asesores expertos), dejaba claro que la DC podría durar los 30 años que ellos comentaban…no hizo alianzas….ellos solos.
El senador Salvador Allende (02/07/65), leyó el informe de la Contraloría de la república, con los «viajes», masivamente para funcionarios de la DC, con destinos disímiles, todos con decretos y en comisiones de servicio.

chuquicamataLa «nacionalización» del cobre, tenía como objetivo transformar las condiciones de vida en el campo y la ciudad, derrotar la inflación, aumentar el trabajo, casas, educación y salud sin medidas de rigor……no sucedió así. Otro día hablaremos del tema.
Subieron los impuestos, la reforma agraria hizo estragos, subió las contribuciones de las viviendas y la inflación del año 1965 se elevó sobre el 20%, con ese panorama «empieza el «éxodo de parlamentarios», 20 senadores viajan por más de 30 días.
La DC aprovechando la ley de presupuestos, logró pasar un artículo que facultaba al Pdte. para jubilar a todos los empleados fiscales y de empresas del estado, funcionarios expertos en sus áreas que venían desde los gobiernos radicales, fueron reemplazados por DC.
Se trató de un período, donde la derecha tenia una mínima representación parlamentaria, se fusionan el partido conservador con el liberal, formado el partido nacional de Victor García Garzena.

crescente-errazurizjose-maria-caro-rodriguezLa iglesia católica, se aleja de los sabios postulados de don Crescente Errázuriz (gran historiador) y del Cardenal José María Caro Rodríguez (1er cardenal de Chile), es vista como agentes electorales pro DC, lo que trae consecuencias, FREI sigue apoyando con recursos a la Universidad Católica y a través de «Caritas» llega con alimentos a todo el territorio.
En ese año, funesto para Chile, se produce Laguna del Desierto, con el asesinato del teniente-de-carabineros-hernan-merino-correa teniente de Carabineros Hernán Merino Correa, la gendarmería Argentina además hiere a otros dos carabineros y toma prisioneros al resto, todos llevados a Río Gallegos, el tema es conocido, hoy nos seguimos preguntando «Como Frei acordó con Illia, el retiro de Carabineros desde territorio chileno».
En instantes que el diputado DC Eugenio Ballesteros Reyes, declaraba en la URSS Moscú» Deseamos sustituir la espada por el arado, los tanques por tractores, los presupuestos de defensa, para educación y viviendas y las lágrimas de las víctimas de la guerra por sonrisas de niños.

urssLa penetración armada de la URSS en Latinoamérica estaba en total apogeo, con fuerte presencia en américa central y en Sudamérica.
El derroche de recursos fiscales asignados fue una constante, se preguntaban donde quedaron los 280 kmts de hormigón para carretera entre Santiago y Valparaiso, lo mismo Stgo-Los Angeles.
El año 1965 el déficit fiscal aumentó en un 32,92%, la Corvi debía construir 46.000 viviendas, construyó 26.200.
En septiembre de 1966, 10 diputados radicales presentan una acusación constitucional contra el ministro de economía por: malversación de fondos públicos y por comprometer la seguridad del estado.

Entre Yumbel y Yungay

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Por Cristián Labbé Galilea

Cursé una apuesta entre mis alumnos para ver quién sabía qué y porqué se celebraba el 20 de enero… Solo uno se aventuró y, con cierta pachorra, se acordó de san Sebastián (de Yumbel), el santo de las flechas; el resto “mutis por el foro”. Pensé… pobre roto chileno, ya nadie se acuerda de él…Tampoco fue sorpresa comprobar que nadie estaba al tanto del origen del término y mucho menos por qué se celebra en esta fecha… Molesto y desconsolado les hice saber que el término “roto chileno” es único y ha sido considerado la figura de identidad nacional, arquetipo de la chilenidad y usado con connotaciones afectivas e incluso épicas, desde comienzos del siglo XX.

Se podrá argumentar ligeramente que no tiene nada de grave un desconocimiento de esta naturaleza… estamos en un mundo globalizado, somos ciudadanos del orbe, vivimos la posmodernidad en vivo y en directo; hoy manda la cumbia y la PlayStation; nos informamos por las redes sociales, Facebook, Instagram; la guerra es  electrónica, a control remoto, lejos de la casa  y de 8:00 a 22:00 horas; la bandera, el escudo y el himno nacional son para muchos símbolos fetichistas y de desviaciones militaristas

estatua-roto-chileno¿Qué importancia tiene entonces, saber que fue en Perú, 1839, durante la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, cuando las tropas chilenas vencieron el 20 de enero a las fuerzas confederadas en la batalla de Yungay y de allí la canción de Yungay, el monumento al Roto chileno y el Día del Roto Chileno?

