El conflicto que viene

Por Orlando Sáenz Rojas, Empresario, ex Presidente de SOFOFA

Me declaro reo de haber mirado, por largo tiempo, con despectiva y algo divertida atención la demanda boliviana contra Chile ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya.  Parecía tan absurdo pretender que un tribunal con algún grado de sensatez condenara a negociar con obligación de llegar a un acuerdo a dos partes en que se conoce lo que una de ellas intransablemente desea y otra que no puede darlo aunque quisiera, que siempre consideré ese recurso como una forma de inducir apoyo interno para un mandatario demagógico con pujos de dictador vitalicio.

Sin embargo, los alegatos bolivianos ante la Corte de estos últimos días, y sobre todo las declaraciones y coordinadas manifestaciones que los han acompañado, me han convencido de que lo que Bolivia pretende obtener de todo esto es mucho más y más peligroso que una mesa de negociación sin destino.

Morales sabe que no va a obtener mar por el camino confrontacional que ha elegido.  Más aún, sabe que esa opción le esta enajenando la buena disposición que Chile siempre ha tenido para buscar paliativos eficaces a la mediterraneidad boliviana, y también sabe que hasta eso es bastante difícil dados los determinantes geográficos, históricos y políticos que rodean el asunto.  ¿Qué busca entonces?

La respuesta está en las calculadas declaraciones sobre la propiedad de Antofagasta de los últimos días.  Son lo suficientemente reveladoras como para ser simplemente irresponsables  o casuales.  Lo que Morales busca es un buen e influyente ambiente público internacional para justificar un conflicto reivindicativo que concluya en la revisión del Tratado de Paz y Determinación de Fronteras de 1904.

Debe tenerse en cuenta que Morales ha escogido un sensible momento para lograr ese peligrosísimo propósito.  Nunca antes Chile sufrió de tan malas relaciones cívico – militares como en estos tiempos  en que los gobiernos izquierdistas se han dado el gusto de degradar y maltratar obsesivamente a las Fuerzas Armadas para complacer a grupos extremistas que han convertido el tema de los Derechos Humanos en pretexto político.

Nunca antes la sociedad chilena estuvo tan dividida como ahora para enfrentar el tremendo desafío del terrorismo, la delincuencia y el anarquismo.  Nunca antes la institucionalidad nacional estuvo tan dañada y desenfocada como ahora.  Nunca antes la justicia chilena fue tan ineficiente, corrupta y desprestigiada.  Nunca antes la corrupción había alcanzado hasta las fuerzas del orden y la seguridad.  En suma, nunca antes Chile estuvo peor preparado para enfrentar un conflicto mayor.

Pero, aunque entramos en un litigio en que no teníamos nada que ganar, ya antes de alegar hemos recibido algo valioso, como es la revelación clara del terreno que pisamos.  Y eso nos llega a tiempo para empezar a prepararnos para un conflicto que se ha vuelto inevitable, aunque pueda tomar tiempo y no necesariamente adopte una forma bélica.

Y lo primero y más urgente que hay que hacer es desarrollar un programa de reconciliación cívico militar que verdaderamente termine con el gueto social en que hoy se encuentran nuestras Fuerzas Armadas.  Ellas serán las únicas capaces de prevenir el conflicto que se viene y es a eso a lo que hay que atender prioritariamente.

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