Esta fecha fue por incontables años esencia y símbolo máximo de la chilenidad; a partir de aquel día la relación cívico-militar adquirió caracteres míticos en el alma nacional. Esto explica el persistente interés del mundo político y en particular de la izquierda por olvidarlo, y asestarle un agravio tan severo e inclemente al honor y la dignidad militar como para desafectarlo de la civilidad.

Nada mejor que dividir…separar a los militares de ayer, de los de hoy, y a la comunidad nacional alejarla de los valores nacionales propios de la chilenidad. A los militares de ayer, humillarlos con detenciones injustas e inhumanas, con juicios políticos, con persecuciones vengativas y odiosas, con una asimetría jurídica impresentable, y a los militares de hoy someterlos a la total dependencia de la política mediante un manifiesto y publico interés por intervenir, económica, estructural y funcionalmente las instituciones.

Con la civilidad la cosas corren por el carril de cuestionar todas nuestras tradiciones y costumbres  que en el pasado fueron ritos sociales sagrados: había que izar la bandera los lunes en los colegios, había que saludar al señor cura -este andaba de sotana, no de hawaianas-, “levántese y dele el asiento a la señora…” a la vecina se le decía tía y no… “la vieja tal por cual”, cúmulo de tradiciones, valores y expresiones que nos singularizaban y nos daban identidad y enriquecían nuestra cultura.

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“Cantemos la gloria /del triunfo marcial /que el pueblo chileno /obtuvo en Yungay”

“Honor y gloria al roto chileno…” y que el gobierno de una vez y para siempre, en lugar de perseguir a los soldados, destine esos esfuerzo y recursos a hacer un buen gobierno, a pacificar al país (especialmente la Araucanía) y a restaurar la chilenidad y la unidad nacional.

Araucanía: ¿Terrorismo o delincuencia?

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Por Roberto Hernández Maturana

Hoy es la gran pregunta que se hacen sesudos juristas, autoridades de gobierno, policía, etc., mientras los hechos de violencia en la Araucanía son cada vez mas comunes.

Sin entrar a analizar las causas y las reivindicaciones que plantean algunos grupos mapuches, minoritarios pero que se hacen sentir, en una evidente impunidad; en forma muy simple y pedestre veamos que nos dicen las fuentes de información más a la mano de un ciudadano común.

Wikipedia (para no ir más lejos) nos dice que “el terrorismo es el uso sistemático del terror para coaccionar a sociedades o gobiernos”. Agrega a continuación que es utilizado por una amplia gama de organizaciones o grupos en la promoción de sus objetivos, tanto por partidos políticos de todas las así como también por corporaciones, grupos religiosos, racistas, colonialistas, independentistas, revolucionarios, conservadores, y gobiernos en el poder.

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La palabra «terrorismo» (así como «terrorista» y «aterrorizar») apareció por primera vez en Francia durante la Revolución francesa entre (1789-1799), cuando el gobierno jacobino encabezado por Robespierre por  ejecutaba o encarcelaba a los opositores, sin respetar las garantías del debido proceso. El término comenzó a ser utilizado por los monarquistas para informar sobre las atrocidades que cometía el gobierno revolucionario

La palabra «terrorismo» tiene fuertes connotaciones políticas y una elevada carga emocional dificultando en consecuencia una definición precisa.

Es común el uso de la palabra por parte de gobiernos para acusar a sus opositores. También es común que las organizaciones e individuos que lo practican rechacen el término por injusto o impreciso. Tanto los unos como los otros suelen mezclar el concepto con la legitimidad o ilegitimidad de los motivos propios o de su antagonista. A nivel académico, se opta por atender exclusivamente a la naturaleza de los incidentes sin especular sobre los motivos ni juzgar a los autores.

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Definir el concepto de terrorismo ha sido un asunto complejo para las ciencias sociales por una razón: es muy difícil diferenciar los actos legítimos de los luchadores por la libertad y el terrorismo.

Dejando de lado las disquisiciones que se hacen en nuestro país sobre lo que dice la ley chilena respecto al terrorismo, podemos encontrar respecto a este los siguientes conceptos usados internaciobalmente.

El Diccionario de la Real Academia Española, en el avance de su vigésima tercera edición modifica la anterior incluyendo una tercera acepción, define el término «terrorismo» como:

1. Dominación por el terror.
2. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror.
3. Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.

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En España el Código Penal de 1995 en su artículo 573 tipifica el delito de terrorismo:

«1. Se considerarán delito de terrorismo la comisión de cualquier delito grave contra la vida o la integridad física, la libertad, la integridad moral, la libertad e indemnidad sexuales, el patrimonio, los recursos naturales o el medio ambiente, la salud pública, de riesgo catastrófico, incendio, contra la Corona, de atentado y tenencia, tráfico y depósito de armas, municiones o explosivos, previstos en el presente Código, y el apoderamiento de aeronaves, buques u otros medios de transporte colectivo o de mercancías, cuando se llevaran a cabo con cualquiera de las siguientes finalidades:

1.ª Subvertir el orden constitucional, o suprimir o desestabilizar gravemente el funcionamiento de las instituciones políticas o de las estructuras económicas o sociales del Estado, u obligar a los poderes públicos a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo.

2.ª Alterar gravemente la paz pública.

3.ª Desestabilizar gravemente el funcionamiento de una organización internacional.

4.ª Provocar un estado de terror en la población o en una parte de ella.

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En EE.UU.N.A. se  ha utilizado las siguientes definiciones referentes al terrorismo que se recogen en el Título 22 del Código de los Estados Unidos, sección 2656f(d)

«Terrorismo: Violencia premeditada y con motivos políticos perpetrada contra objetivos civiles por grupos subnacionales o agentes clandestinos, generalmente con la intención de influenciar a un público determinado.»

Las Naciones Unidas en su resolución 51/210, «Medidas para eliminar el terrorismo internacional», adoptada en la 88ª Asamblea Plenaria de 17 de diciembre de 1996, proclama en el punto I.2 que la Asamblea General de las Naciones Unidas:

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«Reitera que los actos criminales encaminados o calculados para provocar un estado de terror en el público general, un grupo de personas o personas particulares para propósitos políticos son injustificables en cualquier circunstancia, cualesquiera que sean las consideraciones políticas, filosóficas, ideológicas, raciales, étnicas, religiosas o de cualquier otra naturaleza que puedan ser invocadas para justificarlos.»

¿Y qué viene después?

El  Che Guevara(1928-1967) en su libro, «La guerra de guerrillas» (1960), señalo al respecto (en respaldo a la tesis de Mao):

guevara*El terreno de la lucha armada debe ser fundamentalmente el campo.

 

*Las fuerzas populares pueden ganar una guerra contra el ejército.

*No siempre hay que esperar a que se den todas las condiciones para la revolución; el foco insurreccional puede crearlas.

Pese a resultar muy difícil establecer ciertos pasos dados por la mayoría de los movimientos guerrilleros, por la propia naturaleza de la guerra y las grandes diferencias entre países, sí existe cierto consenso en reconocer la tesis de Mao Tse Tung   1894-1976) considerado un brillante estratega militar- «el poder nace del fusil» y el campesinado puede ser movilizado para participar en la guerra popular de la lucha armada a través de una guerra de guerrillas en tres fases que todo movimiento guerrillero está obligado a cubrir:

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Fase 1.- Consiste en la movilización del campesinado y el establecimiento de la organización.

Fase 2.- Consiste en el establecimiento de bases ruralesy el incremento de la coordinación entre las guerrillas.

Fase 3.- Consiste en la transición a una guerra convencional.

Los escritos de Mao sobre la guerra de guerrillas y la noción de guerra popular son considerados generalmente como lectura esencial para aquellos que desean conducir operaciones de guerrilla y para los que se oponen a la misma.

En la definición de los textos militares sobre Estrategia, respecto a los tipos de conflictos, se define a un Conflicto de Baja Intensidad como aquellos que implican a movimientos terroristas (pequeños grupos que no controlan territorio, pero que, a veces, son apoyados por una parte de la población). Sus ataques suelen ir dirigidos contra los poderes establecidos y las fuerzas del orden público, aunque también pueden provocar matanzas indiscriminadas contra la población civil.

Queda entonces la pregunta en pié ¿Qué se vive hoy en 3 regiones contiguas del Sur de nuestro país (no sólo la Araucanía) Delincuencia o terrorismo?